Desde luego, hay graciosetes para todos los gustos. El pasado mes de mayo, las autoridades australianas pillaron a Sylvester Stallone introduciendo
Desde luego, hay graciosetes para todos los gustos. El pasado mes de mayo, las autoridades australianas pillaron a Sylvester Stallone introduciendo en el país jintropín, una hormona de crecimiento que es ilegal allí. El actor reconoció su culpabilidad en el hecho de portar dicha sustancia, y ahora se enfrenta a una posible multa de más de 13.000 euros. El caso es que el periódico The Onion incluía el pasado 4 de junio un artículo satírico, escrito como si al personaje de ficción Rocky Balboa le hubieran desposeído de los campeonatos logrados en Rocky II, Rocky III y Rocky IV. El anónimo autor del artículo incluía supuestas declaraciones del presidente de la Federación de Boxeo, Gilberto Mendoza, que confesaba sentir vergüenza por lo ocurrido, mientras que el presidente de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas Sid Ganis anunciaba que en los clásicos montajes de clips de películas a los que tan aficionada es la institución que preside, no volverían a estar presentes, jamás de los jamases, trozos de sus películas, ni se le vería subir las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia al son de la música de Bill Conti. El graciosete articulista anunciaba también la retirada de los DVDs de Rocky del mercado hasta que se hubieran rodado nuevas escenas que cambiaran el resultado de los combates. Y concluía cuestionando el valor en Vietnam del mismísimo John Rambo. Hay que reconocer que la cosa tiene su ingenio…
