Ayer viví la experiencia de asistir a la proyección de Crepúsculo , adaptación del popular best-seller vampírico juvenil de Stephenie Meyer , rodeado
Ayer viví la experiencia de asistir a la proyección de Crepúsculo, adaptación del popular best-seller vampírico juvenil de Stephenie Meyer, rodeado de un público mayormente adolescente y femenino. Como se puede leer en esta misma web, es una historia de amor con elementos fantásticos que retrotraen a la saga Harry Potter; y da una visión del vampirismo original, al hablar de dominio y autocontrol en el ejercicio de la sexualidad, una auténtica vuelta de tortilla frente a otros acercamientos a la vampírica sed de sangre.
Hablo de experiencia, porque fui testigo de un doble espectáculo. Por un lado estaba la película, mejor de lo que me esperaba... y por otro, las espectadoras. Y caray, este segundo espectáculo requirió también gran parte de mi atención. Suspiros arrobados, grititos de “¡Está buenísimo!” referidos a Robert Pattinson y a cualquier otro vampiro que se moviera en la pantalla, más otros “piropos” lindantes con la grosería...
Cuando la madre de la protagonista Bella se entera de que la jovencita está saliendo con un chico, le pregunta si toma precauciones, lo que provocó la hilaridad del público, entiendo que en sentido doble: porque el chico es un vampiro, y sí, conviene ser precavida... y porque deben estar tan acostumbrados a esa parcialísima educación sexual y afectiva, que sólo les habla del uso de preservativos, que reconocieron de inmediato la cantinela de siempre.
De lo que pude ver deduzco que las espectadoras y espectadores poco entendieron de esa idea de autocontrol subyacente en la película; más bien parecían interpretar ese cuidado de procurar no ir demasiado lejos como una limitación tremenda, una especie de castigo, que, “por suerte”, no tendría nada que ver con la vida real, donde sí cabe hacer lo que uno a le venga en gana. Sí, pude reconocer a unos jóvenes despistados, a los que hemos (y digo 'hemos' porque existe una responsabilidad compartida por los adultos) embrutecido en todo lo que se refiere al amor y el ejercicio de la sexualidad. Y seguimos en ello, desgraciadamente, pese a intentos como el de este film y el libro homónimo por enderezar la cosa.
