Hay un cine que no llega, que cuesta colocar en el mercado. Y cuando digo “cine negro”, no me refiero al género que hicieron legendario nombres como
Hay un cine que no llega, que cuesta colocar en el mercado. Y cuando digo “cine negro”, no me refiero al género que hicieron legendario nombres como Humphrey Bogart y compañía, sino a las películas protagonizadas mayoritariamente por actores negros. Ni la obamanía consigue que estas películas se vendan bien en Estados Unidos, no digamos ya en otros países como España.
Por ejemplo, cualquiera diría que una película dirigida y protagonizada por Denzel Washington, y que ha obtenido buenas críticas, se estrenaría enseguida por todo el mundo mundial. Pues bien, que se sepa, The Great Debaters, producida por los hermanos Weinstein, sólo se ha distribuido en Estados Unidos y Canadá. Tampoco ha tenido mucha mejor suerte lo último de Spike Lee, sobre un grupo de soldados negros combatientes en la Segunda Guerra Mundial; Miracle at St. Anna, producción de Disney de la que no hay noticias de su llegada a España, aunque en este caso sí que hay que señalar que el cineasta afroamericano se ha pegado una buena chufa en su país. Y precisamente en España alguien sí se atrevió a estrenar Talk to Me, una estupenda película sobre locutores radiofónicos negros, y el público no respondió.
Así las cosas, no es de extrañar que comedietas o dramones protagonizadas por afroamericanos, de sabor muy localista, no lleguen a cruzar casi nunca “el charco”, a pesar de que en Estados Unidos a veces se posicionan muy bien en taquilla, como es el caso de Not Easily Broken, dirigida por Bill Duke. Incluso un peso pesado como el musical Dreamgirls recaudó un pelín más de 100 millones de dólares en el mercado doméstico, pero en el resto del mundo apenas superó los 50.
Con todo lo dicho, hay que reconocer que Lionsgate se ha arriesgado bastante comprando los derechos de distribución de Push, según la novela de Sapphire (no confundir con una peli de superhéroes), la película que triunfó en la pasada edición de Sundance, y que protagonizan los desconocidos actores negros Gabourey Sidibe, Paula Patton y Mo’Nique. 5 millones y medio de dólares ha pagado la compañía por una película que emociona, dicen, pero que al tema racial suma una trama cruda, crudita, de una adolescente obesa que espera un hijo de su padre, y cuya madre le maltrata.
