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Almodóvar y McNamara: después de la movida

El pasado viernes 13 de marzo Pedro Almodóvar presentó ante las masas mediáticas congregadas en los madrileños cines Kinépolis su esperada película

Almodóvar y McNamara: después de la movida

El pasado viernes 13 de marzo Pedro Almodóvar presentó ante las masas mediáticas congregadas en los madrileños cines Kinépolis su esperada película Los abrazos rotos. Como suele ser, el cineasta manchego acaparó la atención, y sobre su madurez –el hombre contará en septiembre sesenta años– afirmó: “Hay un reflejo de mi edad en el cine. En los 80 mi vida era más coral, rodeado de gente. Ahora es más de interior. Es que me estoy convirtiendo en un maduro interesante”. Almodóvar citó incluso a Lars Von Trier y Krzysztof Kieslowski –referencia excesiva, llevo unos días viendo el Decálogo del director polaco, y ya le gustaría acercarse a su hondura moral–, diciendo que “mis películas, como las de ellos, hablan de la condición humana”.

Quería precisamente dedicar este ‘post’ a quien fuera en los 80 compañero de francachelas de Pedro Almodóvar, Fabio McNamara, por una noticia que leí en el semanario Alba en septiembre de 2008, y que no me parece que haya tenido demasiada repercusión mediática. Me refiero al anuncio de su conversión al catolicismo, en entrevista con el periodista Gonzalo Altozano, que creo que conecta con eso de la madurez apuntada por Almodóvar, aunque con un grado de compromiso que se diría superior. En cualquier caso, los años no pasan en balde, eso está claro.

Quien hiciera con Almodóvar el disco “¡Cómo está el servicio... de señoras!” ofreció declaraciones sorprendentes, que suponen un replanteamiento importante de su vida pasada y actual: “Vivía alienado, bajo los efectos de un montón de sustancias. Y buscaba la felicidad donde no estaba: en la droga, en el sexo, en la fama...”, Y según comenta, donde ahora ha encontrado paz y alegría ahora es “en Jesucristo. Él lo es todo: el médico que te sana, el maestro que te enseña, el amigo que nunca falla...” También dijo que le hace muy feliz “comulgar todos los días. Si estás en gracia de Dios, ya puede hundirse el mundo. Por eso, si peco, no pasan veinticuatro horas sin que me confiese.” Desde luego madurez, y cambio de paso, no le faltan a McNamara, aunque tampoco escasea la mala leche entre aquellos a los que no agrada esta mudanza con respecto a los excesos de antaño. Hay quien en internet atribuye la conversión a los efectos de las drogas a las que se enganchó en los años de la movida. Todos menos envainar, y reconocer que hay cosas que no dan la felicidad, y otras, cuando menos, muy respetables, que pueden ayudar a enderezar el rumbo de una vida.

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