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Biografía

Lars von Trier

Lars von Trier

64 años

Lars von Trier

Nació el 30 de Abril de 1956 en Copenhague, Dinamarca

Premios: 1 Goya (más 3 premios)

Creatividad extrema

30 Octubre 2004

Para unos es un genio, para otros es un simple manipulador de sentimientos que juega a ser el más original de la clase.

Pero de lo que no cabe duda es de que Lars von Trier no deja indiferente a nadie (como los grandes maestros) y que ciertamente le encanta la polémica. Y parece que las críticas, lejos de amilanarle, le espolean. La última respuesta de Von Tier a las críticas surgidas en América con motivo de su durísima Dogville, no ha sido otra que filmar la secuela Manderlay. Y según sus palabras, va a dar mucho que hablar: "No creo que vaya a hacer muchos nuevos amigos con ella allí, pero, en cambio, se creará una hermandad entre el Klu Klux Klan y los negros, porque ambos tendrán muchas ganas de matarme". Desde luego, que el tipo tiene bemoles nadie lo puede negar.

Lars Trier (lo del “von” fue un añadido suyo) nació en Copenhague el 30 de abril de 1956. Muchos años después, cuando su madre se encontraba en el lecho de muerte, ésta le reveló que su padre no era su “verdadero” padre. Su madre había decidido que su hijo fuera artista y eligió a un pintor para quedar embarazada. En fin, a estos nórdicos no hay quien les entienda. El caso es que Lars siempre fue un joven con una exacerbada sensibilidad cinematográfica, y hasta pasó por una época de tendencias suicidas (muy artístico, ¿no?). Su búsqueda de originalidad visual es innegable y es un tipo que de cada proyecto quiere hacer algo único, singular e impactante. “Mi problema es que de cada nueva película quiero hacer una experiencia formal”, dice él; sí, pero además de una experiencia formal, Von Trier tiene el don de ser rebelde hasta extremos irreverentes: incluso en su ingenuidad se propuso convertir el cine porno en algo sublime, pero tras un par de intentos él mismo se dio cuenta de que con ese material era imposible hacer arte, incluso para él. Entre sus audacias están la fundación del Movimiento Dogma 95, un modelo basado en 10 mandamientos fílmicos que pretenden preservar la autenticidad creativa, y un extraño proyecto de ficción llamado “Día D”, consistente en filmar cada año sólo unos minutos de película y estrenarla en 2024.

Fiel a su máxima de que el cine “debería sentirse como se siente una piedra en el zapato”, se puso a hacer cine de verdad, a menudo historias, con grandes implicaciones morales y aun religiosas, que golpean y pisotean el corazón del espectador hasta lo insoportable. Para ver una película de Lars Von Trier hace falta tener estómago, tomar distancia ante lo que vamos a contemplar. Porque él va a ser implacable, seguro. Sólo sabiendo que va a jugar contigo puede apreciarse que sus últimas películas son obras de un maestro.

Estudió cine en la Escuela de Cine Danesa, donde se graduó en 1983 con el proyecto experimental Imágenes de una liberación, que fue Premiada en el Festival de Munich al año siguiente. Al año siguiente rodó la policiaca El elemento del crimen, que fue el comienzo de la llamada “trilogía europea”, completada más tarde por Epidemia (1987) y por Europa ((1990), sin duda la mejor de las tres y multipremiada en Cannes. Entre 1994 y 1997 rodó para la televisión danesa The Kingdom, una extraña pero fascinante serie acerca de la existencia del mal, del bien y del mundo espiritual, y que con el tiempo ha llegado a convertirse en serie de culto. Pero su gran reconocimiento internacional no llegaría hasta su siguiente terna, la del “Corazón de oro”, tres historias duras y extremas, donde el propio sacrificio mueve a las protagonistas. Se habló entonces de que estábamos ante el mejor genio danés desde Carl T. Dreyer. Y puede que así sea. Ahí están Rompiendo las olas (1996), Los idiotas (1998) y sobre todo Bailar en la oscuridad (1999), donde el espectador era sometido a una angustia casi tan insoportable como la de la inolvidable Selma encarnada por la cantante Björk. Su “trilogía de América” dio comienzo con Dogville (2001), donde Von Trier volvió a dar muestras de su infatigable búsqueda de la perfección y la originalidad formal. En manos de otro director, su teatral puesta en escena hubiera sido ridícula; en sus manos, resultó escalofriante. Esperamos con ansia la segunda entrega, Manderlay, ya rodada, que cuenta con el protagonismo de una de las actrices más prometedoras del momento, la joven Bryce Dallas Howard.

Goya
2001

Ganador de 1 premio

Ganador de 1 premio

Ganador de 1 premio

Ganador de 1 premio

Filmografía
La casa de Jack

2018 | The House That Jack Built

Una especie de guía que atiende al nombre de Verge interroga sobre su vida a Jack, asesino en serie obsesionado con la limpieza, que le cuenta cinco momentos claves de su carrera criminal. Ingeniero, pero enamorado de la arquitectura, está convencido de que sus asesinatos son obras de arte, por lo que acumula cadáveres en una cámara frigorífica, al tiempo que construye la casa de sus sueños. Genio renovador del cine, y único vanguardista auténtico vivo, pero también provocador nato, Lars Von Trier sólo puede rodar desatinos u obras maestras. En esta cinta, más cercana a Anticristo, que a Melancolía, por citar dos ejemplos, parece psicoanalizarse a sí mismo y justificarse, usando como alter ego al psicópata protagonista, con el que comparte muchos elementos, pues se trata de un personaje inteligente, culto, con sentido artístico, pero también prepotente, retorcido, sádico, atormentado y sobre todo misógino, todos los personajes femeninos que aparecen son víctimas, que el personaje central define como “mujeres estúpidas”, pese a ser un film que se estrena en plena era #MeToo. A veces parece estar burlándose de los espectadores, con un humor negro muy particular, pues cabe citar que el cineasta vetado en Cannes –le perdonaron para exhibir esta cinta– por confesar que entendía a Adolf Hitler, utiliza como confesor de Jack a Bruno Ganz, al que se recuerda sobre todo por dar vida al dictador nazi en El hundimiento. En un momento dado, ambos hablan incluso sobre Albert Speer, el arquitecto del Tercer Reich. Visualmente apasionante, como toda la obra del danés, rodada con la cámara libre, marca de la casa, esta catarsis para ahuyentar sus demonios puede interpretarse como una metáfora de la relación del artista con la moral; Von Trier argumentaría que éste puede saltarse todas las normas, también ofender a quien sea, si eso resulta conveniente para su trabajo. Es más, parece concluir que no cree en el arte creado con amor, sólo le parece gloriosa la oscuridad. Pero bajo su apariencia densa –con citas al pianista Glenn Gould, al pintor Eugene Delacroix, al escritor William Blake, etc., y una interminable reflexión sobre la luz, las sombras y los negativos fotográficos– La casa de Jack no deja de ser un ejercicio de estilo autocomplaciente, cínico, de duración desmesurada, que espantará a los espectadores más sensibles, ya que la violencia parece seguir la estela del austriaco Michael Haneke en Funny Games, llevándola mucho más allá del límite de lo tolerable por el espectador. Resultan difícilmente soportables incluso para los espectadores más experimentados en truculencia, segmentos como la cacería de la madre con sus niños, la amputación de pecho, y hasta la mutilación de un pato. Resulta obligado reconocer el convincente trabajo de Matt Dillon, como sabelotodo desquiciado, muy alejado de los seductores que le encumbraron en los 80. Ganz vuelve a brillar, hasta puede recitar diálogos presuntuosos con aparente normalidad. Como en Nymphomaniac –también estructurada como una confesión de la maldad pasada –, Von Trier vuelve a contar con Uma Thurman, que da vida con profesionalidad de nuevo a un personaje episódico, una dama a la que se le ha averiado el coche.

4/10
Nymphomaniac (II)

2013 | Nymphomaniac

Segunda entrega de Nymphomaniac, último trabajo del danés Lars von Trier, dividido en dos volúmenes por razones exclusivamente comerciales debido al largo metraje de la propuesta. Sigue por tanto el esquema apuntado en Nymphomaniac (I) de ocho capítulos, la narración de sus tribulaciones a cargo de Joe, una ninfómana que ha sufrido un violento ataque, y ha sido acogida en su casa por el solitario erudito Seligman. La novedad estribaría en que las perversiones de su adicción al sexo resultan cada vez más truculentas, en este segundo volumen habría espacio para el “ménage à trois” interracial, el sadomasoquismo, la pedofilia y la corrupción de jóvenes, e incluso las relaciones lésbicas acaba metiéndolas el director en ese mismo saco. El conjunto, con imágenes bastante explícitas, es sumamente desagradable, como cabe imaginar. Lars von Trier es un artista con talento, pero le pierde su enorme ego, y la sensación de que en su prodigiosa inteligencia algunas piezas se han desencajado. Ciertas imágenes y pasajes de la película son poderosos, con recursos visuales imaginativos. Pero al tiempo domina una gran pedantería en el toma y daca que mantienen Joe y Seligman, con éste trayendo a colación insufribles comparaciones filosóficas, musicales y religiosas a las historias de aquélla. Resulta irritante cierto tono cínico de superioridad burlona, “yo soy el chico más listo de la clase y vosotros no” podría estar pensando el director danés. A veces da la impresión de que debido al período de “no-entrevistas” que se ha autoimpuesto Von Trier tras su polémicas declaraciones en Cannes acerca de Hitler, el director suple concediéndose con esta película una autoentrevista, haciendo decir a los personajes lo que piensa sobre cuestiones controvertidas, e incluso convirtiéndolos en portavoces de sus propias contradicciones a través de unos Joe y Seligman en discusión. De modo que afirma ser, no antisemita, sino antisionista, larga un peculiar discurso sobre las mujeres sufrientes por culpa de los hombres, o expresa admiración por los pedófilos que no ejecutan sus fantasías. En general Von Trier, director y guionista, muestra amplias carencias en su limitada visión antropológica, sólo en el padre de Joe apreciamos un poco de humanidad más allá del estrecho canuto sexual de la película. No hay explicaciones para la ninfomanía de Joe, la posibilidad del cambio parece descartada, y la apelación en algunos momentos al amor y a las supuestas connotaciones morales del relato son de escasa entidad, se dirían que forman parte del juego del cineasta danés para autojustificarse y dar al amplio espectro de espectadores que reconocen su talento algo que les pueda contentar.

3/10
Nymphomaniac (I)

2013 | Nymphomaniac

Seligman, críptico profesor de origen judío, recoge de la calle a Joe, una mujer tirada en medio de la calle con signos de haber sufrido violencia física. La lleva a su residencia, donde ella le contará con pelos y señales la historia de cómo el desenfrenado deseo sexual que siente desde que era una niña le ha conducido a la perdición. Resulta complicado el análisis de una obra tan errática como Nymphomaniac (I) cuando el film se presenta como una versión “recortada con autorización del director” y como la mitad de un díptico, apelando a no se sabe qué limitaciones de libertad que en realidad parecen meditadas estrategias de marketing (todo apunta a que se pretende vender no sólo la segunda parte, sino también la 'versión íntegra'). En cualquier caso, parece una obra tan viva que posibles giros en su continuación podrían alterar la percepción que ofrece el visionado aislado de esta entrega inicial. Por lo visto en Nymphoniac (I) “autocensurada”, Lars Von Trier se adentra muy a fondo en la mente de una ninfómana, con complejo de Elektra, cuya patología bien podría ser representativa de una sociedad igualmente enferma, en la que las adicciones sexuales compulsivas no permiten tener en cuenta posibles daños ocasionados a otras personas, ni en definitiva el respeto de unas reglas morales. Capaz de alumbrar obras bastante sólidas (Dogville, Bailar en la oscuridad, Melancolía) y otras discutibles (Anticristo, Los idiotas), Von Trier se queda en esta ocasión a medio camino. Por un lado, vuelve a demostrar su capacidad para crear imágenes de enorme potencia, y para sacar interpretaciones desgarradoras, en esta ocasión tanto por parte de actores habituales de su cine (Charlotte Gainsbourg, Stellan Skarsgård), como de otros insólitos en su filmografía (Shia LaBeouf metido en un berenjenal muy sórdido, Jamie Bell o una Uma Thurman a gran nivel). Quizás desentone en Nymphomaniac (I) Christian Slater, que a pesar de sus esfuerzos no parece la mejor elección como padre de la protagonista, mientras que la gran estrella de la función, la debutante Stacy Martin, demuestra ser buena actriz, pero también una pobre víctima de los desvaríos más truculentos del realizador danés. Angustiosa y desagradable hasta la saciedad, Nymphomaniac no está exenta de cierto interés, en su constatación de que cuando no se cree en el amor (el autor del film no es ni mucho menos un dechado de optimismo) el sexo conduce a una espiral mediante la que el individuo se encierra en su propio hastío y desesperación. Dividida esta primera parte en cinco capítulos (de un total de ocho), sobresale el tercero, en que la protagonista toma conciencia de las consecuencias de sus actos al conocer a la esposa y madre engañada (Thurman). Si bien, el tono surrealista de este segmento podría parecer extremadamente artificioso a parte del público. A Von Trier le pierde sobre todo su afán de escandalizar, con ensoñaciones incestuosas y fragmentos pornográficos muy explícitos que pretenden ser “novedosos”, incluso involucrando a personajes menores de edad que pueden herir hasta a sensibilidades que están de vuelta de todo. También sobra su peligrosa tendencia a volverse discursivo, como cuando se compara el apetito sexual de la protagonista con la música polifónica, una metáfora válida que da juego estéticamente, pero estropeada porque tanto Gainsbourg como Skarsgård parecen a punto de dar una conferencia. Hasta se explica didácticamente, por si alguien la desconoce, en qué consiste la sucesión de Fibonacci.

4/10
Melancolía

2011 | Melancholia

Justine se casa con Michael en vísperas del fin del mundo, cuando el planeta Melancolía está a punto de colisionar contra la Tierra. La fiesta que sigue a la boda tiene lugar en la espléndida mansión de campo de Claire y John, hermana y cuñado de Justine. Lars von Trier nunca defrauda, o al menos, no del todo, incluso en obras tan discutibles como Anticristo; y eso aunque a veces le dé por acompañar el lanzamiento de sus trabajos con absurdas declaraciones, como la que hizo en este caso en Cannes expresando cierta simpatía por... ¡Adolf Hitler!. Independientemente de semejante “boutade” propia de inmaduro “enfant terrible” al que le gusta provocar, lo cierto es que aquí entrega una poderosa película, que atrapa desde sus primeras imágenes, que anticipan la catástrofe planetaria en ciernes. El director danés divide su film en dos partes claramente diferenciadas, donde concede el mayor peso a uno de las dos hermanas, primero a Justine –Kirsten Dunst, premiada con toda justicia en Cannes–, luego a Claire –fantástica Charlotte Gainsbourg–. Y al hilo de la boda y del tiempo que se va, Von Trier disecciona con indudable pesimismo egoísmos tan típicos del ser humano, miedos e inseguridades. Y es que el planeta Melancolía, o sea, el estado de ánimo a veces manifestado en forma de depresión, continuamente acecha, nos aplana, nos entristece, nos hunde, sin que sepamos explicar por qué; el amor de los seres queridos, aquí sobre todo el fraterno, parece que no nos bastase. Es muy rica y variada la mirada antropológica “vontrieriana” a la ambición de ciertos empresarios, a la amargura de quien proyecta su fracaso matrimonial en sus vástagos, a la simpleza y superficialidad de quien no ve más allá de sus narices, a arribistas y personajes que tras sus falsas seguridades ocultan no miedo, sino auténtico terror a lo que les puede suceder. Qué bien sabe crear Von Trier la atmósfera de la película, la sensación de final. La cámara nerviosa, los personajes crispados, la música de Richard Wagner, el preludio de “Tristán e Isolda”. Hay astucia en escoger a Kiefer Sutherland, alias “Jack Bauer” en 24, tan acostumbrado a salvar el mundo, en una película donde los científicos han anunciado su inevitable final. Y la última escena que cierra el film, que se diría una variación “vontrieriana” muy particular de la transfiguración evangélica en el Tabor –“hagamos una tienda...”–, es de una belleza sublime.

8/10
Anticristo

2009 | Antichrist

Resulta difícil reseñar una película como Anticristo, de Lars von Trier. Sobre todo desde el momento en que su responsable admite que la rodó a modo de terapia, tras sufrir una depresión. Sin reglas, sin razones, sin entusiasmos, asegura el director: “No tengo ninguna excusa para Anticristo, sólo mi profunda fe en la película, la más importante de toda mi carrera profesional”.Estructurada con un prólogo, cuatro actos -“Desconsuelo”, “Dolor”, “Desesperación” y “Los tres mendigos”- y un epílogo, todo arranca una noche en que, mientras un matrimonio hace el amor, su niño se mata accidentalmente al caer desde una ventana. Rotos ambos de dolor, la peor parte la lleva ella, sumida en una profunda depresión. Él, que es psiquiatra, opta porque los dos solos se retiren a una cabaña que tienen en el bosque, donde ella estaba escribiendo un extraño libro sobre la mujer y los prejuicios religiosos. Allí saldrán a flote los temores y reproches mutuos, en lo que parece una lucha entre el tranquilo raciocinio y el salvaje que late dentro de todo ser humano.Lars von Trier tiene una gran capacidad visual, por ejemplo en sus pasajes a cámara lenta, de rara belleza, acompañados de la preciosa música de Händel, y sí, logra un film inquietante. Pero también caótico, peculiar ejercicio de estilo, con pasajes muy explícitos que entran dentro de lo pornográfico, y otros de violencia inaudita, que parecen más propios de la saga Saw que de la filmografía del danés. Hay metáforas ocurrentes, una mirada al lado oscuro de la naturaleza, el reverso tenebroso del paraíso terrenal con unos protagonistas que parecen un trasunto actual de Adán y Eva. No teme el director ofrecer una imagen transgresora y políticamente incorrecta de la mujer, como tentadora irracional e histérica, que lleva al abismo a su esposo. Tampoco importa demasiado la lógica interna de la trama, la alusión a la naturaleza como santuario de Satán, porque se quiere jugar con miedos inefables, lo que el subconsciente esconde. Y aunque al final Von Trier dedica su film a Andrei Tarkovsky, recuerda más a las películas más crípticas de Ingmar Bergman, no a Secretos de un matrimonio, que el danés ha citado en entrevistas, sino a otras tan oscuras e irracionales como La hora del lobo. La película produjo un gran desconcierto en el Festival de Cannes, lo que no impidió que su protagonista femenina, Charlotte Gainsbourg, fuera premiada como mejor actriz.

4/10
Erik Nietzsche

2007 | De unge år: Erik Nietzsche sagaen del 1

Erik es un jovenzuelo con ínfulas de artista, que tras ser rechazado en varias instancias para formarse como pintor y demás bellas artes, es aceptado por error en una escuela de cine. Son seis nuevos alumnos, de los que en principio al año siguiente sólo continuarán tres. Jacob Thuesen maneja un guión de Lars von Trier, que también presta su voz como narrador a algunos pasajes de la película. El resultado es de algún modo paradigmático del cine de von Trier, para lo mejor y para lo peor. Porque está claro que se trata de un divertimento bien rodado, un modo de echar risas en una de esas muestras de “cine dentro del cine”, donde se hace chanza de pretensiones intelectualoides y cinefilias varias, y también de la formación que se imparte en las llamadas escuelas dedicadas al Séptimo Arte. Esta ligereza, que a la vez es declaración de amor al cine, convive con ciertas obsesiones en torno al sexo y al sadismo, presentes en títulos de la filmografía del danés como Los idiotas y Anticristo, y que conceden al film una rechinante tosquedad, en especial en los pasajes del rodaje de un film en que la diva de turno se empeña en pasear desnuda por todas partes, ante el estupor de todos los que trabajan con ella. Sólo el arranque con planos de las hojas de los árboles, habla de dos cineastas, Thuesen y von Trier, con talento. El carácter experimental y ligero puede recordar a obras como Cinco condiciones, que denotan alma de artista y gran creatividad. Pero el resultado lo lastra el carácter gamberrete y pelín desquiciado de Lars von Trier, una cierta falta de medida en lo que hace que le impide rematar bien la jugada.

5/10
El jefe de todo esto

2006 | Direktøren for det hele

Pausa del danés Lars von Trier en su ‘trilogía americana’, pues ha rodado el film entre Manderlay y la esperada Wasington. Se trata de una comedia ligera, hecha con pocos medios. Pero su punto de partida tiene gracia, y permite el enredo hasta extremos surrealistas. La cosa consiste en que el dueño de una empresa se ha inventado a un imaginario superior –‘el jefe de todo esto’ del título– para evitar malos tragos con sus subordinados, convirtiéndose así él en un subalterno más. Pero a la hora de cerrar un contrato con una empresa islandesa –al parecer daneses e islandeses se llevan fatal– necesita al ‘jefe de todo esto’; así que contrata a un actor que haga su papel. El actor desconoce los entresijos del mundo empresarial, pero como los planteamientos y estrategias son puramente kafkianos, sólo tiene que exhibir cierta seguridad, y demostrar quién tiene el control. El film posee momentos hilarantes, aunque también un pasaje estúpidamente soez… La sensación es que se estira una idea graciosa, que estamos ante un humor muy nórdico… Y von Trier prueba que con maña y pasión se pueden hacer cosas muy aceptables con recursos justitos. Cita el director como referencias de su film los títulos de comedias clásicas americanas (La fiera de mi niña, El bazar de las sorpresas, Historias de Filadelfia, La extraña pareja), y aunque está lejos de sus modelos, lo cierto es que entrega una película divertida. Experto en el marketing de sus películas, von Trier ha logrado despertar expectación en la prensa especializada con sus ocurrencias, como el sistema "Automavisión ©" –el cineasta atribuye la fotografía no a una persona ni a él mismo, sino a su inventillo– y no sabemos qué concursos, zarandajas que logran que se hable de él, de modo que el espectador "enteradillo" no tenga más remedio que ver su película, si quiere estar "in".

7/10
Querida Wendy

2005 | Dear Wendy

Dick es un adolescente inadaptado y más bien tímido, a cuyas manos llega un día una pequeña pistola, en un pueblecito de la América profunda. Al joven le encanta el arma, y hasta le da un nombre, Wendy. Con otros amigos raritos forma una especie de club, ‘los dandies’, cuyo requisito de admisión principal es tener un arma, y usarla sólo para hacer puntería, nunca para infligir daño a otras personas. Los chicos se lo pasan en grande, tiro va, tiro viene, hasta que se une al grupo un ‘bala perdida’, que podría llevarles a romper las reglas que ellos mismos se han marcado. Curiosa parábola acerca de la violencia y las armas, con guión de Lars Von Trier, que va en la línea de sus últimos filmes, Bailar en la oscuridad, Dogville y Manderlay, muy críticos con Estados Unidos. Tras la cámara está Thomas Vinterberg, quien probó ser discípulo aventajado de Von Trier en la ‘dogmática’ y dura Celebración. Protagoniza Jamie Bell, el chico ya algo crecido de Billy Elliot (Quiero bailar).

6/10
Manderlay

2005 | Manderlay

Lars von Trier no engaña. Meses antes del estreno en cines de Manderlay, el controvertido director afirmó en una entrevista publicada en el diario danés Politiken que, tras su película, se crearía “una hermandad entre el Klu Klux Klan y los negros, porque ambos tendrán muchas ganas de matarme”. Estaba claro que el público debía de esperar una nueva dedada de brutalidad y genialidad, a partes iguales. Y eso justamente es lo que encontramos en esta segunda entrega de la trilogía sobre Estados Unidos. El inicio de la historia enlaza con el final de Dogville. Tras abandonar aquella población, acompañada de su padre y de sus matones, Grace (Bryce Dallas Howard) llega a una plantación del sur llamada Manderlay, un lugar donde la esclavitud aún no ha sido abolida. La joven ve con horror cómo azotan brutalmente a un hombre, y, ante esta visión, su buen corazón se estremece y, enfrentándose de nuevo al parecer de su padre, decide quedarse en Manderlay para luchar por mejorar la vida de sus habitantes y devolverles la libertad. Fiel a su estilo y a su inmisericorde visión de la existencia y del ser humano –una extraña mezcla de ternura, comprensión, autocompasión e insana complacencia en sus miserias– el director de Bailar en la oscuridad vuelve a estar a la altura de la genialidad que ofreció con Dogville, si bien es cierto que el resultado no alcanza probablemente la magnitud de la película protagonizada por Nicole Kidman. Quizá tenga algo que ver en ello que la puesta en escena al modo teatral, con localizaciones “imaginarias”, ya no sorprende. Es cierto que sigue resultando alucinante, pero es inevitable que haya algo en la atmósfera del film que suene a ya visto. Por otro lado, los esperados “regalitos” de Von Trier vuelven a golpear al espectador (brutalidad sexual, hipocresía, asesinato, traición), y aunque hay una menor galería de personajes emblemáticos y definidos, la Grace de Dallas Howard sigue resultando tan cercana como fascinante, aunque también de menor intensidad que la de Kidman.

7/10
Dogville

2003 | Dogville

Tras su celebrada Bailar en la oscuridad, el danés Lars Von Trier prosigue con su búsqueda de los límites del arte cinematográfico. La originalidad de este director quizá raye lo temerario y desde luego su cine no deja indiferente a nadie. A algunos les parecerá pretencioso y cargante y a otros fascinante y genial, pero siempre resultará sorprendente. Y de lo que no hay duda es de que se trata de uno de los directores más audaces del cine actual. Esta vez se atreve a transformar el teatro en cine. Pero, entiéndase, no es que adapte una obra teatral –nada más lejos de la realidad–, sino que filma teatro y logra el milagro de transformarlo en cine puro. Estructurada en un prólogo y nueve capítulos introducidos por un narrador, la película cuenta la estancia de Grace en un pueblo de las Montañas Rocosas. Se trata de una bella, bondadosa y asustada mujer que llega a Dogville huyendo de la muerte. Tras algunas dudas, los habitantes acaban por darle cobijo gracias a la influencia de Tom, que pronto se enamora de ella. Grace quiere devolver la hospitalidad de aquellas gentes y se propone ayudar a cada uno con denodado empeño. Pero, poco a poco, y tras la cada vez más insistente búsqueda de Grace por parte de las autoridades, los habitantes de Dogville comienzan a dudar de la fugitiva y van arrogándose el derecho de disponer de ella a su antojo, hasta convertirla en una esclava. Otra vez Von Trier vuelve a hacer de las suyas: te encandila con imágenes increíbles –Grace en el camión de frutas, por ejemplo– y luego te estruja el corazón sin piedad. Las pasiones humanas, constantes en su cine, se trasladan también a Dogville: la bondad, el sacrificio, el egoísmo, la hipocresía, la traición, la lujuria, la venganza, acaban por dar vida a una parábola bellísima pero funesta y desesperanzadora sobre el ser humano. Somos, parece decir Von Trier, tan ruines y mezquinos que el camino del bien nos está vedado. Así es el brutal pesimismo de esta obra de arte.

8/10
Cinco condiciones

2003 | De fem benspaend

Hay mucho espectador al que el danés Lars von Trier le irrita, pero nadie puede negar su capacidad de explorar y proponer nuevas vías al cine. Y el film que nos ocupa es singularísimo, y muy, muy interesante. Fascinado por el corto El ser humano perfecto, rodado por Jørgen Leth hace años, Von Trier, a modo de maestro pijotero, propone a su colega un reto: rodar cinco cortos con variaciones sobre el tema ahí tratado, poniendo una serie de condiciones de rodaje dificilísimas, que obligan a aguzar el ingenio: desde usar planos con menos de doce imágenes, hasta rodar un film animado. El resultado es apasionante.

6/10
Bailar en la oscuridad

2000 | Dancer in the Dark

Pantalla en negro. Música. Un minuto, dos, ¿tres? Así empieza el último y galardonado film del danés Lars Von Trier. Una de las muchas audacias que se permite. Si nos contaran el argumento, diríamos: “es un melodrama.” Selma Jezkova; inmigrante checa, madre soltera de un niño de diez años; trabaja en una fábrica; se está quedando ciega y, lo que es peor, la enfermedad es hereditaria; su vecino policía tiene problemas; hay una amiga que la aprecia y comprende... Y sin embargo, no parece tal melodrama. Parece la vida misma. Von Trier, a la hora de contar la triste vida de Selma, se agarra, al menos aparentemente, a los principios del movimiento Dogma que él impulsó: ausencia de música, luz natural, espontaneidad... Y mueve la cámara compulsivamente, sin dejarla quieta un momento, como queriendo recalcar el estrés de nuestra época. Y de pronto... ¡milagro! ¡La película se convierte en un musical! Von Trier arroja los principios “dogmáticos” al cesto de los papeles. El director y guionista nos ha preparado un poco –la protagonista es forofa de los musicales de Hollywood–, pero en absoluto para que una noche en una lúgubre fábrica con ruidos anodinos se transforme en un animado número musical. Y es que Selma se evade con sus fantasías musicales de una realidad dura o, mejor, integra esa realidad con su imaginación y dotes musicales, haciéndola mejor, más pura, más como debiera ser. Björk compone y canta de modo asombroso. Los personajes de la película son auténticos. Magníficos Björk, Catherine Deneuve –la amiga fiel–, David Morse –el policía torturado–, Peter Stormare –prototipo de enamorado–, pero también los secundarios como la conmovedora Siobhan Fallon, vigilante del corredor de la muerte, o Jean-Marc Barr, patrón de la fábrica. Y hay conflictos de interés: la amistad mantenida a machamartillo, la custodia de un secreto, la comprensión del dolor ajeno, el sacrificio por el propio hijo... El desenlace, magistral, es el último capítulo que no es el último capítulo si uno no quiere que lo sea. Para entender esto último, ¡no dejes de ver esta joya!

8/10
Los idiotas

1998 | Idioterne

Quizá la más irritante de las películas de Lars von Trier, que el danés supo vender gracias a su célebre manifiesto 'Dogma' y al 'voto de castidad', fórmulas que abogaban por despojar al cine de todo tipo de artificio para regresar a la esencia de las historias y a una cierta naturalidad narrativa, manifestado en el uso de decorados auténticos, luz natural y música justificada. Tal movimiento generó un amplio debate -acompañado de la publicidad consiguiente-, donde cineastas de la talla de Aki Kaurismaki se desmarcaron claramente, al ser sondeados para sumarse al grupo. Von Trier rueda una película sobre idiotas que hacen idioteces, jóvenes burgueses sin metas vitales demasiado claras, en un juego cuyo propósito parece consistir en algo así como 'a ver quién hace la burrada más burra'. Con un recurso al sexo explícito agotador, cercano a la pornografía, y un deseo de cine libre y transgresor que lo es todo menos libre y transgresor, en su sentido más noble al menos, la película se queda en la idiotez que pronostica su título.

4/10
Rompiendo las olas

1996 | Breaking the Waves

Bess, una joven escocesa sencilla e ingenua, pero de bondad extrema, se enamora perdidamente de Jan, trabajador de una plataforma petrolífera. Se casan, y son felices, pero cuando él sufre un accidente y queda paralítico, ella es impelida por su esposo a que se busque un amante, para que pueda seguir ejercitando su sexualidad. Bess acepta la propuesta, pensando que de algún modo, con esa 'entrega' -a ella le repugnan profundamente los encuentros con desconocidos, lo que querría es estar con su amado-, está cumpliendo la voluntad de Dios, lo que tal vez redunde en la curación de Bess. La filmación de esta película, inspirada inicialmente en 'Justine' del marqués de Sade, y en el cuento 'Corazón de oro', y que finalmente dio un peso preponderante al elemento religioso, coincidió con el bautismo de Lars von Trier como católico. Según explicaba el cineasta, "la religión es seguramente una prolongación de los rituales de infancia para evitar que todo derive hacia el caos. En cualquier caso, es obvio que uno no puede ir al encuentro de la religión de esa manera; si lo haces, pasa a ser una cosa más. Mi concepción es la misma que tengo sobre los milagros: no creo en la religión, la espero." Historia de amor intenso cuya totalidad acude a la metáfora de renunciar al propio cuerpo, y con un acercamiento muy dreyeriano (Ordet (La palabra) es una referencia clarísima), su milagroso final es de una enorme belleza.

7/10
The Kingdom

1994 | Riget | Serie TV

Singular y original serie de televisión, concebida por el danés Lars Von Trier, con el conflicto fe-razón como pilar principalísimo. La acción transcurre en un moderno hospital construido sobre un terreno pantanoso, donde antaño gente sencilla blanqueaba la ropa en las aguas del lugar. Esta construcción de un lugar donde se atiende a los enfermos, que tiene la ciencia y razón como paradigma, contrastaría con las creencias a desterrar de las personas del pasado, y de algunas actuales ancladas en la superstición. Muy curiosamente, esta serie es coetánea de la creación de Michael Crichton Urgencias. Y algunas similitudes hay en la creación de personajes: el director del hospital, el engreído neurocirujano sueco que se lleva los tapacubos de las ruedas de sus coches para que no se los roben, los médicos residentes, enfermeras, estudiantes que gastan bromas macabras con los cadáveres de las clases de anatomía… Pero con un elemento fantástico –a través del hueco del ascensor se escucha el lamento de una niña– y el personaje de una paciente, madre de un celador y de creencias espiritistas, que a modo de una muy particular miss Marple ‘cazafantasmas’, va a contactar con los espíritus que moran en el hospital. El director danés demuestra una enorme creatividad a la hora de acometer de modo inquietante una historia de género para la pequeña pantalla, mezcla imposible de géneros, que al tiempo hace pensar cuestionando la teórica superioridad de la ciencia frente a cualquier otra disciplina, o la visión nietszchiana de la vida. Concebir personajes interesantes, exhibir un vitriólico sentido del humor y reírse de los excesos del cientifismo –la ceremonia de ingreso en una logia es la ‘bomba’–, criticar la deshumanización de la medicina y el modo estúpido en que se trata de corregir tal problema –la operación Brisa Matutina–, son algunas de las cualidades de Kingdom. Además se da la ironía de que los dos disminuidos psíquicos que trabajan de friegaplatos, que actúan a modo de coro griego, saben más de lo que pasa en el hospital, que el resto de personal que pulula por ahí. Y tan pronto se pasa al terror simplemente sugerido, como entran en danza los típicos excesos sanguinolentos del género, o se conciben extravagancias –el 'bebé', las aventuras en la avioneta...– casi surrealistas. Al modo de un Alfred Hitchcock, Von Trier aparece al final de cada episodio haciendo algún comentario. Y sus observaciones –“El artista más ingenioso no es más que una hormiga al lado de Dios”, “Nunca podremos abordar la vida”– demuestran inteligencia, y explican su concepción de la serie como una muy peculiar respuesta a la negación de lo espiritual. Estilísticamente, Kingdom ya presenta muchos de los elementos clave del célebre movimiento ‘Dogma’ –cámara en mano, sonidos reales casi siempre y música incidental mínima­–, a los que suma otras opciones adecuadas para crear la deseada atmósfera de misterio: ángulos de cámara extraños, virado al naranja de todo el metraje, acentuación de los ruidos, sobreimpresiones de los fantasmas, elaboradísimo montaje con cortes de tiempo en las escenas para acelerarlas… Además, Von Trier sabe crear genuino suspense, como en las escenas del ‘asalto’ al archivo hospitalario, o en el baile de tazas de café en la reunión matutina de los médicos.

8/10
Europa

1991 | Europa

Una original mirada a la Alemania de postguerra, a cargo del danés Lars von Trier. Sigue la pista a un joven americano, descendiente de alemanes, que vuelve a su país de origen con idea de ayudar a su reconstrucción. Por mediación de su tío empieza a trabajar en un tren de la línea Zentropa, donde pronto es sometido a presiones de los aliados y los alemanes, para que apoye los intereses de unos u otros. Mientras un grupo subversivo realiza ataques terroristas, él se enamora de la hija del dueño de Zentropa. Con sorprendente acabado visual, deudor del expresionismo, donde cautivan la mezcla de color y blanco y negro, o las sobreimpresiones, Von Trier pergeña una historia muy movida de aires kafkianos, que recuerda que en esta vida se hace obligatorio, en un momento u otro, tomar partido. Inolvidable resulta la voz en off inicial de Max von Sydow contando hasta diez para iniciar el viaje a Europa. El director, con su característico estilo de comunicación travieso y petulante afirmó que había diseñado el film "como una obra maestra. Eso lo decidí por adelantado, antes siquiera de empezar a escribirla."

7/10
Medea (1988)

1988 | Medea

Apasionante adaptación de la obra clásica de Eurípides, a cargo del "enfant terrible" del cine danés, Lars von Trier, tomando pie de un guión del maestro Carl Theodor Dreyer. Sigue a Medea y Jasón en su viaje a Corinto, donde el rey Creonte ofrece la mano de su hija Glauca a Jasón, lo que supone postergar a la madre y a sus dos retoños.Destaca en el film no sólo la fuerza del tema de la venganza, que lleva a pasar por encima de los sentimientos de amor a los hijos, sino las imágenes, el modo visual de contar esta tragedia. El tono es lacónico y sobrio, de riguroso ascetismo si se quiere, pero de gran fuerza; y aunque Von Trier asegura que no ha pretendido imitar a Dreyer, sino seguir su propio camino, seguro que el gran maestro habría quedado satisfecho del resultado alcanzado.

7/10
Epidemic

1987 | Epidemic

Lars von Trier y Niels Vørsel preparan un guión titulado "El policía y la puta" para un productor americano, pero lo pierden accidentalmente. Como lo recuerdan vagamente, comienzan a preparar otro, "Epidemic", acerca de una extraña epidemia que asola a nuestra sociedad; la preparación del libreto se intercala con algunos fragmentos del supuesto film, donde el doctor Messner, interpretado por el propio von Trier, viaja a la zona infectada para intentar salvar a los enfermos. Peculiar film experimental, rodado en blanco y negro en 35 y 16 mm, y con inteligente uso de la obertura del "Tanhaussen" de Wagner, algunas de sus situaciones kafkianas anticipan lo que sería Europa. De resultado irregular, hay algunos pasajes bellos -el doctor en una imagen en que parece que está volando, aunque en realidad pende de un helicóptero, donde viaja su amada enfermera- y algunas ideas ocurrentes -la enfermera enterrada viva-, junto a otros momentos delirantes -el cura que se preparó para su misión en un par de días, el desenlace en una sesión de hipnosis-, en lo que parece una completa quedada, de ésas a las que tan aficionado es el director danés.

5/10
El elemento del crimen

1984 | Forbrydelsens element

Un detective retirado llamado Fisher se involucra de nuevo en uno caso de asesinato. El expediente del sospechoso Harry Grey, lo halla por casualidad en la casa de Osborne, un antiguo profesor de la Academia, al que Fisher admira por sus métodos y sus estudios. A pesar de que Osborne le afirma que Grey está muerto, Fisher no quiere cerrar el caso. Apabullante y algo farragoso film del controvertido Lars von Trier, antes de que iniciara su era 'dogmática'. La historia llena de suspense sobre un detective en busca del criminal está ambientada en una Europa oscura y violenta, y el director rueda con una cuidada realización de planos y fotografía en color sepia. A pesar de ser una película meritoria y bien considerada entre los críticos, el resultado es algo pretencioso y puede aburrir o hacer perder el interés en menos que canta un gallo.

4/10
La casa de Jack

2018 | The House That Jack Built

Una especie de guía que atiende al nombre de Verge interroga sobre su vida a Jack, asesino en serie obsesionado con la limpieza, que le cuenta cinco momentos claves de su carrera criminal. Ingeniero, pero enamorado de la arquitectura, está convencido de que sus asesinatos son obras de arte, por lo que acumula cadáveres en una cámara frigorífica, al tiempo que construye la casa de sus sueños. Genio renovador del cine, y único vanguardista auténtico vivo, pero también provocador nato, Lars Von Trier sólo puede rodar desatinos u obras maestras. En esta cinta, más cercana a Anticristo, que a Melancolía, por citar dos ejemplos, parece psicoanalizarse a sí mismo y justificarse, usando como alter ego al psicópata protagonista, con el que comparte muchos elementos, pues se trata de un personaje inteligente, culto, con sentido artístico, pero también prepotente, retorcido, sádico, atormentado y sobre todo misógino, todos los personajes femeninos que aparecen son víctimas, que el personaje central define como “mujeres estúpidas”, pese a ser un film que se estrena en plena era #MeToo. A veces parece estar burlándose de los espectadores, con un humor negro muy particular, pues cabe citar que el cineasta vetado en Cannes –le perdonaron para exhibir esta cinta– por confesar que entendía a Adolf Hitler, utiliza como confesor de Jack a Bruno Ganz, al que se recuerda sobre todo por dar vida al dictador nazi en El hundimiento. En un momento dado, ambos hablan incluso sobre Albert Speer, el arquitecto del Tercer Reich. Visualmente apasionante, como toda la obra del danés, rodada con la cámara libre, marca de la casa, esta catarsis para ahuyentar sus demonios puede interpretarse como una metáfora de la relación del artista con la moral; Von Trier argumentaría que éste puede saltarse todas las normas, también ofender a quien sea, si eso resulta conveniente para su trabajo. Es más, parece concluir que no cree en el arte creado con amor, sólo le parece gloriosa la oscuridad. Pero bajo su apariencia densa –con citas al pianista Glenn Gould, al pintor Eugene Delacroix, al escritor William Blake, etc., y una interminable reflexión sobre la luz, las sombras y los negativos fotográficos– La casa de Jack no deja de ser un ejercicio de estilo autocomplaciente, cínico, de duración desmesurada, que espantará a los espectadores más sensibles, ya que la violencia parece seguir la estela del austriaco Michael Haneke en Funny Games, llevándola mucho más allá del límite de lo tolerable por el espectador. Resultan difícilmente soportables incluso para los espectadores más experimentados en truculencia, segmentos como la cacería de la madre con sus niños, la amputación de pecho, y hasta la mutilación de un pato. Resulta obligado reconocer el convincente trabajo de Matt Dillon, como sabelotodo desquiciado, muy alejado de los seductores que le encumbraron en los 80. Ganz vuelve a brillar, hasta puede recitar diálogos presuntuosos con aparente normalidad. Como en Nymphomaniac –también estructurada como una confesión de la maldad pasada –, Von Trier vuelve a contar con Uma Thurman, que da vida con profesionalidad de nuevo a un personaje episódico, una dama a la que se le ha averiado el coche.

4/10
Nymphomaniac (II)

2013 | Nymphomaniac

Segunda entrega de Nymphomaniac, último trabajo del danés Lars von Trier, dividido en dos volúmenes por razones exclusivamente comerciales debido al largo metraje de la propuesta. Sigue por tanto el esquema apuntado en Nymphomaniac (I) de ocho capítulos, la narración de sus tribulaciones a cargo de Joe, una ninfómana que ha sufrido un violento ataque, y ha sido acogida en su casa por el solitario erudito Seligman. La novedad estribaría en que las perversiones de su adicción al sexo resultan cada vez más truculentas, en este segundo volumen habría espacio para el “ménage à trois” interracial, el sadomasoquismo, la pedofilia y la corrupción de jóvenes, e incluso las relaciones lésbicas acaba metiéndolas el director en ese mismo saco. El conjunto, con imágenes bastante explícitas, es sumamente desagradable, como cabe imaginar. Lars von Trier es un artista con talento, pero le pierde su enorme ego, y la sensación de que en su prodigiosa inteligencia algunas piezas se han desencajado. Ciertas imágenes y pasajes de la película son poderosos, con recursos visuales imaginativos. Pero al tiempo domina una gran pedantería en el toma y daca que mantienen Joe y Seligman, con éste trayendo a colación insufribles comparaciones filosóficas, musicales y religiosas a las historias de aquélla. Resulta irritante cierto tono cínico de superioridad burlona, “yo soy el chico más listo de la clase y vosotros no” podría estar pensando el director danés. A veces da la impresión de que debido al período de “no-entrevistas” que se ha autoimpuesto Von Trier tras su polémicas declaraciones en Cannes acerca de Hitler, el director suple concediéndose con esta película una autoentrevista, haciendo decir a los personajes lo que piensa sobre cuestiones controvertidas, e incluso convirtiéndolos en portavoces de sus propias contradicciones a través de unos Joe y Seligman en discusión. De modo que afirma ser, no antisemita, sino antisionista, larga un peculiar discurso sobre las mujeres sufrientes por culpa de los hombres, o expresa admiración por los pedófilos que no ejecutan sus fantasías. En general Von Trier, director y guionista, muestra amplias carencias en su limitada visión antropológica, sólo en el padre de Joe apreciamos un poco de humanidad más allá del estrecho canuto sexual de la película. No hay explicaciones para la ninfomanía de Joe, la posibilidad del cambio parece descartada, y la apelación en algunos momentos al amor y a las supuestas connotaciones morales del relato son de escasa entidad, se dirían que forman parte del juego del cineasta danés para autojustificarse y dar al amplio espectro de espectadores que reconocen su talento algo que les pueda contentar.

3/10
Nymphomaniac (I)

2013 | Nymphomaniac

Seligman, críptico profesor de origen judío, recoge de la calle a Joe, una mujer tirada en medio de la calle con signos de haber sufrido violencia física. La lleva a su residencia, donde ella le contará con pelos y señales la historia de cómo el desenfrenado deseo sexual que siente desde que era una niña le ha conducido a la perdición. Resulta complicado el análisis de una obra tan errática como Nymphomaniac (I) cuando el film se presenta como una versión “recortada con autorización del director” y como la mitad de un díptico, apelando a no se sabe qué limitaciones de libertad que en realidad parecen meditadas estrategias de marketing (todo apunta a que se pretende vender no sólo la segunda parte, sino también la 'versión íntegra'). En cualquier caso, parece una obra tan viva que posibles giros en su continuación podrían alterar la percepción que ofrece el visionado aislado de esta entrega inicial. Por lo visto en Nymphoniac (I) “autocensurada”, Lars Von Trier se adentra muy a fondo en la mente de una ninfómana, con complejo de Elektra, cuya patología bien podría ser representativa de una sociedad igualmente enferma, en la que las adicciones sexuales compulsivas no permiten tener en cuenta posibles daños ocasionados a otras personas, ni en definitiva el respeto de unas reglas morales. Capaz de alumbrar obras bastante sólidas (Dogville, Bailar en la oscuridad, Melancolía) y otras discutibles (Anticristo, Los idiotas), Von Trier se queda en esta ocasión a medio camino. Por un lado, vuelve a demostrar su capacidad para crear imágenes de enorme potencia, y para sacar interpretaciones desgarradoras, en esta ocasión tanto por parte de actores habituales de su cine (Charlotte Gainsbourg, Stellan Skarsgård), como de otros insólitos en su filmografía (Shia LaBeouf metido en un berenjenal muy sórdido, Jamie Bell o una Uma Thurman a gran nivel). Quizás desentone en Nymphomaniac (I) Christian Slater, que a pesar de sus esfuerzos no parece la mejor elección como padre de la protagonista, mientras que la gran estrella de la función, la debutante Stacy Martin, demuestra ser buena actriz, pero también una pobre víctima de los desvaríos más truculentos del realizador danés. Angustiosa y desagradable hasta la saciedad, Nymphomaniac no está exenta de cierto interés, en su constatación de que cuando no se cree en el amor (el autor del film no es ni mucho menos un dechado de optimismo) el sexo conduce a una espiral mediante la que el individuo se encierra en su propio hastío y desesperación. Dividida esta primera parte en cinco capítulos (de un total de ocho), sobresale el tercero, en que la protagonista toma conciencia de las consecuencias de sus actos al conocer a la esposa y madre engañada (Thurman). Si bien, el tono surrealista de este segmento podría parecer extremadamente artificioso a parte del público. A Von Trier le pierde sobre todo su afán de escandalizar, con ensoñaciones incestuosas y fragmentos pornográficos muy explícitos que pretenden ser “novedosos”, incluso involucrando a personajes menores de edad que pueden herir hasta a sensibilidades que están de vuelta de todo. También sobra su peligrosa tendencia a volverse discursivo, como cuando se compara el apetito sexual de la protagonista con la música polifónica, una metáfora válida que da juego estéticamente, pero estropeada porque tanto Gainsbourg como Skarsgård parecen a punto de dar una conferencia. Hasta se explica didácticamente, por si alguien la desconoce, en qué consiste la sucesión de Fibonacci.

4/10
Melancolía

2011 | Melancholia

Justine se casa con Michael en vísperas del fin del mundo, cuando el planeta Melancolía está a punto de colisionar contra la Tierra. La fiesta que sigue a la boda tiene lugar en la espléndida mansión de campo de Claire y John, hermana y cuñado de Justine. Lars von Trier nunca defrauda, o al menos, no del todo, incluso en obras tan discutibles como Anticristo; y eso aunque a veces le dé por acompañar el lanzamiento de sus trabajos con absurdas declaraciones, como la que hizo en este caso en Cannes expresando cierta simpatía por... ¡Adolf Hitler!. Independientemente de semejante “boutade” propia de inmaduro “enfant terrible” al que le gusta provocar, lo cierto es que aquí entrega una poderosa película, que atrapa desde sus primeras imágenes, que anticipan la catástrofe planetaria en ciernes. El director danés divide su film en dos partes claramente diferenciadas, donde concede el mayor peso a uno de las dos hermanas, primero a Justine –Kirsten Dunst, premiada con toda justicia en Cannes–, luego a Claire –fantástica Charlotte Gainsbourg–. Y al hilo de la boda y del tiempo que se va, Von Trier disecciona con indudable pesimismo egoísmos tan típicos del ser humano, miedos e inseguridades. Y es que el planeta Melancolía, o sea, el estado de ánimo a veces manifestado en forma de depresión, continuamente acecha, nos aplana, nos entristece, nos hunde, sin que sepamos explicar por qué; el amor de los seres queridos, aquí sobre todo el fraterno, parece que no nos bastase. Es muy rica y variada la mirada antropológica “vontrieriana” a la ambición de ciertos empresarios, a la amargura de quien proyecta su fracaso matrimonial en sus vástagos, a la simpleza y superficialidad de quien no ve más allá de sus narices, a arribistas y personajes que tras sus falsas seguridades ocultan no miedo, sino auténtico terror a lo que les puede suceder. Qué bien sabe crear Von Trier la atmósfera de la película, la sensación de final. La cámara nerviosa, los personajes crispados, la música de Richard Wagner, el preludio de “Tristán e Isolda”. Hay astucia en escoger a Kiefer Sutherland, alias “Jack Bauer” en 24, tan acostumbrado a salvar el mundo, en una película donde los científicos han anunciado su inevitable final. Y la última escena que cierra el film, que se diría una variación “vontrieriana” muy particular de la transfiguración evangélica en el Tabor –“hagamos una tienda...”–, es de una belleza sublime.

8/10
Anticristo

2009 | Antichrist

Resulta difícil reseñar una película como Anticristo, de Lars von Trier. Sobre todo desde el momento en que su responsable admite que la rodó a modo de terapia, tras sufrir una depresión. Sin reglas, sin razones, sin entusiasmos, asegura el director: “No tengo ninguna excusa para Anticristo, sólo mi profunda fe en la película, la más importante de toda mi carrera profesional”.Estructurada con un prólogo, cuatro actos -“Desconsuelo”, “Dolor”, “Desesperación” y “Los tres mendigos”- y un epílogo, todo arranca una noche en que, mientras un matrimonio hace el amor, su niño se mata accidentalmente al caer desde una ventana. Rotos ambos de dolor, la peor parte la lleva ella, sumida en una profunda depresión. Él, que es psiquiatra, opta porque los dos solos se retiren a una cabaña que tienen en el bosque, donde ella estaba escribiendo un extraño libro sobre la mujer y los prejuicios religiosos. Allí saldrán a flote los temores y reproches mutuos, en lo que parece una lucha entre el tranquilo raciocinio y el salvaje que late dentro de todo ser humano.Lars von Trier tiene una gran capacidad visual, por ejemplo en sus pasajes a cámara lenta, de rara belleza, acompañados de la preciosa música de Händel, y sí, logra un film inquietante. Pero también caótico, peculiar ejercicio de estilo, con pasajes muy explícitos que entran dentro de lo pornográfico, y otros de violencia inaudita, que parecen más propios de la saga Saw que de la filmografía del danés. Hay metáforas ocurrentes, una mirada al lado oscuro de la naturaleza, el reverso tenebroso del paraíso terrenal con unos protagonistas que parecen un trasunto actual de Adán y Eva. No teme el director ofrecer una imagen transgresora y políticamente incorrecta de la mujer, como tentadora irracional e histérica, que lleva al abismo a su esposo. Tampoco importa demasiado la lógica interna de la trama, la alusión a la naturaleza como santuario de Satán, porque se quiere jugar con miedos inefables, lo que el subconsciente esconde. Y aunque al final Von Trier dedica su film a Andrei Tarkovsky, recuerda más a las películas más crípticas de Ingmar Bergman, no a Secretos de un matrimonio, que el danés ha citado en entrevistas, sino a otras tan oscuras e irracionales como La hora del lobo. La película produjo un gran desconcierto en el Festival de Cannes, lo que no impidió que su protagonista femenina, Charlotte Gainsbourg, fuera premiada como mejor actriz.

4/10
A cada uno su cine

2007 | Chacun son cinéma

El jefe de todo esto

2006 | Direktøren for det hele

Pausa del danés Lars von Trier en su ‘trilogía americana’, pues ha rodado el film entre Manderlay y la esperada Wasington. Se trata de una comedia ligera, hecha con pocos medios. Pero su punto de partida tiene gracia, y permite el enredo hasta extremos surrealistas. La cosa consiste en que el dueño de una empresa se ha inventado a un imaginario superior –‘el jefe de todo esto’ del título– para evitar malos tragos con sus subordinados, convirtiéndose así él en un subalterno más. Pero a la hora de cerrar un contrato con una empresa islandesa –al parecer daneses e islandeses se llevan fatal– necesita al ‘jefe de todo esto’; así que contrata a un actor que haga su papel. El actor desconoce los entresijos del mundo empresarial, pero como los planteamientos y estrategias son puramente kafkianos, sólo tiene que exhibir cierta seguridad, y demostrar quién tiene el control. El film posee momentos hilarantes, aunque también un pasaje estúpidamente soez… La sensación es que se estira una idea graciosa, que estamos ante un humor muy nórdico… Y von Trier prueba que con maña y pasión se pueden hacer cosas muy aceptables con recursos justitos. Cita el director como referencias de su film los títulos de comedias clásicas americanas (La fiera de mi niña, El bazar de las sorpresas, Historias de Filadelfia, La extraña pareja), y aunque está lejos de sus modelos, lo cierto es que entrega una película divertida. Experto en el marketing de sus películas, von Trier ha logrado despertar expectación en la prensa especializada con sus ocurrencias, como el sistema "Automavisión ©" –el cineasta atribuye la fotografía no a una persona ni a él mismo, sino a su inventillo– y no sabemos qué concursos, zarandajas que logran que se hable de él, de modo que el espectador "enteradillo" no tenga más remedio que ver su película, si quiere estar "in".

7/10
Manderlay

2005 | Manderlay

Lars von Trier no engaña. Meses antes del estreno en cines de Manderlay, el controvertido director afirmó en una entrevista publicada en el diario danés Politiken que, tras su película, se crearía “una hermandad entre el Klu Klux Klan y los negros, porque ambos tendrán muchas ganas de matarme”. Estaba claro que el público debía de esperar una nueva dedada de brutalidad y genialidad, a partes iguales. Y eso justamente es lo que encontramos en esta segunda entrega de la trilogía sobre Estados Unidos. El inicio de la historia enlaza con el final de Dogville. Tras abandonar aquella población, acompañada de su padre y de sus matones, Grace (Bryce Dallas Howard) llega a una plantación del sur llamada Manderlay, un lugar donde la esclavitud aún no ha sido abolida. La joven ve con horror cómo azotan brutalmente a un hombre, y, ante esta visión, su buen corazón se estremece y, enfrentándose de nuevo al parecer de su padre, decide quedarse en Manderlay para luchar por mejorar la vida de sus habitantes y devolverles la libertad. Fiel a su estilo y a su inmisericorde visión de la existencia y del ser humano –una extraña mezcla de ternura, comprensión, autocompasión e insana complacencia en sus miserias– el director de Bailar en la oscuridad vuelve a estar a la altura de la genialidad que ofreció con Dogville, si bien es cierto que el resultado no alcanza probablemente la magnitud de la película protagonizada por Nicole Kidman. Quizá tenga algo que ver en ello que la puesta en escena al modo teatral, con localizaciones “imaginarias”, ya no sorprende. Es cierto que sigue resultando alucinante, pero es inevitable que haya algo en la atmósfera del film que suene a ya visto. Por otro lado, los esperados “regalitos” de Von Trier vuelven a golpear al espectador (brutalidad sexual, hipocresía, asesinato, traición), y aunque hay una menor galería de personajes emblemáticos y definidos, la Grace de Dallas Howard sigue resultando tan cercana como fascinante, aunque también de menor intensidad que la de Kidman.

7/10
Dogville

2003 | Dogville

Tras su celebrada Bailar en la oscuridad, el danés Lars Von Trier prosigue con su búsqueda de los límites del arte cinematográfico. La originalidad de este director quizá raye lo temerario y desde luego su cine no deja indiferente a nadie. A algunos les parecerá pretencioso y cargante y a otros fascinante y genial, pero siempre resultará sorprendente. Y de lo que no hay duda es de que se trata de uno de los directores más audaces del cine actual. Esta vez se atreve a transformar el teatro en cine. Pero, entiéndase, no es que adapte una obra teatral –nada más lejos de la realidad–, sino que filma teatro y logra el milagro de transformarlo en cine puro. Estructurada en un prólogo y nueve capítulos introducidos por un narrador, la película cuenta la estancia de Grace en un pueblo de las Montañas Rocosas. Se trata de una bella, bondadosa y asustada mujer que llega a Dogville huyendo de la muerte. Tras algunas dudas, los habitantes acaban por darle cobijo gracias a la influencia de Tom, que pronto se enamora de ella. Grace quiere devolver la hospitalidad de aquellas gentes y se propone ayudar a cada uno con denodado empeño. Pero, poco a poco, y tras la cada vez más insistente búsqueda de Grace por parte de las autoridades, los habitantes de Dogville comienzan a dudar de la fugitiva y van arrogándose el derecho de disponer de ella a su antojo, hasta convertirla en una esclava. Otra vez Von Trier vuelve a hacer de las suyas: te encandila con imágenes increíbles –Grace en el camión de frutas, por ejemplo– y luego te estruja el corazón sin piedad. Las pasiones humanas, constantes en su cine, se trasladan también a Dogville: la bondad, el sacrificio, el egoísmo, la hipocresía, la traición, la lujuria, la venganza, acaban por dar vida a una parábola bellísima pero funesta y desesperanzadora sobre el ser humano. Somos, parece decir Von Trier, tan ruines y mezquinos que el camino del bien nos está vedado. Así es el brutal pesimismo de esta obra de arte.

8/10
Cinco condiciones

2003 | De fem benspaend

Hay mucho espectador al que el danés Lars von Trier le irrita, pero nadie puede negar su capacidad de explorar y proponer nuevas vías al cine. Y el film que nos ocupa es singularísimo, y muy, muy interesante. Fascinado por el corto El ser humano perfecto, rodado por Jørgen Leth hace años, Von Trier, a modo de maestro pijotero, propone a su colega un reto: rodar cinco cortos con variaciones sobre el tema ahí tratado, poniendo una serie de condiciones de rodaje dificilísimas, que obligan a aguzar el ingenio: desde usar planos con menos de doce imágenes, hasta rodar un film animado. El resultado es apasionante.

6/10
Bailar en la oscuridad

2000 | Dancer in the Dark

Pantalla en negro. Música. Un minuto, dos, ¿tres? Así empieza el último y galardonado film del danés Lars Von Trier. Una de las muchas audacias que se permite. Si nos contaran el argumento, diríamos: “es un melodrama.” Selma Jezkova; inmigrante checa, madre soltera de un niño de diez años; trabaja en una fábrica; se está quedando ciega y, lo que es peor, la enfermedad es hereditaria; su vecino policía tiene problemas; hay una amiga que la aprecia y comprende... Y sin embargo, no parece tal melodrama. Parece la vida misma. Von Trier, a la hora de contar la triste vida de Selma, se agarra, al menos aparentemente, a los principios del movimiento Dogma que él impulsó: ausencia de música, luz natural, espontaneidad... Y mueve la cámara compulsivamente, sin dejarla quieta un momento, como queriendo recalcar el estrés de nuestra época. Y de pronto... ¡milagro! ¡La película se convierte en un musical! Von Trier arroja los principios “dogmáticos” al cesto de los papeles. El director y guionista nos ha preparado un poco –la protagonista es forofa de los musicales de Hollywood–, pero en absoluto para que una noche en una lúgubre fábrica con ruidos anodinos se transforme en un animado número musical. Y es que Selma se evade con sus fantasías musicales de una realidad dura o, mejor, integra esa realidad con su imaginación y dotes musicales, haciéndola mejor, más pura, más como debiera ser. Björk compone y canta de modo asombroso. Los personajes de la película son auténticos. Magníficos Björk, Catherine Deneuve –la amiga fiel–, David Morse –el policía torturado–, Peter Stormare –prototipo de enamorado–, pero también los secundarios como la conmovedora Siobhan Fallon, vigilante del corredor de la muerte, o Jean-Marc Barr, patrón de la fábrica. Y hay conflictos de interés: la amistad mantenida a machamartillo, la custodia de un secreto, la comprensión del dolor ajeno, el sacrificio por el propio hijo... El desenlace, magistral, es el último capítulo que no es el último capítulo si uno no quiere que lo sea. Para entender esto último, ¡no dejes de ver esta joya!

8/10
Los idiotas

1998 | Idioterne

Quizá la más irritante de las películas de Lars von Trier, que el danés supo vender gracias a su célebre manifiesto 'Dogma' y al 'voto de castidad', fórmulas que abogaban por despojar al cine de todo tipo de artificio para regresar a la esencia de las historias y a una cierta naturalidad narrativa, manifestado en el uso de decorados auténticos, luz natural y música justificada. Tal movimiento generó un amplio debate -acompañado de la publicidad consiguiente-, donde cineastas de la talla de Aki Kaurismaki se desmarcaron claramente, al ser sondeados para sumarse al grupo. Von Trier rueda una película sobre idiotas que hacen idioteces, jóvenes burgueses sin metas vitales demasiado claras, en un juego cuyo propósito parece consistir en algo así como 'a ver quién hace la burrada más burra'. Con un recurso al sexo explícito agotador, cercano a la pornografía, y un deseo de cine libre y transgresor que lo es todo menos libre y transgresor, en su sentido más noble al menos, la película se queda en la idiotez que pronostica su título.

4/10
Rompiendo las olas

1996 | Breaking the Waves

Bess, una joven escocesa sencilla e ingenua, pero de bondad extrema, se enamora perdidamente de Jan, trabajador de una plataforma petrolífera. Se casan, y son felices, pero cuando él sufre un accidente y queda paralítico, ella es impelida por su esposo a que se busque un amante, para que pueda seguir ejercitando su sexualidad. Bess acepta la propuesta, pensando que de algún modo, con esa 'entrega' -a ella le repugnan profundamente los encuentros con desconocidos, lo que querría es estar con su amado-, está cumpliendo la voluntad de Dios, lo que tal vez redunde en la curación de Bess. La filmación de esta película, inspirada inicialmente en 'Justine' del marqués de Sade, y en el cuento 'Corazón de oro', y que finalmente dio un peso preponderante al elemento religioso, coincidió con el bautismo de Lars von Trier como católico. Según explicaba el cineasta, "la religión es seguramente una prolongación de los rituales de infancia para evitar que todo derive hacia el caos. En cualquier caso, es obvio que uno no puede ir al encuentro de la religión de esa manera; si lo haces, pasa a ser una cosa más. Mi concepción es la misma que tengo sobre los milagros: no creo en la religión, la espero." Historia de amor intenso cuya totalidad acude a la metáfora de renunciar al propio cuerpo, y con un acercamiento muy dreyeriano (Ordet (La palabra) es una referencia clarísima), su milagroso final es de una enorme belleza.

7/10
The Kingdom

1994 | Riget | Serie TV

Singular y original serie de televisión, concebida por el danés Lars Von Trier, con el conflicto fe-razón como pilar principalísimo. La acción transcurre en un moderno hospital construido sobre un terreno pantanoso, donde antaño gente sencilla blanqueaba la ropa en las aguas del lugar. Esta construcción de un lugar donde se atiende a los enfermos, que tiene la ciencia y razón como paradigma, contrastaría con las creencias a desterrar de las personas del pasado, y de algunas actuales ancladas en la superstición. Muy curiosamente, esta serie es coetánea de la creación de Michael Crichton Urgencias. Y algunas similitudes hay en la creación de personajes: el director del hospital, el engreído neurocirujano sueco que se lleva los tapacubos de las ruedas de sus coches para que no se los roben, los médicos residentes, enfermeras, estudiantes que gastan bromas macabras con los cadáveres de las clases de anatomía… Pero con un elemento fantástico –a través del hueco del ascensor se escucha el lamento de una niña– y el personaje de una paciente, madre de un celador y de creencias espiritistas, que a modo de una muy particular miss Marple ‘cazafantasmas’, va a contactar con los espíritus que moran en el hospital. El director danés demuestra una enorme creatividad a la hora de acometer de modo inquietante una historia de género para la pequeña pantalla, mezcla imposible de géneros, que al tiempo hace pensar cuestionando la teórica superioridad de la ciencia frente a cualquier otra disciplina, o la visión nietszchiana de la vida. Concebir personajes interesantes, exhibir un vitriólico sentido del humor y reírse de los excesos del cientifismo –la ceremonia de ingreso en una logia es la ‘bomba’–, criticar la deshumanización de la medicina y el modo estúpido en que se trata de corregir tal problema –la operación Brisa Matutina–, son algunas de las cualidades de Kingdom. Además se da la ironía de que los dos disminuidos psíquicos que trabajan de friegaplatos, que actúan a modo de coro griego, saben más de lo que pasa en el hospital, que el resto de personal que pulula por ahí. Y tan pronto se pasa al terror simplemente sugerido, como entran en danza los típicos excesos sanguinolentos del género, o se conciben extravagancias –el 'bebé', las aventuras en la avioneta...– casi surrealistas. Al modo de un Alfred Hitchcock, Von Trier aparece al final de cada episodio haciendo algún comentario. Y sus observaciones –“El artista más ingenioso no es más que una hormiga al lado de Dios”, “Nunca podremos abordar la vida”– demuestran inteligencia, y explican su concepción de la serie como una muy peculiar respuesta a la negación de lo espiritual. Estilísticamente, Kingdom ya presenta muchos de los elementos clave del célebre movimiento ‘Dogma’ –cámara en mano, sonidos reales casi siempre y música incidental mínima­–, a los que suma otras opciones adecuadas para crear la deseada atmósfera de misterio: ángulos de cámara extraños, virado al naranja de todo el metraje, acentuación de los ruidos, sobreimpresiones de los fantasmas, elaboradísimo montaje con cortes de tiempo en las escenas para acelerarlas… Además, Von Trier sabe crear genuino suspense, como en las escenas del ‘asalto’ al archivo hospitalario, o en el baile de tazas de café en la reunión matutina de los médicos.

8/10
Europa

1991 | Europa

Una original mirada a la Alemania de postguerra, a cargo del danés Lars von Trier. Sigue la pista a un joven americano, descendiente de alemanes, que vuelve a su país de origen con idea de ayudar a su reconstrucción. Por mediación de su tío empieza a trabajar en un tren de la línea Zentropa, donde pronto es sometido a presiones de los aliados y los alemanes, para que apoye los intereses de unos u otros. Mientras un grupo subversivo realiza ataques terroristas, él se enamora de la hija del dueño de Zentropa. Con sorprendente acabado visual, deudor del expresionismo, donde cautivan la mezcla de color y blanco y negro, o las sobreimpresiones, Von Trier pergeña una historia muy movida de aires kafkianos, que recuerda que en esta vida se hace obligatorio, en un momento u otro, tomar partido. Inolvidable resulta la voz en off inicial de Max von Sydow contando hasta diez para iniciar el viaje a Europa. El director, con su característico estilo de comunicación travieso y petulante afirmó que había diseñado el film "como una obra maestra. Eso lo decidí por adelantado, antes siquiera de empezar a escribirla."

7/10
Medea (1988)

1988 | Medea

Apasionante adaptación de la obra clásica de Eurípides, a cargo del "enfant terrible" del cine danés, Lars von Trier, tomando pie de un guión del maestro Carl Theodor Dreyer. Sigue a Medea y Jasón en su viaje a Corinto, donde el rey Creonte ofrece la mano de su hija Glauca a Jasón, lo que supone postergar a la madre y a sus dos retoños.Destaca en el film no sólo la fuerza del tema de la venganza, que lleva a pasar por encima de los sentimientos de amor a los hijos, sino las imágenes, el modo visual de contar esta tragedia. El tono es lacónico y sobrio, de riguroso ascetismo si se quiere, pero de gran fuerza; y aunque Von Trier asegura que no ha pretendido imitar a Dreyer, sino seguir su propio camino, seguro que el gran maestro habría quedado satisfecho del resultado alcanzado.

7/10
Epidemic

1987 | Epidemic

Lars von Trier y Niels Vørsel preparan un guión titulado "El policía y la puta" para un productor americano, pero lo pierden accidentalmente. Como lo recuerdan vagamente, comienzan a preparar otro, "Epidemic", acerca de una extraña epidemia que asola a nuestra sociedad; la preparación del libreto se intercala con algunos fragmentos del supuesto film, donde el doctor Messner, interpretado por el propio von Trier, viaja a la zona infectada para intentar salvar a los enfermos. Peculiar film experimental, rodado en blanco y negro en 35 y 16 mm, y con inteligente uso de la obertura del "Tanhaussen" de Wagner, algunas de sus situaciones kafkianas anticipan lo que sería Europa. De resultado irregular, hay algunos pasajes bellos -el doctor en una imagen en que parece que está volando, aunque en realidad pende de un helicóptero, donde viaja su amada enfermera- y algunas ideas ocurrentes -la enfermera enterrada viva-, junto a otros momentos delirantes -el cura que se preparó para su misión en un par de días, el desenlace en una sesión de hipnosis-, en lo que parece una completa quedada, de ésas a las que tan aficionado es el director danés.

5/10
El elemento del crimen

1984 | Forbrydelsens element

Un detective retirado llamado Fisher se involucra de nuevo en uno caso de asesinato. El expediente del sospechoso Harry Grey, lo halla por casualidad en la casa de Osborne, un antiguo profesor de la Academia, al que Fisher admira por sus métodos y sus estudios. A pesar de que Osborne le afirma que Grey está muerto, Fisher no quiere cerrar el caso. Apabullante y algo farragoso film del controvertido Lars von Trier, antes de que iniciara su era 'dogmática'. La historia llena de suspense sobre un detective en busca del criminal está ambientada en una Europa oscura y violenta, y el director rueda con una cuidada realización de planos y fotografía en color sepia. A pesar de ser una película meritoria y bien considerada entre los críticos, el resultado es algo pretencioso y puede aburrir o hacer perder el interés en menos que canta un gallo.

4/10
Cinco condiciones

2003 | De fem benspaend

Hay mucho espectador al que el danés Lars von Trier le irrita, pero nadie puede negar su capacidad de explorar y proponer nuevas vías al cine. Y el film que nos ocupa es singularísimo, y muy, muy interesante. Fascinado por el corto El ser humano perfecto, rodado por Jørgen Leth hace años, Von Trier, a modo de maestro pijotero, propone a su colega un reto: rodar cinco cortos con variaciones sobre el tema ahí tratado, poniendo una serie de condiciones de rodaje dificilísimas, que obligan a aguzar el ingenio: desde usar planos con menos de doce imágenes, hasta rodar un film animado. El resultado es apasionante.

6/10
Epidemic

1987 | Epidemic

Lars von Trier y Niels Vørsel preparan un guión titulado "El policía y la puta" para un productor americano, pero lo pierden accidentalmente. Como lo recuerdan vagamente, comienzan a preparar otro, "Epidemic", acerca de una extraña epidemia que asola a nuestra sociedad; la preparación del libreto se intercala con algunos fragmentos del supuesto film, donde el doctor Messner, interpretado por el propio von Trier, viaja a la zona infectada para intentar salvar a los enfermos. Peculiar film experimental, rodado en blanco y negro en 35 y 16 mm, y con inteligente uso de la obertura del "Tanhaussen" de Wagner, algunas de sus situaciones kafkianas anticipan lo que sería Europa. De resultado irregular, hay algunos pasajes bellos -el doctor en una imagen en que parece que está volando, aunque en realidad pende de un helicóptero, donde viaja su amada enfermera- y algunas ideas ocurrentes -la enfermera enterrada viva-, junto a otros momentos delirantes -el cura que se preparó para su misión en un par de días, el desenlace en una sesión de hipnosis-, en lo que parece una completa quedada, de ésas a las que tan aficionado es el director danés.

5/10
El elemento del crimen

1984 | Forbrydelsens element

Un detective retirado llamado Fisher se involucra de nuevo en uno caso de asesinato. El expediente del sospechoso Harry Grey, lo halla por casualidad en la casa de Osborne, un antiguo profesor de la Academia, al que Fisher admira por sus métodos y sus estudios. A pesar de que Osborne le afirma que Grey está muerto, Fisher no quiere cerrar el caso. Apabullante y algo farragoso film del controvertido Lars von Trier, antes de que iniciara su era 'dogmática'. La historia llena de suspense sobre un detective en busca del criminal está ambientada en una Europa oscura y violenta, y el director rueda con una cuidada realización de planos y fotografía en color sepia. A pesar de ser una película meritoria y bien considerada entre los críticos, el resultado es algo pretencioso y puede aburrir o hacer perder el interés en menos que canta un gallo.

4/10
Cinco condiciones

2003 | De fem benspaend

Hay mucho espectador al que el danés Lars von Trier le irrita, pero nadie puede negar su capacidad de explorar y proponer nuevas vías al cine. Y el film que nos ocupa es singularísimo, y muy, muy interesante. Fascinado por el corto El ser humano perfecto, rodado por Jørgen Leth hace años, Von Trier, a modo de maestro pijotero, propone a su colega un reto: rodar cinco cortos con variaciones sobre el tema ahí tratado, poniendo una serie de condiciones de rodaje dificilísimas, que obligan a aguzar el ingenio: desde usar planos con menos de doce imágenes, hasta rodar un film animado. El resultado es apasionante.

6/10
Los idiotas

1998 | Idioterne

Quizá la más irritante de las películas de Lars von Trier, que el danés supo vender gracias a su célebre manifiesto 'Dogma' y al 'voto de castidad', fórmulas que abogaban por despojar al cine de todo tipo de artificio para regresar a la esencia de las historias y a una cierta naturalidad narrativa, manifestado en el uso de decorados auténticos, luz natural y música justificada. Tal movimiento generó un amplio debate -acompañado de la publicidad consiguiente-, donde cineastas de la talla de Aki Kaurismaki se desmarcaron claramente, al ser sondeados para sumarse al grupo. Von Trier rueda una película sobre idiotas que hacen idioteces, jóvenes burgueses sin metas vitales demasiado claras, en un juego cuyo propósito parece consistir en algo así como 'a ver quién hace la burrada más burra'. Con un recurso al sexo explícito agotador, cercano a la pornografía, y un deseo de cine libre y transgresor que lo es todo menos libre y transgresor, en su sentido más noble al menos, la película se queda en la idiotez que pronostica su título.

4/10

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