No deja de tener gracia que las películas españolas que vienen triunfando últimamente presenten unos títulos que se prestan a la ironía y a descubrir
No deja de tener gracia que las películas españolas que vienen triunfando últimamente presenten unos títulos que se prestan a la ironía y a descubrir un doble sentido. Imagino que los responsables de esos filmes no pretenden que el estudioso haga esa lectura, pero en fin, quizá un psicoanalista deduciría que el inconsciente les ha traicionado un poquito.
Porque Mentiras y gordas parece decir hasta en el título que no, que la juventud actual no es tan impresentable y adocenada como presenta el film, aunque el morbo y las actrices televisivas (Ana de Armas, claro está) arrastren al público, sobre todo adolescente. Mientras que Al final del camino invita a pensar que el cine español está recorriendo un “camino” peligroso, y que se está llegando al final, tocando fondo, a la hora de plantear tramas graciosetas e insustanciales, de nuevo, eso sí, con famosetes rostros televisivos, Fernando Tejero y Malena Alterio.
¿Y qué decir de la previsible éxito de este fin de semana, Fuga de cerebros, cuyo título lo dice todo? Parecen indicarnos el director y los guionistas que la mejor actitud para encarar su película es la de “encefalograma plano”, poner las células grises a descansar, y reír las gracietas a lo American Pie, disfrutando de la presencia de la televisiva, cómo no, Amaia Salamanca.
