Acabo de ver Invictus , lo último de Clint Eastwood . Genial, como viene siendo habitual en él. Una película que me encantaría que vieran los
Acabo de ver Invictus, lo último de Clint Eastwood. Genial, como viene siendo habitual en él. Una película que me encantaría que vieran los políticos de nuestro país, un día sí y otro también removiendo tumbas con la dichosa memoria histórica, persiguiendo escudos preconstitucionales, y descabalgando a Franco de estatuas ecuestres a la par que se le retiran títulos honoríficos de diverso porte. Ello por no hablar de la caza de crucifijos, como si este símbolo cultural de perdón de nuestra herencia cristiana, motivo religioso para tantos, pudiera ofender a alguien.
Digo todo esto a propósito del ejemplo que da en el film Nelson Mandela, personaje encarnado por Morgan Freeman, y que acaba “desboinando” al capitán del equipo de rugby al que interpreta Matt Damon. Porque a François Pienaar le cala hondo que un señor que ha estado encerrado 27 años en una minúscula celda, aparte de sus salidas para los trabajos forzados, pueda hacer algo tan grande como perdonar a sus opresores y buscar la reconciliación, sin ajustes de cuentas. Incluso apoyándose en lo que muchos veían como símbolo del apartheid. Eso se llama magnanimidad, de la que andan escasos algunos que yo me sé, y que se dicen líderes...
