Ayer vi Junco , la última película del maestro Andrzej Wajda , en el marco del Festival de Cine Polaco que se celebra en Madrid. Desde luego que este
Ayer vi Junco, la última película del maestro Andrzej Wajda, en el marco del Festival de Cine Polaco que se celebra en Madrid. Desde luego que este cineasta demuestra seguir en plena forma, con 84 años exhibe un increíble vigor creativo, comparable al de otros cineastas “mayores”, como el centenario Manoel de Oliveira, o el gran Clint Eastwood.
Su film es muy audaz formalmente, tanto que mereció un premio a la innovación en la edición de 2009 del Festival de Berlín. En efecto, es una muestra de metacine, donde la fórmula de cine dentro del cine, donde el rodaje vendría a ser la realidad, y la película que se filma la ficción; y el caso es que una y otra se entrecruzan, en la ficción hay una mujer enferma a la que le queda poco tiempo de vida, en la realidad la actriz Krystyna Janda, musa de Wajda seleccionada para ese papel, vio cómo a su marido, el director de fotografía Edward Klosinski, le diagnosticaban un cáncer de pulmón con metástasis. El dolor imaginado y el real se miraban frente a frente, de un modo peculiar, que el director polaco atrapa a la perfección.
También me he dado cuenta de que el propio espectador puede añadir textura a una película, lo que sería el metametacine, pues quiso la casualidad que ayer tuviera que acudir a la consulta médica para que me dieran los resultados de una prueba. Gracias a Dios todo fue bien, pero resulta curioso que, justo, justo, justo, el visionado del film coincidiera con la entrega de dichos resultados. Otra cosa curiosa, es que una de las fuentes de la trama del film es un relato de Sándos Márai, y precisamente en estos momentos estoy leyendo "La herencia de Eszter", de ese autor.
Con cierta frecuencia, seguro que mis lectores tendrán idéntica experiencia, una película plantea una cuestión que tiene que ver, misteriosamente, con algo que tenemos entre manos. La magia del cine, y la idea de que las películas, más allá de su materialidad, acaban formando parte de la vida de sus espectadores.
