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Biografía

Andrzej Wajda

Andrzej Wajda

90 años ()

Andrzej Wajda

Nació el 06 de Marzo de 1926 en Suwalki, Polonia
Falleció el 09 de Octubre de 2016 en Varsovia, Polonia

Premios: 1 Oscar (más 4 premios)

Saber mirar

10 Octubre 2016

El buen Dios otorgó al director dos ojos, uno para mirar a través de la cámara, el otro para estar alerta a todo lo que sucede a su alrededor.” Son palabras de Andrzej Wajda, escogidas para la página de entrada de su sitio oficial en internet. Por algo será. El director polaco ha fallecido a los 90 años por una insuficiencia pulmonar cuando "After Image", su última película, había sido escogida por su país para acudir a la próxima ceremonia de los Oscar.

Andrzej Wajda nació el 6 de marzo de 1926 en Suwalki, Polonia. Aunque de orígenes campesinos, su madre Aniela era profesora, su padre Jakub oficial del ejército. Andrzej creía haber heredado de sus padres el deseo de no estar en un lugar por azar, sino obligarse a seguir un camino, “para llegar a lugares que quería alcanzar”. El asesinato de Jakub durante la Segunda Guerra Mundial, en la masacre de Katyn, marcaría hondamente al futuro cineasta, que entonces contaba trece años. Wajda abordaría la tragedia bélica en varias ocasiones, hasta tratar los hechos históricos concretos donde perdió la vida su padre en Katyn (2007), película que se convirtió en un auténtico acontecimiento nacional en Polonia, por la tozuda manipulación previa por los rusosde lo ocurrido.

Durante la guerra sobrevivió ejerciendo oficios varios, desde herrero a restaurador de frescos en iglesias. También colaboró con la resistencia en el Armia Krajowa, apoyado por el gobierno en el exilio de Londres, y que chocaba con el Armia Ludowa, el ejército del pueblo que impulsaban los comunistas, con el apoyo soviético. La temática de la huella de la guerra en los miembros de su generación, tan caro a la Escuela Polaca de cine, tendrá a un ilustrísimo representante en Wajda, que completará una trilogía emblemática, constituida por Generación (1955), Kanal (1957) y Cenizas y diamantes (1958), donde se opone con sutileza a los cánones del realismo socialista, para denunciar la pasividad rusa en el levantamiento de Varsovia contra los nazis, al tiempo que subraya el papel jugado por el Armia Krajowa en la guerra.

Pero no adelantemos acontecimientos. Al acabar la guerra los intereses de Wajda se decantan con claridad por el campo artístico, e ingresa en la Academia de Bellas Artes de Cracovia. Con el pintor Andrej Wroblewski fundará el Grupo de los Autodidactas, una pintura influida por el neorrealismo. También será de los primeros alumnos de la Escuela de Cine de Lodz, donde obtiene un título en 1952. Pronto será ayudante de Aleksander Ford, cineasta afecto al régimen, y entre 1950 y 1955 realiza sus primeros cortos y documentales, que le llevan a Generación, un largo bélico en cuyo reparto se puede ver al mismísimo Roman Polanski. Aunque si de hablar de un actor que tendrá una importante vinculación con Wajda se trata, resulta obligado mencionar al malogrado Zbigniew Cybulski -murió con 40 años-, con quien trabajó en tres ocasiones, y que era la imagen perfecta del joven polaco desconcertado por las convulsiones históricas y sociales: “Resumía nuestra generación y se me parecía como un hermano”, dijo de él el director, quien le convirtió en personaje ausente en Todo a la venta (1969).

Sus intereses artísticos llevaron a Wajda al teatro, y de hecho ha sido director de los escenarios más importantes de su país, el Teatro Stary de Cracovia y el Teatro Powszechny de Varsovia. Y siempre inquieto e interesado por las distintas corrientes estéticas, impulsaría en Cracovia el Centro de Arte y Tecnología Japoneses Manggha.

Wajda es un director que no elude la cuestión política, ni siquiera en el entorno hostil de un régimen totalitario. Cuestiones teóricamente del pasado, como la reciente guerra, ofrecen una lectura a la luz del contexto contemporáneo en que rueda sus historias. Esto cabe también decirlo de las adaptaciones de grandes clásicos literarios de su país como La boda (1973), según la obra de teatro de Stanislaw Wyspianski y Pan Tadeusz (1999), a partir del poema patriótico de Adam Mickiewicz. Y de autores contemporáneos, cuyos textos son también usados por otros directores, como Jaroslaw Iwaszkiewicz, de donde surgen El bosque de los abedules (1970) y la magnífica Las señoritas de Wilko (1979). El tránsito por películas de época que se dirían apolíticas le permiten descansar del desasosiego de las autoridades ante títulos tan esenciales como El hombre de mármol (1977), que cuestiona sin ambajes el comunismo, los incentivos de tipo estajanovista que aplastan al individuo, y por supuesto a Stalin. Seguramente la realización de una película social que critica la explotación capitalista durante la revolución industrial, La tierra de la gran promesa (1975), y que fue premiada en el Festival de Moscú, posibilitó la realización del otro film, que anhelaba hacer desde hacía más de una década. El director se implicará en primera persona en los avatares políticos de Polonia al convertirse en consejero del sindicato Solidaridad, lo que le empujó a rodar El hombre de hierro (1981), una suerte de secuela de El hombre de mármol donde cobran protagonismo los sucesos de los astilleros de Gdansk, y que fue premiada con la Palma de Oro en Cannes. En la etapa de la Polonia libre, tras la caída del muro, Wajda sería senador de la República entre 1989 y 1991. Y volvería al tema de Solidaridad en el cine con su apasionante Walesa, la esperanza de un pueblo (2013), articulada alrededor de una entrevista con Oriana Fallacci.

Wajda es el ejemplo perfecto de artista total, con una amplia formación intelectual, de educado sentido estético, que intenta decir algo con sus películas. Es el caso de Danton (1983), una de las mejores películas sobre la revolución francesa, y que permite lecturas contemporáneas a la luz de lay marcial que en ese momento se imponía en Polonia. O el de Korczak (1990), historia real sobre un maestro judío que se ocupa de niños huérfanos en el guetto de Varsovia, y sin duda inspiró a Steven Spielberg en La lista de Schindler. Precisamente Spielberg fue uno de sus grandes valedores cara al Oscar honorífico recibido en el año 2000, después de lograr tres nominaciones -lograría una cuarta en 2008 con Katyn- en la categoría de mejor película en lengua no inglesa. En una carta dirigida al equipo directivo de la Academia de Hollywood afirmaba Spielberg: “El ejemplo de Andrzej Wajda nos recuerda a todos los cineastas que,de vez en cuando la historia puede reclamar profundas e inesperadas peticiones a nuestro valor; que nuestro público puede pedirnos ánimo espiritual; que podemos ser requeridos a arriesgar nuestras carreras para la vida civil de nuestro pueblo.”

Oscar
2000

Ganador de 1 premio

  • Oscar honorífico

Ganador de 2 premios

Ganador de 1 premio

  • Premio del Jurado Kanal

Ganador de 1 premio

  • Oso de Oro honorífico
Filmografía
Los últimos años del artista: Afterimage

2016 | Powidoki

Auténtico testamento fílmico de Andrzej Wajda, un auténtico canto a la libertad, quizá el maestro polaco intuía que ésta sería, como así ha sido, su última película. Firma el guión de Afterimage: El sueño del artista Andrzej Mularczyk, quien ya había colaborado antes con Wajda en Katyn, otro film muy personal, donde dirigía la mirada a la matanza de oficiales polacos a cargo de los ruso durante la Segunda Guerra Mundial, hecho en que perdió la vida su padre. Aquí, de algún modo, a través del artista vanguardista Wladyslaw Strzeminski, traza un paralelismo con su propia trayectoria como cineasta, desarrollada en su mayor parte bajo la bota de la tutela que los soviéticos ejercían sobre la Europa del Este. El film sigue los últimos años de Strzeminski en la ciudad de Lodz, cuando está trazando el fundamento teórico de su visión artística en un manual que se titulará “La teoría de la visión”. Sus alumnos en la universidad le adoran, pero las autoridades propugnan en a comienzos de los 50 el realismo socialista aplicado al arte, las pinturas y cualquier otra manifestación creativa debe estar al servicio del ideal comunista. Un planteamiento que no comparte en absoluto Strzeminski, quien cree que ningún factor externo debería convertirse en factor de presión para manipular al artista. Su rechazo a secundar la voluntad oficial convierte a nuestro pintor en un paria, en un momento delicado: está separado de su esposa, y nota que le cuesta conectar con su hija adolescente, obligada a madurar demasiado pronto; y al tiempo, le falta el mínimo para subsistir, el acceso a alimentos y enseres de primera necesidad, e incluso a lo que necesita para poder expresarse pintando. El gran mérito de Wajda es entregar un film sobre la creación en los regímenes totalitarios sin ira ni rencores, tremendamente objetivo, y que llega directo al corazón del espectador. El protagonista, maravillosamente encarnado por Boguslaw Linda, no es perfecto y lo sabe, pero encaja sin aspavientos su situación, y de algún modo intuye que ha de saber enfrentarse a su declive con el alma en paz, la admisión de aquello que ha hecho mal. El director rueda sin caer en peligros experimentales, no trata de imitar el estilo pictórico de Strzeminski en la recreación de lo que cuenta, sino que opta por una paleta de colores grises, adecuada a la represión vivida en la época, y concibe escenas y encuadres de gran belleza, un clasicismo de gusto intachable; y utiliza una música perfecta para la historia. La escena del artista trabajando en el escaparate de una tienda, ya hacia el final de film, sin palabras, es puro cine, que resume muy bien el esfuerzo por mantener la dignidad sin convertirse nunca en muñeco al servicio de intereses espurios.

7/10
Walesa, la esperanza de un pueblo

2013 | Walesa. Man of Hope

El cineasta polaco Andrzej Wajda, siempre interesado por la historia de su país, insiste en su mirada a Lech Walesa, pero ahora en primerísimo plano, tras sus tempranas cintas El hombre de mármol (1977) y El hombre de hierro (1981), que apuntaban en plena dictadura comunista al movimiento obrero de oposición al régimen y a las semillas de Solidaridad. El film hace un retrato al personaje estructurado alrededor de una entrevista en profundidad que se dispone a hacerle la periodista italiana Oriana Fallaci. Este inteligente artificio de tencontén entre uno y otra, ambos de acendrada personalidad, sirve para mostrar al líder desde la admiración, por sus logros en la consecución de la libertad para Polonia, soportando una implacable persecución, tocando también su honda fe católica y el amor por su familia. Lo que no impide que se dibuje además un carácter brusco y difícil, sin escamotear algún momento de debilidad ante las presiones policiales, que puede luego pasarle factura política. La película tiene un tono realista, casi documental, lo que viene acentuado por el uso de material auténtico de la época en que transcurren los hechos. Muestra cómo el liderazgo puede ser asumido por personas inesperadas, lo que acentúa el buen trabajo actoral de Robert Wieckiewicz, que encarna bien la idea de que nadie es perfecto, aunque ayudan las convicciones y la presencia de Danuta, que hace bueno el dicho de que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer.

6/10
Junco

2009 | Tatarak

Singular película del maestro Andrzej Wajda, muy representativa del metacine, y de cómo realidad y arte pueden entrecruzarse de modo misterioso. Inicialmente el director polaco pretendía adaptar el relato corto “Tatarak”, de Jaroslaw Iwaszkiewicz, sobre una mujer Marta, que vive con su esposo médico en el campo, ambos perdieron a sus hijos en el levantamiento de Varsovia en la Segunda Guerra Mundial. El marido ha detectado que a Marta le queda poco tiempo de su vida, pero no le dice nada, aunque ella parece intuir algo, mientras siente una atracción por Bogus, un joven tosco que despierta en ella una mezcla indefinible de atracción física e instinto maternal. Wajda pidió a Krystyna Janda, su protagonista en El hombre de mármol, que interpretara el papel principal, lo que suponia un reencuentro artístico, tras muchos años. El caso es que todo coincide con el diagnóstico a Edward Klosinski, esposo de Janda y conocido director de fotografía, de un cáncer terminal. Los sentimientos de la actriz, una vez fallecido Klosinski, los plasmó ella por escrito, y han sido incorporados a la película, proporcionándole un marco en que lo real y lo imaginado se alimentan mutuamente de modo asombroso. El director demuestra una gran habilidad para que el esquema de “cine dentro del cine” no saque al espectador de la película, y lo cierto es que su narración provoca todo tipo de emociones, ayuda a entender el dolor, y como el cine y la literatura pueden servir de adecuada catarsis. Los momentos en que la ficción, que estamos asumiendo como real, da paso a otra realidad, la del rodaje, funciona a la perfección, de modo semejante a títulos como Vania en la calle 42, pero con resultados más puros. El junco se convierte en poderoso símbolo del sabor agridulce de la vida, risas y llanto, amor y añoranza, resignación y sentido del ridículo, forman parte del gran teatro del mundo. Destaca, por supuesto, el trabajo de Janda en su doble papel, el ficticio, encantador, y el real, donde da pruebas de un coraje poco común para mostrar su alma al desnudo.

7/10
Katyn

2007 | Katyn

Como todas las guerras, la Segunda Guerra Mundial fue pródiga en violaciones de los derechos humanos; pero las cotas alcanzadas en esta ocasión fueron ciertamente bestiales, con hechos como el holocausto. La magnitud de éste, y los pactos de los aliados alrededor de la guerra, han contribuido a tapar otros acontecimientos horripilantes, como el de la matanza de 22.000 oficiales polacos en Katyn en 1940, de los que fue responsable la Unión Soviética. Este film del veterano Andrzej Wajda -el director polaco, que ya había tratado el tema de la guerra en Kanal o El bosque de los abedules, se involucra en este proyecto de una manera muy personal, pues su padre fue uno de los oficiales polacos asesinados, e incorpora detalles autobiográficos en el aspirante a estudiar Bellas Artes, o en la joven que encarga una lápida para su hermano- contribuye a recuperar la memoria histórica del terrible suceso, del que Stalin trató de ocultar, inútilmente, el protagonismo soviético, atribuyéndoselo a los nazis. Porque, en efecto, Polonia fue víctima de la pinza nazisoviética durante la conflagración, y ya se sabe que la historia la suelen escribir, a su manera, los vencedores. La película, candidata al Oscar a la mejor película extranjera, tiene muchas virtudes. La primera, narrar los hechos esenciales, una auténtica lección de historia, contando al tiempo, con talento, el drama personal de varios personajes; y todo ello sin la inquina habitual en este tipo de filmes, y dando mucha y acertada presencia al punto de vista femenino. A modo de primoroso tapiz, el destino de un oficial, al que su esposa, apelando al futuro de su hija y de ella, pide que abandone el campo donde es prisionero con otros compañeros, sirve de puntada para ver el sufrimiento de estos oficiales prisioneros y sus familiares; y también para revelar el destino fatal de los intelectuales polacos -convocado a la universidad el padre del oficial con otros profesores, se les anuncia su detención y destino a Auschwitz-. Así, con ayuda del diario que mantiene el oficial, y de las acciones de otros personajes que aparecen en escena -la esposa de un general, la hermana de un piloto...-, se construye el apasionante cuadro, vivísimo, pero muy duro, de modo especial en las escenas de ejecuciones, ese no conceder valor alguno a la vida humana. Se pintan con trazos seguros los terribles remordimientos del superviviente que acepta el nuevo orden comunista, o la llegada de, oh, paradoja, los “nuevos ricos”, los sirvientes que ahora van a tener un papel preponderante en el recién instaurado orden social, y para los que el sable del viejo señor, un general, carece de valor. Y no faltan los reproches amargos, incluso dentro del seno familiar de las víctimas. A veces parece que se cargan un poco las tintas, quizá porque domina un deseo de no hacer concesiones a un sentimentalismo facilón, que conduzca a trivializar lo que ocurrió. Aun así, impregna toda la oscura trama la esperanza que para los polacos ha supuesto siempre su fe católica, que les ayuda a sobrellevar los momentos más amargos de sus vidas; ello permite vislumbrar un poco de luz en un cuadro terrible, donde se trata de imponer la ley del silencio, la aceptación de la versión oficial de la matanza de Katyn, que los familiares de las víctimas se resisten a dar por buena. El film, de conjuntado reparto, ofrece una maravillosa reconstrucción de la época, con muchas escenas rodadas en los lugares reales de Cracovia donde sucedieron. Fotografía, música, dirección artística, exquisitas, se ponen al servicio de una trama de intenso dramatismo, que atrapa las emociones de uno de los muchos capítulos negros de la historia reciente de la humanidad.

7/10
La venganza (2002)

2002 | Zemsta

Dos años después de adaptar al cine una obra literaria clásica de su compatriota Adam Mickiewicz, Pan Tadeusz, el polaco Andrzej Wajda vuelve a tomar como fuente de ideas la literatura de su país, esta vez una comedia teatral del autor del siglo XIX Aleksander Fedro. En clave de delicioso enredo, donde juega un papel esencial Fanfarrón, una especie de correveidile que sirve para unir a los personajes, se describe la rivalidad entre dos hombres vecinos, el bodeguero y el notario, cuyas intempestivas diferencias les llevan a discutir por cualquier minucia, como el muro que separa sus propiedades. Ignoran ambos que Clara, sobrina del primero, y Wenceslao, hijo del segundo, están enamorados. Los “tortolitos” tratarán de idear alguna estratagema para que sus mayores consientan en la deseada unión matrimonial. Entretanto el bodeguero pretende en matrimonio a la Sumillera, una pícara dama de la que se descubre tuvo relaciones con Wenceslao en la ardorosa juventud de éste. Lo que podría servir a los propósitos del notario de humillar a su enemigo. Wajda logra captar la alegre ligereza de la trama original, lo que lleva a recordar a títulos como Mucho ruido y pocas nueces, donde Kenneth Branagh versionaba a Shakespeare, y El perro del hortelano, donde era Lope de Vega el autor que inspiraba a Pilar Miró. Hay un tono festivo de comedia bufa, al que contribuye un reparto sembrado, donde destaca Roman Polanski como Fanfarrón, pues sabe conferir a su personaje todo su aire ridículo, torpe y cobarde. Tienen gracia los diálogos irónicos y los enfrentamientos varios, y la perpetua chanza viene bien subrayada por la inspirada partitura musical de Wojciech Kilar. La ambientación es perfecta, con el magnífico marco de las casas de los personajes en un paisaje invernal cubierto de nieve, donde no dejan de flotar en el aire los copos, o las plumas de las aves domésticas.

6/10
Pan Tadeusz

1999 | Pan Tadeusz

Adaptación de una obra clásica de la literatura polaca, debida a Adam Mickiewicz. La película describe la vida de la nobleza en Soblicowo. Aparentemente todo transcurre de modo rutinario, pero es la época de Napoleón, que en cualquier momento puede invadir Polonia. Muchos ven al corso como el liberador que necesita la patria polaca. El veterano director polaco Andrzej Wajda (conocido sobre todo por El hombre de hierro y El hombre de mármol) se atreve a hincarle el diente a un libro muy conocido en su país. Con ritmo lento pero seguro, nos introduce en los entresijos de la intriga política. La dirección artística y la fotografía son soberbias, y nos retrotraen a los tiempos en que Napoleón era el amo del mundo, o casi.

7/10
Korczak

1990 | Korczak

Conmovedora película del maestro polaco Andrzej Wajda, claro precedente de la posterior La lista de Schindler de Steven Spielberg, y no sólo por su magnífica fotografía en blanco y negro. Cuenta la historia auténtica del pedagogo polaco judío Janusz Korczak, que dirigió un orfanato para niños judíos durante la Segunda Guerra Mundial, en el guetto de Varsovia. Con sólido guión de Agnieszka Holland, y una inolvidable interpretación de Wojciech Pszoniak, se nos recuerda que también en medio del horror pueden surgir personajes heroicos, capaces de dar la vida por el prójimo.

7/10
Los poseídos

1988 | Les possédés

Adaptación de una novela de Fiódor Dostoyevski. Sigue a un grupo de idealistas revolucionarios, que sueñan con acabar con la tiranía que domina en Rusia. Andrzej la había adaptado para el teatro, y tenía gran ilusión en el film, pero no quedó satisfecho, lo consideraba un fracaso, pues evidenciaba en exceso el origen escénico.

6/10
Danton

1983 | Danton

Tras la declaración de los derechos del hombre, llega el régimen del terror. Es la paradoja de la revolución francesa, que en teoría predica ‘liberté, egalité, fraternité’, pero deja tras de sí un reguero de sangre y cabezas cortadas. El film describe la época del dominio de Robespierre, y su choque con Danton, lo que da pie a un soberbio duelo actoral entre Wojciech Pszoniak y Gérard Depardieu. El cineasta polaco Andrzej Wajda no sólo atrapa con la cámara un pedazo de historia, sino que, rodando en 1983, está ofreciendo una parábola nada velada del movimiento Solidaridad y su choque con el comunismo.

6/10
El hombre de hierro

1981 | Czlowiek z zelaza

Cuatro años después de El hombre de mármol, presentada de tapadillo en el Festival de Cannes como "película sorpresa", el polaco Andrzej Wajda ganaba la Palma de Oro con lo que bien podemos calificar de su secuela. El film sigue en esta ocasión la pista de Maciej Tomczky, el hijo del obrero estajanovista Mateusz Birkut, que trabaja en los famosos astilleros Lenin de Gdansk. Un periodista de televisión, Winkel, ha recibido el encargo de entregar un reportaje sobre las huelgas que están teniendo lugar ahí, con el líder sindical Lech Walesa como protagonista de excepción. Winkel es un tipo competente pero algo servil, que no quiere meterse en líos. Pero como hacía Agnieszka (la protagonista de la otra película, que aquí reaparece en el último tramo), va charlando con unos y con otros, y va detectando la fuerza de los aires de cambio que se respiran en Polonia, al tiempo que salen al paso amenazas de los jerifaltes de turno, y el inevitable miedo. Saldrá a la luz cómo murió Birkut, y se observa cómo los distintos personajes se ponen en la tesitura de comprometerse o mirar hacia otro lado. Quizá este segundo film de Wajda sobre el régimen de su país tiene menor frescura, pero de nuevo vuelve a atraparal espectador porque es un retrato muy preciso de unos momentos históricos en la historia de un país y de su movimiento obrero, y sólo podía hacerse cuando se hizo, pues luego llegaría el golpe de timón del general Jaruzelski. Curiosamente, el film nació a sugerencia de los obreros de los astilleros, que deseaban ver plasmada su lucha en la pantalla, al estilo de lo que habían visto en El hombre de mármol. Lo más sorprendente del movimiento Solidaridad es cómo sin violencia (sólo el estado recurre a tales métodos) y con el apoyo de la fe católica se lograron avances sociales increíbles en un país que parecía cerrado política y socialmente a cualquier cosa que no fuera el totalitarismo comunista. Jerzy Radziwilowicz repite como hijo del obrero retratado en El hombre de mármol, bien apoyado por Krystina Janda de nuevo (aquí su personaje de cineasta ha madurado de un modo muy bonito) y Marian Opania, que ofrece la óptica de quien no desea arriesgarse demasiado. Wajda confesó su deuda con Agnieszka Holland en algunas partes del guión, firmado por Aleksander Scibor-Rylski.

7/10
El director de orquesta

1980 | Dirygent

Las señoritas de Wilko

1979 | Panny z Wilka

Magistral adaptación de un relato de Jaroslaw Iwaszkiewicz, toda una reflexión acerca del tiempo que se va, de las oportunidades perdidas, del amor y el desamor. Situado en el periodo de entreguerras, el film sigue a Wiktor, que tras combatir en las trincheras ha recalado en una escuela para niños ciegos donde realiza diversas tareas. Afectado por la reciente muerte del sacerdote que regentaba el lugar, y él mismo delicado de salud y aprensivo acerca del momento en que le tocará morir, se toma unos días de descanso para visitar a sus ancianos tíos, a los que no ve desde ha tiempo. La llegada tras quince años de ausencia al escenario de sus años mozos, y el reencuentro con las señoritas de Wilko a las que alude el título, cinco hermanas más una inesperadamente muerta, despiertan emociones enterradas largo tiempo, y que pugnan por salir a la luz. Tras un film político como El hombre de marmol, Andrzej Wajda decidió darse un respiro y buscar una fuente literaria que no despertara suspicacias entre las autoridades comunistas polacas. Y acierta de pleno con este título nominado al Oscar a la mejor película extranjera, traspasado de subyugante melancolía. Daniel Olbrychsky compone bien al protagonista, evidentemente turbado por su regreso, pero al tiempo con cierta incapacidad para amar plenamente, como si el tiempo de darse a la otra hubiera pasado definitivamente. Con estudiado 'tempo' lento Wajda muestra los encuentros de Wiktor con las distintas hermanas, desde la pequeña convertida en mujer, y en la que nace un primer amor, a la fracasada matrimonialmente, pasando por las solteronas y la madre de familia de marido insoportable. Lo que sirve para entregar interesantes exploraciones psicológicas sobre el amor humano. Es magnífica y muy adecuada al relato la fotografía de tonos dorados de Edward Klosinsky.

8/10
El hombre de mármol

1977 | Czlowiek z marmuru

Apasionante película de Andrzej Wajda de larga gestación, pues ideada en 1962, no pudo ser llevada a la pantalla hasta quince años más tarde. Con guión de Aleksander Scibor-Rylski, se trata de una mirada nada complaciente a los esfuerzos de sovietización de Polonia en los años 50, cuando en las cercanías de Cracovia se construía Nowa Huta, la ciudad que debía responder al modélico ideal socialista. Toda gira en torno a Agnieszka, una resuelta y joven estudiante de la Escuela de Cine de Lodz, que prepara como corto para su graduación un documental acerca del obrero Mateusz Birkut. En tiempos del estajanovismo, Birkut es un albañil carismático, y las autoridades comunistas quieren aprovechar este hecho para presentarlo como adalid de un récord de colocación de ladrillos en un determinado número de horas, lo que demostraría la perfección del sistema. Pero en 1977 ha sido olvidado, una estatua de mármol con su figura yace en un rincón en los almacenes polvorientos de un museo. La tozuda Agnieszka va descubriendo material de archivo sobre Birkut, tolerado y prohibido, y va hablando con distintas personas importantes en la vida de este hombre. Poco a poco averigua los motivos de la caída en desgracia de esta figura propagandística. Resulta increíble que Wajda lograra hacer en plena era comunista una película como ésta, de aire casi documental, tipo 'cinéma verité', donde se observa el escaso aprecio del régimen hacia el individuo, y las mentiras y trapisondas con que la maquinaria del poder juega a autoperpetuarse, impidiendo por ejemplo que Birkut salga en una toma del documental santiguándose, o propiciando las denuncias entre obreros para salvar el cuello. De ritmo agilísimo, tenemos la sensación de estar siendo testigos de una auténtica investigación, donde se mezcla muy bien el supuesto material de archivo, con los recuerdos, y las peripecias de Agnieszka. Y esperamos expectantes el resultado de las indagaciones. Krystyna Janda insufla pasión juvenil a la cineasta, con su encantador descaro, mientras que Jerzy Radziwilowicz es la mezcla perfecta de honradez, ingenuidad y desengaño. Conmueve el momento en que el padre de Agnieszka le anima a seguir con su trabajo, en un momento en que ésta se ha venido abajo por las trabas que le pone el sistema.  

8/10
La tierra de la gran promesa

1975 | Ziemia obiecana

El capitalismo salvaje de la revolución industrial según Andrzej Wajda. El film es una de las obras cumbre de la cinematografía polaca, y adapta una obra de Wladyslaw Stanislaw Reymont. La trama transcurre en Lodtz, corazón de la industria textil polaca, y describe sin tapujos las diferencias sociales y el modo inhumano en que son tratados los trabajadores. Pero sobre todo centra su atención en tres amigos acomodados y arribistas, que desean prosperar en los nuevos tiempos -donde todo cambia, para que todo siga igual, que diría Giuseppe Tomassi de Lampedusa-, poniendo en marcha una nueva fábrica. Wajda describe con enorme fuerza la falta de escrúpulos de los personajes, su dejar la moral a un lado, también en sus lances amorosos, una actitud que acabará volviéndose en su contra, pese a lo cual no escarmentarán. El film ganó la Espiga de Oro de la Seminci, y el principal premio del Festival de Moscú. El cineasta polaco hace una magnífica reconstrucción de época, entrega secuencias espectaculares como la del incendio, y no esquiva los momentos crudos, como la de la pelea junto a una maquinaria, donde uno de los contendientes acaba literalmente triturado, al igual que hace el propio capitalismo inhumano con las personas. Wajda cuenta con la vibrante partitura de Wojciech Kilar, y hace un inteligente uso de los objetivos cortos, lo que se traduce en planos generales con los personajes distanciados y cuyos brazos y rostros quedan deformados al acercarse a la cámara, un modo efectivo de hablar de la ausencia de rostro humano en el injusto sistema económico que describe.

7/10
La línea de sombra

1975 | Smuga cienia

Historia de marineros, basada en un relato del británico de origen polaco Joseph Conrad, Andrzej Wajda lo considera uno de sus filmes fallidos. El director, ante la dificultad de adaptar el farragoso lenguaje del escritor, optó por deconstruir el relato, y manejar las piezas del modo más sencillo posible. Pero la cosa no funciona, y además el protagonista Marek Kondrat resulta demasiado hermético. Confesaba Wajda que es más fácil hacer una película estilo Conrad que adaptar uno de sus relatos. Lo cierto es que se trata de un film lento, que apenas se detiene en otra cosa que los avatares de la navegación de un barco alrededor del golfo de Siam.

4/10
La boda

1973 | Wesele

Adaptación de la obra teatral homónima del polifacético Stanislaw Wyspianski. Esta artista polaco modernista no sólo cultivó la literatura, también es conocido como arquitecto, ebanista, pintor y creador de vidrieras. La trama de La boda se la inspiró el enlace matrimonial de su amigo el escritor Lucjan Rydel con una joven campesina en 1900, en la iglesia de Santa María en Cracovia. Wyspianski asistió a las celebraciones que siguieron a la boda en una casa de campo en la cercana villa de Bronowice, y de ese marco y sus amistades nació la obra. El film, dirigido con mano maestra por Andrzej Wajda, recoge de modo inolvidable el colorismo de la fiesta, incidiendo inicialmente en el contraste entre la clase intelectual que representa el novio y sus amigos, y el sencillo campesinado de la novia y su familia. Esa atmósfera festiva al abrigo de la noche, de alegría acentuada por la danza, el alcohol y la agradable conversación, se convierte en escenario propicio de ensoñaciones y escenas casi fantasmagóricas, que se transfiguran en alegoría de la nación polaca, que pugna por volver a salir a la luz. En efecto, los distintos personajes vienen a simbolizar la fuerza con la que cuenta Polonia para desembarazarse del yugo de los imperios que la han venido dominando, singularmente Rusia y el imperio austrohúngaro. Y se lanza un gran interrogante acerca de la capacidad de los intelectuales para guiar a la gente sencilla en el camino a la libertad. Se trata de una hermosa película, que puede hacerse difícil para el público no iniciado, pero que desprende una rara y subyugante belleza. Para muchos la obra de teatro en que se basa es la mejor de la literatura polaca, lo que explica que algunos puristas abominaran del film, pues elimina con audacia el verso del texto original. No obstante cineastas como Elia Kazan, formado en el teatro, la estimaron como una gran obra maestra.

7/10
El bosque de los abedules

1970 | Brzezina

La Polonia de antes de la guerra. Stanislaw, un joven gravemente enfermo de tuberculosis, acude a pasar unos días con su hermano viudo Boleslaw, padre de una niña, y atormentado por la posible infidelidad de su esposa muerta con un empleado. Andrzej Wajda adapta un relato corto de su compatriota Jaroslaw Iwaszkiewicz, impregnando su preciosista film de melancolía, jugando al contraste entre las ganas de vivir del hermano enfermo, y el hastío vital del otro. Ganó el premio a la mejor película en el Festival de Moscú.

6/10
Paisaje después de la batalla

1970 | Krajobraz po bitwie

Dura película del cineasta polaco Andrzej Wajda, muestras las terribles secuelas de los campos de concentración nazi. El film se inicia con una secuencia que se diría festiva, la liberación de los prisioneros de uno de los campos, acompañada por música de Vivaldi. Las heridas que se autoinflige uno de los presos con la alambrada, o el linchamiento posterior de un guardián apunta la tragedia de unas personas mortalmente heridas en el alma, hasta el punto de que los liberadores americanos no se atreven a ponerlos en libertad, y los mantienen confinados en un lugar para refugiados. La trama sigue sobre todo al poeta Tadeusz, que rescata libros de los escombros con que trata de alimentar su espíritu, aunque es innegable que algo no funciona bien en su mente; cuando conoce a Nina, se vislumbra un rayo de esperanza, tal vez su amor podría ser una ayuda. El crudo film se basa en recuerdos del poeta Tadeusz Borowski, y domina un sentimiento pesimista, de fatalismo forzado por el hombre que ha desencadenado tales horrores.

6/10
Todo a la venta

1969 | Wszystko na sprzedaz

Homenaje de Andrzej Wajda a Zbigniew Cybulski, joven actor que protagonizó sus primeras películas, y que murió prematuramente, al estilo de un James Dean. Muestra de “cine dentro del cine”, que parece inspirada en los planteamientos de Fellini 8 y 1/2, se desarrolla en torno al rodaje de una película, donde intervienen el director y su esposa actriz, además del actor que va a morir en un accidente, y su mujer, también actriz. De desarrollo demasiado parsimonioso, el director y guionista parece más interesado en capturar las vidas anodinas de la gente del cine, y la impresión que le causó la inesperada muerte de un actor, que en contar una verdadera historia en progresión. Así, el film tiene un aire demasiado sesentero, al estilo de un plúmbeo Antonioni, con personajes que parlotean y poco más. Es como si Wajda hubiera querido traspasar a la pantalla el vacío que sintió cuando Roman Polanski le llamó para comunicarle la muerte de Cybulski. Pero la comprensión total de tal vacío parece reservada al director y a los que conocieron al actor, no al público no iniciado.

4/10
Lotna

1959 | Lotna

Una mirada romántica al triste final de la orgullosa caballería polaca en la Segunda Guerra Mundial. Lotna es una hermosa yegua árabe propiedad de un hombre noble, que por avatares del destino va a parar a una unidad del ejército. Allí todos los soldados admiran el porte del bello animal, y desean montarlo, pero sus diferentes dueños van a encontrar un trágico destino.Se trata de una historia sencilla, a modo de cuento, que en algunos pasajes -el cura montando el caballo- son lo más parecido a un film fordiano que podemos encontrar en la filmografía de Andrzej Wajda. Domina un tono melancólico, con algún punto de humor, una mirada de admiración a la vida militar y una bonita historia de amor. Es muy hermosa la fotografía virada a tonos ocres y crepusculares.

6/10
Cenizas y diamantes

1958 | Popiól i diament

Casi el final de la Segunda Guerra Mundial. Jóvenes de la resistencia polaca se encuentran desencantados ante el panorama de que los nazis van a ser sustuidos por las autoridades comunistas. De modo que planean el asesinato de un importante líder del partido, pero confunden su objetivo y matan a dos obreros inocentes. Lo intentarán de nuevo, y es Maciek quien debe no fallar esta vez. Son momentos de extremismos y de exaltación de la identidad nacional, pero el protagonista también se va a enfrentar al amor, una hermosa camarera y la posibilidad de una vida normal, le hacen dudar acerca del asumido encargo fatal. El gran Andrzej Wajda se mueve con maestría entre realismo y romanticismo, en esta adaptación de la novela de Jerzy Andrzejewski, también coguionista. Logra atrapar la controvertida situación generada en esa época convulsa, donde todo podía volverse cenizas en cuestión de segundos. Con razón, el film es considerado un obra de referencia del cine polaco, y sorprende que pudiera rodarse en 1958, aunque algo empezaba a agitarse en Europa del Este, con el levantamiento aplastado de Budapest. Destacan la fotografía en blanco y negro, de fuerte sabor expresionista, y el fatalismo que recorre la narración.

6/10
Kanal

1957 | Kanal

Durante la ocupación alemana de Polonia, un grupo de jóvenes insurgentes sabotean al invasor, ocultándose en los canales de Varsovia, que conforman un auténtico laberinto subterráneo. Uno de los filmes más tempranos del incomparable Wajda sobre la Segunda Guerra Mundial, el primero en mostrar la rebelión de los polacos sobre los alemanes. El argumento se inspira en hechos reales. Obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de 1957.

6/10
Generación

1955 | Pokolenie

Primer título de la trilogía del polaco Andrzej Wajda sobre la guerra. Retrata a un adolescente veleidoso, que simpatiza con el comunismo y se opone a los nazis desde la resistencia. El film incide en la deshumanización a que conduce la guerra.

6/10
Junco

2009 | Tatarak

Singular película del maestro Andrzej Wajda, muy representativa del metacine, y de cómo realidad y arte pueden entrecruzarse de modo misterioso. Inicialmente el director polaco pretendía adaptar el relato corto “Tatarak”, de Jaroslaw Iwaszkiewicz, sobre una mujer Marta, que vive con su esposo médico en el campo, ambos perdieron a sus hijos en el levantamiento de Varsovia en la Segunda Guerra Mundial. El marido ha detectado que a Marta le queda poco tiempo de su vida, pero no le dice nada, aunque ella parece intuir algo, mientras siente una atracción por Bogus, un joven tosco que despierta en ella una mezcla indefinible de atracción física e instinto maternal. Wajda pidió a Krystyna Janda, su protagonista en El hombre de mármol, que interpretara el papel principal, lo que suponia un reencuentro artístico, tras muchos años. El caso es que todo coincide con el diagnóstico a Edward Klosinski, esposo de Janda y conocido director de fotografía, de un cáncer terminal. Los sentimientos de la actriz, una vez fallecido Klosinski, los plasmó ella por escrito, y han sido incorporados a la película, proporcionándole un marco en que lo real y lo imaginado se alimentan mutuamente de modo asombroso. El director demuestra una gran habilidad para que el esquema de “cine dentro del cine” no saque al espectador de la película, y lo cierto es que su narración provoca todo tipo de emociones, ayuda a entender el dolor, y como el cine y la literatura pueden servir de adecuada catarsis. Los momentos en que la ficción, que estamos asumiendo como real, da paso a otra realidad, la del rodaje, funciona a la perfección, de modo semejante a títulos como Vania en la calle 42, pero con resultados más puros. El junco se convierte en poderoso símbolo del sabor agridulce de la vida, risas y llanto, amor y añoranza, resignación y sentido del ridículo, forman parte del gran teatro del mundo. Destaca, por supuesto, el trabajo de Janda en su doble papel, el ficticio, encantador, y el real, donde da pruebas de un coraje poco común para mostrar su alma al desnudo.

7/10
Katyn

2007 | Katyn

Como todas las guerras, la Segunda Guerra Mundial fue pródiga en violaciones de los derechos humanos; pero las cotas alcanzadas en esta ocasión fueron ciertamente bestiales, con hechos como el holocausto. La magnitud de éste, y los pactos de los aliados alrededor de la guerra, han contribuido a tapar otros acontecimientos horripilantes, como el de la matanza de 22.000 oficiales polacos en Katyn en 1940, de los que fue responsable la Unión Soviética. Este film del veterano Andrzej Wajda -el director polaco, que ya había tratado el tema de la guerra en Kanal o El bosque de los abedules, se involucra en este proyecto de una manera muy personal, pues su padre fue uno de los oficiales polacos asesinados, e incorpora detalles autobiográficos en el aspirante a estudiar Bellas Artes, o en la joven que encarga una lápida para su hermano- contribuye a recuperar la memoria histórica del terrible suceso, del que Stalin trató de ocultar, inútilmente, el protagonismo soviético, atribuyéndoselo a los nazis. Porque, en efecto, Polonia fue víctima de la pinza nazisoviética durante la conflagración, y ya se sabe que la historia la suelen escribir, a su manera, los vencedores. La película, candidata al Oscar a la mejor película extranjera, tiene muchas virtudes. La primera, narrar los hechos esenciales, una auténtica lección de historia, contando al tiempo, con talento, el drama personal de varios personajes; y todo ello sin la inquina habitual en este tipo de filmes, y dando mucha y acertada presencia al punto de vista femenino. A modo de primoroso tapiz, el destino de un oficial, al que su esposa, apelando al futuro de su hija y de ella, pide que abandone el campo donde es prisionero con otros compañeros, sirve de puntada para ver el sufrimiento de estos oficiales prisioneros y sus familiares; y también para revelar el destino fatal de los intelectuales polacos -convocado a la universidad el padre del oficial con otros profesores, se les anuncia su detención y destino a Auschwitz-. Así, con ayuda del diario que mantiene el oficial, y de las acciones de otros personajes que aparecen en escena -la esposa de un general, la hermana de un piloto...-, se construye el apasionante cuadro, vivísimo, pero muy duro, de modo especial en las escenas de ejecuciones, ese no conceder valor alguno a la vida humana. Se pintan con trazos seguros los terribles remordimientos del superviviente que acepta el nuevo orden comunista, o la llegada de, oh, paradoja, los “nuevos ricos”, los sirvientes que ahora van a tener un papel preponderante en el recién instaurado orden social, y para los que el sable del viejo señor, un general, carece de valor. Y no faltan los reproches amargos, incluso dentro del seno familiar de las víctimas. A veces parece que se cargan un poco las tintas, quizá porque domina un deseo de no hacer concesiones a un sentimentalismo facilón, que conduzca a trivializar lo que ocurrió. Aun así, impregna toda la oscura trama la esperanza que para los polacos ha supuesto siempre su fe católica, que les ayuda a sobrellevar los momentos más amargos de sus vidas; ello permite vislumbrar un poco de luz en un cuadro terrible, donde se trata de imponer la ley del silencio, la aceptación de la versión oficial de la matanza de Katyn, que los familiares de las víctimas se resisten a dar por buena. El film, de conjuntado reparto, ofrece una maravillosa reconstrucción de la época, con muchas escenas rodadas en los lugares reales de Cracovia donde sucedieron. Fotografía, música, dirección artística, exquisitas, se ponen al servicio de una trama de intenso dramatismo, que atrapa las emociones de uno de los muchos capítulos negros de la historia reciente de la humanidad.

7/10
La venganza (2002)

2002 | Zemsta

Dos años después de adaptar al cine una obra literaria clásica de su compatriota Adam Mickiewicz, Pan Tadeusz, el polaco Andrzej Wajda vuelve a tomar como fuente de ideas la literatura de su país, esta vez una comedia teatral del autor del siglo XIX Aleksander Fedro. En clave de delicioso enredo, donde juega un papel esencial Fanfarrón, una especie de correveidile que sirve para unir a los personajes, se describe la rivalidad entre dos hombres vecinos, el bodeguero y el notario, cuyas intempestivas diferencias les llevan a discutir por cualquier minucia, como el muro que separa sus propiedades. Ignoran ambos que Clara, sobrina del primero, y Wenceslao, hijo del segundo, están enamorados. Los “tortolitos” tratarán de idear alguna estratagema para que sus mayores consientan en la deseada unión matrimonial. Entretanto el bodeguero pretende en matrimonio a la Sumillera, una pícara dama de la que se descubre tuvo relaciones con Wenceslao en la ardorosa juventud de éste. Lo que podría servir a los propósitos del notario de humillar a su enemigo. Wajda logra captar la alegre ligereza de la trama original, lo que lleva a recordar a títulos como Mucho ruido y pocas nueces, donde Kenneth Branagh versionaba a Shakespeare, y El perro del hortelano, donde era Lope de Vega el autor que inspiraba a Pilar Miró. Hay un tono festivo de comedia bufa, al que contribuye un reparto sembrado, donde destaca Roman Polanski como Fanfarrón, pues sabe conferir a su personaje todo su aire ridículo, torpe y cobarde. Tienen gracia los diálogos irónicos y los enfrentamientos varios, y la perpetua chanza viene bien subrayada por la inspirada partitura musical de Wojciech Kilar. La ambientación es perfecta, con el magnífico marco de las casas de los personajes en un paisaje invernal cubierto de nieve, donde no dejan de flotar en el aire los copos, o las plumas de las aves domésticas.

6/10
Pan Tadeusz

1999 | Pan Tadeusz

Adaptación de una obra clásica de la literatura polaca, debida a Adam Mickiewicz. La película describe la vida de la nobleza en Soblicowo. Aparentemente todo transcurre de modo rutinario, pero es la época de Napoleón, que en cualquier momento puede invadir Polonia. Muchos ven al corso como el liberador que necesita la patria polaca. El veterano director polaco Andrzej Wajda (conocido sobre todo por El hombre de hierro y El hombre de mármol) se atreve a hincarle el diente a un libro muy conocido en su país. Con ritmo lento pero seguro, nos introduce en los entresijos de la intriga política. La dirección artística y la fotografía son soberbias, y nos retrotraen a los tiempos en que Napoleón era el amo del mundo, o casi.

7/10
Los poseídos

1988 | Les possédés

Adaptación de una novela de Fiódor Dostoyevski. Sigue a un grupo de idealistas revolucionarios, que sueñan con acabar con la tiranía que domina en Rusia. Andrzej la había adaptado para el teatro, y tenía gran ilusión en el film, pero no quedó satisfecho, lo consideraba un fracaso, pues evidenciaba en exceso el origen escénico.

6/10
Danton

1983 | Danton

Tras la declaración de los derechos del hombre, llega el régimen del terror. Es la paradoja de la revolución francesa, que en teoría predica ‘liberté, egalité, fraternité’, pero deja tras de sí un reguero de sangre y cabezas cortadas. El film describe la época del dominio de Robespierre, y su choque con Danton, lo que da pie a un soberbio duelo actoral entre Wojciech Pszoniak y Gérard Depardieu. El cineasta polaco Andrzej Wajda no sólo atrapa con la cámara un pedazo de historia, sino que, rodando en 1983, está ofreciendo una parábola nada velada del movimiento Solidaridad y su choque con el comunismo.

6/10
La línea de sombra

1975 | Smuga cienia

Historia de marineros, basada en un relato del británico de origen polaco Joseph Conrad, Andrzej Wajda lo considera uno de sus filmes fallidos. El director, ante la dificultad de adaptar el farragoso lenguaje del escritor, optó por deconstruir el relato, y manejar las piezas del modo más sencillo posible. Pero la cosa no funciona, y además el protagonista Marek Kondrat resulta demasiado hermético. Confesaba Wajda que es más fácil hacer una película estilo Conrad que adaptar uno de sus relatos. Lo cierto es que se trata de un film lento, que apenas se detiene en otra cosa que los avatares de la navegación de un barco alrededor del golfo de Siam.

4/10
La tierra de la gran promesa

1975 | Ziemia obiecana

El capitalismo salvaje de la revolución industrial según Andrzej Wajda. El film es una de las obras cumbre de la cinematografía polaca, y adapta una obra de Wladyslaw Stanislaw Reymont. La trama transcurre en Lodtz, corazón de la industria textil polaca, y describe sin tapujos las diferencias sociales y el modo inhumano en que son tratados los trabajadores. Pero sobre todo centra su atención en tres amigos acomodados y arribistas, que desean prosperar en los nuevos tiempos -donde todo cambia, para que todo siga igual, que diría Giuseppe Tomassi de Lampedusa-, poniendo en marcha una nueva fábrica. Wajda describe con enorme fuerza la falta de escrúpulos de los personajes, su dejar la moral a un lado, también en sus lances amorosos, una actitud que acabará volviéndose en su contra, pese a lo cual no escarmentarán. El film ganó la Espiga de Oro de la Seminci, y el principal premio del Festival de Moscú. El cineasta polaco hace una magnífica reconstrucción de época, entrega secuencias espectaculares como la del incendio, y no esquiva los momentos crudos, como la de la pelea junto a una maquinaria, donde uno de los contendientes acaba literalmente triturado, al igual que hace el propio capitalismo inhumano con las personas. Wajda cuenta con la vibrante partitura de Wojciech Kilar, y hace un inteligente uso de los objetivos cortos, lo que se traduce en planos generales con los personajes distanciados y cuyos brazos y rostros quedan deformados al acercarse a la cámara, un modo efectivo de hablar de la ausencia de rostro humano en el injusto sistema económico que describe.

7/10
El bosque de los abedules

1970 | Brzezina

La Polonia de antes de la guerra. Stanislaw, un joven gravemente enfermo de tuberculosis, acude a pasar unos días con su hermano viudo Boleslaw, padre de una niña, y atormentado por la posible infidelidad de su esposa muerta con un empleado. Andrzej Wajda adapta un relato corto de su compatriota Jaroslaw Iwaszkiewicz, impregnando su preciosista film de melancolía, jugando al contraste entre las ganas de vivir del hermano enfermo, y el hastío vital del otro. Ganó el premio a la mejor película en el Festival de Moscú.

6/10
Paisaje después de la batalla

1970 | Krajobraz po bitwie

Dura película del cineasta polaco Andrzej Wajda, muestras las terribles secuelas de los campos de concentración nazi. El film se inicia con una secuencia que se diría festiva, la liberación de los prisioneros de uno de los campos, acompañada por música de Vivaldi. Las heridas que se autoinflige uno de los presos con la alambrada, o el linchamiento posterior de un guardián apunta la tragedia de unas personas mortalmente heridas en el alma, hasta el punto de que los liberadores americanos no se atreven a ponerlos en libertad, y los mantienen confinados en un lugar para refugiados. La trama sigue sobre todo al poeta Tadeusz, que rescata libros de los escombros con que trata de alimentar su espíritu, aunque es innegable que algo no funciona bien en su mente; cuando conoce a Nina, se vislumbra un rayo de esperanza, tal vez su amor podría ser una ayuda. El crudo film se basa en recuerdos del poeta Tadeusz Borowski, y domina un sentimiento pesimista, de fatalismo forzado por el hombre que ha desencadenado tales horrores.

6/10
Todo a la venta

1969 | Wszystko na sprzedaz

Homenaje de Andrzej Wajda a Zbigniew Cybulski, joven actor que protagonizó sus primeras películas, y que murió prematuramente, al estilo de un James Dean. Muestra de “cine dentro del cine”, que parece inspirada en los planteamientos de Fellini 8 y 1/2, se desarrolla en torno al rodaje de una película, donde intervienen el director y su esposa actriz, además del actor que va a morir en un accidente, y su mujer, también actriz. De desarrollo demasiado parsimonioso, el director y guionista parece más interesado en capturar las vidas anodinas de la gente del cine, y la impresión que le causó la inesperada muerte de un actor, que en contar una verdadera historia en progresión. Así, el film tiene un aire demasiado sesentero, al estilo de un plúmbeo Antonioni, con personajes que parlotean y poco más. Es como si Wajda hubiera querido traspasar a la pantalla el vacío que sintió cuando Roman Polanski le llamó para comunicarle la muerte de Cybulski. Pero la comprensión total de tal vacío parece reservada al director y a los que conocieron al actor, no al público no iniciado.

4/10
Lotna

1959 | Lotna

Una mirada romántica al triste final de la orgullosa caballería polaca en la Segunda Guerra Mundial. Lotna es una hermosa yegua árabe propiedad de un hombre noble, que por avatares del destino va a parar a una unidad del ejército. Allí todos los soldados admiran el porte del bello animal, y desean montarlo, pero sus diferentes dueños van a encontrar un trágico destino.Se trata de una historia sencilla, a modo de cuento, que en algunos pasajes -el cura montando el caballo- son lo más parecido a un film fordiano que podemos encontrar en la filmografía de Andrzej Wajda. Domina un tono melancólico, con algún punto de humor, una mirada de admiración a la vida militar y una bonita historia de amor. Es muy hermosa la fotografía virada a tonos ocres y crepusculares.

6/10
Cenizas y diamantes

1958 | Popiól i diament

Casi el final de la Segunda Guerra Mundial. Jóvenes de la resistencia polaca se encuentran desencantados ante el panorama de que los nazis van a ser sustuidos por las autoridades comunistas. De modo que planean el asesinato de un importante líder del partido, pero confunden su objetivo y matan a dos obreros inocentes. Lo intentarán de nuevo, y es Maciek quien debe no fallar esta vez. Son momentos de extremismos y de exaltación de la identidad nacional, pero el protagonista también se va a enfrentar al amor, una hermosa camarera y la posibilidad de una vida normal, le hacen dudar acerca del asumido encargo fatal. El gran Andrzej Wajda se mueve con maestría entre realismo y romanticismo, en esta adaptación de la novela de Jerzy Andrzejewski, también coguionista. Logra atrapar la controvertida situación generada en esa época convulsa, donde todo podía volverse cenizas en cuestión de segundos. Con razón, el film es considerado un obra de referencia del cine polaco, y sorprende que pudiera rodarse en 1958, aunque algo empezaba a agitarse en Europa del Este, con el levantamiento aplastado de Budapest. Destacan la fotografía en blanco y negro, de fuerte sabor expresionista, y el fatalismo que recorre la narración.

6/10
Junco

2009 | Tatarak

Singular película del maestro Andrzej Wajda, muy representativa del metacine, y de cómo realidad y arte pueden entrecruzarse de modo misterioso. Inicialmente el director polaco pretendía adaptar el relato corto “Tatarak”, de Jaroslaw Iwaszkiewicz, sobre una mujer Marta, que vive con su esposo médico en el campo, ambos perdieron a sus hijos en el levantamiento de Varsovia en la Segunda Guerra Mundial. El marido ha detectado que a Marta le queda poco tiempo de su vida, pero no le dice nada, aunque ella parece intuir algo, mientras siente una atracción por Bogus, un joven tosco que despierta en ella una mezcla indefinible de atracción física e instinto maternal. Wajda pidió a Krystyna Janda, su protagonista en El hombre de mármol, que interpretara el papel principal, lo que suponia un reencuentro artístico, tras muchos años. El caso es que todo coincide con el diagnóstico a Edward Klosinski, esposo de Janda y conocido director de fotografía, de un cáncer terminal. Los sentimientos de la actriz, una vez fallecido Klosinski, los plasmó ella por escrito, y han sido incorporados a la película, proporcionándole un marco en que lo real y lo imaginado se alimentan mutuamente de modo asombroso. El director demuestra una gran habilidad para que el esquema de “cine dentro del cine” no saque al espectador de la película, y lo cierto es que su narración provoca todo tipo de emociones, ayuda a entender el dolor, y como el cine y la literatura pueden servir de adecuada catarsis. Los momentos en que la ficción, que estamos asumiendo como real, da paso a otra realidad, la del rodaje, funciona a la perfección, de modo semejante a títulos como Vania en la calle 42, pero con resultados más puros. El junco se convierte en poderoso símbolo del sabor agridulce de la vida, risas y llanto, amor y añoranza, resignación y sentido del ridículo, forman parte del gran teatro del mundo. Destaca, por supuesto, el trabajo de Janda en su doble papel, el ficticio, encantador, y el real, donde da pruebas de un coraje poco común para mostrar su alma al desnudo.

7/10

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