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Blog de Hildy

La maña de Mañas en el filo de la navaja

Hay que reconocer que Achero Mañas es un tipo que arriesga. No sé cómo van a recibir mis colegas su última película, Todo lo que tú quieras , aunque

La maña de Mañas en el filo de la navaja

Hay que reconocer que Achero Mañas es un tipo que arriesga. No sé cómo van a recibir mis colegas su última película, Todo lo que tú quieras, aunque me da que en general el cineasta va a ser aplaudido. Razones hay, su film es de lo mejorcito que ha dado el cine español en lo que llevamos de año, lo cual tal vez no sea demasiado decir, aunque menos da una piedra. Lo que estoy ávido de conocer son las interpretaciones sobre lo que plantea Mañas, porque aunque yo creo tenerlo claro, se trata de una trama en el filo de la navaja, en la que uno puede calzarse las anteojeras y ver sólo lo que quiere ver.

Pues el protagonista –sorprendente Juan Diego Botto, nunca ha estado mejor– es un abogado que tras enviudar, debe asumir el rol de su esposa, a la que su hijita echa tremendamente de menos. Lo que es llevado al extremo –una metáfora, explica Mañas– con su decisión de maquillarse y vestirse como una mujer, y más concretamente, como su mujer. Tal decisión, y su plasmación en la pantalla, podían ser altamente ridículas, y ahí es donde entra la maña de Mañas, el director sortea el peligro del fiasco, de lo que da grima, de lo imposible de aceptar.

Claves del éxito de Mañas hay varias, empezando por el innegable talento probado en El Bola, aunque rebasado por la ambición demasiado alta de Noviembre. La idea es justificar, apuntalar bien, con bases sólidas, ese “tirarse a la piscina” de vestirse de mujer. “Yo por mi hija, haría lo que fuera, cualquier cosa”, afirma el personaje de Botto. O como reza el título, “Todo lo que tú quieras”. O sea, lo que parece ridículo y grotesco, se acepta porque lo realiza alguien desesperado, que no sabe cómo va a poder sustituir a su mujer ausente, y a quien mueve, única y exclusivamente, el amor. Amor que le hace superar las pegas de lo que piense su socio, otros padres, su familia política... Amor de padre –es importante la única escena en que aparece el padre de Botto–, que lleva a hacer de madre.

Un riesgo evidente, para el que Mañas se da buena maña, es la posible manipulación de la niña, ese alimentar su credulidad de que en realidad la madre no ha muerto, que viene por las noches, cuando su padre se viste como ella. Lo supera hábilmente poniendo tal objeción en boca del psicólogo del colegio, y haciendo que el propio Botto se plantee que tal cosa puede en efecto estar ocurriendo, lo que le lleva a asegurarse de que la niña entiende que ambos están jugando, fantaseando, aquello no es real, la madre se fue.

En un mundo donde domina –o algunos quieren hacer dominar– la ideología de género, alguien podría decir que el film sugiere que un hombre se puede convertir en mujer si así lo desea, cada uno construye y deconstruye su propia identidad sexual. Un mínimo de honradez intelectual obliga a desechar semejante lectura, nada hay de todo eso. Lo que sí se hace es invitar a la reflexión sobre dos cosas: el abandono antaño de ciertas tareas del hogar por parte del hombre, que las cargaba sobre los hombres de la esposa, y cómo este planteamiento se ve perpetuado en los juzgados que ven casos de divorcio, que conceden sistemáticamente la custodia a la madre y no al padre.

Finalmente está la mirada a la homosexualidad. También conviene aquí subrayar que no se aborda el tema de la adopción por parte de parejas homosexuales. En todo caso se habla de las responsabilidades que conlleva la paternidad, y de la conveniencia de que un niño disfrute del amor de un padre y una madre. Sí que se plantea el tema de la tolerancia, de la compresión con todas las personas, sea cual sea su orientación sexual o la valoración moral que merezcan a uno sus acciones.

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