Dice el dicho que “la mujer del César no sólo tiene que ser honrada, sino parecerlo”. Lo digo a propósito de los premios del recién terminado
Dice el dicho que “la mujer del César no sólo tiene que ser honrada, sino parecerlo”. Lo digo a propósito de los premios del recién terminado Festival de Venecia. Quieras que no, no deja de ser curioso que el jurado haya concedido el León de Oro a Sofia Coppola por Somewhere. Seguro que la cinta tiene su mérito, pero un hecho incontestable es que Coppola y el presidente del jurado Quentin Tarantino son amigos del alma, e incluso fueron novios cuando se deshizo el matrimonio de ella con Spike Jonze. Al parecer Tarantino subrayó que el premio se había otorgado por unanimidad, pero pienso que los comisarios de la Mostra deberían evitar situaciones dudosas como la que comento.
Ya pasó algo semejante hace unos años en San Sebastián, cuando Wayne Wang se llevó la Concha de Oro por la estupenda Mil años de oración. No seré yo quien discuta la calidad de ese film, pero si el presidente del jurado se llama Paul Auster, con quien trabajó codo con codo Wang en Smoke, la cosa no puede dejar de oler un poquito a chamusquina.
