El pasado jueves 16 de diciembre, los visitantes promocionales de la película The Tourist y sus acompañantes revolucionaron Madrid y los medios de
El pasado jueves 16 de diciembre, los visitantes promocionales de la película The Tourist y sus acompañantes revolucionaron Madrid y los medios de comunicación. Todos estaban allí, en el Hotel Villamagna o en el Palacio de los Deportes, dispuestos a tirar fotos y preguntas a Angelina Jolie y Johnny Depp –los protagonistas de la peli– y a Brad Pitt –el marido de la susodicha–.
Pero no sólo de fotos y preguntas viven ciertos medios de comunicación, sino del chismorreo y la tontería, que venden mucho. Y como por parte de la distribuidora y actores interesa que hablen, aunque haya que tragar algún que otro ‘sapo’, pues nada, hay que aguantar y sonreír, eso sí, tratando de parar los ‘golpes’ más obvios (“nada de preguntas personales”, primer aviso, luego no respetado aunque sí esquivada la transgresión, en la rueda de prensa).
Está claro que son guapos y famosos: Angelina y Brad –conocidos popularmente como Brangelina– y Johnny. Y como la envidia abunda, y el morbo se cotizan bien, pues nada mejor que airear historias de celos de escasa fundamentación, que si Brad no quiso que los otros dos rodaran escenas tórridas y se ha pegado como una lapa a su esposa durante la promoción por si acaso, que si Depp no puede ni ver a la feliz parejita, que si Angelina cambia la ‘cara de perro’ ante periodistas pesados por la sonrisa con gran soltura, pero que se le nota no sé qué... Si no sabes, imagina, piensa mal y acertarás, etc, parecen los lemas de rigor.
En fin, como digo, se juega con la envidia cochina del personal, lectores, espectadores y los propios profesionales del chismorreo, pero a la vez, resulta que todos viven de ello, con lo cual se forma un círculo vicioso cuyos efectos positivos no están claros. Para la distribuidora, estos son que a estas alturas todo el mundo conoce la peli, pero claro, ¿y si la película no es tan buena? Pues ya se ve, el espectador sale envuelto de ‘glamour’ de la sala, pero un pelín –por decirlo suavemente– engañado.
