Cuando alguien va a separarse de otra persona, su relación ya no va a ser lo que era, se acude a veces a la expresión “Siempre nos quedará París”,
Cuando alguien va a separarse de otra persona, su relación ya no va a ser lo que era, se acude a veces a la expresión “Siempre nos quedará París”, alusión a Casablanca. O si hemos compartido muchas vivencias que han servido para estrechar lazos, se cita la misma película con aquello de “Presiento que esto puede ser el comienzo de una hermosa amistad”. El “Mi caaaaaasa” de E.T., el extraterrestre alude a la añoranza del hogar, y “Le haré una oferta que no podrá rechazar” de El padrino indica la creencia de que todo el mundo tiene un precio. Cuando a una persona se la quiere manipular, y convencerle de lo que no es, se dice que se le hace “luz de gas”, una mención a Luz que agoniza.
Tengo para mí que uno de los grandes méritos de Encontrarás dragones, la nueva y valiosa película de Roland Joffé, es haber acuñado una expresión que podría hacer fortuna en el imaginario popular, a semejanza de los ejemplos antes mencionados. El film, a partir de la investigación de un periodista, sigue las vidas paralelas de dos personajes, el sacerdote Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, y su amigo de la infancia Manolo Torres. Ambos deben enfrentarse a circunstancias difíciles, como la muerte de sus respectivos padres, y al clima de odio y destrucción en que discurre la guerra civil española. Ante tales situaciones, que presentan importantes dilemas morales, Joffé habla de los “dragones” que todos descubrimos dentro de nosotros. La expresión la toma de los mapas antiguos, que marcaban los territorios inexplorados donde cabía encontrar cualquier cosa con la leyenda “Hic sunt dracones”, “Encontrarás dragones”.
De hechos bastantes películas recientes que he tenido ocasión de contemplar podrían describirse como una película de “encontrarás dragones”. Es el caso de dos títulos que optaban este año al Oscar a mejor film extranjero: Incendies –que tiene muchos puntos de conexión con la película de Joffé–, título canadiense donde hay revelaciones dolorosas y otro contexto bélico tremendo, el de Oriente Medio; y En un mundo mejor, film danés donde dos críos se enfrentan a sus “dragones”, por el acoso escolar de uno y la no asimilación de la muerte materna del otro.
Los dos ejemplos que acabo de mentar, así como Encontrarás dragones, son películas catárticas, donde el “cuerpo a cuerpo” con los “dragones” deja espacio a la esperanza, aun dentro de la dureza de lo que se se cuenta. No es el caso de dos películas muy “negras”, también catalogables como de “encontrarás dragones”: la muy bien llevada pero deprimente Cisne negro, y la reciente triunfadora de los Goya Pan negro.
