Estas líneas pretenden desmentir un tópico que se suele repetir con grandísima frecuencia, al adaptar un cómic con superhéroe al canto. En tales
Estas líneas pretenden desmentir un tópico que se suele repetir con grandísima frecuencia, al adaptar un cómic con superhéroe al canto. En tales ocasiones siempre suele salir el director, guionista, productor, actor de turno, para decir que se han andado con pies de plomo a la hora de llevar las viñetas a la pantalla. Porque sabían que casi respirándoles en el cogote tenía detrás miríadas de fans, dispuestos a no dejarles pasar ni una, vamos, que mucho ojito con no respetar el original, traicionar el cómic, y, en definitiva, entregar algo distinto a lo que les había hecho soñar en la infancia y adolescencia (adolescencia que en muchos casos no acaba nunca, aunque ésa es otra historia, que debe ser contada en otra ocasión, que diría Michael Ende...).
El caso es que como todo el mundo sabe, casi no quedan superhéroes de DC y Marvel por llegar a las pantallas. Tenemos Thor, Superman, Spider-Man, Batman, Hulk, X-Men, Iron Man, Los 4 Fantásticos, y pronto llegarán Linterna Verde, Capitán América y Los Vengadores. Y el caso es que aún no he visto ningún caso de esos en que los supuestos guardianes de las esencias de los superhéroes se tiran de los pelos, o en plan más bestia, hacen arder las oficinas del estudio perpetrador del crimen de lesa majestad de no estar a la altura del cómic con la película. Nadie protesta demasiado, y mira que es fácil ahora con internet y las reacciones virales, así que debo concluir que en general están encantados con todas las adaptaciones. Ni siquiera con Catwoman llegó el agua al río, lo que ya es mucho decir.
La realidad es que al fan comiquero me da la impresión de que basta hacerle un par de guiños, para tenerlo contento. El reciente caso de Thor es paradigmático. Un cameo de Stan Lee, y ya nadie dirá ni mu. Si sacas a un personaje mencionando industrias Stark, el fan se derrite de felicidad, y su dicha llega al éxtasis si aparece por ahí un Vengador como (un momento que lo busco, que yo no soy fan; sí, ya lo tengo) Clint Barton, alias Ojo de Halcón. Y otro de los ganchos al que ya recurre toda peli de superhéroes que se precie, para que el fan salga hipercontento de la sala de cine, es poner, tras los kilométricos títulos de crédito (hasta 10 minutos, con todos los implicados en la parafernalia de efectos especiales), una escena que se supone es superintrigante, preferiblemente con Samuel L. Jackson en el papel superestelar de Nick Fury, tengo que enterarme de quién es ese personaje un día de éstos...
Con todo lo dicho antes, el lector supondrá que no soy un gran entusiasta de los comics de superhéroes, y las pelis basadas en ellos empiezan a agotarme sobremanera. Además, como tantos dibujantes diversos los abordan de modo diferente, creo que no hay un paradigma que deba respetarse, con lo que las películas vienen a ser simplemente una nueva versión, como otro dibujante que aborda sus historias, y ahí tenemos otra de las razones del comentado conformismo. Creo que es muy diferente al inminente caso Tintín, al que me he referido en otras ocasiones, y con el que tiemblo por mucho Steven Spielberg que esté detrás del mismo.
