Uno de los grandes escándalos para algunos en las 65 edición del Festival de Cannes es la ausencia de películas dirigidas por
Uno de los grandes escándalos para algunos en las 65 edición del Festival de Cannes es la ausencia de películas dirigidas por mujeres en la sección oficial. Las protestas con recogidas de firmas y los artículos en la prensa francesa han alcanzado tal repercusión que el mismísimo director del festival Thierry Fremaux ha tenido que salir a la palestra y decir que el comité de selección es ciego en lo referente al sexo y que en cualquier caso no se mueven por cuotas.
No lo ven así los firmantes del manifiesto “Un hombre es un hombre”, también conocido como “En Cannes las mujeres muestran sus bobinas, los hombres sus películas”, jugando con dobles sentidos. Promovido por el grupo “La Barbe” (o sea, “La barba”), y publicado en el diario Le Monde, dicen allí sin mucha sutileza que “los hombres buscan profundidad en las mujeres únicamente en sus escotes”. Preciso es reconocer que no son nombres que suenen muchísimo los de los que han estampado su firma, quizá el más popular sea el de la directora Coline Serreau, que encabeza la lista. Ella desde luego jamás ha sido seleccionada para un certamen de categoría A, y quizá sea el ejemplo perfecto de por qué un sistema de cuotas no es la mejor solución para que las mujeres tengan presencia, pues en tal caso Serreau sería elección obligada, y no creo que sus filmes, pese a tener alguna comedia gracioseta tipo La crisis, merezca tal distinción.
El hecho es que en 2011 cuatro mujeres compitieron por la Palma de Oro – Lynne Ramsay, Maiwenn, Julia Leigh y Naomi Kawase–, un número que no está mal. Por otro lado, a la hora de quejarse, se mezcla la causa feminista y la petición de paridad, con otras cuestiones. Melissa Silverstein, una de las que protestan, pide “transparencia e igualdad en Cannes y otros festivales. Existe una sensación de tipos en habitaciones traseras fumando puros y haciendo tratos. Hay gente que es seleccionada una y otra vez. Tienen como una familia, Terrence Malick, Wes Anderson, Jane Campion, lo que es genial, pero necesitamos más Janes Campions en la punta de sus lenguas”. A mi entender aquí hay un razonamiento contradictorio, pues saco la sensación de que si en esa “familia” estuviera incluido un buen puñado de mujeres y no sólo la Campion, la cosa no estaría tan mal.
Sea como fuere, lo cierto es que la causa feminista ha encontrado un buen respaldo estos días con el nombramiento por parte del recién elegido presidente francés François Hollande del primer gobierno paritario de su país, con lo que sigue la estela marcada por su antiguo colega y correligionario José Luis Rodríguez Zapatero. De modo que, interpreto yo, han decidido aprovechar una plataforma tan vistosa como es Cannes, para seguir en la brecha. En tal sentido entiendo el comentario quejoso de Fremoux quien argumenta que tras conceder que “debe darse un mayor espacio a las mujeres en el cine” barre para casa rematando, mientras se lava las manos, “pero no es en Cannes y en el mes de mayo cuando debe suscitarse esta cuestión, sino durante todo el año y en todas partes”.
Las preguntas del millón son: ¿había tantas películas dirigidas por mujeres que podían haber sido elegidas?, ¿por qué hay pocas mujeres directoras? La primera, pienso, seguramente se puede responder con un "no". La segunda es más compleja, aunque cuando veo en España tantas mujeres directoras, pienso que no es por falta de oportunidades.
