Debo ser un bicho raro. O bien un individuo decrépito que ha dejado demasiado atrás la siempre difícil adolescencia. Sea como
Debo ser un bicho raro. O bien un individuo decrépito que ha dejado demasiado atrás la siempre difícil adolescencia. Sea como fuere se acaba de estrenar Tengo ganas de ti, película que ha arrasado en taquilla en plena Eurocopa (y también CinEurocopa, ¿eh?), época en que las grandes compañías no se atreven a estrenar películas, temerosas de verse eclipsadas por el todopoderoso fútbol.
Salas repletas y colas previas de sobre todo jovencitas en el fenómeno autóctono (aunque basado en las novelas del italiano Federico Moccia) comparable al yanqui Crepúsculo. Tanto entusiasmo me marece el máximo respeto, pero para mí resulta incomprensible, debo ser de otro planeta.
En su momento vi 3 metros sobre el cielo. Y debido al poco apetito que me despierta Tengo ganas de ti trato de recordar cuál es la sustancia nutritiva del otro film basado en Moccia, a ver qué tenían los amores de Hache y Babi. En fin, recuerdo a Mario Casas exhibiendo pectorales y haciendo flexiones; y a María Valverde arreglándose de lo más sexy con su uniforme minifaldero del cole. Había mucha fiesta, mucha pelea, mucho duelo motero, pijos y macarras. Recuerdo a Casas repartiendo puñetazos a diestro y siniestro, a personas y contenedores. Imposible olvidar a Hache montado en su moto con Babi de paquete, parriba, pabajo, huyendo de la policía, y siempre sin casco, qué invento más molesto. Está por supuesto, la primera vez, uno de los muchos momentos empalogosos de anuncio de colonia. Y los padres y profesores peleles, aunque estaba Claudio, el padre de Babi, muy comprensivo con Hache, yendo ambos de colegas a un bareto.
En fin, como veis, muchos recuerdos, pero ninguno particularmente decisivo para repetir con Moccia, Casas y Valverde, a los que ahora se suma Clara Lago.
Como digo, debo tener algún problema, algún trauma o así que no me permite ver las grandes virtudes de Tengo ganas de ti. Por eso quiero pedir ayuda a mis amigos adolescentes internautas, porfa, dadme razones para llenar mi laguna de Tengo ganas de ti. ¿Por qué debería ir a verla? ¿Es imprescindible para un cinéfilo? ¿Hay alguna escena antológica que no debería perderme? ¿La historia de amor deja a Casablanca a la altura del betún? Decidme algo, por favor, probad a persuadirme, a ver si me entran ganas de ver Tengo ganas de ti.
