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La noche más oscura (Zero Dark Thirty): Tortura, Bin Laden y los extremos en el debate

La noche más oscura (Zero Dark Thirty) está servida por el mismo tándem que hizo la muy estimable y oscarizada En tierra hostil ,

La noche más oscura (Zero Dark Thirty): Tortura, Bin Laden y los extremos en el debate

La noche más oscura (Zero Dark Thirty) está servida por el mismo tándem que hizo la muy estimable y oscarizada En tierra hostil, o sea, la directora Kathryn Bigelow, y el guionista Marc Boal. El film describe con increíble realismo, conviviendo de modo sorprendente frialdad y emoción, cómo se acabó dando caza y muerte al terrorista más buscado del mundo, Osama Bin Laden.

Me parece formidable el resultado final de esta película. ¿Por qué? Porque no es propaganda a la mayor gloria del éxito del presidente Obama. Porque tampoco es una propuesta contra el intervencionismo americano en el exterior a través de sus servicios secretos y grupos de operaciones especiales, la CIA y los marines superpreparados de turno. Porque no se puede decir que sea una película que respalde la tortura como medio para obtener información del enemigo capturado, pero tampoco se dedica a soltar moralina y a dar lecciones facilonas de derechos humanos. Porque vemos personas de carne y hueso, Maya –increíble Jessica Chastain, obligada candidata al Oscar a la mejor actriz–, grandes profesionales, que nos creemos, y eso que apenas se nos proporciona dato alguno de sus vidas personales, de cómo han llegado a la posición donde están.

No voy a dedicarme en estas líneas a describir escenas superpotentes de La noche más oscura (Zero Dark Thirty), me basta mencionar la última, Maya de vuelta a casa tras la misión cumplida, en un un avión de transporte con ella solita como pasajera, y el piloto preguntando “¿Dónde quiere que vayamos?”, pregunta de doble sentido, tan elocuente. Maya representa a su país, que puede haber obtenido una victoria, pero que tal vez no tenga tan claro hacia dónde se dirige, como le ocurría, en otro orden de cosas, a Robert Redford, en El candidato, quien tras ganar las elecciones se preguntaba “¿Y ahora, qué?”.

Cuando vi la película pensaba que difícilmente daría lugar a polémicas, tan sutil y equilibrada me pareció. Se ve que soy un ingenuo rematado, que no tiene remedio. Y es que si una película no es polémica, siempre habrá alguien que se las arreglará para que lo sea. Por lo visto una de las cosas que preocupa a los políticos de Washington es aclarar que ninguna de las informaciones que permitieron dar con Bin Laden fue obtenida bajo tortura. No deja de tener gracia que después de tantas películas sobre agentes antiterroristas torturando a tutiplén –referencia obligada sería el famoso Jack Bauer de 24–, ahora a alguien le preocupe esta cuestión, cuando encima se dice que a Obama no le gusta este temilla y que ya no se haría, vamos. El caso es que las famosas toallas mojadas que simulaban ahogamientos, aprobadas tras el 11-S con George W. Bush, en algún caso se usaron, digo yo, e hilar tan fino como para decir que ni una coma de información en la caza Bin Laden se logró con métodos moralmente cuestionables me parece algo tontorrón, sobre todo porque es imposible afirmarlo con rotundidad. Confieso además que me hace gracia que se diga que las escenas de tortura de la peli podrían inflamar al mundo islámico... Yo creo que lo que sí lo inflamó y sigue inflamando de verdad fueron las lamentables imágenes de vejaciones en las cárceles de Abu Ghraib en 2003, de un sadismo que no podía justificarse ni con eso de que eran necesarias para obtener datos relevantes contra el terrorismo.

En cualquier caso, Boal se ha visto obligado a defenderse diciendo que su película no es protortura, y que la CIA no tiene una agenda en ese sentido. Pero reconoce que “los interrogatorios duros fueron desgraciadamente parte de lo que la CIA hizo. También mostramos un número de otros técnicas que la CIA empleó. Pienso que la película muestra que no fue una sola técnica la que llevó a Bin Laden. Hubo una acumulación de evidencias, y el puro análisis es el hilo unificador de todo. Si la película glorifica algo es trabajo analítico que hizo la CIA”. Boal dice que la tortura es discutible no sólo moralmente sino también en términos de eficacia, algo que pensarían incluso sus partidarios.

A las acusaciones de republicanos y demócratas en el Congreso de que el film podría haber puesto en peligro la seguridad nacional, Boal lo niega de un modo tan tajante que no puede por menos de hacerme sonreír: “Nos tomamos muchas molestias para asegurarnos de que nada de lo descrito en la película pondría la seguridad nacional en riesgo. Hay ciertos detalles sobre elementos electrónicos en la caza inteligente de Osama Bin Laden que no revelamos. No es la primera vez que actúo así.” Y remata al más puro estilo del prudente héroe americano: “Una de las cosas de que más me enorgullezco en este film es que no se dice nada serio que haya puesto la seguridad de alguien en peligro. Es posible contar una gran historia sin cruzar esa línea.” Me alegro, apostillaría yo, aunque el corolario sería que por él debe haber decenas de gentes con acceso a información sensible, capaces de poner al mundo mundial en peligro. A no ser que yo sea un cenizo, y que la sociedad esté formada de Boals muy, muy, responsables.

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