"Remember" reivindica la memoria histórica de un modo tremendamente original. Atom Egoyan nos cuenta cómo ha abordado con una trama contemporánea, el triste periodo histórico en que los nazis mandaban en Alemania.
“Esta es la última historia que se puede contar acerca de este período de la historia en nuestros días”, apunta Atom Egoyan al hablar sobre la necesidad de justicia, uno de los temas de Remember. En más de un sentido, el director entiende el film como una “pieza acompañante” a su trabajo anterior, Ararat (que también protagonizó Christopher Plummer y fue producida por Ari Lantos). Nos habla de “los efectos residuales de la historia a través del tiempo y cómo nos construimos a nosotros mismos con respecto a ello, sobre todo cuando la propia historia implica un trauma. Esta noción de cómo el tiempo y el trauma se refractan a través de las generaciones está en el centro de gran parte de mi trabajo. Efectivamente, ese es el tema de Ararat, y lo estamos viendo en esta película también: Los efectos de los sucesos del pasado en los hijos de los autores y en los hijos de los supervivientes, reflejados de formas muy inesperadas. No se puede predecir cuál será el efecto, y eso se filtra a través de la película.”
Además de la potencia de los temas históricos en Remember, Egoyan compone un cuadro, que Ari Lantos definió como “un thriller contemporáneo con actuaciones llenas de matices, y esa es la razón por la que él era el hombre adecuado para dirigirlo.” “Es una historia sorprendentemente original con un carácter distinto a los que hemos visto hasta ahora”, cuenta Egoyan. “He hecho unas 15 películas, algunas de ellas desde guiones que no he escrito. Pero éste no sólo es uno completamente original, creo que lo que Ben [Benjamin August] nos presenta habla de nuestra relación con el horror de una manera extraordinaria y única. Es muy sencilla, algo fácil con lo que empatizar, y sin embargo llena de capas y complejidad.”
El ojo en la composición de Egoyan conduce la narrativa de esta historia singular de manera inflexible. La trama, motivada por el pasado, pero sin depender de escenas retrospectivas, transcurre por completo en el presente, libre de sentimentalismo o manipulación.
Sobre su nueva colaboración con Plummer, el director explica: “He ido a ver todos sus shows en Stratford y en Broadway, y he leído su autobiografía dos veces, hasta el punto en el que realmente le puedo contar historias sobre su propia vida que se le han olvidado.”
Egoyan sabía que podría contar con el actor como protagonista, porque es una excelente persona: “Le visité en su casa de Connecticut hace muchos meses, y fue una oportunidad increíble. Era temprano por la mañana, y él acababa de salir de la ducha, con el pelo húmedo peinado hacia atrás y le dije: esta es la forma en que quiero verte en esta película, porque es muy diferente al Christopher Plummer que he visto antes. Ese fue el comienzo de nuestra colaboración en la creación de Zev.” El director señala que el personaje es mayor que el actor. “Es una interpretación natural, pese a que hay algo antinatural en las circunstancias de esta persona. Y la tensión proporciona una alquimia particular que Chris es capaz de aprovechar de un modo concreto. Chris es una máquina de actuar. No sólo es uno de los actores más veteranos del mundo, también tiene resistencia. Su increíble vitalidad le permite aun hacer “El rey Lear” o “Próspero” (que interpretó la última vez en 2010). Estas funciones están todavía dentro de su alcance. No es más que una fuerza extraordinaria de la naturaleza.”
El director de origen armenio, que sabe de sobra lo que es un genocidio, se muestra rendido ante el reparto con que ha contado, además de Plummer, estaban en el reparto otros veteranos como Martin Landau, Bruno Ganz, Jürgen Prochnow y Heinz Lieven: “Es deslumbrante. Tienes un asiento de primera fila para estos extraordinarios momentos en que estos actores excepcionales llegan a encarnar a otras personas. Pero también les ves como a sí mismos y darse cuenta de que tienen su propia mitología. Ellos son, por supuesto, actores consumados, y son historia viva por los papeles que han interpretado. Ellos saben que son su propio instrumento, saben perfectamente lo que pueden hacer con su cuerpo, y lo que son capaces de transmitir, y verlos darse réplicas generaba momentos increíbles.”
