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Biografía

Bruno Ganz

Bruno Ganz

77 años ()

Bruno Ganz

Nació el 22 de Marzo de 1941 en Zürich, Suiza
Falleció el 16 de Febrero de 2019 en Zürich, Suiza

El señor del anillo

16 Febrero 2019

El actor suizo Bruno Ganz ha ofrecido las dos caras de la moneda. Interpretó al ángel Damiel en "El cielo sobre Berlín" y su secuela, de Wim Wenders, y ha sido un personaje diabólico, el führer Adolf Hitler, en el "El hundimiento". Y curiosamente, en ambos entrega personajes humanizados. Se acaba de conocer la noticia de su fallecimiento, por un cáncer intestinal que se le diagnosticó en 2018, el mismo año en que estrenó "La casa de Jack", de Lars von Trier.

Bruno Ganz nació el 22 de marzo de 1941 en Zurich, Suiza, y es sin duda el actor más conocido de ese país. Su estatura interpretativa es tal que no extraña en absoluto que obre en su poder el Iffland-Ring. Este anillo con un diamante y el retrato de August Wilhelm Iffland, lo posee el mejor actor en lengua alemana del momento y sus poseedores lo pasan a su teórico sucesor desde 1814. Tras morir Josef Meinrad en 1996 el Iffland-Ring pasó al dedo de Ganz.

Aunque fue a la universidad este hijo de un suizo y una italiana, ya en sus años mozos tenía claro que quería ser actor. Ya en 1960 debutó en las pantallas con Der Herr mit der schwarzen Melone, pero no era un título memorable en absoluto, de hecho puede decirse que en sus inicios llamó más la atención Ganz en el teatro.  Así, contribuyó a la constitución del Berliner Schaubühne, y acudía al prestigioso Festival de Salzburgo a ofrecer sus interpretaciones escénicas. Una publicación germana le consideró el mejor actor de teatro en 1973. En esta etapa juvenil contrajo matrimonio. Fue en 1965, con Sabine, de la que tuvo un hijo, Daniel, en 1972. Aunque marido y mujer se separaron, nunca optaron por el divorcio, y no consta ninguna relación sentimental posterior de Ganz.

1976 se suele considerar el año del despegue de Ganz. Hizo para el alemán Peter Stein Sommergäste, y para el francés Eric Rohmer La marquesa de O; este segundo film era en alemán. Wim Wenders lo ficharía para El amigo americano (1977), adaptación de la obra de Patricia Highsmith, donde le acompañaba Dennis Hopper. Volvería a repetir con Wenders en sus dos películas angelicales El cielo sobre Berlín (1987) y ¡Tan lejos, tan cerca! (1993); y el amigo y colaborador de Wenders Peter Handke contó con él para La mujer zurda (1978) y La ausencia (1993). Otros prestigiosos directores del nuevo cine alemán que le reclamaron fueron Werner Herzog para Nosferatu (1979) y Volker Schlöndorf para Círculo de engaños (1981).

La primera vez que Ganz estuvo en un film hollywoodiense rodado en inglés fue en Los niños del Brasil (Franklin J. Schaffner, 1978), inquietante trama de experimentos nazis y cazadores de criminales de guerra, donde coincidió con Laurence Olivier, Gregory Peck y James Mason. Pero de momento era la excepción en una carrera que no le alejaba de la vieja Europa, aun viajando a países exóticos como Polonia para hacer ¡Manos arriba! (1981). Con su compatriota Alain Tanner haría la plomiza En la ciudad blanca (1983), e incluso rodó en España a las órdenes de Jaime Chávarri El río de oro (1986), junto a Ángela Molina. La carrera en cine de Ganz es dilatada, aunque muchos títulos no tenían repercusión internacional digna de ese nombre. Hasta que llegaron “los ángeles de Wenders”. Su trabajo despertaría la atención del griego Theo Angelopoulos, que le dio el papel protagonista de La eternidad y un día (1998). De corte más popular rodaría Pan y tulipanes (2000).

Goza de gran prestigio su trabajo televisivo en dos entregas Johann Wolfgang von Goethe: Faust (2001), donde era justamente Fausto, papel que también representó con increíble pasión en los escenarios. A aquellas alturas Ganz era un actor indiscutible, y aunque sus papeles fuera pequeños, como en los casos de Lutero (2003) y El mensajero del miedo (2004), las escenas donde estaba ganaban sin duda en intensidad.

Le llegó entonces el papel que ha quedado en el imaginario popular. El de Adolf Hitler en El hundimiento (Oliver Hirschbiegel, 2004), que contaba los últimos días en el búnker del Führer. Era todo un desafío porque se trataba de humanizar al personaje, y al tiempo no dejar de reflejar una menta enferma, próxima a la paranoia, y al tiempo con carisma; era además la primera vez que acometía un personaje histórico con el guarda un innegable parecido físico. Lo más sorprendente es que Ganz se mete en Hitler y lo mimetiza de un modo increíble, de modo sosegado, sin caer en los estereotipos. El actor tenía la ventaja de no ser alemán, lo que la permitía una distancia que tal vez no habrían tenido otros actores germanoparlantes. Curiosamente, este papel no le deparó premios en solitario, de hecho los galardones de cine se le resisten, quizá el galardón más destacado es el de los premios europeos a toda su carrera, otorgado en 2010.

Ganz no deja de trabajar, pero siempre en Europa y alrededores y usando el alemán. Ahí están Vitus (2006), donde era el abuelo de un niño virtuoso del piano; Juventud sin juventud (2007), raro trabajo de Francis Ford Coppola, que volvía tras la cámara tras años de ausencia; R.A.F. Facción del Ejército Rojo (2008), sobre este grupo terrorista. Si acudía a películas en inglés, estaban de algún modo enraizadas en su cultura, como The Reader (El lector) (Stephan Daldry, 2008), nueva mirada al nazismo, y Sin identidad (2010), el thriller de Jaume Collet-Serra que transcurre en Berlín.

Su ultimísima gran composición es sin duda la del periodista Tiziano Terzani en El fin es mi principio (2010), mirada a los últimos días de este personaje italiano con esposa alemana, donde el prodigioso actor está irreconocible y transmite la cosmovisión de Terzani y su paz antre la muerte de un modo realmente emocionante.

Filmografía
Vida oculta

2019 | A Hidden Life / Radegund

Una película sorprendente. Basada en hechos reales, pero nada convencional. Edificante, sin ser cargante. Bellísima, sin apabullar. Para paladares exigentes, habrá quien no pueda con ella. Terrence Malick, director y guionista, se acerca mucho a ofrecer la mirada amorosa de Dios a la hora de describir el singular destino de Franz Jägerstätter, campesino austriaco católico en Los Alpes, casado con Fani, con quien tiene tres niñas. Tras la anexión de su país por Alemania y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, su conciencia le impide prestar el juramento de lealtad a Adolf Hitler que viene aparejado con su servicio en el ejército. Su actitud no es comprendida por sus vecinos, muchos de los cuales se encuentran en primera línea de combate. Y se produce una reacción hostil. Incluso a los seres queridos les cuesta aceptar su modo de proceder. En otras manos, Vida oculta podía ser una película interesante, porque el personaje que se retrata lo es, pero poco más. Aquí se eleva a alturas insospechadas por la sensibilidad artística de Malick, que cuenta la historia de un modo inefable. De algún modo, mantiene una cierta distancia, el espectador puede tener la sensación de contemplarlo todo desde una nube, sin verse sacudido por la crispación o las emociones más primarias. Se nos invita con esta perspectiva a ver a Franz como un hombre sencillo, muy enamorado de su mujer, Fani –un sentimiento mutuo–, padre amantísimo de sus niñas, buen trabajador, alegre y cordial con sus amigos. Que tal vez tuviera una juventud azarosa, pero que ya ha sentado la cabeza, también por sus sólidas creencias religiosas. Y que se mantiene fiel a los dictados de su conciencia, le importa hacer lo correcto, el juicio de Dios, aunque los que le presionan insistan en que el suyo es un gesto inútil, del que nadie se va a enterar, y que debería pensar en lo inmediato y acuciante, el riesgo de dejar viuda y huérfanas, si las autoridades dictaminaran su ejecución. Incluso, en la versión original, tiene su sentido distinguir el inglés en que está rodado casi todo el film, con voz en off de Franz y Fani que deviene en plegaria y manifestación de la vida interior de cada uno, del alemán que asoma de vez en cuando, y que ayuda a ofrecer como distintos planos de intimidad y conversación pausada en confidencia, junto a otros más elementales en que se espetan insultos o voces despreciativas. Resulta llamativa la condición sinfónica del conjunto, servido con la fotografía poderosa de Jörg Widmer. El inteligente uso de algunas imágenes documentales de las multitudes idólatras del Führer. El contraste con otras idílicas de los Alpes, la verde hierba, la presencia de la niebla. El encanto del duro trabajo en el campo, arando la tierra, plantando, recogiendo, con las pausas para rezar tal vez el ángelus. El recurso a los objetivos cortos que amplían la mirada del espectador. Y el dibujo de la vida hogareña, cómo la felicidad la componen cosas muy sencillas, somos los hombre los que nos complicamos ambicionando no se sabe qué. Todo casa y se hila armónicamente, también con la fantástica partitura musical de James Newton Howard. Cuando surge el dilema moral de Franz, también se pinta su categoría moral con pulso firme, se entiende esa cita de la Escritura, que hace suya, “es mejor padecer la injusticia que cometerla”. Y resulta natural su petición de consejo, su posición no es la soberbia de quien se encastilla en su punto de vista. Y tiene muchos matices la descripción de cómo reaccionan unos y otros, desde el alcalde de Radegund, a la madre de Franz, la hermana de Fani, el sacerdote local, los vecinos... El secreto radica, ya lo he dicho, en la mirada, una mirada en la que nunca hay odio, sino más bien compasión, misericordia, lástima. De modo que cuando en quien mostraba una actitud mezquina, asoma un gesto de bondad, aquello llega muy hondo. La película está llena de matices, y no resulta posible aquí agotarlos todos. Pero resulta preciosa, y es obligado mencionarla, la descripción del tierno y completo amor de Franz y Fani, que no impide a esta reconocer “yo le amo, pero Él [Dios] le ama más”. Es una relación real, que podemos tocar, y en la que hay verdaderamente dolor y gloria. Ninguno de los cónyuges, maravillosamente interpretados por August Diehl y Valerie Pachner, es impasible o actúa como si el sacrificio que les toca vivir no les rompiera el corazón. Tienen fuerza también todos los pasajes en prisión, en que la violencia de los malos tratos es tratada con inteligencia, elípticamente con el recurso al fuera de campo. Y el proceso a que es sometido Franz tiene un claro paralelismo con el de Jesús antes de ser crucificado, incluso el oficial alemán de Bruno Ganz tiene algo de Poncio Pilato en el reconocimiento de una verdad que no sabe manejar envuelto en el cinismo de esa guerra injusta.

10/10
La casa de Jack

2018 | The House That Jack Built

Una especie de guía que atiende al nombre de Verge interroga sobre su vida a Jack, asesino en serie obsesionado con la limpieza, que le cuenta cinco momentos claves de su carrera criminal. Ingeniero, pero enamorado de la arquitectura, está convencido de que sus asesinatos son obras de arte, por lo que acumula cadáveres en una cámara frigorífica, al tiempo que construye la casa de sus sueños. Genio renovador del cine, y único vanguardista auténtico vivo, pero también provocador nato, Lars Von Trier sólo puede rodar desatinos u obras maestras. En esta cinta, más cercana a Anticristo, que a Melancolía, por citar dos ejemplos, parece psicoanalizarse a sí mismo y justificarse, usando como alter ego al psicópata protagonista, con el que comparte muchos elementos, pues se trata de un personaje inteligente, culto, con sentido artístico, pero también prepotente, retorcido, sádico, atormentado y sobre todo misógino, todos los personajes femeninos que aparecen son víctimas, que el personaje central define como “mujeres estúpidas”, pese a ser un film que se estrena en plena era #MeToo. A veces parece estar burlándose de los espectadores, con un humor negro muy particular, pues cabe citar que el cineasta vetado en Cannes –le perdonaron para exhibir esta cinta– por confesar que entendía a Adolf Hitler, utiliza como confesor de Jack a Bruno Ganz, al que se recuerda sobre todo por dar vida al dictador nazi en El hundimiento. En un momento dado, ambos hablan incluso sobre Albert Speer, el arquitecto del Tercer Reich. Visualmente apasionante, como toda la obra del danés, rodada con la cámara libre, marca de la casa, esta catarsis para ahuyentar sus demonios puede interpretarse como una metáfora de la relación del artista con la moral; Von Trier argumentaría que éste puede saltarse todas las normas, también ofender a quien sea, si eso resulta conveniente para su trabajo. Es más, parece concluir que no cree en el arte creado con amor, sólo le parece gloriosa la oscuridad. Pero bajo su apariencia densa –con citas al pianista Glenn Gould, al pintor Eugene Delacroix, al escritor William Blake, etc., y una interminable reflexión sobre la luz, las sombras y los negativos fotográficos– La casa de Jack no deja de ser un ejercicio de estilo autocomplaciente, cínico, de duración desmesurada, que espantará a los espectadores más sensibles, ya que la violencia parece seguir la estela del austriaco Michael Haneke en Funny Games, llevándola mucho más allá del límite de lo tolerable por el espectador. Resultan difícilmente soportables incluso para los espectadores más experimentados en truculencia, segmentos como la cacería de la madre con sus niños, la amputación de pecho, y hasta la mutilación de un pato. Resulta obligado reconocer el convincente trabajo de Matt Dillon, como sabelotodo desquiciado, muy alejado de los seductores que le encumbraron en los 80. Ganz vuelve a brillar, hasta puede recitar diálogos presuntuosos con aparente normalidad. Como en Nymphomaniac –también estructurada como una confesión de la maldad pasada –, Von Trier vuelve a contar con Uma Thurman, que da vida con profesionalidad de nuevo a un personaje episódico, una dama a la que se le ha averiado el coche.

4/10
Fortuna

2018 | Fortuna

Fortuna, una adolescente de origen etíope, ha terminado recalando como refugiada en un monasterio en los Alpes suizos, donde los monjes tratan de buscarle una familia que la acoja. Ella todavía alberga la esperanza de encontrar a sus padres, seguramente ahogados en el mar, y reza con fe a la Virgen María en una ermita. E ingenua ella, cree que el adulto Kabir la ama, aunque la reacción de él cuando le comunica su embarazo, que no se atreve a contar a nadie más, le va a causar un inmenso dolor. El desconocido Germinal Roaux escribe y dirige un poético y delicado film, en ascéticos blanco y negro y formato 4:3 de pantalla, de pocas palabras, denso y contemplativo, para aportar su grano de arena a la denuncia del drama de la inmigración, especialmente duro para aquello que no tienen papeles, no ha sido reconocida su condición de asilado. Pocas cosas ocurren en la película, de arduo visionado para el espectador convencional, más allá de la inesperada maternidad que aguarda a Fortuna, y la reacción de los que poco a poco se van enterando, con una actitud en que precisamente esa vida en gestación es la que puede mantener esperanzada y con fortuna a Fortuna, más allá de las visiones despiadadas y “sensatas” que consideran que terminar con el no-nacido sería la mejor solución para ayudar a la muchacha. De todos modos, hay tiempo para abordar los interrogantes acerca de su vocación que pueden plantearse los monjes, que se retiraron a las montañas para vivir una vida contemplativa en soledad, pero a los que Dios con su mano providente ha puesto en el camino a unas personas, los refugiados, que necesitan de su caridad y misericordia. Bruno Ganz, en uno de sus últimos papeles en la gran pantalla, interpreta al abad, que tiene dos grandes escenas, en la reunión comunitaria con los otros hermanos, y con uno de los responsables del centro de inmigración. La desconocida casi niña Kidist Siyum aguanta bien los muchos planos en que ella es la protagonista.

6/10
The Witness

2018 | The Witness

El vendedor de tabaco

2018 | Der Trafikant

Una de esas películas de iniciación a la vida de joven inexperto, basada en la novela homónima de Robert Seethaler, editada en España por Salamandra. Sigue las vicisitudes de Franz Huchel, que debe dejar su Attersee natal, un magnífico paraje alpino, su madre viuda ya no puede cuidar de él tras la muerte de su amante y benefactor. Marcha a la Viena de entreguerras, donde le acoge en su estanco Otto Trsnjek, antiguo novio de la madre, antes de que él naciera, y lisiado de la Primera Guerra Mundial. Allí aprende el oficio de atender el mostrador, a la vez que conoce a la bella Anezka, procedente de Bohemia, con bastante más experiencia de la vida que él, lo que significa que protagoniza un espectáculo picante, y busca los contactos y relaciones que la puedan beneficiar. Le marcará conocer a uno de los clientes habituales del estanco, el padre del psicoanálisis Sigmund Freud, hombre afable que le brinda sabios consejos. Nikolaus Leytner, director y coguionista bregado en producciones televisivas, imprime a la narración un ritmo premioso, en que casi todo lo que ocurre, resulta previsible. Así, tenemos a Franz, que irá aprendiendo “a palos” cómo es la vida, con el despertar creciente de su libido y su desengaño amoroso, y con la constatación de cómo se embrutece la sociedad vienesa por el ascenso del nazismo y el antisemitismo que va de su mano. Por otro lado, la idea de Franz acometido por sueños ligados a sus experiencias vitales, que anota en un cuaderno siguiendo los consejos de Freud, resulta un tanto obvia, pero, sobre todo, no lleva a ninguna parte; tampoco las acciones que imagina realizar y no ejecuta, pura represión, hemos de concluir. Además no acaba de estar claro si se pretende sugerir algo, por los estrechos lazos que unen a Franz con su madre y las misivas en que no acaba de explicar con nitidez todo lo que le pasa en la capital. Queda la impresión de un quiero y no puedo, las deseables emociones no acaban de emerger, tal vez se han quedado en el subconsciente de los cineastas, si se nos permite la broma. Las interpretaciones son correctas, incluida la de Bruno Ganz como el judío Freud, toda una ironía para el fallecido actor que ha quedado en el imaginario de muchos espectadores por su composición de Hitler en El hundimiento, y que en cualquier caso prueba algo elemental, que un profesional de la interpretación debe ser capaz de componer todo tipo de personajes.

5/10
The Party

2017 | The Party

Inspirada tragicomedia minimalista de breve duración, rodada en un único espacio, con los medios justos y en blanco y negro, que con sólo siete actores podía ser perfectamente una obra de teatro. En su interior se encierran hábilmente muchos de los males propios de la postmodernidad, Sally Potter sabe sacar todo el jugo a su propuesta. Janet acaba de recibir el nombramiento de ministra, y ha organizado una fiesta en su casa con sus más íntimos. Lo que debería ser motivo de alegría, no parece serlo tanto para su marido Bill, que exhibe un aire taciturno y no para de beber. Entretanto Tom, banquero, se ha adelantado a su esposa y se muestra inquieto, además de que ha venido a la celebración pertrechado con una pistola. Martha y Jinny son una pareja lesbiana, aunque la primera es mayor que la segunda, quien sometida a fecundación in vitro, espera trillizos. Finalmente está la cínica April, que ha venido acompañado de su novio Gottfried, una especie de gurú partidario de la medicina alternativa. A lo largo de una trama que empieza con un misterioso plano, que sólo se entiende al final, seguimos a unos personajes talluditos, existencialmente insatisfechos, que buscan mejorar el mundo, pero que tal vez deberían empezar por mejorar ellos personalmente, y para ello creer que son capaces de hacerlo, más allá del postureo cínico al uso. De modo que temas como la amistad, el matrimonio, la fidelidad, el trabajo, el amor, la maternidad, las adicciones, la violencia, se plantean de modo vertiginoso, mostrando lo patéticas que pueden ser las personas, al ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. El estupendo reparto -Kristin Scott Thomas, Timothy Spall, Patricia Clarkson, Cillian Murphy, Emily Mortimer, Cherry Jones y Bruno Ganz-, se hace enseguida con sus personajes, y disfrutan de una sencilla función que no aporta soluciones a los problemas, pero que hace pensar mostrando desnudo al emperador presuntamente vestido.

6/10
En tiempos de luz menguante

2017 | In Zeiten des abnehmenden Lichts

Últimos días de Berlín Oriental, en otoño de 1989. Cuando cumple noventa años, Wilhelm Powileit, acérrimo militante del partido comunista desde antes de la II Guerra Mundial, que tuvo que exiliarse durante el gobierno de Hitler, va a recibir en su casa un tardío reconocimiento por parte de sus camaradas. Asisten vecinos, compañeros y por supuesto su amplia familia, pero su hijo Kurt no sabe cómo comunicarle una desconcertante noticia, pues su propio vástago, Sasha, hasta entonces nieto favorito del agasajado, ha huído a Occidente. El realizador de amplia trayectoria televisiva Matti Geschonneck, nacido en la República Democrática Alemana, adapta la primera novela de Eugen Ruge, que obtuvo muy buenas críticas, pues se la considera una de las mejores sobre la Caída del Muro de Berlín; aunque los guionistas condensan su trama, que se extiende en el tiempo, el film prácticamente transcurre en su totalidad a lo largo del día del cumpleaños. El resultado parece el contrapunto tenebroso de Goodbye, Lenin!, pues muestra con dureza el fin del comunismo sin dar pie a ningún tipo de nostalgia, todo parece asfixiante. Cada miembro de la familia tiene una actitud distinta ante el régimen moribundo, representado en la pantalla por símbolos quizás evidentes, pero bastante eficaces, como una iguana disecada, o una antigua mesa destartalada, que tratan de arreglar con unos clavos. Tiene enorme interés como documento del cambio de una época, pero a gran parte del público le resultará demasiado fría. A su favor cuenta con otra interpretación memorable de Bruno Ganz, inolvidable protagonista en El hundimiento, aquí un estalinista duro que mandaría al gulag a cualquiera que osara llevarle mínimamente la contraria. Le acompaña un reparto sólido en el que llama la atención Hildegard Schmahl (En un lugar de África), como esposa del personaje central, con el que mantiene una relación conflictiva.

6/10
Un juif pour l'exemple

2016 | Un juif pour l'exemple

Remember

2015 | Remember

Un apañado thriller que utiliza con habilidad la demencia senil y la caza de nazis para enganchar al espectador. Si tuviera detrás a un director desconocido quizá nos desharíamos en alabanzas. Sabiendo que maneja la cámara el canadiense Atom Egoyan, uno tiende a pedirle más, tiene talento de sobra para ello. El film sigue a Zev Gutman, un anciano judío con demencia senil, que ha enviudado recientemente. Superviviente de Auschwitz al igual que su compañero de residencia Max Rosenbaum, que tiene dificultades respiratorias y escasa movilidad, tras las honras fúnebres ponen en marcha un plan donde ambos se complementan: Zev pone las piernas y el brazo ejecutor que el impedido Max no puede usar para orquestar una venganza contra su carcelero en el campo de exterminio. Aunque Zev pierde la memoria reciente, el otro le guiará tras escapar de la residencia, en su visita a 4 personas en distintos puntos de América del Norte, quienes tras una falsa identidad tienen un pasado nazi que ocultar; se supone que uno de ellos es el que les torturó y mató a sus familias. Entretanto, la familia de Zev está angustiada por su desaparición con tan frágil estado mental. Egoyan se pone al servicio del bien trabado guión del novato Benjamin August, y Christopher Plummer, el actor más destacado de la función, que ya trabajó con él en Ararat, entrega un fantástico trabajo interpretativo, su desorientación es completamente creíble. Y aunque si se piensa en frío, la trama resulta algo disparatada, mientras se contempla en la pantalla atrapa, e incluye además un par de sorprendentes puntos de giro que cuelan, lo que tiene su indudable mérito.

6/10
Amnesia

2015 | Amnesia

Heidi

2015 | Heidi

Adaptación del clásico literario de Johanna Spyri, que ha conocido numerosas versiones tanto para el cine como para la pequeña pantalla, las más célebres la serie japonesa de 1974 y quizá la película dirigida por Paul Marcus en 2005, con Sarah Bolger de protagonista. Como se sabe, narra las peripecias de la pequeña Heidi, una chavalilla de ocho años la mar de salada, cuyo optimismo insaciable es puesto a prueba. Huérfana y desamparada, primero tendrá que ir a vivir a las montañas alpinas con su huraño abuelo, al que acabará derritiendo el corazón, pero más tarde será enviada lejos de sus queridos Alpes, a Frankfurt, en donde conocerá a Clara, una niña impedida en silla de ruedas. La película se ve con gusto pero lógicamente no sorprenderá a gran parte del público. Los niños sin embargo gozarán especialmente de la dulce Heidi, una tierna chiquilla capaz de animarle la vida a cualquiera. Quizá ése es el aspecto más sobresaliente del film, que capta perfectamente la esencia de la historia: mirar la vida con ojos de niño, saber gozar de la maravilla de la naturaleza y ser capaces de poner amor donde no hay amor para sacar amor. Lo cierto es que es un cuento precioso. De producción germano-suiza, el film está dirigido con gusto por el helvético Alain Gsponer, interesado en historias infantiles como ya mostró en Las aventuras del pequeño fantasma. Aunque con los simplismos correspondientes, sabe entregar bellas e idílicas imágenes alpinas para después contrastarlas con la vida urbana, más triste y opaca, en donde la planificación y el acabado fotográfico de Matthias Fleischer están muy cuidados. El conjunto gana enteros con las interpretaciones: la expresiva niña Anuk Steffen compone una Heidi muy simpática, llena de vitalidad y dulzura, mientras que el genial Bruno Ganz logra dotar de mucha intensidad a su personaje del abuelo, hombre rudo con corazón de oro. También resulta entrañable Hannelore Hoger, en su papel de abuela de Clara.

6/10
Uno tras otro

2014 | Kraftidioten

Nils es un tipo agradable de buenos modales que trabaja como conductor quitanieves en las montañas de Noruega. Cuando su hijo muere por una sobredosis de drogas, Nils se niega a creer en los resultados del informe policial. Él está convencido que su hijo fue asesinado y quiere venganza. Sus acciones desencadenan una violenta guerra entre la mafia serbia y el gánster local "El Conde". Para un tipo corriente como Nils, ganar una batalla como ésta no es fácil, pero tiene algo en su favor: maquinaria pesada, la suerte del principiante y un talento extraordinario para la venganza.

Tren de noche a Lisboa

2013 | Nachtzug nach Lissabon

Adaptación de la novela de Pascal Mercier, cuyos pulcros resultados bien apoyados en la magistral interpretación de un actor, Jeremy Irons, hacen pensar en otra novela llevada al cine, Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi, que contó con el gran Marcello Mastroianni. Raimond Gregorius, maduro profesor de humanidades en Berna, Suiza, impide que una joven materialice su intentona de suicidio. Le pierde la pista, pero conserva en sus manos un impermeable de la desconocida, un libro escrito por el médico portugués Amadeu Prado, y un billete de tren para viajar a Lisboa. Fascinado por el relato que tiene en su poder, que narra las tribulaciones de un grupo de jóvenes que se enfrentan a la dictadura de Salazar, Gregorius abandona su vida gris en Suiza y emplea el billete de tren para averiguar más “in situ” acerca de los hechos que está leyendo, lo que supone para él empezar a sentirse vivo. El danés Bille August apoya su película sobre todo en el trabajo de un Irons que hace absolutamente creíble a su personaje, cómo cambia su modo de ver las cosas, subrayado con su nuevo modelo de gafas. El guión de Greg Latter y Ulrich Herrmann acentúa bien el carácter de misterio intrigante del relato, en lo relativo a la amistad de Amadeu, hijo de un juez bien considerado en el régimen, con Jorge, hijo de un verdulero, puesta a prueba por la atracción que ambos siente por una joven de la resistencia a Salazar, Stephania. Y usa como buen telón de fondo el texto literario de la obra de Prado, como voz en off, y las magníficas posibilidades una ciudad tan preciosa como es Lisboa. Quizá en las escenas de flash-backs se concentran demasiados momentos próximos al folletín, o la mirada política sea algo convencional, pero la elegancia narrativa de alguien tan curtido como August y el poderío de Irons impiden que el conjunto chirríe. También ayuda, y mucho, un trabajo de casting sensacional, aunque pueda también saber a poco la breve presencia en pantalla de Christopher Lee, Charlotte Rampling, Bruno Ganz, Lena Olin, Martina Gedeck... Los más jóvenes, Mélanie Laurent, Jack Huston, Tom Courtenay, August Diehl, están bien interpretando a los personajes en su etapa juvenil.

6/10
El consejero

2013 | The Counselor

Una fábula moral con el primer guión escrito para la pantalla del novelista Cormac McCarthy, y la cámara certera de Ridley Scott. Situada en el marco habitual de la frontera de México y Estados Unidos, aunque con salidas puntuales a otros puntos geográficos, Amsterdam y Londres. Sigue a una serie de personajes cuyas existencias giran en torno a turbios negocios ligados a los cárteles y el narcotráfico, un paisaje donde la vida tiene escaso valor, en un abrir y cerrar de ojos puede llegar la muerte, de modo bastante cruel. “El consejero”, o también, “El abogado” es un tipo sofisticado, que ha ido amasando una pequeña fortuna asesorando legalmente a gente dudosa, y que ha encontrado en la preciosa Laura a la mujer de su vida. La violenta muerte del hijo de una cliente encerrada en prisión por asuntos de drogas, en una complicada partida de ajedrez, les sitúa a él y a sus compinches en el ojo del huracán. Las “casualidades” no existen en este “negociado”, y la sangre reclama más sangre. El tándem McCarthy-Scott no ofrece una historia al uso: las costuras de su thriller inscrito en el mundo criminal y los personajes pasados de rosca pueden engañar a la mirada superficial, pero lo cierto es que el film se eleva por encima de lo convencional gracias a un indudable punto de vista ético, que podría resumirse en unas pocas ideas: las acciones tienen consecuencias, la degradación moral conduce a extremos enfermizos, la elección del mal nunca compensa. Ideas presentadas con el característico tono pesimista de McCarthy acerca de la condición humana, para él incluso el dolor que va parejo a las decisiones vitales no parece tener los efectos balsámicos y purificadores que otros les conceden, se convierte en simple castigo. El consejero es una película sólida, de ritmo envidiable, con muchas escenas concebidas como intercambios dialógicos entre dos personajes con frases trabajadas y densas en contenido. Quizá, a la hora de describir el hastío vital de algunos de ellos, se carga la mano en las conversaciones de contenido sexual, desagradables aunque ilustrativas de cómo el aburrimiento, a medida que se acumula poder y riqueza, irrumpe, llega a adoptar formas aberrantes, que rozan el ridículo. Botón de muestra es lo relativo a la confesión, para Laura algo que está ahí presente en su vida más o menos anodina de creyente cristiana, para Malkina otra forma de incurrir en la frivolidad, aunque pueda latir de fondo un anhelo de no se sabe qué. El film también aborda el egocentrismo, un defecto siempre actual, pero acentuado en nuestra sociedad contemporánea, con una escena muy iustrativa donde el consejero se ve rodeado de personas que sufren por la desaparición de un ser querido. Ridley Scott tiene a sus órdenes un gran reparto, donde sobresale Michael Fassbender, a quien ya dirigió en Prometheus, y que parece un experto en mostrar los aspectos dolientes de sus personajes. Está bien el resto, desde los españoles Javier Bardem y Penélope Cruz, al resto de actores, Brad Pitt, Cameron Díaz, Rosie Perez, Bruno Ganz...

6/10
Michael Kohlhaas

2013 | Michael Kohlhaas

Sin identidad

2011 | Unknown

Cuarta película de Jaume Collet-Serra, con la que ha logrado la hazaña de convertirse en el primer realizador español que lidera la taquilla estadounidense. Collet-Serra –que ha desarrollado toda su carrera en Hollywood– vuelve a trabajar para el astuto productor Joel Silver (Matrix), que  ya le había contratado para su ópera prima, La casa de cera, y para La huérfana. Sin identidad adapta la novela "Out of My Head", del popular escritor francés Didier Van Cauwelaert (La educación de las hadas). El arranque guarda ciertas similitudes con el thriller Frenético, de Roman Polanski. Un tipo llega a Berlín con su mujer para participar en un congreso, pero tiene un accidente durante un desplazamiento en taxi. Salva la vida, pero pierde parcialmente la memoria. Aunque recuerda ser el doctor Martin Harris, su esposa niega conocerle y está acompañada de otro tipo que asegura ser el auténtico doctor Martin Harris. Además, unos asesinos le persiguen, por lo que tratará de descubrir qué ha ocurrido, con ayuda de una emigrante que conducía el taxi accidentado. Collet-Serra acierta al seguir claramente los patrones del mejor Alfred Hitchcock. Como en las más brillantes películas del maestro del suspense, rueda con un ritmo ágil, y cada secuencia encandila al espectador, de forma que éste tiene poco espacio para averiguar si  el guión tiene algún fallo, o tratar de conjeturar una explicación a lo que ve en pantalla. La trampa está bien construida y el desenlace no resulta decepcionante. No plantea grandes conflictos existenciales, aunque incorpora pequeñas reflexiones sobre la identidad, y la capacidad humana para redimirse. Además de una factura impecable, el film cuenta con un reparto de lo más ajustado. Liam Neeson logra una gran naturalidad en un papel que entraña una gran dificultad, de hombre confundido y desesperado, y está arropado por actores muy sobresalientes, como Diane Kruger, la atractiva January Jones (Mad Men), Aidan Quinn, Frank Langella, y el gran Bruno Ganz, que consigue dar una enorme dignidad a un papel en principio menor, un ex agente de la Stasi muy distinto al que encarnaba Ulrich Mühe en La vida de los otros.

6/10
Un deporte de chicas

2011 | Sport de filles

Colours in the Dark

2010 | Satte Farben vor Schwarz

Película menor, de corte minimalista, de la debutante Sophie Heldman. Si algo la sostiene es su reparto, sobre todo la pareja protagonista, Bruno Ganz y Senta Berger, actores gloriosos, capaces de arrastrar un rostro anodino y sufriente gran parte del metraje, e iluminarlo inesperadamente en la escena de la fiesta de graduación, todo un ejemplo de saber hacer. El film fija su atención en un matrimonio mayor en crisis, de cuyas vidas parece haberse ausentado el amor. Los tres hijos ya no viven en casa, y la existencia anodina de Anita y Fred se altera cuando ella se entera de que su marido se ha preparado a sus espaldas un apartamento, necesita, le explicará, un espacio para estar solo. Unas semanas antes a él le habían diagnosticado un cáncer de próstata, aunque los médicos pronostican una evolución lenta de la enfermedad. La directora narra con corrección su historia, pero sin especiales hallazgos, y el desenlace sabe a tramposo, una forma de colgar el cartel “the end” que alimenta la confusión acerca de qué es lo definitorio del amor.

5/10
El fin es mi principio

2010 | Das Ende ist mein Anfang

Tiziano Terzani (1938-2004) es un anciano aquejado de un cáncer terminal, retirado con su esposa alemana Angela en una casa de Orsigna, en la Toscana italiana, lejos del mundanal ruido, un paraje de incomparable belleza. Como corresponsal de prensa en el sudeste asiático y padre de dos hijos, la experiencia de los años le ha regalado cierta sabiduría que le hace estar en paz consigo mismo y con el mundo. Ahora que la vida se va, llama junto a sí a su hijo Folco para escribir con su ayuda un libro de conversaciones, un legado para su familia, pero también para el mundo, desea transmitir lo que ha aprendido en su caminar terreno, del que acepta la proximidad del final. Jo Baier, con ayuda del propio hijo de Tiziano Terzani, Folco Terzani, y de Ulrich Limmer, también productor, acomete la difícil empresa de trasladar a la pantalla un libro de más de 400 páginas, larga conversación sobre lo divino y lo humano, donde se presentan ideas sobre el sentido de la vida –“la única revolución útil es la que tiene lugar dentro de ti, en tu interior”–, se mira de frente a su final –“la muerte es el miedo de perder todo lo que tienes”–, y se pone la lente de aumento en las cuestiones que verdaderamente importan. Por supuesto, existe una dificultad de condensación, y quizá en el film se pierde un poco la realidad de que Tiziano es un hombre pegado al terreno, su profesión periodística le ha conducido a conocer a muchas personas y tener mucha información, por decirlo mal y pronto, no es ‘un sabio en las nubes’. La trayectoria de Terzani padre es muy atractiva, porque es la de un hombre honrado, en busca de la verdad y el sentido de las cosas, con ideas propias. Está claro que su experiencia en India –la no-violencia de Gandhi– y China –el experimento social fracasado de Mao– le marcó enormemente, y gran parte de su pensamiento se enmarca en la espiritualidad oriental. Pero no, como dice en el libro, cayendo en “chorradas New Age”, sino con rigor, y la idea guía de “construir una vida en la que te reconozcas”. Quizá es su cosmovisión se echa en falta alguna alusión al cristianismo, al fin y al cabo su marco cultural original, apenas se menciona a la Madre Teresa de Calcuta como un referente; algo más dice en el libro, pero sabe a poco, no hay lugar a la consideración de un Dios personal amoroso. Mantener el interés en un film claramente discursivo, cuyo meollo son las consideraciones de un anciano, recabadas sobre todo por su hijo Folco, y con la intervención en un segundo plano de la esposa Angela y la hija Saskia, resulta harto difícil. La forma de lograrlo es, por supuesto, la grandísima interpretación que entrega del protagonista un irreconocible y gigante Bruno Ganz, que logra interesarnos con sus agudas observaciones. También ayuda el moverse con pequeñas excursiones, un paisaje de montañas hermosamente fotografiado.

7/10
La desaparición de Julia

2009 | Giulias Verschwinden

Justo hoy, el día que cumple 50 años, Julia descubre que la edad vuelve invisible. Frustrada, decide irse de compras y conoce a un hombre con el que decide pasar la tarde, dejando plantados a los invitados de su fiesta de cumpleaños. Mientras la esperan, intercambian verdades acerca de la edad que pronto desaparecen en una nube de alcohol. Por otro lado, Jessica y Fátima, ambas de 14 años, también han salido de “compras” a su manera. No tardan en encontrar el regalo perfecto para el chico por el que están coladas, un par de zapatillas doradas. Pero el detective de la tienda las detiene. Cornelia y Max, los padres divorciados de Jessica, no entienden qué ha pasado. ¿Cómo puede su hija pertenecer a la generación perdida?

R.A.F. Facción del Ejército Rojo

2008 | Der Baader Meinhof Komplex

Importante esfuerzo para documentar de modo dramático la historia del grupo terrorista alemán Facción del Ejército Rojo (RAF), nacido al calor de los ideales antisistema sesentayochistas, que tuvo su mayor exponente en el comando donde se integraban Andreas Baader y la periodista Ulrike Meinhof. El film, muy vistoso en lo que supone reconstruir una época, aunque frío de ejecución y ambiguo en su planteamiento, adapta un libro de Stefan Aust, y se extiende a lo largo de las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, donde sigue sobre todo a los terroristas, de los que trata de exponer sus motivaciones y mostrar sus acciones criminales. Del otro lado de la barrera, apenas se dibuja a las víctimas, a los carceleros, al aparato policial y judicial, a la prensa; sólo se destaca a Horst Herold, jefe la BKA, la policía alemana, que orquestó una inteligente “operación jaula” con la que logró neutralizar a muchos miembros de la RAF. El todoterreno cineasta alemán Uli Edel (tiene desde cine infantil, El pequeño vampiro, hasta el drama histórico Rasputín, pasando por el vehículo de lucimiento para Madonna El cuerpo del delito) se atreve con un importante capítulo de la reciente historia alemana. El resultado es interesante y dinámico, aunque dista de ser perfecto. Su enfoque recuerda a la casi simultánea Hunger, una mirada complicada al terrorismo del IRA y a la respuesta del Estado. La idea en el film que nos ocupa es apuntar a una generación de alemanes, marcada por la complicidad de sus padres en la nefesta ideología nazi, y que ante nuevos desafíos injustos, el imperialismo estadounidense plasmado en Vietnam, sienten la necesidad de actuar, un compromiso contra lo que no aprueban. Estos ideales de pacifismo también quedan bañados por la liberación sexual, mostrada con una insistencia excesiva, un poco a lo Bertolucci. Se echa en falta en cambio una mayor atención al marxismo como soporte ideológico del grupo, apenas se apunta en el caso de Meinhof, una mujer que pasa de la teoría a la praxis, o en alguna mención de pasada a Mao Tse-Tung; tampoco se alude a los lazos con la Unión Soviética. Sí se pinta la colaboración con grupos terroristas palestinos, y se detalla la planificación de distintas acciones violentas, con un estilo documental, que busca no juzgar los hechos, sino mostrarlos acompañados del discurso de sus protagonistas. Resulta complicado lograr un equilibrio, la pretendida objetividad, con una violencia muy anárquica y nunca maquillada, pero donde se echa en falta un contrapeso de entidad a los terroristas, sólo les conocemos a ellos, lo que tiene un efecto casi nihilista en el film; no es disparatada la interpretación del film según la cual la reacción terrorista forma parte de una lógica respuesta a algo que también hacen los estados soberanos, y que nadie se atreve a llamar terrorismo. Aparte, resulta demasiado ambiciosa la intención de abarcar toda la historia de la RAF, y así las nuevas generaciones de militantes quedan bastante desdibujadas. Están muy bien los actores, Martina Gedeck, Moritz Bleibtreu, Johanna Wokalek, Bruno Ganz, entre otros, con interpretaciones contenidas, aun dentro de la brutalidad de algunos personajes.

6/10
The Reader (El lector)

2008 | The Reader

El peso de una relación inapropiada, aumentado por la dinámica de la Historia, a lo largo de toda una vida. En la Alemania de los años 50 Michael  Berg es un adolescente robusto y amante de la lectura, sensible y vitalista. Un día que se encuentra mal en la calle, le ayuda una mujer, Hanna Schmitz, revisora en un tranvía, atractiva, solitaria y enigmática. Cuando pasados unos días le lleva unas flores para agradecer su atención, comienza un juego de seducción por parte de ella. Atrapado en el recién descubierto vértigo del erotismo, comienza una larga relación clandestina, donde ninguno de los dos parece detenerse demasiado a considerar la diferencia de edad que media entre ambos -él tiene 15 años, ella 36-, los encuentros sexuales parecen convertirse en razón principalísima para levantarse cada mañana, aunque en ocasiones discutan, pues ella exhibe un extraño carácter con inesperados cambios de humor, y nunca habla mucho de sí misma. Como Hanna es analfabeta, uno de los aspectos más gozosos de la relación estriba en los momentos en que Michael le lee los libros que forman parte de sus tareas escolares. Un día, de repente, Hanna desaparece. Michael sigue con su vida, y estudia derecho en la universidad. El reencuentro con su antiguo amor se va a producir en circunstancias traumáticas, cuando Michael acude a un juicio contra antiguos criminales de guerra, que se celebra en Berlín.El director de Billy Elliot (Quiero bailar) continúa la línea de historias traumáticas y deprimentes marcada por su anterior film, Las horas. Stephen Daldry repite colaboración con el guionista David Hare a la hora de adaptar una novela del alemán Bernhard Schlink, que bucea en las heridas no cicatrizadas del traumático pasado nazi de su patria. Aunque Hare da algunas vueltas a la estructura narrativa, con saltos al pasado y al presente, la historia que se nos cuenta tiene tres etapas bien determinadas. Está esa apasionada relación entre un jovencito y una treintañera, narrada con consciente morosidad e innegable insistencia erótica, aunque se “revista” -es un decir, los actores aparecen desnudos en gran parte de estos pasajes- de preciosismo esteticista; un amor sin compromiso, corrupción de un menor inexperto, por tanto, poco amor, traspasado de gélida frialdad, porque no existe entrega mutua plena, Michael y Hanna son unos desconocidos el uno para el otro. Esto influye sobremanera en la segunda parte del film, alrededor del juicio, donde las sorpresas sobre la identidad de Hanna afectan aún más a un Michael que ya da la impresión de estar muy vacío en sus capacidades amatorias, véase la relación con sus padres y con una compañera de la universidad, su futura esposa. El tercer tramo de la historia es el que podría denominarse “carcelario”, donde la relación de los protagonistas continúa de una manera peculiar, los libros grabados en cassette; puede considerarse una idea bonita, al final lo que queda del “amor” es la búsqueda común en la superación del analfabetismo, más que una relación física, inevitablemente efímera.Deja este film -la última producción de los fallecidos en 2008 Anthony Minghella y Sydney Pollack- un regusto amargo, hay en él una especie de nihilismo fatalista que impregna cada fotograma. De algún modo se apunta a una culpa colectiva en el drama de la Alemania nazi, que no admite absolución, sólo queda pasar página, tratar de olvidar, meta imposible, y esperar que las nuevas generaciones, libres de dicha culpa, lo hagan mejor. Por lo visto sus artífices, por razones difíciles de entender, decidieron dejar fuera de la trama cualquier mención expresa a la redención o al perdón. Lo que no deja de ser paradójico, porque la escena final del encuentro de Michael con una víctima del holocausto está pidiendo a gritos ambas actitudes, y de hecho, tácitamente se hallan presentes. Queda pues una película bien narrada, con buenas interpretaciones, sobre todo de Kate Winslet, David Kross y Ralph Fiennes, pero que no conduce a ninguna parte.

6/10
El hombre sin edad

2007 | Youth Without Youth

Tras diez años de ausencia, Francis Ford Coppola elige para volver a la dirección y escritura de guiones una historia hermética, adaptación de una novela del rumano historiador de las religiones Mircea Eliade. La acción arranca con lo que parece un anciano senil, el profesor Dominic Matei, quien en la Navidad de 1928 recorre las calles nevadas de una ciudad rumana en pijama y zapatillas. De ahí pasamos a Pascua, con el mismo personaje que es alcanzado y casi fulminado por un rayo. Ingresado en un hospital, en vez de morir o quedar inválido, un extraño fenómeno le ocurre. Recobra la perdida juventud, y a partir de ese momento el paso de los años no le va a afectar, un caso que estudia su médico, el profesor Stanciulescu. Y que despierta el interés de los científicos nazis, e incluso del mismísimo Adolf Hitler. A veces Dominic tiene la sensación de desdoblarse, de poder verse desde fuera de sí mismo, lo que le empuja a reflexionar sobre sus recuerdos, y a emprender una exhaustiva investigación acerca de los orígenes del hombre y el lenguaje. Los años pasarán hasta 1968, y en ese lapso conocerá a una joven, Veronica, que parece aún más anciana que él, y que a veces cae en trance y se pone a hablar lenguas extrañas. Resulta difícil saber qué rayos (nunca mejor dicho) se ha propuesto Coppola con este film, que bien puede calificarse de experimental, como lo fuera en su día Corazonada. Ciertamente la trama le sirve para reflexionar sobre el paso del tiempo, un tema que le apasiona, y que ha tratado en clave más o menos fantástica en Peggy Sue se casó y Jack, y de un modo más realista en la saga de El padrino. Lo que no ayuda es el cripticismo que domina el film, cuando no pura confusión o verborrea, donde no faltan extrañas consideraciones sobre la transmigración de las almas y la diosa Shiva, referencias religiosas que contrastan con las imágenes cristianas que abren (Navidad y Pascua) y cierran (la cruz de una iglesia en invierno) la narración. La historia de amor, en que el dilema fáustico del protagonista es la investigación de su vida, o la pérdida de la amada, recuerda un tanto a otra película fallida del mismo corte, La vida interior de Martin Frost, de Paul Auster. Se encuentran presentes a lo largo del metraje discursos y conversaciones a lo coronel Kurtz de Apocalypse Now, pero sin la lucidez alocada y poderoso vigor de aquellos. Las imágenes poseen una cualidad hipnótica, donde además de aprovecharse las posibilidades de las nuevas tecnologías, se juega con las tonalidades ocres “padrinescas” o con el claroscuro a lo Rembrandt o Caravaggio de muchos de los filmes coppolianos. Y ese gran montador e ingeniero de sonido que es Walter Much contribuye poderosamente a la hermosa estética del conjunto. A veces el espectador conocedor de Coppola puede verse dominado por la nostalgia, pues muchos elementos de la película retrotraen a la filmografía anterior del cineasta, como la interpretación y look del protagonista, un Tim Roth que recuerda, y mucho, a Al Pacino. Pero los aciertos de la película no ocultan un tono pretencioso y hueco, la mirada de un poeta que no sabía qué mirar.

5/10
Vitus

2006 | Vitus

Aunque es bastante desconocido en España, el cineasta suizo Fredi M. Murer obtuvo un gran prestigio internacional con Alpine Fire, un título sobre dos niños que viven con sus padres en los Alpes suizos. Ahora, el director recupera el tema de la infancia en este film que preparó minuciosamente durante seis años. Hasta veinte versiones del guión ha llegado a preparar con Lukas B. Suter y Peter Luisi. El tal Vitus que da título a la cinta es un niño prodigio de elevado coeficiente intelectual, capaz de tocar el piano como un virtuoso. Su madre está obsesionada con que reciba clases de los mejores maestros y acabe triunfando en el mundo de la música, pero él se resiste, y prefiere pasar mucho tiempo con su abuelo, con el que comparte una gran afición por los aviones y el deseo de volar en una avioneta. Tras caer trágicamente por una ventana, Vitus sufre un golpe en la cabeza que según la médico que le atiende, ha reducido su coeficiente intelectual al nivel de una persona normal. Fredi M. Murer logra dar verosimilitud e inusitado dramatismo a una historia que toma derroteros inesperados, que en manos de otro director habrían resultado poco creíbles. Sabe sacar el jugo a intérpretes de primera, como Bruno Ganz, actor que ha logrado el reconocimiento del público por su papel de Hitler en El hundimiento, que en esta ocasión encarna al abuelo. Se lucen especialmente los dos niños, Fabrizio Borsani y Teo Gheorghiu, que interpretan al protagonista respectivamente con 6 y 12 años. El director concibe la educación como una responsabilidad para el alumno, que podría usar los conocimientos adquiridos como punto de partida para nuevos avances, pues como recuerda el personaje central en una de las secuencias, la locomotora la inventó Watt y no el maestro de Watt. Denuncia la realidad de aquellos padres que proyectan sus frustraciones en sus hijos, obligándoles a seguir un camino marcado, sin ofrecerles que busquen su propia opción. Para el protagonista, buscar su camino en la vida no supone una ruptura ni un enfrentamiento con sus progenitores, sino al revés, una reafirmación de la unidad familiar. Es bastante realista su visión de la comunicación intergeneracional, paradójicamente más sencilla entre abuelos y nietos, que entre padres e  hijos, a pesar de que la diferencia de edad es mayor.

7/10
Oda a la alegría

2006 | Baruto no gakuen

El hundimiento

2004 | Der untergang

El director Oliver Hirschbiegel adapta fielmente el libro de su compatriota Joachim Fest, donde se narran con meticulosidad los últimos días de Hitler en su búnker de la Cancillería del Tercer Reich en Berlín, antes de suicidarse junto a su mujer Eva Braun. La película recoge el asfixiante ambiente del refugio durante los últimos días, cuando reina ya la desesperación de quienes saben que el fin es inevitable. Sólo es cuestión de días que los soviéticos alcancen el centro de la ciudad, pero Hitler se niega a capitular: en su locura cree que la victoria alemana es posible, que sus tropas no pueden fallarle… Los miembros de la cúpula militar que permanecen junto a él no saben cómo afrontar sus desvaríos, y le toleran, y le adoran, y le siguen. Pero la realidad se hace palpable tras las tambaleantes galerías del bunker, y al fin sólo hay una salida para quienes se niegan a rendirse. Por primera vez una película alemana desentraña uno de los episodios más vergonzosos y terribles de la historia de Alemania. Y lo hace de una manera excepcional a lo largo de casi tres horas que se pasan en un suspiro, gracias a un guión ajustado e intenso, sin cabos sueltos ni tramas secundarias. El espectador siente la opresión de estar bajo tierra, de presenciar el fin de un patético fracasado, un führer enfermo que se arrastra por la atmósfera gris de sus aposentos privados, enterrado en vida… Y acaba por hacerse increíble a la mente del público que esas pocas personas hundidas en su agujero hicieran lo que hicieron con el destino del mundo. Realmente excepcional es la dramatización de Bruno Ganz (es aconsejable escucharle en alemán), quien encarna a Hitler con tal énfasis que uno acaba por olvidar el verdadero rostro del dictador nazi. Una película de las que quedan para la posteridad.

8/10
Lutero

2003 | Luther

Abordar la figura de Martín Lutero es una tarea compleja. El reformador protestante tuvo una personalidad arrolladora, y su vida atravesó varias etapas, que la película, financiada por la iglesia luterana, se esfuerza en mostrar. El film es honrado al dibujar sus escrúpulos casi enfermizos, que le empujaron a hacerse fraile cuando un rayo casi le mata, o le hacían temblar cuando alzaba la hostia durante la consagración. Es bien conocido que algunos abusos eclesiásticos como los relativos a la venta de indulgencias, o ciertas costumbres licenciosas observadas durante su estancia en Roma, fueron denunciados con vehemencia por Lutero. En la narración se equilibra el sendero tomado por Lutero de ruptura con Roma, al mostrar los consejos de sus superiores de intentar la reforma desde dentro de la Iglesia. No obstante la trama, de carácter evidentemente hagiográfico, suaviza la desmesura grosera del reformador, y subraya en cambio su contribución a la popularización de las Sagradas Escrituras. Demasiado simplista resulta la visión del debate teológico suscitado, y el personaje de Carlos V no está a la altura de su homónimo histórico. Notable es el esfuerzo de ambientación de la época, y el equipo interpretativo encabezado por Joseph Fiennes, el hermano de Ralph.

6/10
Pan y tulipanes

2000 | Pane e tulipane

Ama de casa frustrada. Hace turismo con su familia en un viaje organizado. Desgraciadamente, se entretiene en el baño de una estación de servicio. Y pierde el autobús. Es la ocasión de descubrir que hay más allá del jardín de su anodina vida. Hasta puede que descubra al amor de su vida, muy distinto en sensibilidad a su mediocre marido. Comedia costumbrista italiana. Amable. Rebosante de buenos sentimientos. Pero como de otra época. Un pelín rancia, y con un contenido feminista que se ve de lejos. Eso sí, contiene algunos momentos muy graciosos (el fontanero convertido en detective privado invita con frecuencia a reír) y otros tiernos. Silvio Soldini conduce la historia con buen pulso.

5/10
La eternidad y un día

1998 | Mia aioniotita kai mia mera

Alexandro es un escritor enfermo al que le quedan unos pocos días de vida. Cuando conoce a un niño albanés, inmigrante ilegal, que trabaja en los semáforos limpiando, Alexandro decide pasar un día entero junto al pequeño, recordando tiempos pasados e intentando conocer el significado de la vida. Además, la carta de su mujer Anna, escrita en un verano de hace treinta años, le evocará momentos imborrables que Alexandro intentará revivir. Cine psicológico que tanto le gusta tratar a su director, el griego Theo Angelopoulos. Sus personajes son seres débiles, marchitos, faltos de cariño a veces, y que buscan algo. El suizo Bruno Ganz (El cielo sobre Berlín) realiza un buen trabajo del enfermo terminal y los elementos naturales como el agua, el viento o la tierra juegan un papel importante dentro de la película, envolviendo a la historia en un aire evocador. La eternidad y un día..., o la vida que le queda al protagonista después de la muerte y unas pocas horas en este mundo para recordar lo que fue, lo que hizo y lo que deja.

6/10
Saint-Ex

1996 | Saint-Ex

Biografía del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, celebérrimo autor de 'El principito'. Sigue los pasos del escritor, desde su juventud, cuando despunta como aviador, y contrae matrimonio con la española Consuelo. El actor francés Bruno Ganz demuestra su valía para interpretar a un personaje real, como en El hundimiento. Dirige Anand Tucker, especializado en biografías de artistas, pues fue el responsable de Hilary y Jackie.

4/10
Lumière y compañía

1995 | Lumière et compagnie

Un grupo muy numeroso de directores, entre los que destacan Theo Angelopoulos, Vicente Aranda, Spike Lee o Liv Ullmann, se reúnen para rodar una película cada uno, con una características muy definidas: utilizando cámaras de la época de los hermanos Lumiere, con una duración de 52 segundos como máximo, empleando la luz natural y sin usar más de tres tomas. Esta peculiar iniciativa se llevó a cabo en 1995, como homenaje a los 100 años que cumplía el cine. El resultado es un insólito y desigual experimento.

4/10
La ausencia

1993 | L' Absence

Hasta el momento, última realización de Peter Handke, guionista habitual de Wim Wenders desde El miedo del portero ante el penalti (1972) hasta El cielo sobre Berlín (1987). Con un reparto que incluye los conocidos rostros de Bruno Ganz y Jeanne Moreau, en La ausencia Handke reflexiona sobre lo que puede acontecer a una serie de personajes que viajan en tren a través del continente europeo. Cada uno de ellos tiene su propia idiosincrasia, percepción de la realidad y cotidianeidad, en una película donde no ocurre prácticamente nada. Debido a su original –aunque cansino– planteamiento, en el Festival de Venecia de 1992 obtuvo una buena acogida entre la crítica especializada.

4/10
¡Tan lejos, tan cerca!

1993 | In weiter Ferne, so nah!

Wim Wenders retoma los personajes de El cielo sobre Berlín. Y lo hace para ofrecer –con una perspectiva diferente– una arriesgada visión sobre el Berlín posterior a la caída del muro y sobre la propia existencia. La película obtuvo el Gran Premio del Jurado en Cannes 93. El film se inicia con el ángel Cassiel (Otto Sander), que va de un lado a otro de Berlín contemplando la vida de los hombres. No logra entender en muchas ocasiones su comportamiento, y le gustaría poder intervenir para remediar tantos males. Pero su papel se reduce al de observador y mensajero. Hasta que un día salva la vida de una niña y sus anhelos de convertirse en humano para ayudar a los demás se hacen realidad. Pero Cassiel descubrirá pronto que actuar bien no es tan fácil. El cineasta alemán ha dirigido una película profundamente religiosa –Wenders, cristiano, afirma sentirse cercano a Robert Bresson en sus planteamientos trascendentes–, en la que los ángeles son mucho más que una metáfora: son los mensajeros que comunican a Dios con la gente, capaces de ayudar a los hombres ya que están a la vez "tan lejos y tan cerca". El director reivindica sin ambigüedades el papel de la religión en una sociedad en la que –como se dice en el film– "la gente cree que ha conquistado de verdad el mundo, pero es el mundo el que ha conquistado a la gente". Con Hasta el fin del mundo el film comparte la crítica al excesivo consumo de imágenes propio del mundo actual, que hace peligrar el amor, al traer consigo el olvido del 'saber mirar'. Resulta curioso que esta idea –subrayada con la cita de San Mateo "Si tu ojo está sano..."– sea también leitmotiv de Canción de cuna de José Luis Garci, confesado admirador de Wenders. La crítica es apuntillada al mostrarse el negocio de un desalmado, que intercambia videos-porno por armas de la antigua Alemania del Este. Otros sugerentes temas planteados por Wenders son el vacío, la soledad, la dificultad de hacer el bien y la fugacidad del tiempo. La estructura narrativa de la película es decididamente complicada, y se cambia con frecuencia de estilo. Tiene una primera parte en blanco y negro, en la que ofrece la visión global que Cassiel tiene de Berlín, y en la que abunda la voz en off para mostrar el pensamiento de los hombres. Cuando Cassiel se convierte en hombre el film es en color, a no ser que se muestre la visión de otros ángeles, momentos en que se torna al blanco y negro. Aquí hay dos partes bien diferenciadas: el declive del antiguo ángel ante las dificultades, y su empeño –mostrado en formato de thriller– por desbaratar un negocio de armas. Pero la división no es tan simple y el tono ecléctico del film hace que se pase con facilidad de la reflexión profunda a lo dramático o a lo humorístico. Para hacer su film Wenders se sirve de una espléndida fotografía, a veces con nerviosos movimientos de cámara. También recurre a dos bazas que ha demostrado saber usar con creces: la música, que convierte en parte integrante del relato; y el atractivo reparto, que cuenta además con la aparición especial del ex-presidente soviético Mijail Gorbachov.

7/10
La domenica specialmente

1991 | La domenica specialmente

Película dividida en cuatro segmentos rodados por otros tantos directores, formato en el que existe gran tradición en Italia. El nexo de unión es que la historias transcurren en domingo. En “El perro azul”, que dirige Giuseppe Tornatore, un can de ese color sigue a un tipo, que para desembarazarse de él, trata de regalárselo a su hermano. Un curioso cuentecillo entrega Marco Tullio Giordana en “La nieve sobre el fuego”, donde una mujer se confiesa de haber espiado a su hija haciendo el amor con su esposo. En “El domingo especialmente” Giuseppe Bertolucci muestra un enredo amoroso. Y “La iglesia de madera” de Francesco Barilli ofrece algunas imágenes surrealistas, las de tres iglesias de madera flotando sobre las aguas del mar, muy cerca de la playa.

5/10
Hemingway, fiesta y muerte

1988 | The Legendary Life of Ernest Hemingway

Tras modificar su partida de nacimiento para ir a la guerra Ernest Hemingway cae herido durante la I Guerra Mundial. Mientras se recupera en el hospital se enamorará de una enfermera. Tiempo después marchará a Normeamérica, en donde volverá a enamorarse y se casará con Hadely Richardson. Biopic del escritor Ernest Hemingway, coproducido por Italia y España y originalmente rodado para ser una miniserie televisiva, pero también emitido como telefilm de menor metraje. Cuenta con un reparto estelar de actores internacionales, la mayoría en pequeños papeles de artistas que se relacionaron con el autor de "El viejo y el mar".

4/10
El cielo sobre Berlín

1987 | Der Himmel über Berlin

Un ángel se pregunta cómo será eso de ser mortal y tener un cuerpo. Porque aunque acompañar a los humanos y ayudarles en su caminar terreno tiene su encanto, también puede llegar a ser aburrido y Damiel querría algo más, sobre todo después de descubrir la belleza de una acróbata de circo. Hermosísimo film de Wim Wenders, que reflexiona sobre la belleza del ser humano, por su naturaleza espiritual y sobre todo corporal. El film, formalmente muy audaz, fascinó tanto al público que Wenders hizo una fantástica secuela (¡Tan lejos, tan cerca!); y los americanos, no podía ser de otra manera, rodaron un discreto remake titulado City of Angels, con Nicolas Cage y Meg Ryan como protagonistas.

8/10
El río de oro

1986 | El río de oro

En la ciudad blanca

1983 | Dans la ville blanche

Paul, un marinero suizo cansado de trabajar en la bodega, en el salón de máquinas, aprovecha una escala de su barco en Lisboa para abandonar su puesto. Su vacío interior trata de llenarlo vagando por las calles y buscando un amor que cree encontrar en una mujer llamada Rosa. Típico film del suizo Alain Tanner, que habla del hastío existencial, cuenta con el protagonismo de Bruno Ganz, al que da réplica Teresa Madruga.

5/10
¡Manos arriba!

1981 | Rece do góry

Extraña película de Jerzy Skolimowski que sufrió los avatares de la censura, hasta el punto de que rodada en 1967, las autoridades sólo permitieron su exhibición en 1981, momento en que el cineasta añadió algunos retazos de un rodaje donde él era un actor a las órdenes del alemán Volker Schlöndorff, entre las ruinas de edificios del Líbano bombardeados. Deudor de los pasajes más sicodélicos de Stanley Kubrick, el director polaco ofrece una obra experimental iconoclasta, que dirige dardos contra la tiranía de Stalin, trufado de secuencias visualmente fascinantes, pero demasiado obtusas y de difícil interpretación. El mismo Skolimowski parece querer justificarse en los primeros minutos del film, donde aclara que se trata de una película que no es lo que pudo ser, se encuentra descontextualizada, barrida por los nuevos impulsos creativos del artista.

5/10
Círculo de engaños (1981)

1981 | Die Fälschung

Un periodista alemán especializado en conflictos en todo el mundo es enviado a Beirut; allí se enfrenta a una realidad que le hará cambiar su opinión sobre el conflicto en Oriente Medio. Al tiempo, se enamora de una viuda. Adaptación de la novela autobiográfica de Nicholas Born, convertida en guión por Jean-Claude Carrière, quien volvería a colaborar con Schlöndorff en El ogro (1996). Filmada con bastante riesgo para el equipo en las mismas calles de Beirut, su estilo cinematográfico está muy cercano al documental, causando por ello una sensación de realismo como pocas veces se había visto en pantalla. Jerzy Skolimowski ganó el premio del cine alemán al mejor actor secundario.

6/10
Una mujer italiana

1980 | Oggetti smarriti

Nosferatu (1979)

1979 | Nosferatu: Phantom der Nacht

Adaptación de Werner Herzog de la célebre novela "Drácula" de Bram Stoker, es al tiempo un sentido homenaje a la versión clásica del mito vampírico acometida por su compatriota F.W. Murnau en 1922.

6/10
Los niños del Brasil

1978 | Boys from Brazil

En Sudamérica, el doctor Mengele reúne a un grupo de jóvenes para un misterioso proyecto que devuelva el poder a los nazis. Un veterano investigador intenta detenerles. Impactante cinta de intriga del director de El planeta de los simios (1967). Laurence Olivier fue nominado a los Oscar al mejor actor.

6/10
La mujer zurda

1978 | Die Linkshändige Frau

Debut en la dirección del guionista Peter Handke, que adaptaba su propia novela. Handke ya había escrito para Wim Wenders El miedo del portero ante el penalti y Movimiento en falso (1975) antes de estrenarse con esta historia que narra el final de un matrimonio y cómo ambos cónyuges buscan nuevas aventuras sentimentales. Los Premios del Cine Alemán galardonaron a la película en la categoría de mejor montaje, responsabilidad de Peter Przygodda, colaborador imprescindible de directores del nuevo cine alemán como Wenders (En el curso del tiempo, 1976) y Reinhard Hauff (El cuchillo en la cabeza, 1978).

5/10
El cuchillo en la cabeza

1978 | Messer im Kopf

Alemania Federal, El doctor Berthold Hoffmann (Bruno Ganz) se ve involucrado por la mala fortuna en una acción terrorista y resulta herido de gravedad en el cráneo por la policía. Las secuelas le dejan parcialmente inútil física y psicológicamente, sin motricidad y con el juicio nublado por el shock sufrido. Cuando empieza a recuperarse despierta en él un sentimiento de venganza hacia la policía...El cuchillo en la cabeza es un film valiente y simbólico que plantea la defensa del individuo frente al poder. La opresiva Alemania Federal es el marco en el que se sitúa una trama dirigida por Reinhard Hauff en la que se muestra una sociedad acechada por la amenaza terrorista, así como las presiones policiales y las manipulaciones de la prensa.

El amigo americano

1977 | Der Amerikanische Freund

Adaptación de una de las novelas de Patricia Highsmith con Tom Ripley. Esta vez este frío personaje ofrece a un tipo, enfermo terminal, un trato diabólico: seguridad económica para su familia, a cambio de ejecutar un asesinato. Aunque se resiste, la oferta es tentadora. El director alemán Wim Wenders lleva libremente a la pantalla la obra de Highsmith, y homenajea a sus cineastas americanos favoritos concediendo pequeños papeles a Nicholas Ray y Samuel Fuller. Dennis Hopper pone cara a Tom Ripley.

7/10
La marquesa de O

1976 | Die marquise von O...

Siglo XIX. Un oficial ruso salva a una joven marquesa a punto de ser violada, que poco después descubre que se ha quedado embarazada. Primera cinta histórica de Rohmer, que rodó también La inglesa y el duque. Esta adaptación de un relato de Heinrich von Kleist es una coproducción germano-gala, protagonizada por Bruno Ganz, actor fetiche de Wim Wenders.

7/10
Lumière

1976 | Lumière

El jugador de ajedrez

1973 | Schwarz und weiß wie Tage und Nächte

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