Hacer una película sobre la situación de la mujer en un país islámico es una aventura. Lo sabe bien Deniz Gamze Ergüven, directora de "Mustang", película ganadora del Premio Lux del Parlamento Europeo y candidata al Oscar a mejor película extranjera, que nos cuenta extensamente cómo logró rodar esta impactante historia.
Usted nació en Ankara, pero ha vivido casi siempre en Francia. ¿Por qué rodar su primera película en Turquía?
Casi toda mi familia sigue viviendo en Turquía y toda mi vida he estado yendo y viniendo para allá. Me siento particularmente afectada por las historias que suceden en Turquía porque la región tiene mucha vida y todo está cambiando. Hace poco, el país se ha escorado hacia una posición más conservadora, pero sigues sintiendo su fuerza y su energía. Hay una sensación de que estás en el meollo de todas las cosas, que todo puede cambiar en cualquier momento, que podría ir en cualquier dirección. Es también un auténtico contenedor de historias de ficción.
Igual que ocurría con su corto de graduación, Mustang cuenta una historia de emancipación. ¿Cuáles fueron los orígenes del proyecto?
Quería hablar de lo que supone ser una chica y una mujer en la Turquía actual, donde la situación de las mueres es, más que nunca, una cuestión de interés público. Claramente, el hecho de que yo tuviera una perspectiva diferente, porque con frecuencia voy de Turquía a Francia, jugó un papel importante. Cada vez que regreso, siento una especie de opresión que me sorprende. Todo lo que tiene que ver algo con la feminidad se reduce constantemente a la sexualidad. Es como si todo lo que hace una mujer e incluso una chica joven tuviera una carga sexual. Por ejemplo, hay historias de directores de escuelas que prohiben a chicos y chicas usar la misma escalera para acceder al aula. Construyen escaleras independientes. Esto otorga una enorme carga erótica a las cosas más banales; subir la escalera se convierte en toda una aventura. Demuestra lo absurdo que es este conservadurismo: todo es sexo. Al final se acaba hablando de sexo a todas horas. Y emerge una concepción de la sociedad que reduce a las mujeres a máquinas de fabricar niños que sólo son buenas para las tareas domésticas. Turquía fue uno de los primeros países que concedió a la mujer el derecho a botar, en los años 30, y ahora tenemos que defender derechos básicos, como el aborto. Es triste.
¿Por qué el título en inglés, Mustang?
Un mustang es un caballo salvaje que simboliza perfectamente a mis cinco intrépidas e indomables heroínas. Visualmente incluso, su pelo es como la crin y, en el pueblo son como un grupo de mustangs galopando. Y la historia transcurre veloz, y esa energía constituye el corazón de la película, igual que el mustang que le da título.
¿Qué hay de personal en la película?
En las escenas iniciales, el pequeño escándalo que las chicas provocan subiéndose a los hombros de los chicos antes de sufrir una violenta reprimenda me ocurrió realmente cuando era una adolescente. Aunque mi reacción entonces no existió. Me abrumó la vergüenza. Ocurrió años antes de que pudiera protestar. Quería que mis personajes fueran heroínas. Y su coraje tenía que merecer la pena. Debían ganar al final, de la forma más gratificante posible. Veo a las cinco chicas como a un monstruo de cinco cabezas que pierde una parte de sí mismo cada que vez que una de las chicas se ausenta de la historia, pero la última parte restante triunfa. Gracias a que sus hermanas mayores se encuentran entrampadas, Lale, la más joven, rechaza su destino. Es una versión condensada de lo que sueño sobre cómo debería ser todo.
Parece decir que al final la única salida es la educación.
La salida de las chicas de la escuela y la reacción de ellas resulta crucial para la historia, pero no adopto una posición militante. Una película no es un discurso político. Romain Gary decía que él no acudía a protestas porque tenía un montón de libros que protestaban por él. Hay algo de eso. La película expresa cosas con más fuerza y sensibilidad de las que yo podría mostrar nunca. La veo como un cuento de hadas con motivos mitológicos, tales como el Minotauro, el laberinto, la hidra –el cuerpo con las cinco cabezas de las chicas– y un balón que aquí está simbolizado por el partido de fútbol al que ellas quieren ir.
Una familia con cinco chicas adolescentes que despiertan el deseo de los chicos del lugar y deben ser protegidas por su propio bien. Esto recuerda a Las vírgenes suicidas de Sofia Coppola. ¿Cuáles fueron sus referencias fílmicas para la película?
Vi Las vírgenes suicidas cuando se estrenó y leí el libro de Jeffrey Eugenides, pero Mustang no deriva de ahí. No más que de las raíces que tiene en Rocco y sus hermanos. Entre mis influencias más curiosas está Saló o los 120 días de Sodoma en el sentido de cómo cuenta Pasolini la historia de una sociedad atrapada por el fascismo a través del prisma de un relato bastante sórdido. Buscaba una desconexión similar entre estilo y sustancia. A menudo tenía el DVD puesto mientras escribía el guión.
También vi muchas películas de fugas, como Un condenado a muerte se ha escapado o Fuga de Alcatraz. Aunque la historia transcurre en un marco doméstico familiar, el registro dramático es el un relato carcelario. Antes de rodar, mostré a la actrices en DVD Un verano con Monika de Bergman, Fish Tank, Alemania, año cero, El niño de los hermanos Dardenne, muchas cosas distintas, por una razón precisa en casa caso. Eran también recetas hechas a medida para cada personaje. Por ejemplo, Ilayda Akdogan, que interpreta a Sonay, tenía que ver Corazón salvaje de David Lynch y muchas películas de Marilyn Monroe para las líneas borrosas que separan inocencia y sexualización indignante.
La elección del remoto pueblo de Inebolu junto al Mar Negro, a 600 kilómetros de Estambul, no es inocente. Participa del sentido de opresión que el espectador siente...
Sí, la localización acentúa la sensación de estar en el fin del mundo. Fue principalmente una elección artística, por los paisajes de cuento de hadas con carreteras costeras azotadas por el viento y bosques frondosos. Es un lugar de difícil acceso. Unos meses antes de mi visita, no había aeropuerto y no se hacían películas ahí. Tuven una sensación real de aislamiento. En las aldeas más remotas no sólo no llegan noticias por los canales oficiales, sino que en cada casa hay sacos de carbón, regalos del primer ministro de entonces, que ahora es el presidente. La gente tiene sensación de cercanía, un sentimiento casi de familia, con el régimen, que le susurra a los oídos a través de los medios de comunicación. Hay muy pocos lugares que no tengan televisor discurseándoles. Después del rodaje se ha inaugurado un aeropuerto a 90 kilómetros de nuestra localización, con un vuelo diario. Siento que se ha abierto una brecha. Sopplan un poco de aire fresco.
Estaba embarazada mientras hacía la película. ¿Fue el rodaje una auténtica aventura?
Era una operación de comandos. Estaba justo a mitad de embarazo, y rodábamos 12 horas diarias, 6 días a la semana. Me coloqué en la misma posición frágil de las chicas, lo que no era malo ya que significaba que estábamos en el mismo barco. Tres semanas antes del rodaje, con todo listo, el productor previsto se retiró del proyecto. Era como el piloto de un avión bajándose a mitad de vuelo. La película se descolocó. El equipo empezó a deshacerse. Todo lo que había levantado se esfumó. Volvimos a ponernos en marcha con otro productor, pero esos momentos de pérdida de todo sólo lograron motivarme más. Fue tan dramático que todos se esforzaron para salvar la película. Cada plano se había convertido en cuestión de vida a muerte, como si todo dependiera del mismo. La gente tuvo reaccones excepcionales en este tiempo de crisis. Estábamos construyendo literalmente lo que íbamos a rodar ese mismo día, decorados, efectos, especialistas. Fue una aventura extremadamente intensa donde nos encontrábamos en el filo de la navaja. Una especie de milagro permanente.
