Tom Hanks no para de trabajar. Tras ser Walt Disney en “Al encuentro de Mr. Banks” en 2013, parecía haber frenado un poco, pero luego vino “El puente de los espías”, de su amigo Steven Spielberg, y ahora en 2016 llegan dos adaptaciones de Dave Eggers (“Esperando al rey”, “El círculo”), una peli con su amiga Meg Ryan (“Ithaca”), el regreso al universo Dan Brown (“Inferno”), más su primera colaboración con Clint Eastwood (“Sully”).
En Twitter escribió en 2012 que le había gustado mucho la novela de Dave Eggers “Un holograma para el rey”, que ha dado pie a Esperando el rey...
Había leído varios libros y artículos de Dave Eggers, incluida la publicación que sacó con McSweeney’s. Devoré “Un holograma para el rey” de una sentada y al terminarlo una pregunta me rondaba la cabeza: ¿el autor vería bien que se hiciera una película basada en su libro?
Está claro que que hubo suerte. ¿Por qué le atrajo el personaje protagonista?
Al principio Alan está perdido: se ha divorciado, su puesto en Reliant Corporation está en el aire y le preocupa perder el contacto con su hija.
Es como si Alan estuviera solo en un iceberg, o en un desierto, en este caso. No parece que tenga amigos y por si eso fuera poco, le ha salido un bulto en la espalda. A las tres de la mañana, en pleno ataque de insomnio, se convence de que ese bulto va a acabar con él lentamente, gotita a gotita, como un iceberg derritiéndose hasta desaparecer. El pobre Alan está pasándolo fatal, pero la situación resulta graciosa porque se nos presenta como una yuxtaposición: intenta entender el país cuando ni siquiera consigue entender su propia vida.
Aunque él no es feliz, intenta transmitir optimismo para vender el holograma 3D y para animar a su equipo. En esos momentos vemos cómo era antes Alan Clay, un tío lleno de vida y energía. Y es ahí donde reside la comedia
¿Cree que funciona esa combinación de drama y humor?
Teniendo en cuenta la situación tan traumática que vive Alan Clay, me quedé de piedra cuando Tom Tykwer me dijo que el libro le parecía gracioso. No le hice mucho caso y pensé que si volvía a salir el tema, quizá terminaría siendo motivo de discusión. Después, al leer el guión, me di cuenta de que, en lugar de cebarse en el cacao mental de Alan, Tom había encontrado el humor en las observaciones que hace el protagonista sobre el mundo que le rodea.
¿No resulta paradójico que en este mundo globalizado sepamos tan poco de las culturas distintas a la propia?
Cuando Alan llega a Arabia Saudí no tiene ni idea del país, más allá de los típicos clichés exagerados.
Le ha tocado rodar 8 semanas en Marruecos, en pleno desierto...
A veces no me podía creer que estuviéramos tan alejados de la civilización. Cuando pienso en el desierto me vienen a la cabeza Palm Springs o el Valle de la Muerte en California, donde sabes que nunca estás del todo aislado porque aunque estés en pleno desierto, siempre hay una ciudad con agua caliente cerca. Pero en el Sáhara Occidental sabes que si te quedases tirado sin coche, la palmarías.
También te encuentras con una cultura que te tolera, pero no te acoge. La experiencia me ayudó a entender la sensación de alienación de Alan, porque no había nada que me resultara familiar como estadounidense.
Ya sé que no hace falta ir al desierto para rodar una escena en el desierto, pero creíamos que al trasladarnos allí le aportaríamos más intensidad y profundidad al trabajo de los actores y el equipo técnico, puesto que el viaje de Alan es muy intenso.
Las películas de Tom Hanks suelen dejar espacio para la esperanza, y ésta no es la excepción.
Qué sentido tendría hacer una película sobre un tío al que nada le sale bien? Una historia así podría funcionar como libro, pero en el cine se busca otra cosa, llamémosla esperanza.
