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Director de “Kursk”, estreno 5 diciembre

El danés Thomas Vinterberg irrumpió con fuerza a comienzos de siglo como uno de los directores nórdicos más prometedores. El tiempo así lo ha demostrado. Aún es joven pero sus respuestas son inteligentes y reflexivas. Estuvimos con él con motivo del estreno en España de Kursk.

 

Según la película Kursk, da la sensación de que la Guerra Fría sigue viva hoy en día. ¿Es lo que quiso dar a entender? ¿Qué opina de la situación actual entre Rusia y occidente?

En el año 2000 realmente la Guerra Fría estaba desapareciendo, la prensa era libre. Y con este accidente del Kursk hubo una oportunidad diplomática inmensa para aceptar la ayuda extranjera. Hubiera sido una mano que se tiende a otra mano. Muy simbólico. Sería haber confirmado que ya no había más Guerra Fría. Pero esa respuesta llegó tarde. Esa conferencia de prensa que reflejamos en el film marcó el final de la libertad de prensa y ahora a colegas vuestros se les dispara y se les mata. Por eso opino que la Guerra Fría estuvo a punto de desaparecer pero está volviendo con una forma diferente. Hay muchísima desconfianza, con un rostro diferente. Las armas son distintas, digitales.

¿Buscó ese tono político?

Esta es una película en parte política, pero la gran investigación política de lo que realmente sucedió lo dejo a historiadores e informadores. Nosotros los cineastas podemos hacer algo distinto en nuestro medio. Para mí la película gira en torno a la humanidad. Es una película que trata temas que yo he abordado durante toda mi carrera. Los grupos, la familia, la injusticia, la finitud del ser, sobre la solidaridad y la falta de solidaridad.

Kursk¿Cree que ahora hay un retroceso en las libertades en Rusia en comparación con la época anterior al hundimiento del submarino?

Por supuesto. El ambiente en Rusia ha cambiado desde el 2000. Todo el mundo vio cómo ponían la inyección a la mujer de la conferencia de prensa para sedarla. Se vio que era así como actuaban y cómo tenían su propia forma brutal de controlar las cosas e incluso de transformar internet en un arma si había sospechas.

¿Qué reacciones ha habido en Rusia sobre este film? ¿Se intentó que entraran en la coproducción?

Intentamos hacer una coproducción con Rusia. Queríamos rodar la película con la flota norte, con los buques reales de la armada rusa. Pero finalmente el estudio EuropaCorp decidió romper con ellos por motivos financieros. Pero sí trabajamos conjuntamente durante un corto periodo. Leyeron el guión y nos hicieron comentarios. Yo lo aceptaba, porque quería acercarme lo más posible a la verdad, hasta que me di cuenta de que ellos no necesariamente buscaban contar la verdad, sino su propia versión de la realidad. Así que al final creo que fue una buena decisión que no hubiera esa coproducción. Y aunque rompimos con ellos por motivos económicos, también fue creciendo la falta de confianza. La gente nos advertía de que nos iban a dar la bienvenida y luego nos iban a maniatar.

Aparte de la política, me gustaría conocer el lado humano de la historia. Supongo que fue todo inventado, porque no se sabe nada de lo ocurrió dentro del submarino…

La frontera entre la verdad y la ficción en este caso es sinuosa y complicada. No hay duda de que los secretos de lo que pasó en el Kursk se han quedado en el fondo del mar. Pero el libro en el que se basa el film es un trabajo muy pormenorizado de los sucesos, con informes forenses, conversaciones con las familias, etc. Así que supimos bastante de ellos. Contratamos también un submarino ruso y estuvimos ahí, aprendiendo la vida dentro del lugar. Y el auténtico David Russell, interpretado por Colin Firth en la película, estuvo con nosotros todos los días. Y sin embargo… es ficción.

¿Existió realmente el protagonista?

Es un ejemplo claro de lo que hablamos. El personaje interpretado por Matthias Schoenaerts se llamaba en realidad Dmitri Kolesnikov. Ahora es un héroe nacional en Rusia. Verdaderamente escribió una carta, que se encontró en su chaqueta, donde les decía a sus familiares que se tranquilizasen, que estaba vivo. Se convirtió en una leyenda en Rusia. Pero, por ejemplo, él no tenía hijos… Sin embargo, como quedaron muchos huérfanos queríamos que él se convirtiera en el representante de todos los padres. Es parecido a Salvar el soldado Ryan. Cambiamos el nombre y entramos un poco en el mundo de la ficción. También está el hecho de que los marineros hablen en inglés. Supongo que los rusos no hubieran permitido que no hablaran ruso. Pero para mí esas concesiones a la ficción, me empujaban a ser muy auténtico en las demás cosas, en cómo se comportaban, cómo interactuaban emocionalmente. Tenía que ser puro y verdadero.

¿La película se distribuirá en Rusia? ¿Tiene algún eco de las reacciones?

Sí. Ha sido vendida para su estreno. No he tenido demasiado eco sobre las opiniones, salvando a algunos periodistas rusos. Pero me han llegado rumores de que los familiares están contentos, se sienten emocionados y respetados, aunque no están del todo satisfechos con el idioma empleado. Encontraron muy “rusa” la película.

¿Cuál fue la parte más complicada de la película a la hora de rodar?

La parte más complicada técnicamente fue la escena de buceo. Pero, en general, el situar a 18 actores en una especie de cabina y meter a su vez la cabina en una piscina con cámaras y lámparas. Con los cables por ahí… Y luego trabajar a 42 grados centígrados –porque justo atravesábamos una ola de calor– y fingir que los personajes estaban casi congelados de frío. Filmar así no es nada fácil. Pero me encantó. Lo que es un lujo en mi trabajo es ver a tanta gente competente: buzos, expertos en iluminación submarina, etc. Esto me llena de satisfacción. Haciendo esto me siento como un niño en una tienda de golosinas.

Su filmografía es muy seria. Trata temas hondos y dramáticos: la familia, las armas, el alcoholismo, los abusos. Aquí la arrogancia. Me gustaría saber para usted cuáles son los grandes males morales y sociales de occidente.

Muchos. Creo que obviamente el individualismo. Inundó el planeta en los años 80. Esto liberó a mucha gente, pero también creo una falta de significado. Yo creo en la solidaridad pero si miras ahora al planeta no es que haya individualismo sino una explosión de individualismo. Todo se elige, todo se compra. Se extiende por todos lados. También hay una obsesión por centrarse desesperadamente en la juventud, por ser joven. Parece que hay mucho miedo de morirnos. Es irrespetuosa la forma en que tratamos en occidente a las personas mayores. Lo he visto en mi país pero también en Los Ángeles. Quizá es difícil ahora ser mujer, pero es mucho más difícil ser viejo. Para mí es totalmente ilógico. En oriente, por ejemplo, cuanto mayor es uno más le respetan.

Y esto tiene también que ver con mi película, porque hoy en día las personas no quieren pensar ni hablar sobre la muerte Inevitablemente se nos va a acabar el tiempo. Mi esposa es sacerdote (en Dinamarca, esto es posible) y me comenta que antes la gente solía hablar de la muerte, la muerte era parte de la vida. Ahora es un tabú, algo que tememos y que incluso no respetamos. Esto lo encuentro muy peligroso y sin sentido.

Usted es guionista pero también director. ¿Qué faceta le gusta más y en cuál se siente más cómodo?

Cuanto más mayor me hago, más me gusta escribir y leer. Antes solía leer muchos guiones y ahora lo encuentro aburrido, así que ahora leo auténtica literatura. Entre mis favoritos está Hemingway. Escribe sobre escribir. Sus escritos son de mucha inspiración para el cine porque no escribe adjetivos, sólo describe. No dice “el valle era precioso”, sino “el valle tenía cipreses” y eso es lo que uno escribe en un guión. Sólo escribes lo que se hace y lo que se dice. Intenté leer "Los hermanos Karamazov" y la verdad es que no pude. Me quedé en la mitad. Pero aún lo tengo en mi mesa. Por supuesto, también me gusta dirigir, porque eso se convierte en trabajar con los actores, pero la gran maquinaria, los extras, los platós, cada vez me seduce menos.

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