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Biografía

Colin Firth

Colin Firth

59 años

Colin Firth

Nació el 10 de Septiembre de 1960 en Grayshott, Hampshire, Inglaterra, Reino Unido

Premios: 1 Oscar (más 1 premios)

Arrogancia con estilo

05 Enero 2004

Se convirtió en una celebridad en su país, Gran Bretaña, en 1995, a raíz de una serie de televisión que supuso todo un fenómeno de masas. Ha tardado un poco más en darse a conocer en el resto del mundo, donde empezó a llamar la atención en 2001, con El diario de Bridget Jones.

Y aunque varias de sus películas han arrasado en las taquillas, su trabajo ha quedado un tanto eclipsado por las estrellas que le acompañan habitualmente en el reparto de sus filmes. Derrocha talento y clase a raudales, la expresividad de su mirada llama la atención y su fuerza interpretativa le hacen un digno heredero de la prestigiosa escuela de intérpretes británicos. Pero su mayor virtud reside en su impresionante voz, que hace imprescindible ver sus trabajos en versión original.

Hijo de un matrimonio de maestros (su padre se dedicaba a la historia y su madre a la religión), Colin Firth nació el 10 de septiembre de 1960, en Grayshott, un pueblecito de Hampshire (Gran Bretaña). Muy pronto, la familia se traslada a Nigeria, donde su abuelo paterno, de confesión metodista, ejercía como misionero. Le picó el gusanillo de la interpretación cuando tenía unos doce años, y la familia había regresado a Inglaterra. Arrasa en las funciones escolares, y decide estudiar arte dramático en Londres. Antes de terminar el último año, ya le habían escogido para debutar en el West End, la zona de la primera división del teatro de la capital británica, con Otro país. Cuando terminaron las representaciones también le ofrecieron un papel en la adaptación cinematográfica de esta misma obra. Pronto interviene también en series de televisión, como "El jardín secreto", y el director Milos Forman le contrata como protagonista de Valmont, su particular adaptación de Las amistades peligrosas. En el rodaje se enamoró de la actriz Meg Tilly, junto a la que decidió refugiarse en los bosques canadienses y abandonar la interpretación durante cinco años.

Tras separarse amistosamente, Firth regresa a la civilización. Será entonces cuando su carrera atraviese su mejor momento, al contratarle la BBC como protagonista de una exhaustiva  adaptación de Orgullo y prejuicio, la novela de Jane Austen. Su interpretación del arrogante caballero Fitzwilliam Darcy le convirtió en el orgullo nacional. Fue aclamado por los cronistas, y supuso todo un fenómeno en Inglaterra, donde aún se recuerda la “darcymanía”, sólo comparable a la repercusión que tuvo Jeremy Irons con Retorno a Brideshead. Se hablaba mucho de su trabajo, sobre todo entre el público femenino. “Me corté el pelo, para que no me reconocieran. Recuerdo que fui a un restaurante, y al lado mío había gente conversando acerca de Mr. Darcy”, recuerda. Incluso se aludía a su trabajo en el best-seller más vendido de su país a finales del siglo XX, El diario de Bridget Jones.

Tanto éxito propició que le contrataran más en el cine, en cintas que normalmente desperdiciaban su talento. En Círculo de amigos hacía un pequeño papel. En la multipremiada El paciente inglés su intervención sabía a poco; era el marido engañado de Kristin Scott Thomas, mujer que mantenía un apasionado romance con el arqueólogo protagonista. Muy similar era el envidioso Lord Wessex, el hombre con que debía casarse Viola en Shakespeare enamorado. Su mejor trabajo es el que pasó más desapercibido: el típico joven aristócrata, sobrino de los protagonistas de Gente con clase, una joyita que adaptaba una obra de Noel Coward.

En la adaptación de El diario de Bridget Jones, Colin Firth interpretaba curiosamente a Mark Darcy, inspirado en su personaje de Orgullo y prejuicio. Aquí dio la campanada a nivel mundial, en otro personaje arrogante que se peleaba por la histérica protagonista con el cínico personaje de Hugh Grant, al ritmo de It’s Raining Man. A continuación, Firth fue un médico nazi en La solución final, y dió vida a uno de los protagonistas de La importancia de llamarse Ernesto, adaptación de la obra de Oscar Wilde. Todavía estaban por llegar sus mejores trabajos en cine. En La joven de la perla era el genial pintor Johannes Vermeer, que se inspira en una criada para crear una obra maestra. También lograba destacar entre los múltiples personajes de Love Actually, de reparto formado por lo mejor del cine británico, y donde Colin Firth era un escritor enamorado de su criada portuguesa.

Consagrado como estrella, Colin Firth dará que hablar en el futuro. Le veremos como protagonista del thriller Trauma, y retomando su personaje de Darcy en The Edge of Reason, secuela de las peripecias de Bridget Jones. También prepara Nanny McPhee,  escrita y protagonizada por Emma Thompson.

Oscar
2011

Ganador de 1 premio

Ganador de 1 premio

Filmografía
El jardín secreto

2020 | The Secret Garden

Mary Lennox tiene 9 años y vive con sus padres en la India donde su padre trabaja para el gobierno inglés. Cuando los padres mueren a causa del cólera, Mary es enviada a vivir a una inmensa mansión con su malhumorado y solitario tío (Colin Firth) y su estricta ama de llaves (Julie Walters). Allí la niña se encontrará sola en una mansión con más de cien puertas (la mayoría cerradas) y un jardín amurallado donde con la ayuda de la fantasía y en compañía de su enfermizo primo y un joven del pueblo, emprenderán una maravillosa aventura.

1917

2019 | 1917

La Gran Guerra. En territorio francés, ocupado por los alemanes. El general británico Eninore encomienda a los soldados Schofield y Blake una importante misión. Deben atravesar el territorio enemigo, teóricamente despejado, para entregar a MacKenzie, comandante de otra división, una contraorden: la paralización del ataque que tenía previsto, pues en caso contrario, los mil seiscientos hombres que tiene a su cargo, incluido un hermano de Blake, caerán en una trampa y serán exterminados. En su octavo largometraje como realizador, Sam Mendes parece haber rodado la antítesis de su anterior incursión en la temática bélica. Si Jarhead, el infierno espera, de 2005, retrataba sobre todo a soldados descerebrados, que sólo pensaban en obscenidades y manifestaban poco apego a sus lazos familiares, aquí se recurre a dos protagonistas honrados, y afectuosos, que se convierten en auténticos héroes, pese a que hacer lo correcto a veces vaya en su contra. Como consecuencia, su mensaje en contra de las guerras resulta más sólido, unos jóvenes de buen corazón como sus personajes no merecen estar viviendo un auténtico infierno, pasando continuamente junto a cuerpos destrozados. Inspirado por el recuerdo de su abuelo, al que dedica el film, el propio Mendes ha escrito un guión sin fisuras junto a Krysty Wilson-Cairns –forjada en la serie Penny Dreadful, donde él ejercía como productor ejecutivo– que muestra que la Primera Guerra Mundial fue peor que la Segunda, mucho más recreada por el cine, porque aún se podían ver los ojos de los adversarios. Al estilo de La soga o Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), el film está rodado en teoría en un único plano-secuencia. Todo indica que se ha hecho un poco de trampa, un par de momentos bien permiten haber cortado (sobre todo el desvanecimiento de uno de los soldados), pero el espectador tiene la sensación de que está viendo una cinta rodada del tirón. De hecho está acreditado como editor nada menos que Lee Smith, habitual asistente de Christopher Nolan en títulos como Dunkerque, otro de los más sobresalientes filmes del género de los últimos años, que esta vez se ha ganado a pulso el título de montador más sigiloso de la historia audiovisual. Habrá ayudado mucho a representar la función casi sin interrupciones la enorme experiencia teatral de Mendes, que triunfó como director de escena antes de pasar al cine con American Beauty, pero aún así impresiona mucho su cinta, porque no transcurre precisamente en un espacio limitado, sus personajes principales recorren toda la trinchera británica, para pasar después a campo abierto, a una aldea de la campiña, etc. Como resultado, el espectador no tiene la sensación de contemplar el relato desde fuera, sino de estar en medio de los acontecimientos, parece que los personajes pueden caminar hacia cualquier punto, y que se saldrán de un decorado, ni dejarán atrás a los extras. Resulta increíble la sincronización de intérpretes para estar siempre en el lugar justo, pero también la de aviones e incluso de ratas, y nada parece calculado, sino casual. También se supera a sí mismo otro ilustre técnico, Roger Deakins, director de fotografía habitual de los hermanos Coen, con el que casi siempre rueda también Mendes, que no sólo logra transmitir claustrofobia cuando la ocasión lo demanda, pues otras veces muestra escenas de masas, por ejemplo una carga de los soldados. En un momento de la historia del cine donde los efectos visuales por ordenador han avanzado tanto que pocas veces se consigue sorprender al espectador, Mendes deja boquiabierto a cualquiera, con más de un fragmento de pericia técnica asombrosa, como la del personaje enterrado entre rocas, el agua, el avión que se estrella, etc., donde no se adivina dónde acaban los gráficos, y empiezan a actuar actores de verdad. Otras veces uno se pregunta cómo habrá conseguido Deakins mover su cámara, para conseguir tomas inauditas. En esta coyuntura, lo tenían muy difícil los jóvenes relativamente desconocidos Dean-Charles Chapman (Juego de tronos) y George MacKay (hijo mayor de Viggo Mortensen en Captain Fantastic) para lograr empatía con sus personajes, apenas descritos, porque se pretende que sean representativos de cualquiera de los combatientes en el trágico conflicto. En caso de fracaso y que al espectador le importase poco lo que les ocurriera, todo el esfuerzo técnico no valdría para nada. Pero aprueban con nota, sobre todo MacKay, que sería un digno ganador del Oscar. Les apoyan actorazos que muestran su carisma, pero en apariciones bastante breves, que casi parecen cameos, como Colin Firth (Eninore), Benedict Cumberbatch (Mackenzie) o Mark Strong (un oficial que ofrece un importante consejo). Si Alfred Hitchcock admitió haber concebido Extraños en un tren a través de la imagen de los espectadores de un partido de tenis, mirando de izquierda a derecha la evolución de la pelota, mientras uno de ellos miraba fijamente a uno de los jugadores, 1917 tiene también un momento icónico. Un pelotón de soldados carga hacia el frente enemigo, al más puro estilo de Senderos de gloria, de Stanley Kubrick, mientras un hombre les atraviesa perpendicularmente, corriendo al otro flanco, necesitado de encontrar a quien les envía a la muerte.

8/10
La importancia de llamarse Oscar Wilde

2018 | The Happy Prince

Como ocurre con los personajes reales de las obras de William Shakespeare, Oscar Wilde se ha convertido en alguien más grande que él mismo, un tipo humano de resonancias universales. Genial escritor, ingenioso e irónico, casado con su amada Constance y padre de dos hijos, homosexual, epicúreo y disoluto, converso al catolicismo, su vida resulta fascinante, y es lógico que atraiga a todo tipo de artistas, que tratan de recrearla de modo que ilumine a las nuevas generaciones. Se nota que para Rupert Everett, guionista, director y protagonista, y reconocido homosexual, este film es un proyecto muy personal, en el que se ha metido hasta los tuétanos. El cineasta vertebra la trama en torno al conocido cuento de Wilde “El príncipe feliz”, que se corresponde con el título original del film, mucho más atinado que el adoptado en la versión española. Porque la idea es subrayar la hermosura del amor imposible entre Wilde y su buen amigo Robbie, del que el cuento viene a convertirse en símbolo, mientras se subraya el contraste con la relación tempestuosa y pasional con Bosie, que dio pie a la acusación promovida por la familia de éste de sodomía, y que llevó a su estancia en prisión y consiguiente caída en desgracia. El film, triste, se centra en los años que siguen a la salida de la cárcel de Wilde, donde ha escrito en forma de carta a Bosie su “De profundis”, con su estancia en París, en que se bascula entre la atención que le prestan sus amigos, su encuentro con el cristianismo, sus adicciones, sus esfuerzos por suavizar la relación con su esposa y su promiscuidad autodestructiva. Destaca el esfuerzo de Everett por ofrecer una visión poliédrica del personaje, nada complaciente, y que maneja mucha de la información contrastada que se conoce sobre él, aunque siempre con su prisma personal. Logra componer con convicción a Wilde, y se ha rodeado de un plantel de buenos actores: Emily Watson y Tom Wilkinson, como la mujer y el sacerdote, son poderosos aunque tengan pocos minutos de metraje. Edwin Thomas y Colin Morgan saben ofrecer las dos caras del amor que profesan a Wilde, y Colin Firth el de la amistad difícil de otorgar cuando el otro ha caído en barrena.

6/10
Un océano entre nosotros

2018 | The Mercy

En los últimos años abundan en la pantalla los personajes que tienen que arreglárselas ellos solos a bordo de un barco, en títulos como En solitario, Cuando todo está perdido o A la deriva. Se suma a la lista este drama biográfico, que se desarrolla en 1968, cuando Donald Crowhurst trata de ganarse la vida vendiendo un aparato de invención casera para que los navegantes puedan conocer su posición en medio del mar. Para asegurar el futuro de sus hijos, y de su esposa, Claire, decide participar, pese a su inexperiencia marítima, en la Golden Globe Race, competición que premia al primero que logre dar la vuelta al mundo en una embarcación sin escalas, y también al más rápido. Se disfruta mucho más si se desconoce la historia real que ha escogido esta vez para llevar a la pantalla el realizador James Marsh. En el arranque, parece que las piezas que se colocan sobre el tablero darán lugar a un relato con el mismo esquema que su anterior trabajo, La teoría del todo, también sobre un hombre que lucha por lograr sus sueños, venciendo a sus propias limitaciones, con la ayuda indispensable de una mujer fuerte. Pero pronto da un giro radical, hasta el punto de que acaba resultando una historia opuesta, mucho más oscura. Como resultado, aquí no se habla ni mucho menos de superación personal; no acaba siendo una cinta inspiradora, más bien tiende a resultar un poco indignante. Se habla, eso sí, de las consecuencias de la soledad –el ser humano es social, necesita tener cerca a otros, sobre todo a la familia–, de sacrificio para sacar adelante a los vástagos, de la lucha del hombre contra la naturaleza, y sobre todo del lado oscuro del orgullo, y de la dificultad para hacer frente a las decepciones. Buena reconstrucción de la época, pese a que el presupuesto parece ajustado. De nuevo Colin Firth se trabaja a su personaje, tiene el mérito de sostener él solo la mayor parte del metraje. Durante gran parte de la narración, no se entiende del todo que una actriz de la talla de Rachel Weisz haya escogido un papel que no tiene la cancha que debería, pero se desquita con un intenso discurso final. Del resto del reparto destaca David Thewlis como director de un diario.

6/10
El regreso de Mary Poppins

2018 | Mary Poppins Returns

Memorable continuación del musical disneyano de 1964 Mary Poppins, basado en los cuentos clásicos de P.L. Travers, y cuya gestación y permiso de su traslación al cine a Walt Disney narró el film Al encuentro de Mr. Banks. La trama se sitúa años después, en la época de la Depresión en Londres, con Jane y Michael Banks ya adultos. Ella sigue soltera y es activista de los derechos civiles, ayudando a los más desfavorecidos, mientras que él es viudo y padre de tres hijos, Anabel, John y Georgie, su esposa murió hace un año. La familia Banks corre peligro de quedarse sin su maravillosa casa en la Calle de los Cerezos, las deudas apremian, y el documento que podría salvarles, un certificado de acciones del banco donde Michael trabaja, está en paradero desconocido. Por suerte, sopla viento del este, y se presenta en el hogar de los Banks la entrañable niñera Mary Poppins, dispuesta a traer un poco de orden y fe en la afligida familia. Le ayuda en la tarea Jack, un farolero. Resultaba complicado salir airosos de la empresa de retomar las aventuras de Mary Poppins, pero Rob Marshall, que ya firmó el musical Chicago, lo logra de sobras, con un inspirado guión de David Magee, en el que han intervenido él mismo y el productor John DeLuca. Gran parte del acierto estriba en ceñirse a las claves maestras del original, con numerosos guiños y jugando la carta de la nostalgia, un poco al estilo de lo que hizo J.J. Abrams con La guerra de las galaxias, de modo que estamos como en casa, en un universo reconocible y cercano. Emily Blunt toma el relevo de Julie Andrews, y su Mary Poppins es fantástica, conservando su aire coqueto y vanidoso de quien se mira al espejo, a la vez que sus típicas respuestas tajantes, su aire travieso, y su sincera preocupación por ayudar a los Banks. La trama está bien vertebrada con la excusa argumental de procurar la salvación de la casa de los Banks, lo que sirve para abordar temas con enjundia, que propician inspiradas canciones, que de nuevo tratan de alinearse con las conocidas del film previo: la añoranza de la esposa y madre ausente, que sigue con ellos, una luz en la oscuridad, la imaginación y la fe capaces de sobreponerse a lógica racionalista, y que pueden lograr lo imposible, no hay que guiarse por las apariencias, los libros no son sólo su cubierta, hay que ver desde diversas perspectivas, tener la mente abierta, etc, etc. Tanto en su versión original, como dobladas al español, las canciones suenan estupendamente. Son magníficas la partitura musical y las canciones de Marc Shaiman y Scott Wittman, y destacan las imaginativas coreografías, por ejemplo con los faroleros tomando el relevo de los deshonilladores, y ya sea en el mar o en aire, la magia está ahí en todo momento, incluidos los trepidantes pasajes que combinan actores reales y animación. El conjunto del reparto está sensacional, incluido Lin-Manuel Miranda, que triunfó en el musical "Hamilton", y que puede decirse que ha llegado al cine para quedarse, o así debería ser. Resulta además una gozada descubrir a algún actor del original, y ver que todos los personajes están mimados, incluido el villano de Colin Firth.

8/10
Mamma Mia! Una y otra vez

2018 | Mamma Mia! Here We Go Again

Diez años después de la película Mamma mia! y veinte después del musical creado para los escenarios por Catherine Johnson, inspirada en las canciones del grupo sueco Abba, llega esta secuela-precuela –que ambas condiciones presenta la cinta–, a través de una trama sencilla, simple excusa para el divertimento, las canciones y las coreografías, y el empeño, conseguido, por hacer que el espectador se sienta bien, porque triunfa el amor. Tras la muerte de su madre Donna, Sophie ha planificado la reapertura de su hotel, situado en Kalokairi, una idílica y perdida isla griega. Pero su amado Sky, arquitecto, está en Nueva York, y seguramente no se presentará en la inauguración, además de que le ha salido trabajo en la Gran Manzana; tampoco es previsible que se presenten dos de su tres padres –nunca supo cuál de los tres hombres a los que amó Donna es su padre biológico–, ni su abuela americana, excéntrica, una bruja. Pese a todo no ceja en los preparativos, a los que ayudan las otras dos componentes de Dynamo y amigas de Donna, Tanya y Rosie, y que están coordinados por Fernando, un gerente que es una joyita. El relato de esa puesta a punto se entrelaza con la narración de cómo una jovencita Donna recién graduada que viaja por Europa conoció a Harry, Sam y Bill, y llegó a la preciosa isla helénica. Ambas líneas acaban confluyendo en el clímax, pensado con inteligencia, un canto, nunca mejor dicho, a la maternidad. En esta ocasión el guión corre a cargo del también director Ol Parker, conocido sobre todo por los libretos de El exótico hotel Marigold y su secuela, y por Ahora y siempre, cinta romántica con enferma terminal. Aunque también figura acreditada Johnson, la autora del musical, y Richard Curtis, especialista en tramas ligeras que tocan el “cuore”, como Love Actually. Y captan la idea ligera, que es celebrar la “joie de vivre”, la “alegría de vivir”, algo a lo que contribuye poderosamente la selección de las canciones y su inserción en la narración de modo que no aparezcan postizas; ahí la intervención de Benny Andersson y Björn Ulvaeus se muestra también de enorme importancia. Todos los temas funcionan muy bien, aunque brilla especialmente la escena correspondiente a “Waterloo”, que transcurre en París, con Lily James y Hugh Skinner, de fantástica coreografía. También destaca el arranque de “When I Kissed the Teacher”, que transforma una formal ceremonia de final de curso en la universidad, en una auténtica fiesta. Parker sabe además ser visualmente elegante en algunas transiciones entre presente y pasado, o salvar distancias entre personajes, como las que separan a Amanda Seyfried y Dominic Cooper cuando cantan “One of Us”. Otro de los pasajes que eleva el corazón, es el de la llegada de una muchedumbre en barco, que se dirige a la inauguración del hotel, mientras escuchamos “Dancing Queen”. Con reparto de lujo, donde repiten muchos de los actores del film original, unos tienen mayor presencia que otros, pero todos da la impresión de que se lo han pasado en grande con sus apariciones; hasta Meryl Streep se ha apuntado a la fiesta, mientras que la presencia novedosa de Cher casi a los postres, sirve para que escuchemos su potente chorro de voz. De todos modos, si alguien brilla con especial intensidad en el film, ésa es Lily James, la versión juvenil de personaje de Streep: la actriz tiene la pasta de una auténtica estrella, canta y baila muy bien, y encarna a la perfección el idealismo ingenuo que se deja llevar por los sentimientos y por su afán de disfrutar de lo que le ofrece la vida, una óptica algo superficial, pero coherente con la idea de entretenimiento en que consiste el film. También están bien Jeremy Irvine, Josh Dylan y Hugh Skinner, Jessica Keenan Wynn y Alexa Davies, que ofrecen las composiciones jóvenes de los personajes de Pierce Brosnan, Stellan Skarsgård y Colin Firth, Christine Baranski y Julie Walters. Y Andy García sabe conceder empaque a su latino personaje.

6/10
Kursk

2018 | Kursk

La trágica historia del submarino nuclear ruso Kursk (K-141) y de su tripulación, cuando durante unas maniobras realizadas en el Mar de Barents en el año 2000 sufrió un accidente debido a la explosión de varios torpedos en su interior. Los daños provocaron que el submarino descendiera semidestruido hasta el fondo del mar, en donde unos cuantos marineros lucharon por sobrevivir durante días ante la incapacidad de los servicios de rescate. El prestigioso guionista y director danés Thomas Vinterberg (La caza) se pone detrás de las cámaras para narrar la crónica de esta tragedia que conmovió al mundo al comienzos del siglo XXI. El guión de Robert Rodat (El patriota) presenta con brevedad pero suficiencia a sus personajes, en especial al capitán Mijaíl Averin y a su mujer Tanya (estupendos Matthias Schoenaerts y Léa Seydoux), y logra trasladar la angustia que se vive en los dos escenarios de la película, el interior del submarino y el pequeño pueblo en donde residen las esposas y familias de los siniestrados. En un film de este tipo, en donde el espectador conoce el desenlace de la catástrofe, el argumento no genera especial intriga, aunque hay que reconocer que está muy bien imaginado lo que pudo suceder en el interior del enorme ataúd de hierro. Fiel a su estilo, Vinterberg es sobrio en su narración , aunque eso no significa que no ofrezca momentos de valentía, heroísmo y fraternidad entre los marineros. La película es implacable por otra parte a la hora de señalar a los culpables de que se perdieran aquellas vidas. Y Vinterberg denuncia sin duda la negligencia rusa. La falta de previsión y medios de la Armada Rusa es un hecho incontestable, como lo es también la vergüenza que provocaba tal situación en los arrogantes líderes rusos. Ese recelo a mostrar su debilidad, junto a la mezquindad de los gobernantes –aquí se señala especialmente a Boris Yeltsin, interpretado por Max Von Sydow, aunque el presidente de Rusia era ya Vladímir Putin– a la hora de afrontar globalmente la tragedia fue el freno que impidió el salvamento internacional, una ayuda necesaria que fue aceptada demasiado tarde.

6/10
Kingsman: El Círculo de Oro

2017 | Kingsman: The Golden Circle

Más grande, más espectacular, con efectos especiales aún más elaborados, no significa necesariamente mejor. En 2014 Matthew Vaughn aportó con Kingsman: Servicio secreto un poco de frescura al subgénero de las películas de espías estilo James Bond adaptando un cómic de Mark Millar y Dave Gibbons, con agencia secreta privada dedicada a salvar el mundo. La tapadera de la sastrería de trajes a medida Kingsman, una relación mentor-discípulo representada por un veterano agente y el recién llegado, hijo de un agente muerto en acto de servicio, y el tono iconoclasta y gamberro funcionaban razonablemente. Ahora se intenta repetir la jugada, y el resultado es, decididamente, menos brillante. La idea es jugar con Poopy (Julianne Moore), una maníaca lideresa de un cártel del narcotráfico, el Círculo de Oro, que tiene sus horteras cuarteles generales en la más recóndito de la selva camboyana, y ha ideado un maléfico plan para hacer legal su negocio, con un chantaje que podría acabar con la vida de millones de personas. El joven Eggsy (Taron Egerton), que sigue su noviazgo con la princesa sueca Tilde (Hanna Alström) y usa el alias Galahad de su antiguo mentor (Colin Firth), va a ser testigo de cómo su agencia es destruida casi al completo. Lo que le obliga a contactar, ayudado por Merlin (Mark Strong), con sus "primos" americanos de Kentucky, Statesman, otra agencia que usa como tapadera una destileria de whisky. Todos sumarán esfuerzos para afrontar la amenaza planteada por Poppy. El film arranca con una escena espectacular de persecución automovilística y pelea en el interior de un coche, que supone un verdadero alarde técnico. Pero éste es viene a ser el principal problema del film, la acumulación de escenas de acción brilantes, pero que acaban resultando cansinas, se trata de un barroquismo apabullante, que incluye perros-robots, látigos eléctricos, guantánamos de drogatas, brazos de cyborg... También hay un exceso de actores desaprovechados en roles de limitado interés, Channing Tatum, Halle Berry o Jeff Bridges, por citar a tres. Aunque en este sentido se lleva la palma Elton John interpretándose a sí mismo: la broma de un cameo habría podido pasar, pero su reiterada presencia no resulta muy divertida. Por otro lado, como el humor negro o las situaciones picantes dejan de ser una sorpresa, la escena de la hamburguesa, o la "delicada" misión de implantar un micrófono a una chica despampanante, parecen concebidas para plegarse al guión, introducidas por tanto sin demasiada habilidad o gracia. Entiéndase bien, la película es entretenida, y da más o menos lo que promete, pero sabe un poco a decepción, falta capacidad de riesgo, y desde luego arremeter contra el presidente de Estados Unidos a estas alturas no parece precisamente un acto de coraje.

5/10
Deep Water

2016 | Deep Water

Bridget Jones' Baby

2016 | Bridget Jones' Baby

Han pasado quince años desde que El diario de Bridget Jones irrumpiera en las pantallas por primera vez. El impacto fue enorme, como era de prever tras el éxito comercial de la novela de Helen Fielding en que se basaba. Sólo tres años más tarde llegó la secuela, Bridget Jones: Sobreviviré, que mantuvo más o menos el nivel original. Ambas películas narraban las dificultades amorosas de la protagonista, una dulce muchacha que buscaba el amor romántico, aunque su vida emocional era infantil, sus ademanes adorablemente torpes y su actitud exterior desembocaba en cierto desenfado sexual, donde el compromiso era poco más que una palabra. Dos hombres se disputaban su corazón, una competencia con claras referencias a “Orgullo y prejuicio” de Jane Austen. Bridget Jones’ Baby retoma la historia años después de que Bridget y su adorado Darcy fracasaran en su relación, pues los compromisos laborales de él hicieron trizas la convivencia. Ahora, mientras que Darcy se ha casado, Bridget sigue viviendo sola, en un pisito cursi y femenino, y goza de prestigio en su trabajo en una televisión, en donde comparte risas con su amiga Miranda. Con ella precisamente irá a desfasar un poco en un concierto y Bridget pasará la noche con un apuesto desconocido, que resultará ser un tipo la mar de simpático además de multimillonario. Días después, con motivo del funeral de quien fuera su otro conquistador, Daniel Cleaver (Hugh Grant), Bridget se encontrará con Darcy, con quien la chispa volverá a surgir y acabarán en el dormitorio. Así las cosas, cuando al poco tiempo Bridget descubre que está embarazada, ignorará por completo quién es el padre, si Jack o Darcy. La directora Sharon Maguire ha conservado las constantes del primer film, dirigido también por ella: soltería de Bridget, infantilismo emocional, competición masculina, buenismo bobalicón de los padres, etc., al tiempo que moderniza aún más las actitudes de los personajes, que dan tumbos entre el romanticismo y la frivolidad más absoluta. En este sentido la superficialidad del guión supera con creces a la mostrada en las precedentes, tanto en el lenguaje y las conversaciones como en los planteamientos sociales de los que alardea. Aunque sigue manteniendo el humor tontorrón y eficaz de las otras películas, ciertamente se deja tan de lado el “estilo Austen” que llegan a resultan ridículos los acaramelados roles masculinos de Jack y Darcy. Por otras parte, aunque hay una trabajada labor actoral, faltan en el film escenas memorables y algunos golpes de humor parecen reciclados y ya no surten el efecto deseado (véase a la madre de Bridget por ejemplo). Además Colin Firth ha perdido llamativamente su frescura y las arrugas tampoco le hacen ningún favor, algo parecido a lo que le sucede a Renée Zellweger, aunque ésta siga conservando su dulzura innata y el atractivo de sus característicos mohínes. Sí funcionan en cambio dos nuevos personajes: la amiga gamberra de Bridget en la televisión, interpretada con mucho desparpajo por Sarah Solemani (quizá gracias a ella la primera parte de la película es la más llevadera); y el papel de sarcástica doctora interpretada por Emma Thompson, quien además es coguionista del film junto con Helen Fielding y Dan Mazer.

4/10
El editor de libros

2016 | Genius

Año 1929, Nueva York. Dos hombres muy diferentes, casi opuestos; Maxwell Perkins, editor de Charles Scribner's Sons, sosegado, trabajador constante, generoso, de costumbres grises y rutinarias, casado y padre de cinco hijas; y Thomas Wolfe, aspirante a escritor, compulsivo, en diálogo constante y nervioso, actividad exterior agotadora, malvive en un discreto piso con una mujer que ha abandonado a su familia. Maxwell decide publicar el primer libro de Wolfe, pero antes habrán de poner en marcha un laborioso trabajo de corrección, de pulimentación, de simplificación. La razón es que el manuscrito tiene miles de páginas. Es muy difícil hacer una película en torno a la literatura, al mundo interior y creativo que hay detrás de un autor. Sin ser la séptima maravilla del mundo esta película de corte muy clásico cuenta de manera sencilla, bella y nada ampulosa el mundo de la edición tal y como era allá por los años 30 del siglo XX. Para ello el gran guionista John Logan (Gladiator, La invención de Hugo, Skyfall) se ha basado en el libro de A. Scott Berg, que narra la historia real acaecida entre los personajes. Así, logra ofrecer luz clara acerca del talento de Thomas Wolfe (1900-1938), prestigioso escritor norteamericano fallecido prematuramente, y la clave quizá es precisamente que se aleja de “argumentos literarios” para centrar el guión en su editor, Maxwell Perkins, lo que por otra parte supone un precioso homenaje a esas personas anónimas que con su trabajo callado y constante logran que millones de personas disfruten de las historias ajenas, a la vez que lidian constantemente con ese genio tan complicado –"Genius" es el título original del film–, a menudo egocéntrico y displicente, que es el caprichoso carácter del autor de éxito. Al final, El editor de libros –y no deja de ser curioso que el título castellano se refiera al otro personaje– acaba siendo una película muy humana, sencilla, sí, pero nada discursiva o pesarosa, porque en realidad trata de la amistad de dos hombres muy diversos, capaces de compenetrarse, de escucharse y de entenderse más allá de las páginas impresas. Aparte de la modélica aunque algo efectista corrección del primer capítulo, algunas otras escenas son memorables, como en la que Wolfe enseña a Maxwell a apreciar la improvisación del jazz, a abrirse a la frescura de la vida más allá de su monotonía enlatada o, como contrapartida, cuando Maxwell le explica que el oficio de escritor no tiene nada de frívolo, pues contar historias forma parte de la identidad humana. Detrás de El editor de libros se sitúa el hasta ahora desconocido Michael Grandage, que debuta en la dirección tras haber trabajado como actor secundario en diversas series de televisión y películas como La locura del rey Jorge. Su trabajo es notable y consigue transmitir una soñadora atmósfera del Nueva York de la Depresión gracias a un cuidadoso tratamiento de la luz y la tonalidad grisácea, ocre o azulada, que impregna la ciudad y sus alrededores. Esa fotografía de Ben Davis es un rasgo del film que le aporta mucha personalidad y también un punto de nostalgia por esa época donde las noticias de última hora se buscaban en periódicos y los despachos eran polvorientos y lúgubres, llenos de manuscritos, máquinas de escribir Underwood y papelajos que podían esconder verdaderas joyas literarias. Y con el reparto Grandage ha hecho a su vez un magnífico trabajo. Colin Firth y Jude Law están magníficos, si bien es cierto que llega más la seguridad y protección casi paternal del editor que la personalidad de Wolfe en la piel de Law, que puede resultar algo exagerada y cargante. Memorable está Nicole Kidman como amante sufriente de Wolfe; en un par de brillantes escenas la actriz parece haber recuperado su magnetismo. Pero a este trío principal hay que sumar otros trabajos perfectamente acoplados, naturales en la trama, como el de Laura Linney, como la paciente y cariñosa esposa de Maxwell o las apariciones puntuales de Guy Pearce (Scott Fitzgerald) o Dominic West (Hemingway), ambos espléndidos.

7/10
Kingsman: Servicio secreto

2014 | Kingsman: The Secret Service

Sorprendente cinta de acción, que sabe dar una vuelta de tuerca a las típicas tramas de espías al estilo James Bond, que en sus versiones de agentes juveniles suelen tener un aire excesivamente naïf. Aquí la base argumental, un cómic de Mark Millar y Dave Gibbons, sirve para entregar un film ágil y vigoroso, con una violencia paródica e intenciones transgresoras, deudoras de Quentin Tarantino, no podemos olvidar que dirige el film el británico Matthew Vaughn, productor de Snatch. Cerdos y diamantes y Lock & Stock. Como en los referentes citados, el film arranca con una vistosa escena de apertura, una operación contra mujaidines llevada a cabo por los hombres de Kingsman, un servicio secreto, muy, pero que muy secreto. En la operación muere uno de los hombres, por salvar al resto, y al jefe, Harry Hart le toca comunicar la noticia a la viuda y a su hijo Eggsy. Pasados los años, Eggsy es un jovenzuelo problemático, al que Harry decide dar la oportunidad de suceder a su padre en Kingsman, será uno de los candidatos a ingresar en este exclusivo servicio secreto, superando difíciles pruebas. Entretanto, los jefes de Kingsman, presididos como en un moderno Camelot por Arthur, y con una mesa... rectangular, donde virtualmente se sientan Galahad y otros caballeros, detectan una amenaza para el mundo mundial: tiene la cara de Valentine, un multimillonario tecnológico estilo Steve Jobs, muy preocupado por el cambio climático, que ofrece gratis una tarjeta SIM a todo el que la solicite para acceder gratis a servicios de telefonía e internet... aunque, ya se sabe, nadie da nada gratis. Verdaderamente Vaughn ofrece elevadas e imaginativas dosis de acción, jugando con algunas ideas como la de que cualquiera puede morir a lo largo del metraje, nadie tiene la supervivencia asegurada. Se puede reír descaradamente del "product placement" con el que a veces se financian en parte las películas –véanse las hamburguesas de McDonald's–, pero usarlo, claro está, incluir a una letal asesina con prótesis en las piernas que dan mil vueltas a las del atleta Oscar Pistorius, hacer cecear a Samuel L. Jackson y reírse de los villanos de películas e incluir referencias cinéfilas de muy diverso porte. Algunos tópicos muy "british" –los pubs, la elegancia en el vestir...– se caricaturizan con inteligencia, y aun algún elemento decididamente zafio –Vaughn es el director también de Kick Ass. Listo para machacar–, tiene su punto ocurrente, la princesa sueca. Hay mucha ironía en el adrenalítico metraje, no se deja títere con cabeza, literalmente, en el clímax en que la complicidad de poderosos de todo tipo con el villano queda al descubierto de un modo sorprendente. Aunque la capacidad de riesgo tiene sus límites, y al concebir una escena clave de agresividad, en un espacio de oración, no se escoge, por supuesto, una mezquita o una sinagoga, sino una iglesia de "terribles" fundamentalistas cristianos... de los que no se teme una reacción violenta o quejas excesivas, por la película. Hay violencia, sí, hasta con su punto de gore, y a la vez un intento de contención, no ahuyentar al público más sensible parece importante para los responsables del film, que sin duda aspiran a romper la taquilla ofreciendo algo que no sigue cauces hipertrillados, lo que es de agradecer. El reparto cuenta con veteranos excelentes, como Colin Firth, Mark Strong y Michael Caine, y el jovenzuelo Taron Egerton supone todo un acierto. Todo apunta a que ha nacido una nueva franquicia de espías, y que ha nacido para quedarse.

6/10
Magia a la luz de la luna

2014 | Magic in the Moonlight

Años 20 del pasado siglo XX. Stanley es un afamado mago británico que, caracterizado como oriental, sorprende con sus trucos a medio mundo. Pero es un tipo racionalista, que rechaza cualquier cosa que huela a sobrenatural, no cree en Dios ni en espíritus, y disfruta desenmascarando a cualquiera que se atreva a decir que tiene dotes de adivinación o de hablar con fantasmas. Su amigo y colega Howard le propone conocer en la Provenza francesa a la joven americana Sophie, quien asistida por su madre tiene obnubilada por completo a una adinerada familia, con la idea de que la ponga en evidencia. Y aunque Stanley está convencido de que está ante una embaucadora, ésta resulta ser demasiado buena, y hasta empiezan a entrarle las dudas de si no habrá dado por fin con alguien capaz de poner sus convicciones patas arriba. Woody Allen vuelve a hacerlo. Una vez más. Fiel a su cita anual. El cinesta, director y guionista, entrega una fábula deliciosa, muy suya, donde sabe dar vueltas y revueltas a la idea de si hay algo más de lo que detectan nuestros cinco sentidos, existe Dios o no –o al menos algo que podamos llamar "magia", capaz de animarnos la existencia y darle sentido–, he ahí el dilema. Puede parecer que Allen apenas araña la cuestión, o que la trivializa, pero encarna como nadie la añoranza, el deseo, de saber que alguien se ocupa de nosotros. Nos hemos acostumbrado tanto a las genialidades del neoyorquino bajito, que si no nos entrega algo que se acerque a lo sublime, parece que nos quedamos insatisfechos. El hecho es que su film funciona como un perfecto mecanismo de relojería en el juego que Allen se lleva entre manos, envolviéndolo de un delicioso halo romántico, con bromas y sorpresas de buena ley, sembrando las dudas que el mismo director alberga en su interior. Resulta muy adecuada esa andanada a los intelectuales sabelotodos, tan egocéntricos que incluso cuando cambian su punto de vista, lo hacen para admirarse a sí mismos, por lo abiertos que estarían a nuevos conocimientos (aunque nunca estarán abiertos a las personas que tienen al lado, y así acabará luciéndoles el pelo). Again, Allen potencia a grandes actores a los que no había acudido hasta la fecha para su film, en Magia a la luz de la luna, Colin Firth se encuentra muy a gusto, Emma Stone resulta encantadora, y a muchos secundarios –Simon McBurney, Eileen Atkins, Hamish Linklater...– da gloria verlos. 

7/10
No confíes en nadie

2014 | Before I Go to Sleep

Una suerte de "día de la marmota" con elementos de Memento. Christine se despierta cada día en la cama, al lado de su marido, pero no recuerda nada de su pasado, y la situación es incómoda, pues al recobrar la conciencia se encuentra compartiendo intimidad con un verdadero extraño para ella, aunque él la tranquilice diciendo que es su esposo Ben. Él le cuenta que su situación se debe a un accidente, pero una llamada telefónica diaria de su terapeuta, cuya existencia ignora Ben, le lleva a una suerte de diario videográfico personal, en que se va contando a sí mismo las averiguaciones que Christine va haciendo sobre sí misma cada día, y que son muy inquietantes: desde que un tipo la atacó, hasta que era infiel a su marido, y más, mucho más. Rowan Joffe debutó como director de cine con una muy digna versión de una novela de Graham Greene, Brighton Rock, además de haber sido guionista de títulos de interés como El americano. Por ello defrauda un tanto esta historia intrigante de tintes hitchcockianos, en cuyo libreto hay bastantes agujeros, que obligan con demasiada frecuencia al espectador a suspender su incredulidad, y claro, esta exigencia al público tiene su límite, que se sobrepasa. Por supuesto el visionado tiene un pase, la intriga atrapa y al fin y al cabo tenemos a tres grandes actores, Nicole Kidman y Colin Firth –que hace muy poco presentaron también Un largo viaje, donde quien tenía problemas psíquicos era él–, más Mark Strong, pero pesan demasiado las trampas de guión para que nos creamos los giros inesperados, y algunas escenas guiñolescas.

4/10
Condenados (Devil's Knot)

2013 | Devil's Knot

Película basada en dramáticos hechos reales, que han dado pie a abundante bibliografía más varios documentales como West of Memphis, producido por Peter Jackson. El 5 de mayo de 1993 tres niños de ocho años de West Memphis, Arkansas, no volvieron a sus casas. Tras la denuncia de su desaparición, sus cadáveres lacerados aparecieron en una zona pantanosa. La policía, que inicialmente no se mostró diligente, sufrió indudables presiones políticas y mediáticas para dar con los culpables. Acabaron deteniendo a tres adolescentes, uno de los cuales confesó su culpabilidad, aunque luego se retractó y el valor de su testimonio se puso en entredicho, por ser retrasado mental. De todos modos en el imaginario colectivo caló la idea de que los crímenes estaban ligados a cultos satánicos, y el interés de uno de los acusados por estas prácticas encajaba en el perfil de culpable que “el pueblo” necesitaba. El film utiliza como hilo conductor al detective Ron Lax, que ayuda a los abogados de los acusados a reunir pruebas que al menos les libren de la pena capital. Atom Egoyan vuelve a recrear la atmósfera de una comunidad herida por el dolor que provoca la muerte de niños inocentes, tema que abordó con maestría en El dulce porvenir. Aunque aquí domina más la parte de intriga y drama judicial. Cuenta con un sólido guión de Scott Derrickson y Paul Harris Boardman -el canadiense de origen armenio sigue sin filmar guiones propios-, y aunque no muy novedosamente, recrea bien el día fatídico de los crímenes, y las actuaciones policiales y judiciales posteriores. De modo que se siembran con talento dudas sobre lo que ocurrió, para subrayar en la intensa escena final que cierra la película, compartida por Colin Firth y Reese Witherspoon, que al menos tenemos datos para saber qué papel jugaron en los hechos los llamados “Tres de Memphis”. Junto al conflicto dramático crucial –los padres a los que se les arrebatan los hijos–, se suman otros –el porvenir de los acusados–, y la crítica al sistema policial y judicial en lo relativo a la investigación y al manejo de las pruebas. Ideas como caza de brujas, prejuicios, calmar a la opinión pública, acaban pesando más que el deseo estricto de hacer justicia, algo verdaderamente terrible. Después de Mud, resulta una agradable sorpresa ver de nuevo a Witherspoon inmersa en una cinta arriesgada, con otro papel secundario que le permite desplegar su talento interpretativo.

6/10
Un largo viaje

2013 | The Railway Man

Eric Lomax lo sabe todo sobre trenes y horarios ferroviarios en el Reino Unido. Deslumbrará con esta faceta y su indefinible encanto de “sabio despistado” a Patricia Wallace, una viajera de vacaciones, lo que conduce al amor y al matrimonio. Pero Eric no ha podido superar su trauma postbélico por la Segunda Guerra Mundial, cuando fue prisionero de los japoneses, y participaba en la construcción de la línea férrea que debía unir Tailandia y Birmania, empeño que dejó inmortalizado David Lean en El puente sobre el río Kwai. Las pesadillas le acometen y Patricia, que no sabe cómo ayudarle, recurre a los viejos compañeros de armas de su marido para pedir consejo. Una película basada en hechos reales, que el propio protagonista contó en su autobiografía. Dirige Un largo viaje el desconocido australiano Jonathan Teplitzky. Las intenciones son sin duda nobles, las de describir cómo un hombre debe lidiar con sus demonios interiores, la ayuda inestimable que puede prestar una esposa, y la necesidad el amor y el perdón como vías –nunca mejor dicho en esta cinta de trenes– que conducen a la cicatrización de las heridas del alma. Pero el resultado, trabado con idas y vueltas al pasado, es irregular, no se acaba de definir un tono, por así decir. Hay pequeñas incoherencias que descolocan, por ejemplo, da la impresión de que el matrimonio ha tenido lugar sin que Patricia supiera de los problemas psíquicos de Eric, y no estamos preparados para la salida en falso del viejo camarada de armas Finlay. El primer flash-back resulta completamente inesperado y aturde, quizá un efecto buscado, pero hay desorientaciones y desorientaciones, y la que ofrece aquí Teplitzky saca un tanto de la película. La sensación es que hay buenas piezas, pero no acaban de encajar para componer la deseada figura que debe dar todo puzzle. A Colin Firth le toca llevar el mayor peso de la trama, junto a Jeremy Levine en su versión juvenil. Los demás actores aportan su profesionalidad, aunque no dejan de ser roles secundarios, incluido el de la convincente Nicole Kidman.

5/10
Arthur Newman

2012 | Arthur Newman

Después de fingir su propia muerte y adoptar una nueva identidad, un divorciado deprimido (Colin Firth) conoce a una joven perturbada (Emily Blunt), que le conduce a nuevas alturas de simulación mientras recorre el país.

Un plan perfecto (Gambit)

2012 | Gambit

Joel y Ethan Coen escriben casi exclusivamente los largometrajes que ellos dirigen, con muy pocas excepciones, en concreto Ola de crímenes, ola de risas, que dirigió su amigo Sam Raimi –con libreto de ambos hermanos–, y El hombre desnudo, de J. Todd Anderson –coescrita por este realizador con Ethan–. En esta ocasión, los autores de Fargo firman para el realizador Michael Hoffman (El club de los emperadores) una revisión de Ladrona por amor, dirigida en 1966 por Ronald Neame. En Un plan perfecto (Gambit), el conservador de arte Harry Deane traza un plan para engañar a su jefe, el excéntrico magnate Lionel Shabandar. Pretende venderle un cuadro de Monet que hace juego con otro de su propiedad, y que fue robado por los nazis. Para ello, Deane y el falsificador que le pinta una convincente copia del original requieren la ayuda de una mujer texana para que convenza a Shabandar de que el lienzo está en su poder porque su abuelo lo recuperó durante la guerra. Pocas similitudes guarda este remake con el film original, salvo el esquema –ladrón recluta a una mujer para perpetrar un delito, allí el robo de la cabeza de una estatua china, aquí la venta de una pintura falsa–. También carece de su encanto, propio del cine clásico, mientras que Colin Firth y Cameron Díaz, a pesar de su calidad interpretativa –sobre todo del primero– no logran en sus secuencias compartidas ni la mitad de la química que existía entre Shirley MacLaine y Michael Caine. En Un plan perfecto (Gambit) captan más el interés algunos secundarios, sobre todo Alan Rickman y Stanley Tucci, aunque sus personajes resultan exagerados. Con algún elemento aislado que funciona, como las frases irónicas típicamente inglesas del personaje de Firth, o los títulos animados estilo La pantera rosa, Un plan perfecto (Gambit) mezcla géneros –marca de fábrica de los hermanos–, pues anda a medio camino entre la comedia y el cine de robos. Pero acaba siendo demasiado ligera, y le faltan momentos memorables.

5/10
El topo

2011 | Tinker, Tailor, Soldier, Spy

Años 70. Los servicios de espionaje británicos están en entredicho tras el fiasco de una operación encubierta en Budapest, Hungría. Son los años de la guerra fría, y todo apunta a que la Unión Soviética tiene infiltrado un topo en la cúpula del MI6. Para descubrir su identidad, el gobierno acude a uno de sus mejores agentes, George Smiley, que fue obligado a jubilarse unos meses atrás. Se diría que Smiley y otros veteranos espías han sido retirados de la actividad gracias a las jugadas maestras de Karla, uno de los jefes de los espías soviéticos, que mueve con extrema habilidad la pieza de su topo en el gran tablero ajedrecístico del espionaje. Intensa y lograda adaptación de la que seguramente es la mejor novela de espías de John le Carré. No era una tarea sencilla armar en dos horas esta tupida tela de araña argumental, ya que existe una excelente miniserie televisiva de 1979 de más de cinco horas, Calderero, sastre, soldado, espía, basada en la misma obra, con un reparto fantástico encabezado por Alec Guinness. Aquí toma el relevo en el rol de inteligentísimo espía gris Gary Oldman, y le acompaña un elenco de actores maravilloso, estamos ante la clásica película que merecería un Oscar al mejor reparto si tal categoría existiera en los premios de la Academia. Tiene gran mérito el guión trabado por Bridget O'Connor y Peter Straughan, hay una sabia labor de condensación de la novela y disposición de los saltos temporales, agil e intrigante, que conserva la emoción del original junto a esa presentación del mundo de los espías como un mundo gris y burocrático, en que las hojas impiden ver el bosque, con el peligro de olvidar en qué y para qué está uno trabajando. Si en Déjame entrar el sueco Tomas Alfredson tenía el mérito de mostrar vampiros en un entorno realista, quizá aquí su gran aportación es presentar a los espías como almas en penas que arrastran sus existencias hacia no se sabe dónde. De algún modo estaríamos ante la otra cara de la misma moneda, hay algo etéreo e inconsistente en ese mundo de duplicidades y traiciones, donde conceptos como lealtad y patriotismo se desdibujan, y el amor de una esposa o unos hijos es sacrificado, ahí está la “fantasmal” Anne, la eternamente nombrada y apenas vislumbrada mujer de Smiley, que tanto le hace sufrir. Logra el director decir mucho sin palabras, lo que tiene gran mérito en una película donde los diálogos con nombres e información importantes no escasean. Las miradas entre los “camaradas de armas”, los silencios que siguen a frases significativas, el espejo que resulta ser un niño para uno de ellos, todo tiene importancia, y Alfredson sabe sacarle valioso partido para dotar a su película de la misma densidad que presentaba la novela de Le Carré, y mostrar con pudor, como pidiendo perdón, las heridas que los personajes presentan en sus almas.

8/10
El discurso del rey

2010 | The King's Speech

Década de los 30 del pasado siglo. Reina en Inglaterra Jorge V, y soplan aires de guerra. Su segundo hijo, Albert, padece una pronunciada tartamudez desde que era niño. Los muchos expertos que han tratado de ayudarle con su problema han fracasado. Lo que no tendría demasiada importancia, de no ser por la muerte de su padre y lo poco adecuado que es David, el heredero, para asumir la función de monarca. Los avatares del destino le obligan a llevar la corona... y sus súbditos, en tiempos difíciles, necesitan oír la voz del rey. Un heterodoxo logopeda, el australiano Lionel Logue, podría ser la solución a tan reales dificultades. Formidable película dirigida por el británico Tom Hooper, que tiene a sus espaldas un magnífico currículum de películas y series televisivas basadas en personajes auténticos, ya sean regios (Elizabeth I), presidenciales (John Adams) o futboleros (The Damned United). Tiene a su disposición un guión de lujo firmado por un sorprendente David Seidler, quien hasta ahora sólo había descollado, y eso muy relativamente, con libretos de películas animadas (El rey y yo, La espada mágica. En busca de Camelot), y con uno escrito para Francis Ford Coppola, el de Tucker, un hombre y su sueño. Los hermanos Weinstein, productores, vuelven por la puerta grande a la lucha por los Oscar, y desde luego el conjunto del reparto de este film es de los mejores que se han visto en los últimos tiempos. Los personajes son magníficos y los actores que los representan les sacan todo su jugo, está increíble, sensacional, Colin Firth, pero también Geoffrey Rush, Helena Bonham Carter, Guy Pearce, Timothy Spall, Derek Jacobi, Michael Gambon, Jennifer Ehle, Anthony Andrews... Una trama basada en la relación profesor-alumno, por así decir, es algo muy visto. Caer en el tópico es muy, pero que muy fácil. Porque hay elementos que inevitablemente se repiten, ya sea el choque de caracteres, la no comprensión de lo que el profesor pretende, el no-respeto por las capacidades del alumno, etcétera. Pero Seidler y Hooper se las arreglan para sortear una y otra vez estas dificultades ascendiendo a cotas de brillantez excepcionales. Un elemento de originalidad lo introduce, obviamente, el hecho de que uno pertenezca a la realeza y el otro sea un plebeyo, y que éste, para aplicar con éxito su método, exija una relación de igualdad, e incluso de amistad. Pero la razón de que esta película sea casi un milagro no estriba sólo en eso, pues hay mil y un detalles, perfectamente cuidados, que contribuyen a reforzar lo que se cuenta. Así, podemos entender de dónde viene la inseguridad de Albert y la confianza de Lionel, aprendemos a conocer y contrastar los respectivos entornos familiares y sus distintas responsabilidades. Y hay escenas redondísimas, que producen emociones genuinas: no quisiéramos hacer el listado de las mismas, pero vale la pena destacar la de la primera consulta de Albert, la que tiene lugar en Westminster cuando ensayan la coronación y, por supuesto, la del climático discurso tras la declaración de guerra. Es muy inteligente la partitura musical, tanto los temas originales de Alexandre Desplat, como el uso de música clásica, Beethoven y su séptima sinfonía en un momento clave. Y la fotografía, con lentes cortas, y el recurso a picados y contrapicados, resulta muy apropiada para resaltar la soledad de la función real, aunque, paradójicamente, uno se encuentre en buena compañía.

10/10
El retrato de Dorian Gray

2009 | Dorian Gray

Oliver Parker es un gran especialista en Oscar Wilde, pues llevó a la pantalla las obras teatrales Un marido ideal y La importancia de llamarse Ernesto. Ahora adapta la novela “El retrato de Dorian Gray”, todo un reto pues estamos ante una de las grandes obras maestras de la literatura universal. Antes lo habían intentado otros realizadores, como Albert Lewin, en su versión con George Sanders, Donna Reed y Angela Lansbury, que es sin duda la más conocida, aunque existen muchas otras, bastante irregulares. En esta ocasión es el príncipe Caspian, Ben Barnes, quien interpreta a Dorian Gray, aristócrata que regresa a Londres tras haber pasado la adolescencia en el campo. En la capital conoce a Lord Henry, un brillante pero cínico individuo que le muestra la vida nocturna de la ciudad, y las perversiones que tienen lugar allí, y a Basil Hallward, un artista obnubilado por su belleza, que realiza un brillante retrato pictórico del joven Dorian. A continuación, Dorian se sumerge en la corrupción y el vicio, pero es el retrato el que acusa las huellas de sus actos inmorales y el paso del tiempo. Por su parte, el chico permanece inalterable. Parker ha filmado una película correcta sobre la degradación moral, tema central del libro, con una ambientación barata pero sumamente eficaz de la Inglaterra victoriana. Cuenta con brillantes interpretaciones de Ben Chaplin (el pintor), Rebecca Hall (la hija de Lord Henry) y especialmente de Colin Firth (Lord Henry), cuyo personaje no llega a resultar tan genial como en la novela, porque sus diálogos han quedado bastante descafeinados. Al protagonista, Ben Barnes, que realiza cierto esfuerzo interpretativo, se le puede reprochar que su Dorian es un tanto insulso. Tampoco el tono fantaterrorífico y oscuro se corresponde del todo con la novela, que también incluía mucho humor, sobre todo al principio, en los ingeniosos epigramas del autor. Y la suma elegancia de Oscar Wilde al narrarnos la degeneración moral del protagonista, ha quedado sustituida por secuencias explícitas. En suma, estamos ante un esfuerzo digno de adaptación, que queda como una ilustración que no alcanza la gloria del original.

5/10
Un hombre soltero

2009 | A Single Man

Debut de Tom Ford, consagrado diseñador de moda, que ha trabajado como director creativo de Gucci e Yves Saint-Laurent. Ford sorprendió muchísimo a sus compañeros del sector, cuando anunció que abandonaba temporalmente el mundillo de la moda, para dedicarse a dirigir cine. Había decidido adaptar al cine “Un hombre soltero”, de Christopher Isherwood, emblemático libro para el movimiento gay. A Single Man está ambientada en Los Ángeles, en 1962, en plena crisis de los misiles de Cuba. George Falconer es un brillante profesor de universidad británico incapaz de superar la muerte de Jim, que fue su amante durante mucho tiempo. Sus familiares, ni siquiera le permitieron acudir al funeral. Intenta suicidarse pero no puede, al tiempo que Charley, su mejor amiga, le intenta consolar y le manifiesta que está enamoradísima de él. También lo está uno de sus estudiantes, que ha llegado a pedirle su dirección a su secretaria. Lo mejor de esta cinta es la sorprendente interpretación de Colin Firth, que se hizo con la Copa Volpi al mejor actor en el Festival de Venecia. También se perfila como uno de los más que posibles candidatos a los Oscar, donde está claro que tiene posibilidades. Brilla especialmente en las secuencias que comparte con Julianne Moore, que también suena para la que sería su quinta nominación a la estatuilla, aunque su papel es breve. Resulta eficaz su retrato del dolor causado por la muerte del ser amado, pues Tom Ford elige la vía de la sobriedad y la contención. Pero por otro lado resultan evidentes sus intenciones propagandísticas al estilo de Brokeback Mountain. Idealiza la relación homosexual del protagonista, que es el único de su entorno que ha logrado encontrar a su pareja ideal. Se sugieren las dificultades sociales que ha padecido, pero éstas son bastante mínimas, apenas sin importancia (un vecino le critica a sus espaldas porque “es de la acera de enfrente”). En general parece que se evita mostrar las consecuencias del camino que el personaje ha tomado, sobre todo porque la historia finaliza de forma algo brusca.

4/10
Cuento de Navidad

2009 | A Christmas Carol

Londres del siglo XIX. Scrooge es un viejo avaro, con un corazón de piedra, incapaz de realizar un acto de bondad, ya sea con su fiel empleado Bob Cratchit o con su sobrino Fred. Incapaz de compadecerse ante las necesidades de los demás, tampoco sabe disfrutar de la vida. Especialmente odia la Navidad, le parece absurdo que en esa época del año la gente se deje guiar por sentimientos caritativos, olvidando rencores y demostrando amor. Siete años después de morir su socio, se le aparece su espectro atrapado por unas cadenas que señalan su estado de condenación. Y le anuncia la próxima visita de los fantamas de las navidades pasadas, presente y futuras, lo que supondrá un auténtico examen de conciencia de lo que ha sido su vida hasta entonces, y de lo que podría llegar a ser. Existen versiones del clásico "Cuento de Navidad" de Charles Dickens para aburrir, con actores reales, animadas, mudas... Con Barbie, los Teleñecos, Mickey Mouse... Lo primero que viene a la cabeza es la pregunta '¿otra más, de verdad hace falta?'. Pues bien la respuesta es, 'Bienvenido sea este maravilloso e imaginativo film de Robert Zemeckis'. Uno se da cuenta de que hay historias inmortales –piénsese en el caso de William Shakespeare–, que pueden ser contadas mil y una veces, y nunca cansan, basta que haya un poco de talento en el narrador de turno. Si encima dicho narrador se toma la cosa en serio, y cuida el aspecto visual de un modo nunca visto hasta la fecha, pues vamos, sólo queda decir '¡chapeau!' Zemeckis, autor también del guión, logra mostrar la vigencia del cuento, sus valores universales y su fondo cristiano, que hablan del tiempo limitado de que disponemos los seres humanos en este mundo, y de la necesidad de aprovecharlo para hacer el bien y ocuparse de los demás. Y lo consigue sin caer en el empalago de otras aproximaciones, incluyendo pasajes bastante terroríficos, y dosificando los momentos de acción, humor y lágrimas, o el de aquellos que apelan directamente al corazón. Los actores, que han sido filmados con sensores para luego trabajar las imágenes en la animación fotorrealista ya utilizada por el director en Polar Express y Beowulf, están muy bien, de modo especial Jim Carrey que no sólo compone un Scrooge contenido en sus diversas edades, sino que pone voz a otros personajes como los fantasmas de las navidades. Zemeckis siempre ha demostrado una gran capacidad para usar los efectos especiales y el 3D sin caer en la rutina, no hay más que repasar su filmografía. Aquí vuelve a probar su pericia en el magnífico diseño visual, con las cadenas del primer espíritu, en el diseño de los tres fantasmas, especialmente el aterrador y silencioso de las navidades futuras, en los vuelos fantásticos, incluida la imagen que homenajea al barón Munchäusen, en las carreras por la nieve. Resulta además un acierto la incorporación de momentos de acción -como el deslizarse sobre la nieve– que no distraen de la narración principal.

7/10
Una familia con clase

2008 | Easy Virtue

Las películas basadas en obras del genial dramaturgo y guionista británico Noel Coward siguen teniendo espacio en el cine actual. Coward alcanzó su cenit con el guión de Breve encuentro y, en general, cuenta historias muy 'british', donde critica la hipocresía de la alta aristocracia y los vicios de la burguesía inglesa, expuestos con un agudo y elegante sentido del humor. Esta película es la última muestra de sus ideas, y guarda numerosos puntos en común –además de un título peligrosamente parecido– con otra película “cowardiana” del año 2000, Gente con clase. Años de posguerra. En una extensa finca inglesa, con suntuosa mansión, praderas y lagos, vive la familia Whittaker. Está formada por cuatro tristes miembros que no hacen sino acentuar el ambiente sombrío y anquilosado del lugar: la madre amargada, siempre preocupada y de mal humor; el padre, de vuelta de todo tras haber vivido una terrible experiencia en la II Guerra Mundial; y las dos hijas, tontorronas, cursis y chismosas. El único miembro de los Whittaker con un poco de vitalidad nueva es John, quien tras un tiempo por el continente regresa a la casa familiar... ¡casado! La esposa es Larita, una hermosísima mujer de mundo, estadounidense y moderna, que difícilmente va a encontrar espacio donde respirar entre aquellos muros. La película incide en el contraste entre culturas: la inglesa, anquilosada y esclava de la tradición; y la norteamericana, mucho más vitalista y despreocupada. El guión es divertido e ingenioso, con algunas réplicas muy mordaces, y gags logrados (lo del perro Poppy es gratamente divertido), aunque otras veces la situación es menos sutil y peca posiblemente de una gravedad y un dramatismo excesivos que desentonan. Además, aunque hay un cuidadoso diseño de producción y un arranque prometedor, con una agradable y desenfadada música, propia de las comedias de época de principios del siglo XX, sofisticada y clásica, resulta decepcionante el desenlace, tan imprevisto como desafortunado. Y a eso se añaden unos personajes, en general poco trabajados. En concreto, a la poca química entre los esposos, –pese a que tanto Jessica Biel (El ilusionista) como Ben Barnes (Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian) hacen un trabajo meritorio–, hay que añadir otro claro fallo de 'casting' en el papel del padre, interpretado por Colin Firth, quien demandaba mucha mayor presencia y queda muy desaprovechado. Kristin Scott Thomas está, como siempre, bien como matriarca resentida, aunque es un papel poco agradecido.

4/10
Génova

2008 | Genova

El británico Michael Winterbottom ofrece en Génova un auténtico ejercicio de estilo, como si hubiera querido aplicar sus técnicas de falso documental, exhibidas en In This World y Camino a Guantánamo, a una historia muy dramática; aunque se trata de algo que ya había hecho, es verdad, en Un corazón invencible. Tal planteamiento lo une a un tipo de historias muy arraigadas en Estados Unidos, piénsese en el caso novelístico de Henry James, de personajes que se redescubren a sí mismos viajando a Europa. La película arranca con una mujer viajando con sus dos hijas por una carretera nevada cerca de Chicago. Las tres lo están pasando genial, pero una broma inoportuna de la pequeña provoca un fatal accidente, a resultas de lo cual muere la madre. Cara a superar la tragedia, el viudo decide aceptar un trabajo en Europa, en la Universidad de Génova. Cree que un cambio de aires vendrá bien a la familia. Antes de que empiece el curso académico, el padre da clases de verano, mientras las hijas, teóricamente, toman lecciones de piano. En realidad la mayor comienza a salir con un chico italiano; mientras, la pequeña tiene pesadillas nocturnas, arrastra un complejo de culpa por la muerte de la madre. La historia en sí es sencilla, habla de superación de una tragedia, ya sea por omisión, ignorándola, como si nunca hubiera ocurrido, para la cual viene bien la evasión, por el inicio de una relación, unas clases que distraen, o esas apariciones de la madre a la niña, muy unidas a una preocupación religiosa, la gran e inevitable pregunta sobre la vida después de la muerte. Todo esto puede bascular entre lo convencional y lo sugerente, pero la gran suerte de la película es que detrás hay un gran director, que se permite filmar gran parte del metraje como si en cualquier momento pudiera ocurrir una desgracia semejante a aquella con que arranca el film. Hay un gran ritmo, un maravilloso sentido del encuadre, un inteligente uso del sonido y una primorosa edición de los planos, que ayudan mucho al buscado efecto de desasosegamiento que impregna cada fotograma. No es una obra maestra, aunque las interpretaciones –las chicas Perla Haney-Jardine y Willa Holland, Colin Firth y Catherine Keener– y la dirección sean destacables.

5/10
Mamma mia!

2008 | Mamma mia!

En 1999 se estrenó en Londres el musical Mamma Mia!, escrito por Catherine Johnson, que tiene el mérito de haber encajado como un guante en una trama imaginativa varias de las canciones de Abba más reconocidas, con algún divertido retoque en las letras. Su labor es tan brillante que un espectador que no hubiera escuchado al famoso grupo sueco creería que se trata de temas originales. Casi una década después, la propia Johnson se ha encargado del guión en la versión cinematográfica, que también cuenta con Phyllida Lloyd, la misma directora que el montaje teatral. Donna es una madre soltera que ha criado en solitario a su hija Sophie en Kalokari, una idílica isla griega, donde regenta un pequeño hotel. Sophie está a punto de casarse, y siempre ha querido saber quién es su padre, por lo que ha decidido enviar invitaciones a tres tipos que visitaron la isla veinte años atrás. Según el diario de su madre, que Sophie ha encontrado por casualidad, no se sabe cuál de ellos es realmente su progenitor. Al parecer, Donna mantuvo relaciones con los tres en un corto período de tiempo. El hombre de negocios Sam Carmichael, el banquero Harry Bright y el aventurero y escritor Bill Anderson llegan a la isla más o menos a la vez que las dos grandes amigas de Donna, Rosie y Tanya, que formaban con ella en el pasado el grupo Donna and the Dynamos. La citada Phyllida Lloyd tiene una intachable reputación como directora de escena, no sólo por sus montajes teatrales, sino sobre todo por su trabajo en la ópera. Sin embargo, es una debutante en el cine, y se nota. Sus imágenes no tienen la fuerza de otros musicales recientes, y al final pierde muchísimo fuelle, pues el ritmo cae por un par de secuencias que no aportan demasiado y se hacen pesadas. A pesar de todo, el film funciona, principalmente porque las famosas canciones dan pie a números divertidos, que se siguen con una sonrisa en la boca. Están mejor ellas, sobre todo las Dynamos (las veteranas Julie Walters –inolvidable profesora de Billy Elliot (Quiero bailar)– y Christine Baranski –secundaria de títulos como El misterio von Bulow–) y la propia Meryl Streep (Donna), que no sólo realiza una buena interpretación, sino que además demuestra tener buena voz. No están tan bien dotados para el canto los tres posibles padres (Stellan Skarsgård, Pierce Brosnan y Colin Firth), pero están muy bien escogidos para sus personajes. Como tienen que cantar menos, dan el pego. Algunos números musicales son excelentes. Destaca ‘Mamma Mia’ –cuando Donna descubre a sus ex y se los imagina tal y como eran en el pasado–, ‘Chiquitita’ –con las Dynamos tratando de animar a Donna–, ‘Slipping Through My Fingers’ –con Donna ayudando a su hija a vestirse y dándose cuenta de lo mucho que ha crecido– y sobre todo ‘Does Your Mother Know’ –que suena cuando una de las Dynamos rechaza a un joven pretendiente en la playa–. La directora cuenta con buenos bailarines y coreografías efectivas que sabe utilizar. La cinta lanza una mirada nostálgica a los años en que sonaban las canciones de Abba, o sea la década de los 70, marcada por el espíritu de mayo de 68, el permisivismo sexual e incluso la tolerancia con las drogas. Pero lo hace desde el punto de vista de unos personajes que han madurado, y que han dejado esa época atrás. Además, la trama también puede interpretarse en clave crítica hacia esa época, pues muestra también sus consecuencias negativas. La hija de Donna se siente dolida por no haber tenido un padre y está a punto de casarse precisamente para que sus futuros hijos no tengan el mismo problema.

5/10
Marido por sorpresa

2008 | The Accidental Husband

La doctora Emma Lloyd tiene un consultorio sentimental en la radio, "Real Love", donde se permite dar todo tipo de consejos siguiendo la divisa de que en el amor hay que tener los pies en el suelo y no dejarse guiar por el romanticismo. Patrick, un bombero en vísperas de casarse, ve cómo su novia rompe con él por culpa de un consejo inoportuno de la "experta". Decidido a vengarse, gracias a un hacker logra que los archivos matrimoniales de la ciudad de Nueva York aseguren que él es el marido de Emma. Ello ocurre justo cuando la misma doctora se disponía a casarse con Richard, un novio la mar de sensato que verá puesta su paciencia a prueba. A priori ésta debería ser una simpática comedia romántica de enredo, que con los gags adecuados y un buen timing tendría que funcionar. No es así, y eso que cuenta con un estupendo reparto. Hay que atribuir gran parte del desaguisado a Griffin Dunne, actor y ocasional director, que tras la cámara jamás ha brillado, títulos como Adictos al amor y Prácticamente magia son perfectamente prescindibles. Así que el film no tiene otro atractivo que ver a Uma Thurman y Colin Firth en acción, a los que se suma un actor como Jeffrey Dean Morgan, que se diría la versión risueña de Javier Bardem, tal es su notable parecido físico con el actor español.

4/10
Cuando ella me encontró

2007 | Then She Found Me

Reencuentro con la actriz Helen Hunt, que se prodiga muy poco en los últimos años, pues aparte de su lección magistral de interpretación en A Good Woman, hizo un papel muy secundario en Bobby, y poco más. Posiblemente aburrida de la escasez habitual de papeles para mujeres maduras, ha decidido fabricarse uno a su medida. Esta adaptación de una desconocida novela de Elinor Lipman supone su debut como directora, aparte de que también ejerce como coguionista e interpreta el papel principal. Helen Hunt tiene un aspecto estupendo, sobre todo porque no se ha sometido a esas operaciones de cirugía estética tan habituales en Hollywood. Se atreve a interpretar a una mujer de 39 años, a pesar de que ella rebasa con creces esa edad. April Epner es una maestra neoyorquina preocupada porque el reloj biológico avanza, y todavía no ha sido madre. La muerte de su madre adoptiva coincide con el anuncio de su marido de que pretende abandonarla. Además, se pone en contacto con ella su madre biológica, que resulta ser una famosísima presentadora televisiva, y empieza a sentirse atraída por el padre de uno de sus alumnos. El guión no es redondo –se supone que la protagonista está afligida por la ruptura con su marido al que quiere, pero enseguida se lanza a los brazos de otro hombre–, y acumula giros efectistas o sensibleros, además de tratar frívolamente cuestiones como la inseminación artificial. Helen Hunt muestra ciertamente su inexperiencia como directora, y su dirección de actores es irregular. Ella convence, pero no tanto Colin Firth y Bette Midler. A pesar de estas pegas, se trata de una historia cercana sobre la maternidad y la adopción, que describe personajes muy actuales, desconcertados en sus relaciones afectivas. Abundan en la vida real los casos como el del marido de la protagonista (Matthew Broderick), un inmaduro incapaz de aceptar cualquier responsabilidad, que rompe el matrimonio a las primeras de cambio. Además, combina el fondo dramático con acertados golpes de humor que aligeran el metraje.

5/10
Supercañeras. El internado puede ser una fiesta

2007 | St. Trinian's

Tremendamente atípica película de instituto inspirada en la tira cómica de “St. Trinian”, que en los años cuarenta creó el inglés Ronald Searle. Se trata de una cinta independiente que en Inglaterra ha tenido bastante éxito. A un reparto que mezcla actrices desconocidas con rostros sobradamente reconocibles, se une el hecho de que la película cuenta con su propio tema principal, cantado por el grupo de jovencitas Girls Aloud, que salieron de la versión inglesa del programa televisivo Popstar. Quizás haya sido esto lo que ha provocado el éxito entre los británicos, porque en cuanto a la película en sí... El desalmado padre de Annabelle decide ingresarla en el internado femenino St. Trinian. El motivo de esta decisión no es que su hermana sea la directora del lugar, sino que es el que le sale más barato. En cuanto la niña llega al centro, desea morir. Además de ser víctima de crueles novatadas, comprueba que el lugar es una auténtica selva donde todo vale. Pasan los meses y a Annabelle no le queda más remedio que acostumbrarse a su nuevo hogar. Entonces, sucede algo que conseguirá que se integre entre sus nuevas compañeras; si no pagan a Hacienda, el St. Trinian tendrá que cerrar por bancarrota. La solución se presenta en forma de cuadro, ya que las niñas deciden robar un preciada pintura de la National Gallery para venderla posteriormente. Esta película tiene a su favor la originalidad, el no ser en absoluto la típica película de instituto. Quien espere un High School Musical o incluso algo más gamberro tipo American Pie, que se prepare. El espectador no saldrá de su asombro con estas niñas que en clase de física preparan explosivos y que adulteran bebidas alcohólicas que posteriormente venden a su profesor de matemáticas para que éste las distribuya entre los jóvenes del lugar. Allí hay vía libre y pasan todas las burradas que se puedan imaginar. Al frente de tan salvaje sitio está la directora permisiva y alocada Camilla, interpretada por Rupert Everett, que también encarna a su hermano y padre de Annabelle. La película es irreverente y no se corta a la hora de utilizar el sexo para hacer bromas. La idea es reírse y criticar las típicas películas norteamericanas de instituto y el modelo de jovencita que defienden. Sólo hay un momento en que el St. Trinian cede a los tópicos de la meca del cine para ofrecer algo parecido a una enseñanza o moraleja. Sucede en pleno concurso, cuando la profesora de inglés insiste a una de las “pijas” sobre su capacidad real para contestar las preguntas. “Eres inteligente, sólo tienes que creerlo”, algo así es lo que viene a decir la profesora. Pero más allá de esto, nada que ver. Entre los mejores momentos de la película está el plan y ejecución del robo a lo Misión imposible. En el reparto destaca Colin Firth como el malvado ministro Thwaites, y Russell Brand como Flash, el profesor de matemáticas que enseña y ayuda a las niñas en el delicado “arte” de delinquir.

4/10
La última legión

2007 | The Last Legion

Una de romanos, a la antigua usanza, pensada para toda la familia, y que se basa parcialmente en una obra de Valerio Manfredi. Siglo V. El niño Rómulo Augusto, a punto de ser proclamado emperador de Roma, ve cómo sus padres son asesinados por el bárbaro Odoacer. Sólo salva su vida por los augurios de Ambrosino, gracias a los cuales es enviado al exilio a la isla de Capri, la misma donde se retiró tiempo atrás el emperador Tiberio. El chico será rescatado por un grupo liderado por el general Aurelio, que se siente culpable de que cayera prisionero; forma parte de su grupo de guerreros una mujer india, de la India, Mira. El plan después pasa por ir a Britania, donde se supone aguarda la novena y última legión del imperio. Se habría agradecido un guión más trabajado y unos personajes con más matices. Pero el film cae simpático: tiene su ritmo, con la climática batalla final -que incluye antes un discurso enardecido, a lo "Enrique V"- y sus vistosas escenas de peleas. Y tiene su gracia ver a Colin Firth calzado con sandalias, a la bollywoodiense Aishwarya dar patadas a tutiplén, o a Ben Kingsley en plan Gandalf, o más bien otro mago que... El niño Thomas Sangster cumple, pese a su aspecto en exceso angelical, y como explicación al mito artúrico funciona bastante mejor que El rey Arturo.

5/10
La niñera mágica

2006 | Nanny McPhee

A la muerte de su esposa, el señor Brown, gestor de una funeraria, debe encargarse de la educación de sus siete hijos. Éstos son un hatajo de diablillos, que han colmado la paciencia de todas las niñeras que han tenido hasta la fecha. La última huyó despavorida, después de que los pequeños salvajes consiguieran hacerle creer que se habían comido al más pequeño de todos. Para colmo de males, la tía del señor Brown, una anciana gruñona que pasa una pensión, le amenaza con echarle de su casa si no encuentra una nueva esposa en el plazo de un mes. De pronto aparece en la puerta de los Brown, como por arte de magia, Nanny McPhee, una mujer de aspecto desagradable. Aceptará el poco apetecible puesto de niñera, a condición de librar los domingos por la tarde; y enseñará a los chicos, con métodos inesperados, cinco lecciones: ir a la cama cuando se les manda, levantarse de forma responsable, vestirse a su hora, escuchar y obedecer órdenes. Emma Thompson ganó un Oscar como guionista, por su adaptación de Sentido y sensibilidad, que también protagonizaba. Ahora, repite esa doble función en esta versión de 'Nurse Matilda', serie de cuentos infantiles escritos en los 60 por Christianna Brand, novelista británica especializada en misterio. La propia Emma Thompson ha comentado que su labor ha sido algo complicada, porque el argumento no se basa en un libro concreto, sino que incorpora elementos de las tres obras sobre el personaje. Incluso tuvo que cambiarle el nombre, para evitar confusiones con Matilda, otro film para niños basado en un libro de Roald Dahl. El cineasta Kirk Jones, desaparecido desde que triunfó con Despertando a Ned, ha logrado mantener la esencia de las clásicas fábulas para niños, componiendo una especie de versión severa de Mary Poppins. El cineasta ha contado con secundarios bastante ilustres, como Derek Jacobi, Imelda Staunton y Angela Lansbury, cuya presencia no parece casual en una cinta que conecta con La bruja novata, uno de sus mayores éxitos. Combina elementos sacados de las comedias sofisticadas de los años 30, con partes que parodian los cuentos infantiles. Presenta una interesantísima visión de la educación infantil, centrada en estimular la propia responsabilidad de los chavales. En realidad, la niñera no les dice lo que deben hacer, sino que deja que lo aprendan ellos mismos colocándolos en situaciones extremas.

7/10
Trauma

2004 | Trauma

Con retraso llega esta producción rodada en 2004, que tiene como cabeza de cartel a Colin Firth (El diario de Bridget Jones) y Mena Suvari (American Beauty), y que inquieta desde las primeras imágenes. Firth interpreta a Ben, un hombre que tras un accidente de tráfico despierta del coma para descubrir que su mujer ha muerto. Aunque cambia de domicilio y se interesa por su nueva vecina, superar la pérdida no es nada fácil y Ben empieza a perder el contacto con la realidad. El film, deliberadamente confuso, juega con la mente desquiciada del protagonista, y, salvando las distancias, tiene alguna reminiscencia de Un perro andaluz. Por lo demás, la gótica y mugrienta puesta en escena es agobiante y el episodio de la araña es de un mal rollito que tira de espaldas.

3/10
Bridget Jones: sobreviviré

2004 | Bridget Jones: The Edge Of Reason

Por fin, Bridget ha conseguido comprometerse con el abogado Mark Darcy, el hombre de sus sueños. Aparentemente, es el hombre ideal: atractivo, inteligente, tolerante con las acciones de Bridget, etc. Pero esta insufrible mujer ve amenazas por todas partes, pues siente celos de cualquier fémina que se acerque a su amado. Sobre todo, de la nueva ayudante de Mark, una atractiva y alta mujer que parece querer alejarla de él. Para colmo de males, reaparece el mujeriego Daniel Cleaver, antiguo jefe de Bridget con el que mantuvo una horrible relación. Vuelve la treintañera más neurótica y exageradamente llena de complejos de la pantalla, interpretada por Renée Zellweger, en una secuela en que también reaparecen Colin Firth y Hugh Grant. La directora Sharon Maguire ha sido sustituida por el cineasta británico Beeban Kidron, correcto autor de cintas como Antonia y Jane o A Wong Foo, gracias por todo, Julie Newmar. Y bien, lo que podía haber sido un sainete actualizado, una especie de retrato de costumbres, que hubiera convertido a su protagonista en todo un icono generacional, en realidad se queda en una comedia ligera, y en ocasiones algo gamberra. Eso sí, la risa está asegurada con gags sencillos pero efectivos al estilo de las telecomedias. Además, Kidron le saca jugo a las múltiples y sonoras canciones de la banda sonora. Versiona muy libremente la segunda novela sobre el personaje, de la periodista Helen Fielding, en la que Bridget convivía con Darcy para constatar que el hombre de sus sueños era también un ser humano con algún defectillo. Lo único que ha quedado en su traslación a la pantalla ha sido el título y el viaje a Bangkok.

6/10
Un sueño para ella

2003 | What A Girl Wants

Daphne es una jovencita la mar de molona, que tiene la natural curiosidad por saber cómo es su padre, un tipo con quien su madre mantuvo un romance breve pero intenso. Así que coge el avión y se planta en Londres, donde averigua que su progenitor es todo un caballero, lord Henry Dashwood. Agradable comedieta, donde destaca sobre todo el buen hacer de Colin Firth, quien empezó a brillar a raíz de El diario de Bridget Jones.

4/10
Love Actually

2003 | Love Actually

Para los amantes de las películas románticas, Richard Curtis es un viejo conocido. De su talento nacieron los guiones de Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill o El diario de Bridget Jones, sin lugar a dudas tres cumbres de la comedia romántica actual. Respecto a la Love Actually, el mismo Curtis explica que tenía demasiadas historias de amor en la cabeza y no tenía tiempo para esperar a que se filmaran todas. Así que decidió fundir todos esos guiones en uno solo y ponerse por primera vez él mismo detrás de la cámara. El resultado es un collage de diez pequeñas historias de amor protagonizadas por una variada galería de personajes cuyas vidas se entrelazan de algún modo. El experimentado guionista no comete el error de repetirse. Así somos testigos de amores entre jefes de estado y empleadas; de maridos y esposas; de hermanos y hermanas; de hijos y padres; de amistades duraderas, y, cómo no, de romances entre hombres y mujeres con situaciones vitales tan normales como distintas y originales. Las diferentes tramas son simultáneas en el tiempo y están ambientadas en los días próximos a la Navidad. A Curtis le sirve este “truco” para arrancar de sus personajes sentimientos hondos, de tal forma que, cada uno a su modo, experimente la necesidad de sincerar su corazón. Y ahora que el cine suele derivar con demasiada frecuencia hacia historias frustrantes, hay que agradecerle a Richard Curtis su talante esencialmente optimista, una declaración de principios con la que no duda en iniciar la película. Este enfoque es compatible, sin embargo, con las licencias que se toma a la hora de explicitar escenas de burda grosería, que aunque sirvan a la postre para reivindicar el amor verdadero, resultan sorprendentes en una comedia de este perfil. Para dar buen acabado a su cóctel romántico, el director cuenta con un reparto de aúpa, con muchos de los mejores actores británicos actuales. Y lo demuestran en escenas delirantes (Hugh Grant), emocionantes (Colin Firth), surrealistas (Bill Nighy), mágicas (Keira Knightley) o desgarradoras (Emma Thompson), por enumerar sólo las más emotivas. Sin duda, el mundo iría mucho mejor si se hiciesen más películas como ésta, porque después de verla dan ganas de ser bueno de verdad y brindar con champán con el amor de tu vida.

7/10
La joven de la perla

2003 | Girl with A Pearl Earring

Adaptación de la novela homónima de Tracy Chevalier, que imagina el posible origen del cuadro “La chica de la perla” de Vermeer. El film transcurre en la Holanda del siglo XVI, cuando la joven Griet (Scarlett Johansson) deja la casa paterna para servir en casa del pintor (Colin Firth). Es una chica educada en un estricto protestantismo, espabilada (p. ej. al regatear en el mercado), recatada y celosa de su virtud. Dentro de su escasa educación admira los cuadros del maestro, y se le adivina una sensibilidad. El mismo maestro queda cautivado por ella cuando la ve iluminada en su estudio, garabateando en una ventana empañada. Vermeer deberá conciliar los deseos de su suegra para que pinte un cuadro inspirado en la joven, para un potentado y vicioso cliente, con los celos de la esposa, que no debe saber que está trabajando en ese cuadro. Entretanto, la sirvienta empieza a salir con el hijo del carnicero. Hermosa película, pelín académica y preciosista, pero de maravillosa fotografía de Eduard Serra, que reproduce muchos cuadros de Vermeer de modo asombroso, sin caer en el empalago. Narrada a modo de cuento, con trama mínima, el film responde al enigma de por qué una joven de baja extracción social llevaría unos prociosos pendientes de perlas. El film habla del modo en que surge la inspiración, y de la tragedia íntima de Vermeer, que ya casado, encuentra un alma gemela, capaz de entender su arte, en su criada. Ella es una verdadera musa, que transmite una intensa vida interior, aunque al tiempo Vermeer es consciente de la imposibilidad de su amor por Griet. Y en ese drama se debate, como muestra bien el muy expresivo Colin Firth.

7/10
La encontré en Hope Springs

2003 | Hope Springs

Amable comedia romántica, que sale a flote gracias al trabajo de grandes intérpretes, como Colin Firth, Heather Graham o Oliver Platt. Colin es un tipo se queda con el corazón destrozado al saber que Vera, su amor de siempre, va a casarse con otro hombre. Decidirá entonces viajar a un pueblecito de Estados Unidos, en Vermont, y allí conocerá a una jovencita de buen ver, llamada Mandy. Pero justo cuando las cosas parecen enderezarse, aparecerá en el pueblo Vera, que quiere volver con él.

4/10
La importancia de llamarse Ernesto (2002)

2002 | The Importance Of Being Earnest

Jack Worthing lleva una tranquila y respetable vida en el campo. Pero de cuando en cuando, realiza alguna escapadita a Londres, donde asume la identidad de su supuesto hermano Ernesto. Como está a punto de casarse con una aristócrata, surgirá el enredo. Oliver Parker, que adaptó Un marido ideal de Oscar Wilde, incide en el autor irlandés con uno de sus textos más conocidos, un ‘divertimento’, sobre el amor y las apariencias. El ajustado reparto se luce con las ingeniosas réplicas de Wilde.

6/10
La solución final

2001 | Conspiracy

20 de enero de 1942. Quince hombres del alto mando alemán se reúnen en Wansee, a las afueras de Berlín. Tras horas de discusión, deciden cómo se ejecutará la infame “solución final” deseada por Hitler, que provocó el exterminio de millones de judíos. Este notable film de HBO se basa en el Protocolo de Wansee, encontrado en los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores del Reich. Frank Pierson, guionista de películas tan interesantes como Tarde de perros, La leyenda del indomable y Presunto inocente, y director de Ha nacido una estrella, firma un durísimo film acerca de unos hombres que, con increíble frialdad burocrática, decidieron la muerte de seres humanos inocentes con métodos que pretendían ser “científicos”. Kenneth Branagh da vida a Reinhard Heydrich, brazo derecho de Himmler en la SS y Stanley Tucci es Adolf Eichmann, uno de sus ayudantes. Una película escalofriante.

6/10
El diario de Bridget Jones

2001 | Bridget Jones's Diary

El diario de Bridget Jones nació como una columna de la periodista Helen Fielding, donde con ácido humor describía lo que se suponía era el punto de vista de una mujer treintaañera que todavía no ha dado con su lugar en el mundo. El éxito condujo a una novela aún más exitosa; el salto a la pantalla era un paso cantado, que se ha saldado igualmente con una calurosa acogida. El diario es la excusa para articular los pensamientos de Bridget Jones, quien es joven, niña y avejentada al tiempo; joven por edad física, niña por su frecuente comportamiento pueril, y avejentada por la desilusión que a menudo le domina. Muchos espectadores de su edad pueden verse reflejados en el personaje, bordado por Renée Zellweger. Superados por los altibajos emocionales, las ilusiones (a veces pura imaginación, sin visos de realidad) apenas les duran unos instantes. Sin una visión trascendente en la que anclar su vida, andan a la deriva, movidos por los volubles vaivenes de sus sentimientos. Estamos ante un film hijo de su época. Frívolamente divertido, con buenos gags y un triángulo amoroso donde Bridget, finalmente, encontrará a su príncipe azul. La desconocida Sharon Maguire dirige con oficio, y, entre bromas y veras, deja caer, aunque sea en forma de leves apuntes, algunas ideas críticas acerca del tonteo erótico en la oficina o la incapacidad de expresar los propios sentimientos.

6/10
Gente con clase

2000 | Relative Values

Hablamos de una boda que se acaba de anunciar, la de Nigel, hijo de la condesa de Marshwood, con Miranda Frayle, una célebre estrella de Hollywood. La llegada de la prometida a casa de la condesa va a deparar más de una sorpresa. Pues resulta que el ama de llaves es hermana de la actriz de marras. Y además Don Lucas, galán de cine y ex de Miranda, va a tratar de rescatar a su antiguo amor. El agudo talento literario de Noel Coward es la base de esta delirante comedia de enredo. Situaciones disparatadas, diálogos ingeniosos y divertidos, ritmo narrativo ágil, permiten al desconocido director Eric Styles entregar un delicioso film. Jeanne Tripplehorn y William Baldwin son los actores que dan vida a... dos actores. Styles comenta que “no tuvieron miedo de parodiarse en este film sobre la locura de los actores, su vanidad y su ego. El hecho de que se presten a esto y sepan reírse de ellos mismos es una maravillosa cualidad.”

6/10
Los secretos de la inocencia

1999 | My Life So Far

Dieciocho años después, Hugh Hudson y David Puttnam, director y productor respectivamente de la fantástica Carros de fuego, vuelven a formar dúo en este film para contar el paso del niño Fraser a la adolescencia en el entorno de una idílica finca. Los personajes pintorescos, como el padre, un inventor medio chiflado, la madre con los pies en el suelo, el tío y su novia francesa, le marcan de modo decisivo. El reparto es verdaderamente superestelar.

7/10
Shakespeare enamorado

1998 | Shakespeare in Love

El joven autor William Shakespeare está preparando una obra de teatro que piensa titular "Romeo y Ethel, la hija del pirata". Pero no se encuentra demasiado inspirado. Hasta que se presenta a los ensayos un joven que dice llamarse Thomas Kent, y que resulta ser una mujer disfrazada (Viola), cuya mayor ilusión en la vida es actuar en la escena. Descubierta su identidad femenina, Shakespeare se enamora sin remedio de la chica. De tal modo que se convierte en su musa para una obra que será, finalmente, Romeo y Julieta. El guión de Marc Norman y Tom Stoppard es superoriginal. Ambos inventan una conjunción de posibles sucesos que podrían haberle ocurrido al genial autor inglés, hasta inspirarle de modo decisivo en la obra. Así conjugan humor, ingenio (es un buen entretenimiento para el espectador descubrir qué sucesos de los narrados recoge luego Shakespeare en la historia de los Capuleto y los Montesco) y romance amoroso. John Madden, el director, ha querido acabar con la idea de que la obra de Shakespeare es para gente sesuda: "He devuelto a Shakespeare a su sitio, junto a la gente". No es de extrañar que el film arrasara en la ceremonia de los Oscar de 1999. Se llevó 7 estatuillas, entre ellas las de mejor película (desbancando a la favorita Salvar al soldado Ryan), guión original y actriz principal, una estupenda Gwyneth Paltrow. La actriz confiesa que "crecí mirando y escuchando las obras de Shakespeare. Creo que si eres una actriz es imposible no estar perdidamente enamorada de él".

7/10
Fuera de juego

1997 | Fever Pitch

Nick Hornby adapta su propio libro, sobre un joven aficionado al fútbol, que debe elegir entre su amor por el deporte del esférico y la chica que le gusta, que aborrece ese deporte. Colin Firth protagoniza.

5/10
Heredarás la tierra

1997 | A Thousand Acres

Un viejo patriarca del Sur de los Estados Unidos reparte tierras y casas entre sus tres hijas. Al poco se desatan las pasiones ante la ingratitud de alguna de ellas, y la salida a la luz de oscuros secretos familiares. El padre se cree dejado de lado, una de las hijas tiene un cáncer de mama... y más, muchas cosas más. ¿Tragedia o culebrón? La historia de la Premio Pulitzer Jane Smiley bebe de la excelente fuente de El rey Lear de Shakespeare, aunque con fuerte contenido melodramático. Están magníficas Jessica Lange y Michelle Pfeiffer, dos actrices como la copa de un pino.

5/10
El paciente inglés

1996 | The English Patient

En los años de la Segunda Guerra Mundial, un inglés sobrevive milagrosamente a un accidente aéreo. Aparentemente amnésico, con el rostro desfigurado, el conde Laszlo de Almassy recuerda su apasionada relación amorosa, en el desierto egipcio, con Katherine Clifton. Ella es la esposa de uno de los hombres que le ayudan a trazar mapas para la Sociedad Geográfica Británica. Adaptación de una novela de Michael Ondaatje, ganadora del Booker Prize. Logró doce nominaciones al Oscar, de los que materializó nueve, incluido el de mejor película. Los entusiastas han elevado la película a la altura de Casablanca, la quintaesencia del cine romántico. Más dura será la caída, pues El paciente inglésno es la maravillosa historia de amor que algunos pretenden. Consiste, en todo caso, en el hábil relato de una pasión amorosa, teñida de fatalismo, a la que Almassy es incapaz de poner freno, y donde los intentos de Katherine por detenerla apenas son apuntados. Al marido engañado, tercer vértice del triángulo amoroso sobre el que pivota el film, apenas se le dedican unas tenues pinceladas. La habilidad está en la estructura del guión –Anthony Minghella elabora muy bien el entramado de flash-backs–, en el apoyo de la hermosa fotografía del desierto –debida a John Seale– y de los demás departamentos artísticos. Los actores están muy bien seleccionados y encarnan muy bien sus personajes, ya sean principales o secundarios. Donde debería amor, apenas hay otra cosa que egoísmo. Se puede entender que Almassy se enamore de una mujer casada, pero la ausencia de principios al enfocar la atracción, la disposición a sacrificar todo –la lealtad a la patria, la amistad, la propia vida mediante el suicidio o la eutanasia– en aras a ese supuesto amor, lastran al film privándolo de su teórica razón de ser: mostar un amor que va más allá de la muerte. Hay momentos emotivos –el amor entre la enfermera Hana y el militar hindú Kip propicia la hermosa escena de la contemplación de los frescos de una iglesia–, pero la película se resiente de su larga duración y de su planteamiento amoral de fondo.

6/10
Círculo de amigos

1995 | Circle of Friends

En una visita a Madrid, el productor británico David Puttnam vaticinaba que Irlanda se convertirá pronto en un pujante foco de producción cinematográfica. Círculo de amigos, rodada en ese país con un equipo artístico casi desconocido, puede ser un botón de muestra esperanzador de lo que se avecina. A finales de los años cincuenta, tres amigas dan el salto del instituto a la universidad, y comienzan la búsqueda del chico de sus sueños. Nan, la más agraciada, puede escoger y busca a alguien que sea, sobre todo, un buen partido. Eve, huérfana educada en un convento de monjas, encuentra un buen pretendiente. Es Benny, con complejo de patito feo, quien lo tiene más difícil: se ha enamorado tras un flechazo instantáneo de Jack, que le parece fuera de su alcance. La película, correcta, presenta, a partir de una novela de Maeve Binchy, la iniciación a la vida —amistad, primeros amores, desengaños...— de tres jovencitas; el marco es un ambiente irlandés impregnado de catolicismo. La educación religiosa de las chicas influye a la hora de plantearse las relaciones con sus novios. Sin tonos demasiado amargos o traumáticos, predomina más bien la visión amable; pero lo cierto es que no se da ningún argumento atractivo por el que se deba esperar al matrimonio para tener relaciones sexuales, algo que se plantea como herencia de una moral reprimida. Lo más valioso del film proviene de las estupendas interpretaciones de Chris O'Donnell y, sobre todo, de Minnie Driver. Faltan matices a los personajes de las otras dos chicas, que se apuntan interesantes pero quedan desdibujados. Chirría el malvado pretendiente oficial de Benny, cuyas apariciones subraya en exceso la hermosa banda sonora.

6/10
Orgullo y prejuicio (1995)

1995 | Pride and Prejudice | Serie TV

Lizzie Benneth es una sensible joven que pertenece a una familia humilde. Su madre ansía casarla con un joven de buena familia, como a sus cuatro hermanas. En un baile, Lizzie conoce a Fitzwilliam Darcy, un recién llegado atractivo por el que ella sentirá todo tipo de prejuicios, pues le ve como un joven frío y arrogante. ¿Pueden el orgullo y los prejuicios dar al traste con el amor? Ésta es la premisa de la clásica novela de Jane Austen, rigurosamente adaptada en esta serie británica de la BBC. Destaca Colin Firth, famosos precisamente por su papel de Darcy en El diario de Bridget Jones, film donde la serie era la favorita de la protagonista.

6/10
Hostages

1993 | Hostages

Producción televisiva que narra algunos de los secuestros que se produjeron en Líbano en la segunda mitad de los ochenta. Los terroristas cogieron por costumbre secuestrar a ciudadanos occidentales para acabar con la presencia de sus países en la zona. El protagonista de esta historia es Terry Anderson, un periodista que estuvo secuestrado entre 1985 y 1991. Los dolorosos hechos reales expuestos en la película la relacionan estrechamente con otro título que relató el secuestro del barco Achille Lauro por terroristas palestinos. Se trata de la también producción televisiva de 1990 Voyage of Terror: The Achille Lauro Affair, el penúltimo trabajo de Burt Lancaster.

5/10
The Hour of the Pig

1993 | The Hour of the Pig

Richard Courtois (Colin Firth) es un joven abogado en la Francia medieval. Cuando decide dejar la ciudad para irse al campo y tener una vida normal, empiezan a surgir asuntos que le requerirán, como el de defender a un cerdo por el asesinato de un joven. La película tiene cierto aroma al clásico El nombre de la rosa, pero no logró tan buenos resultados. Cuenta con un magnífico reparto y con un interesante argumento que mantiene al espectador sentado con ganas de conocer el veredicto final.

5/10
Valmont

1989 | Valmont

Valmont es un libertino conde de la aristocracia francesa del siglo XVIII que tiene como amante a la marquesa de Merteuil. Ambos se dedican a un contínuo juego de seducción entre los salones de palacio y su ambición llegará más lejos cuando Valmont propone una apuesta a Merteuil, que es conseguir conquistar a una sencilla y respetable dama que acaba de quedarse viuda. Nueva versión de la novela de Choderlos de Laclos 'Las amistades peligrosas', que fue filmada por Milos Forman un año después de la famosa película de Stephen Frears. En esta cinta el protagonismo se lo llevan un cínico Colin Firth y una casquivana Annette Bening. Destaca también el trabajo de Meg Tilly y de una inocente Fairuza Balk.

5/10
Un mes en el campo

1987 | A Month in the Country

Tom Birkin, un restaurador de arte atormentado por los horrores de la 1ª Guerra Mundial, se traslada desde Londres a una campiña local para restaurar un fresco situado en una iglesia. Allí conoce a James, un joven que busca una basílica sajona en ese lugar. Ambos harán amistad y comprobarán que tienen miedos y frustraciones comunes, desde que los dos lucharon en el frente. Pat O'Connor (Noviembre dulce) dirige un drama intimista basado en una novela de J.L. Carr. Colin Firth y Kenneth Branagh no decepcionan en sus roles.

5/10
La dama de las camelias

1984 | Camille

Adaptación televisiva de la obra de Alejandro Dumas hijo, cuya versión fílmica más popular es Margarita Gautier, protagonizada por Greta Garbo. Aquí le toma el relevo como Camille, dama cortesana que vive un apasionado romance, Greta Scacci, y su amado Armand tiene la cara de Colin Firth. Los desgarros vienen a cuento del padre de Armand, Ben Kingsley, que pide a la joven que deje a su hijo para no arruinar una prometedora carrera.

5/10
Otro país

1984 | Another Country

Dos jóvenes se convierten en amigos inseparables durante los años 30 en el elitista colegio británico del que son alumnos. Sin embargo, se convierten en dos alumnos muy conflictivos, debido a las ideas marxistas de uno y a la homosexualidad del otro. Años después, ambos son funcionarios británicos que ejercen la función de espías en la Unión Soviética. Cuidada adaptación de la obra teatral homónima del dramaturgo Julian Mitchell. Del excelente reparto destaca el actor británico Rupert Everett, más tarde una de las figuras más destacadas del cine norteamericano tras el éxito de títulos como La boda de mi mejor amigo o Bailar con un extraño. El film ganó el Premio a la mejor contribución artística en el Festival de Cine de Cannes del año 1984.

4/10

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