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"Hay algo muy puro en la ecuación de una madre con su bebé"

Hay madres y padres que no pueden tener hijos. Hay madres y padres que no pueden ocuparse de sus hijos. Pero sobre todo, hay niños que necesitan contar con el cuidado de un padre o una madre. De estas importantes cuestiones trata "En buenas manos", una completísima película sobre el tema de la adopción. Charlo sobre ello con su directora, Jeanne Nerry, a la que acompaña una de sus actrices, Olivia Côte, en una breve estancia en Madrid.

 

Es su segunda película como directora, una difícil historia sobre la adopción, con un reparto coral. Sin embargo, Jeanne Herry ha demostrado “buena mano” para abordar En buenas manos, que tiene el mérito de abordar múltiples puntos de vista en la apasionante aventura de encontrar una familia para un bebé recién nacido. ¿Por qué una película sobre la adopción, y concretamente sobre la adopción de un bebé recién nacido?

La idea nace de una amiga que adoptó. Ella no me contó mucho y me intrigó. Empecé a preguntarle, en primer lugar, de dónde había salido ese bebé. Quería entender todo lo que había pasado. Era un bebé francés. Y le pedí que me contara todo lo que había ocurrido, desde que el niño había nacido, hasta que había llegado a sus brazos.

Descubrí entonces que en Francia una mujer puede dar a luz anónimamente. Más que la adopción, me llamó la atención este hecho, que me parecía muy novelesco. Podía dar lugar a una estupenda ficción, con escenas muy poderosas. Y personajes fuertes. Vi que una situación así me permitía hacer cine. También me pareció muy atractivo el recurso de un adulto hablando a un bebé.

Jeanne Herry, usted tiene dos hijos. ¿Qué opina de esta idea de hablarles desde casi antes de nacer, con ideas como las que propone la película, de que la madre biológica debe despedirse de su bebé y decirle que le quiere?

La verdad es yo ignoraba todo esto, aunque mi madre al parecer sí que nos hablaba siendo bebés. Yo no soy una profesional de la cuestión, pero actualmente parece que los especialistas aseguran que los niños entienden y sienten mucho desde el principio. Y también son capaces de expresar muchas cosas a través de un lenguaje no verbal.

Además de la ternura, o de sostenerles en brazos, a los bebés se les puede dar más a través de las palabras. Sirven para comunicarse con ellos, y de algún modo entienden la verbalización de la fragilidad. Por supuesto que el niño no entiende las palabras ni su significado, pero sí puede captar algo de la intención que encierran, distinguen entre la solemnidad, la firmeza o la emoción con que se emplean.

Las personas que trabajan con niños están convencidos de que esto es así, y desde luego, cara a la película, yo me dejé convencer muy fácilmente de ello, para poder utilizarlo.

buenasTanto la madre biológica como la madre que adopta, en el momento en que todo ocurre están solas; el padre ni se ha enterado, la criatura ha sido concebida en una relación esporádica; y la otra, aunque estaba casada cuando empezó los trámites de adopción, cuando llega el momento de ser madre, está sola, divorciada. Entre medias, hay un varón, el padre de acogida, que se ocupa del bebé en ese tiempo. ¿Hay alguna razón para este conjunto de circunstancias, este subrayado de la soledad?

No se trata de ningún tipo de declaración militante. Yo tengo muy buena relación con mi padre, y doy gracias de que haya estado tan presente en mi vida. Pero como autora, mi deseo era trabajar una relación muy pura. Era mi decisión como creadora de la película.

Quería mostrar en primer lugar a una mujer sola, cuando da a luz, que por otro lado es una situación muy corriente, cuando se entrega al bebé en adopción al Estado. Había una pureza muy hermosa en la ecuación.

Quería trabajar sobre la mujer. Es verdad que en esta película hay muchas mujeres, aunque no tengo nada contra los hombres. De hecho, enseguida supe, como escritora, que en la etapa de acogida del bebé, se iba a ocupar de éste un hombre. Era una idea que me interesaba desarrollar.

Estamos ante una película optimista y esperanzada, aun dentro de la complejidad de un proceso de adopción, un canto a la vida. La madre biológica decide dar a luz, nunca se plantea el aborto. ¿Quiso descartar cualquier mención a esta posibilidad, tal vez por no complicarse e ir al grano?

Ella misma dice que era demasiado tarde cuando se dio cuenta de que estaba embarazada. De todos modos, si aborta, ¡ya no hay película! [se ríe]

Es una película de lienzo muy amplio, con muchos personajes, que invitaban a un desarrollo mayor, hay que conformarse con algunas pinceladas en ciertos casos. ¿Ha tenido que descartar escenas o se quedado con ganas de dar más espacio a alguno?

He descartado muy poco en lo que es un reparto coral. No es una serie, no tenía todo el espacio que hubiera querido para desarrollar a los personajes. He tenido sobre todo cuatro personajes principales, que se mueven alrededor del bebé más cerca. Y había cosas que no era necesario mostrar.

olivia cote 1Por ejemplo, en el caso del personaje de Olivia Côte, que entrevista a los candidatos a adoptar, no tenía interés en mostrarla en casa, con su marido o con sus hijos. Me bastó mostrar en un momento dado que está encinta. Sólo eso sugería todo un mundo. Es bueno dejar cosas abiertas a la imaginación del espectador, que puede rellenar los huecos. Su vida se cuenta a través de detalles, de cómo se viste, de que ahora lleva una joya…

Corté, pero no mucho. En el personaje de la otra asistenta social, Clotilde Mollet, al principio la presentábamos con una cita que había acordado a través de internet, y entonces la llamaban por teléfono, y tenía que irse corriendo al hospital, para guiar a la madre que va a dar a luz. Eran detalles, pero lo corté, porque no era necesario.

Ha hablado de series. ¿En algún momento sintió la tentación de vender el proyecto como una serie? Tal vez habría sido más fácil obtener inmediatamente luz verde…

En un momento dado, me pareció un mundo tan rico, con las funciones de los distintos servicios sociales, y tantos posibles casos que contar… Las dificultades, los candidatos, los niños… Desde luego que daba para una serie, pero yo sigo soñando con el cine. Me apetecía hacer caber todo en una película.

Ahora mismo es más fácil hacer una serie. Resulta más complicado hacer una película, lograr que la gente vaya a la sala. Y lo entiendo. Pero tengo la suerte de que la película ha encontrado su público, y quiero agarrarme a la suerte, porque muy posiblemente voy a conseguir ya financiación para un nuevo proyecto, que sería mi tercera película.

Pero me doy cuenta de que puede llegar el día en que sólo pueda hacer series… o teatro.

¿Cómo ha sido el proceso de documentación? ¿Ha hablado con muchos profesionales?

Fue un trabajo de varios meses, de leer mucho y hablar con muchas personas. Y a partir de ahí me encerré y traté de escribir una historia. Y di a los actores un guión muy preciso, muy acabado. A partir de ahí no les pedí que ellos realizaran también un trabajo de campo, de ir a hablar con personas que realizaran los trabajos que desempeñan sus personajes. En el papel tenían escrito lo que debían interpretar. Aunque sí hubo una actriz, Olivia Côte, que sí quiso hablar con profesionales.

[Habla Olivia Côte]

Sí, cuando Jeanne me propuso este personaje, pensé que me resultaba imposible hacerlo. Porque yo soy muy empática, me pongo a llorar a la mínima, y no creía que pudiera mantener la distancia que se supone a mi personaje cuando entrevista a potenciales padres. Así que sentí la necesidad de estar con una asistenta social. No es que fuera esencial, porque mi personaje estaba muy bien escrito por Jeanne, pero conocer a alguien que era empática y la vez sabía guardar la debida distancia con las personas, me ayudó. Resulta necesario para cumplir con su misión. La escena con los padres quemados, porque llevan mucho tiempo tratando de rodar, me resultó muy difícil. Jeanne me indicó que tenía que mantenerme firme, no tenía que pedir perdón por nada.

[Y continúa y concluye Jeanne Herry]

No, no ha habido nada de improvisación. La idea era que esta escena describía al personaje de Alice, de Élodie Bouchez, por rebote. Mostraba por omisión, la paciencia que ha tenido su personaje, que ha sabido esperar, frente al estallido de esta pareja.

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