Mike Leigh: “Siempre he podido hacer el cine que he querido”
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Entrevistas

Mike Leigh, director de “La tragedia de Peterloo”

Mike Leigh: “Siempre he podido hacer el cine que he querido”

Es uno de los grandes directores británicos, en la más pura tradición del cine social. Estuvimos con él en Madrid, con motivo del estreno de La tragedia de Peterloo.

 

Según tengo entendido lo que sucedió en Peterloo no se estudia en las escuelas inglesas. Usted ¿cómo supo de la historia?

Exactamente no sé cuando me enteré de la historia, pero fue siendo joven. Me interesé y empecé a leer sobre ello.

¿Por qué decidió rodar la película?

Puedo darte tres motivos. En primer lugar, me parece que no es un acontecimiento único en la historia, sino que se ha dado numerosas veces, como en Tiananmen, en el Domingo sangriento y en muchos otros lugares en el mundo entero. En segundo lugar nadie había rodado un film sobre Peterloo. Y en tercer lugar que ahora, en agosto, se cumple el bicentenario de los hechos y es un momento adecuado para recordarlo.

Mike Leigh¿Podría haber sucedido algo similar a la revolución francesa en Inglaterra? ¿Fue Peterloo lo que la frenó?

No creo que Peterloo tuviera que ver con ello. Son muchas otras las razones por las que nunca ha habido una revolución en Inglaterra similar a la francesa. Creo tiene que ver más a cómo está estructurado el parlamento con la monarquía. Ahora bien, es posible que haya una revolución mañana, eso sí puede ser. La verdad es que la idea es interesante. Nunca se me había ocurrido que Peterloo pudiera haber sido sido un freno, podría ser, aunque en todo caso hubiera sido uno de los frenos, entre otros muchos.

Como en la película Lincoln hay muchos diálogos y discursos. ¿Le da miedo que eso reste atractivo entre los espectadores?

Sí, desde luego. No quiero criticar, por otra parte, el trabajo de un colega. Pero es cierto que cuando vi Lincoln me pareció que había muchos discursos demasiado secos. En La tragedia de Peterloo lo tuve presente. Todos son discursos sacados de la realidad, son históricos, pero tuvimos mucho cuidado de recortarlos bastante y de que siempre fueran orgánicos, es decir de que siempre que hubiera un discurso aportase algo sobre el personaje, sobre el entorno, que permitiera que la película avanzara. Evitamos añadir discursos porque sí.

En España solemos decir que para entender los problemas de hoy hay que mirar el siglo XIX. Usted ha rodado tres películas ambientadas en ese siglo, ¿qué le atrae del siglo XIX?

Sinceramente creo que es una coincidencia que haya rodado esas películas ambientadas en el XIX. Me interesa más el tema de las películas, que el siglo en que acontecen. Digamos que el siglo XIX está metido en mi ADN: nací en 1943, mis abuelos nacieron en 1880, por lo que hay una conexión directa. Además crecí en Manchester en una casa victoriana, en un barrio victoriano, fui al colegio en un edificio victoriano… Todo eso hace que sea un siglo muy cercano, mucho más que otros siglos del pasado. Supongo que estará en mi inconsciente el dirigir películas ambientadas en ese siglo.

Es conocido como director de cine social, en época contemporánea, pero también ha hecho ese cine de otra época. ¿Dónde se siente más cómodo?

No sé en qué época me siento más cómodo, la verdad. La ventaja de una película contemporánea es que puedes sacar a tus personajes a la calle y filmarlos ahí mismo, con los coches, las tiendas, etc. Por otra parte a mí no me molesta construir el decorado, preparar la escena. Por ejemplo, en mi primera película de época, Topsy-Turvy, una película sobre un tema extraño –las óperas de Gilbert y Sullivan– pero, claro, depende de cómo lo enfoques. Y enfoqué a los personajes desde el punto de vista actual, no como gente de época, sino simplemente como verdaderas personas, viendo el punto de vista humano de la historia, metiéndonos en su piel, igual que si fueran personajes contemporáneos. En realidad sigo haciendo el mismo cine.

¿De qué película se siente especialmente satisfecho?

Soy padre y tengo dos hijos. No quiero a ninguno más que al otro. Y lo mismo me pasa con las películas. De todas maneras hay que tener en cuenta que soy un hombre con mucha suerte, porque he hecho 21 películas y todas me gustan. La clave es que he podido hacer siempre lo que he querido, sin que nadie interfiriera. A otros directores no les pasa eso, porque se vieron obligados a cambiar a los actores, el montaje, cambiar el final, etc. Yo he tenido la suerte de que eso no me ha pasado, aunque tampoco soy como Gloria Swanson en El crepúsculo de los dioses.

Usted es profesor del London School of Cinema. Seguramente les da un consejo a sus alumnos el último día de clase, ¿cuál es?

Bueno, ya no doy clase en la escuela de cine de Londres. Durante muchos años fui el presidente y además di clases pero actualmente ya no. Y sí les daba un consejo y era éste: nunca te traiciones. Es decir, haz siempre la película que tú quieres hacer.

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