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La tragedia de Peterloo
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La tragedia de Peterloo

Peterloo

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Sinopsis oficial

La tragedia de Peterloo

La representación épica de los hechos ocurridos en la Masacre de Peterloo de 1819, en la que una manifestación pacífica a favor de la democracia en Manchester se convirtió en uno de los episodios más sangrientos y notorios de la historia británica. Las fuerzas del gobierno británico cargaron contra una multitud de más de 60.000 personas que se habían reunido para exigir una reforma política y para protestar contra el aumento de los niveles de pobreza. La tragedia de Peterloo fue un momento decisivo en la democracia británica y fue el inicio de la fundación del periódico The Guardian.

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Crítica

Poderosos y oprimidos

Poderosos y oprimidos

1819. Inglaterra sufre una gran carestía tras las Guerras contra Napoleón. Como siempre, es el pueblo llano quien más nota la falta de recursos, de alimentos, de empleo. El impuesto sobre el maíz, por ejemplo, hace que las familias carezcan de los alimentos más básicos. Y lo peor es que no pueden hacerse oír porque sus reclamaciones no tienen voz en el parlamento. Para alentar una reforma política los pueblos del norte, guiados por una serie de personas influyentes, decidieron organizar una multitudinaria manifestación en Manchester.

El cineasta británico Mike Leigh debe principalmente su prestigio a películas como Secretos y mentiras, Todo o nada o Another Year. Director eminentemente social suele centrar el tiro en las clases desfavorecidas, gente humilde que lucha por salir adelante y que sufre dramas familiares, donde aletea casi siempre el amor recio, real, complicado a veces, entre padres, esposos, hermanos. Acomete ahora en La tragedia de Peterloo una historia de época, la segunda consecutiva después de Mr. Turner, algo poco habitual en él, y más cuando se inspira en los terribles hechos reales que tuvieron lugar en Manchester en 1819, cuando las tropas de la caballería inglesa masacraron a la población civil reunida pacíficamente en San Peter’s Field, en lo que pronto se conoció como Peterloo, o la masacre de Peterloo, en referencia a la última batalla de Napoleón.

Desgraciadamente no estamos ante la mejor película de Mike Leigh. Aun con sus aciertos hay puntos importantes que acaban rebajando la propuesta. Funciona sin duda la explicación de que la monarquía británica usó los sucesos de Peterloo como explicación de su postura ante unas reivindicaciones populares que le recordaban peligrosamente a la Revolución Francesa, apenas ocurrida 30 años antes. No quería el príncipe regente Jorge (luego Jorge IV) acabar como Luis XVI. Pero la masacre que tuvo lugar fue algo desproporcionado desde todos los puntos de vista y supuso la creación del periódico The Guardian of Manchester (después The Guardian), tal fue el impacto popular que tuvo. Pero el modo en que Leigh elige contarlo llama mucho la atención por su maniqueísmo. El guión pinta a una aristocracia de lo más burdo en su esclavización social y moral del pueblo, no hay matices en los abusos, no hay discrepancias razonables, todo es demasiado simplista. Mientras el pueblo es mostrado como una víctima de la pobreza que clama por una justa representación parlamentaria, todos ellos trabajadores bondadosos, las autoridades, el ejército, los eclesiásticos y el rey son retratados por Leigh como simples negreros sin escrúpulos. A esa carencia de equilibrio se suma una forzada, digamos, modernización en los diálogos, la oratoria parece ser un talento natural generalizado entre los personajes y el conjunto se hace demasiado discursivo, lo que sumado al larguísimo metraje –más de dos horas y media– no le hace ningún favor a la película.

Por otra parte, es elogiable el aspecto formal de La tragedia de Peterloo. Hay un potente trabajo de reconstrucción histórica en el vestuario y en la puesta en escena, tanto en interiores como en exteriores, aunque quizá sobresale el uso excepcional de la luz y de la planificación en los espacios cerrados, que retrotrae a lienzos pictóricos de la época. El reparto es muy coral, con pocas licencias al lucimiento de los actores, aunque quizá puede mencionarse especialmente el esfuerzo de Rory Kinnear (recordado por el impactante capítulo inicial de la serie Black Mirror) en su papel del histórico orador Henry Hunt.

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