IMG-LOGO
Entrevistas

Directora de "Un diván en Túnez"

Manele Labidi: “El humor es una parte inseparable de la cultura tunecina”

La directora tunecina Manele Labidi debuta en el mundo del cine con la comedia Un diván en Túnez. En esta entrevista cuenta los aspectos más relevantes de su película.

¿Qué te impulsó a ser directora de cine?

El cine siempre ha formado parte de mi vida. Las imágenes, los actores, las historias y la energía que hay en una sala de cine siempre han tenido un efecto casi místico en mí. Pero la idea de hacer una carrera en el cine surgió más tarde. Crecí en una familia modesta de inmigrantes tunecinos, muy alejados del mundo del cine y de la cultura en general. Así que estudié carreras "más seguras" como ciencias políticas y economía. Una vez que taché esas cosas en mi lista de objetivos y tras haber disipado la ansiedad e inseguridad en el plano económico, sentí un gran vacío. Lo dejé todo y empecé de cero. Empecé a estudiar cine de forma autodidacta. Me sumergí en cientos de libros, contacté con personas que estaban conectadas de manera directa o remota con el cine, probé cosas con mi pequeña cámara; Y escribí muchísimo. Descubrí el trabajo de los actores a través de la actriz francesa Isabelle Carré, a quien tuve la suerte de ayudar durante unos meses cuando dirigía una obra que yo había adaptado para el teatro. Fue una revelación. Comprendí que dirigir actores sería la parte fundamental de mi trabajo.

Un diván en Túnez¿Cuál fue la génesis de Un diván en Túnez?

Este proyecto fue fruto de dos acontecimientos relativamente separados. El primero se remonta a unos años atrás, cuando le dije a mi madre que me estaba psicoanalizando. Una vez que superamos las explicaciones, me encontré lidiando con una mujer que se sentía traicionada. ¿Cómo me atrevía a contárselo todo a un extraño? ¿Deconstruir mi pasado, mi educación, hablar sobre ella y nuestra familia, y encima pagar mucho dinero por hacerlo? ¡A ese precio, mi madre se ofreció para ser mi psiquiatra! El segundo acontecimiento fue un punto de inflexión muy importante: la revolución tunecina de 2011 y el impacto que tuvo en los tunecinos que conocí varios meses después. Túnez siempre me ha parecido un magnífico escenario cinematográfico, con sus paisajes, la luz y la complejidad de sus habitantes. Están en la encrucijada de dos culturas, árabe-musulmana y mediterránea. Sabía que mi primera película se desarrollaría en Túnez, un lugar importante en mi propia historia, y esta película es una declaración de amor a la tierra natal de mis padres.

En tu película no hablas del choque Oriente/Occidente...

La psicoterapia y el psicoanálisis siguen siendo marginales y de difícil acceso en Túnez, pero no creo que se deba solo a una profunda resistencia religiosa o cultural. Esos son factores, pero desconfío de las teorías esencialistas sobre el mundo árabe-musulmán. La resistencia a estas disciplinas también se produce en el mundo occidental. No tenía ganas de coger el camino más fácil, él de "un extranjero que viene a predicar la buena nueva a una población ingenua y sin educación". La realidad no es así. La demanda de psicoterapia ha aumentado entre las clases medias y altas desde la revolución, por lo que decantarse por el cliché de una psiquiatra occidentalizada enfrentada a una población atrasada habría sido trivial e injusto. Quería centrarme en el plan osado de una mujer joven que abre una consulta en un país en crisis, sumido en una reconstrucción social, política, económica y administrativa.

Este tipo de temas suelen tratarse con un sesgo dramático. ¿La comedia te permitió abordarlos de forma más directa?

De hecho, los acontecimientos de las últimas décadas nos han reducido al terrorismo, al islamismo, a las figuras masculinas represivas y a las figuras femeninas oprimidas. Quería utilizar las herramientas de la comedia para romper ese patrón y plantear una visión diferente. La comedia nos permite tratar temas serios implícitamente de una manera elegante y más distante. Eso me dio mucha libertad. Además, el humor es una parte inseparable de la cultura tunecina. No habría sido fiel a la energía que desprende el país si no lo hubiera tratado en la película.

Un diván en Túnez¿Te ha influido en particular alguna película a la hora de hacer Un diván en Túnez?

Me encanta la comedia. Es muy exigente, tanto a la hora de escribir como en los tiempos. Las comedias italianas de los años 60 y 70 fueron una referencia importante, ya que abordan temas sociales y políticos a través de la lente del humor y la sátira. Comedias como Rufufú, Matrimonio a la italiana y El bueno, el feo y el malo desprenden una histeria, una vitalidad, una osadía que se mezclan siempre con poesía y humanidad. Me impactaron muchísimo y fueron una especie de puente metafórico que me acercaba a mi cultura árabe-mediterránea. La elección de la música de fue totalmente deliberada, sobre todo la cantante Mina que abre y cierra la película.

¿Cómo se implicó Golshifteh Farahani en el proyecto? ¿Y cómo fue trabajar con ella?

La palabra clave para elegir el reparto de la película era "sobresalir", lo que significa que queríamos reunir a una amplia variedad de personajes muy cinematográficos que iluminaran la pantalla con su presencia. Además de su estilo de interpretación tan sutil, tenía muchas ganas de trabajar con ella. Tiene una presencia cinematográfica excepcional. Cuando ella está en la pantalla, sucede algo extraño. Es difícil de explicar, pero para mí es una especie de magia. La naturaleza taciturna de Selma exigía este nivel de carisma y capacidad de fascinación. La propia vida de Golshifteh también encajaba con el papel, ya que se parece en muchos aspectos con la de mi personaje. De hecho, ella abordó el papel de manera muy instintiva y emocional. Trabajar con una actriz de este talento en mi primera película ha sido un verdadero regalo. Ella tiene una gran sensibilidad a la hora de actuar, con las situaciones, con sus compañeros, lo que la convierte en una verdadera aliada en el plató.

Lo último del mundo del cine

Últimos tráilers y vídeos