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Entrevistas

"Esta es mi película más necesaria"

Benito Zambrano da el salto al problema de la inmigración con "El salto"

Si algo caracteriza la entera filmografía de Benito Zambrano es el humanismo que traspasa cada uno de los fotogramas de sus películas. Volvemos a comprobarlo con “El salto”, una película valiente que trata con gran rigor la gran cuestión de los flujos migratorios. Tengo la oportunidad de charlar en vísperas del estreno.

Benito Zambrano da el salto al problema de la inmigración con "El salto"

Han pasado justo 25 años desde que estrenaste Solas. 25 años con 6 películas de cine y una serie televisiva. Me atrevería a decir que todas ponen en valor la dignidad de las personas. De cada una en concreto.

[como abrumado] Los que os dedicáis al análisis fílmico, escribís esas cosas. Yo no me paro a pensar eso. Cuando hago una película, intento que diga algo y que cuente algo interesante. Y que ahonde en la historia y en sus personajes. O sea, orquesto una dramaturgia. Y según mi manera de pensar quiero que la película te emocione, te conmueva. Y sobre todo, que no te aburra. Si además hay otras cosas, pues es una maravilla, ¿verdad?

Pero has llegado a decir que El salto es tu película más importante desde Solas y lo cierto es que te tomas tu tiempo para acometer un nuevo título, e incluso pasaron 8 años desde La voz dormida hasta Intemperie. ¿Cuesta contar en el cine historias que importan?

Yo diría que El salto es mi película más necesaria. Todas las que he hecho las considero importantes, son mis hijas. Pero ésta es una película necesaria por el momento en que llega y lo que contiene. Podría decir que es la más útil, porque no sólo provoca las emociones de hacer reír, llorar, etcétera, sino que es una herramienta. Una herramienta para abordar un drama terrible como es de la emigración subsahariana aquí, de aquello por lo que pasan los “sin papeles”. Debería haberla hecha a tiempo.

Sin embargo Benito Zambrano no aparece acreditado como guionista, el libreto es de Flora González Villanueva.

El mérito de esta película es de Flora, existe porque ella escribió este guión en 2014 sin que nadie se lo pidiera, por su cuenta y riesgo. Todo un atrevimiento, porque nadie le pagó al principio por escribirlo. A mí me llega el proyecto como ya hecho y financiado, lo que es maravilloso. Jesús Ulled Nadal y su productora 365 apostaron por El salto, con todas las complicaciones que conllevaba.

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 Benito Zambrano, preparando una de las escenas del campamento en Pelayos de la Sierra

Uno de los méritos de la película es que abarca prácticamente todas las caras de lo que supone la inmigración, con sencillez y sin sensación de que se quieren tocar demasiados temas: mafias, asociaciones de ayuda, separación de familias, trabajo precario, sin papeles, abusos de autoridad, agresiones sexuales, deportación...

Yo quería que la película tuviera mucho contenido y que reflejara todo eso, un auténtico desafío.

La mayoría de los que emprenden la inmigración son buenas personas. Éste es uno de los puntos sobre los que descansa la trama. ¿No te planteaste presentar algún personaje negativo? Hay quien podría tachar esto de buenismo.

Hasta ahora nadie con quien he hablado ha mencionado esto, y no lo digo porque no sea importante tu comentario. En la película podría haber añadido algún elemento en esa línea entre los inmigrantes, o incluso de traición. Hay alguna mención discreta cuando asoma el tema de la violación. Porque se alude a que muchas mujeres son violadas y maltratadas en todos los lugares y situaciones, no sólo por los policías marroquíes. Por supuesto que hay conflictos y problemas, en los campamentos y en los sitios donde conviven como refugiados. Pero no era lo significativo para construir la historia. La inclusión de ése y otros temas habría exigido una serie.

No creo que el problema importante ligado a la inmigración sea que los que llegan sean delincuentes, mafiosos y criminales, aunque haya quien use esta realidad para hablar de las políticas que se deben seguir. Los que caen en el reduccionismo me parece que no tienen vergüenza.

En el trabajo de investigación que emprendí para preparar la película no me he encontrado con esos problemas. En cambio, y lo muestro, sí que vi un trato cruel y racista con los africanos negros. También por parte de los africanos blancos en la zona norte, de marroquíes, argelinos, tunecinos... No quise dejar de decirlo.

Gran parte de la fuerza de los personajes descansa sobre sus convicciones, su fe. Muestras a cristianos y musulmanes rezando, y luchando por lo que importa, vemos a gente ayudando generosamente a quien lo necesita...

Son hermanos en la desgracia y el dolor. Resultan muy importantes estas convicciones frente la superficialidad de otros a la hora de enjuiciar a los que vienen de fuera.

Es curioso. Los ricos europeos podemos viajar adonde queramos por gusto, mientras que los pobres viajan por necesidad, viéndose obligados a dejar atrás su tierra, su familia, su cultura, para llegar aquí. Mientras que nosotros viajamos por placer, por gusto. No nos importa hacer un safari en África, y hacernos fotos, viajar por Egipto, visitar mezquitas y pirámides... Hay viajes a Oriente Medio, a Tailandia, a la India... Nos encanta viajar, y comemos lo que ahí nos sirven, y nos mezclamos... Todo parece maravilloso.

¿Y qué pasa cuando ellos vienen aquí? ¿Ya no nos parece tan maravilloso? ¿Aquí nos molestan? La actitud es que nadie me moleste en mi casa, pero yo puedo hacer lo que me venga en gana. Si queremos cerrar el país a cal y canto, no salgamos tampoco nosotros, ¿no?

Evitas el maniqueísmo, claramente con los policías españoles, que simplemente guardan distancias, y despersonalizando a los violentos gendarmes marroquíes...

Sí, lo he buscado adrede. No quise caer en el cliché del “poli malo”, como podría ser aquel sádico agente turco maltratador de El expreso de medianoche. Los agentes de la policía y los guardias civiles están ahí y simplemente hacen su trabajo. Si tenemos un problema, es más bien un problema del sistema. Porque está claro que hay unas fronteras y un control de las mismas, que corresponde a las fuerzas de seguridad, que deben velar por ellas, eso lo entiendo perfectamente. El problema es ese levantamiento de los muros, donde no se busca una manera normal y sencilla de tratar a las personas implicadas.

Creo que El salto puede definirse como película-experiencia, que nos mete en la piel de los inmigrantes. Algunos momentos son muy físicos, como el ataque al campamento marroquí en el monte Gurugú, y el salto de la valla. ¿Cómo los preparaste?

El campamento lo hicimos en Pelayos de la Sierra en Madrid, con paisaje muy parecido, en parte para ahorrar costes, y también porque vimos que era la localización más fácil para conseguir figuración negra. Necesitábamos 200 extras, y para acertar no puedes irte a cualquier sitio.

Y en cuanto a la valla tuvimos que construirla en un polígono, una valla de 30 metros. Y acudimos a los mismos que hicieron la valla de Melilla, para lograr una buena réplica que respondiera a todos los requerimientos técnicos. Estuvimos 5 noches rodando. Fue un trabajo muy complejo, también de coordinación, por parte del director de fotografía y los especialistas.

También muy difícil para los actores que estuvieron 5 noches subiendo y bajando esa valla. Lo hacían con sus propias fuerzas, nadie les podía empujar.

Yo capitán, de Matteo Garrone es una película que se mueve en coordenadas comparables.

No he podido verla, y lo he intentado, estoy esperando que esté en alguna plataforma. No me alcanza el tiempo, y no sé si ya está disponible.

Háblame del reparto, entre los inmigrantes no hay rostros conocidos, se diría que no son profesionales pero que encajaban para sus roles...

Al ser una coproducción con Francia por la cuestión de integrar bien las antiguas colonias francófonas, vinieron de Francia dos de los actores, Moussa [Sylla] y Eric [Nantchouang], que habían hecho antes cine. La gran mayoría eran actores profesionales. Sólo tiré de no profesionales o semiprofesionales para papeles muy pequeñitos, porque sencillamente no encontraba.

No soy de los partidarios de utilizar actores no profesionales. Para eso hay personas que han estudiado y se han formado. Es como si voy a hacer una casa, y en vez de llamar a un arquitecto llamo a mi primo y le digo que me la haga. No, hay que acudir a profesionales, y respetar su trabajo. No cualquiera puede ponerse detrás de la cámara. Lo que sí pasa es que en España no hay tantos actores negros a los que puedas acudir, y menos que hablen francés. Y Moussa tuvo que aprender castellano en un mes, una hazaña increíble.

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