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"Esta película crea un puente para comunicar la experiencia del combate"

Alex Garland y Ray Mendoza hablan de la hiperrealista "Warfare: Tiempo de guerra"

“Warfare: Tiempo de guerra” recrea una operación militar en Irak con un realismo nunca visto antes. Gran parte del mérito es de Ray Mendoza, codirector y coguionista, veterano de guerra que vivió los hechos narrados en el film, y que lleva dos décadas trabajando en Hollywood como diseñador de escenas de riesgo. Este papel jugó justo con Alex Garland en “Civil War”.

Alex Garland y Ray Mendoza hablan de la hiperrealista "Warfare: Tiempo de guerra"

¿Por qué era necesario rodar Warfare: Tiempo de guerra? ¿Qué propósito les guió?

Ray Mendoza: Hicimos esta película para que las personas que toman las decisiones de ir a la guerra recuerden que hay gente que responderá a esa llamada para que otros no tengan que hacerlo, y normalmente los que responden son los jóvenes de Estados Unidos.

Esta película no solo es una experiencia que te sumerge en las acciones bélicas, sino también un puente para hacer posible la comunicación sobre el tema del combate. En ocasiones, un veterano o un militar en activo tiene ganas de hablar de la guerra, o un ser querido quiere entenderla, pero resulta muy difícil trasladar con palabras el desconcierto que se experimenta en medio del combate o los sentimientos al ver a un amigo herido. Los recuerdos vuelven a aflorar, pero a veces tras el recuerdo se puede pasar página y comprender lo que sucedió. Cuando luchamos en Ramadi éramos jóvenes y han tenido que pasar 20 años para que dispusiéramos de las herramientas y la capacidad de diálogo para hablar de estas cosas.

Alex Garland: En la realidad la gente no puede escapar de su destino; cuando las cosas se ponen difíciles, no hay un fundido a negro, un corte o una transición musical para alegrar el ánimo. La situación te atrapa hasta que los hechos te liberan de la presión o de las circunstancias, y eso es lo que hace Warfare: Tiempo de guerra; se adhiere a la realidad, no a los trucos reconfortantes del cine.

R.M: Al salir de la Marina y empezar a hacer películas, no dejaba de pensar en la historia de Elliott [Miller, un comando SEAL al que salvó la vida]. Elliott no recuerda lo que pasó ese día de 2006, pero sus compañeros del comando SEAL que participaron en la misión sí recuerdan los hechos. Quería investigar y recopilar los recuerdos y las opiniones sobre el día en cuestión de todos los que participaron, para crear un documento vivo que le diera a Elliott la capacidad de ver y experimentar lo que sucedió durante la operación.

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¿Cómo se perfiló el guión?

A.G: Fue un proceso inusual y que no se parecía a ningún otro trabajo de escritura en el que haya participado antes. Esta película evita deliberadamente los juicios de valor; no es tarea de los cineastas hacer valoraciones, porque se narra desde la perspectiva de las personas que experimentaron las situaciones. Si alguien recordaba algo que había sucedido y el recuerdo podía verificarse, se incluía en la historia. Ese es el objetivo de esta película: escuchar a las personas que podían transmitir sus recuerdos y contar sus historias.

R.M.: Todo el mundo tiene una perspectiva diferente: ciertos recuerdos, especialmente los traumáticos, se volvieron conflictivos cuando otras personas empezaron a participar en las entrevistas. Los recuerdos van fragmentándose con el tiempo. Algunas cosas que estos tipos habían olvidado durante 20 años empezaron a aflorar, reavivando otros recuerdos, y todo acabó convirtiéndose en una avalancha de información y remembranzas.

A.G.: En esta película no nos estábamos inventando personajes, ni reorganizando los acontecimientos. Al observar la cronología de lo que los SEAL decían que había pasado, puede apreciarse que tuvimos que conectar los acontecimientos de manera forense, hasta que llegamos al punto en el que teníamos suficiente información de múltiples fuentes para decidir cómo se iba a narrar en la pantalla. Escribimos y dirigimos Warfare: Tiempo de guerra conjuntamente, pero mis funciones en este proyecto acabaron siendo de naturaleza más técnica y logística. El pulso y el alma de la historia, incluido el trabajo con los actores, acabó siendo cosa de Ray.

¿Cómo fue el proceso de selección del reparto, tan coral?

R.M: Es frecuente que en la pantalla se represente la guerra con hombres mayores, rostros que están de moda en cada momento, y que en la vida real tienen 50 años. Por mi parte, quería chicos muy jóvenes de entre 20 y 30 años porque normalmente son los que luchan en estas guerras.

A.G.: Tenían que satisfacer varios requisitos, porque el compromiso que adquirían con el papel iba más a allá de lo ordinario. ¿Eran buenos actores y entendían el papel que estaban interpretando? ¿Podrían abordar el material de la manera correcta? ¿Tenían la actitud adecuada y eran físicamente capaces? Iba a ser un rodaje difícil y rápido, así que, en última instancia, la actitud podría convertirse en el factor definitorio más significativo.

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¿Recibieron alguna preparación específica?

R.M.: Pasaban juntos cada segundo, así que incluso cuando no estaban entrenando, los actores estaban unos con otros, haciendo ejercicio, compartiendo comidas, haciendo la colada. Les poníamos en situaciones intensas y difíciles, que les obligaban a superar la adversidad y a la vez fortalecían su camaradería de manera natural.

Hay un lenguaje militar que es casi de otro planeta, muy directo y específico. Se trata de saber cuándo hay que bajar el diapasón y mantener la calma, para que la información pueda transmitirse y recibirse a través de señales de radio, reduciendo al máximo las interferencias. Cada uno de los comandos SEAL suele salir por la puerta acarreando entre 30 o 45 kilos de equipo, dependiendo de su trabajo, así que probablemente cada actor llevaba unos 22 kilos”. En esencia, todo el equipo era una extensión de su cuerpo.

Creé un sistema de comunicación en el que solo los líderes podían hablar conmigo, y eso se trasladó a la película. Fue mi forma de abordar el establecimiento de una jerarquía, porque así es como funciona en los SEAL. Añadió un nivel adicional a esta experiencia envolvente que proporcionamos a los actores en el campamento de entrenamiento: las cosas fluyeron tan bien porque los actores se familiarizaron mucho entre ellos.

¿Cómo preparó el equipo de diseño de producción el set?

A.G.: Su trabajo consistía en reconstruir en la medida de lo posible las estructuras que existían durante la misión real. Como rodamos rápidamente y limitamos el número de días de rodaje que teníamos, pudimos construir un decorado a una escala determinada que reproducía una calle entera de la ciudad. En la mayoría de las direcciones, se podía apuntar con la cámara y aprovechar lo que hubiera en el encuadre, sin tener que depender de pantallas azules para ampliar el escenario.

R.M.: De un día a otro pasamos de estar entrenando, saliendo de los edificios y disparándonos unos a otros, a filmar en los decorados completamente terminados del aeródromo de Bovington. No hubo un cambio de paradigma del estilo: venga, ahora estamos en el set; simplemente, un día empezó a haber cámaras que rodeaban a los actores, mientras que antes no las había. Desde el principio, ya fuera en los entrenamientos o en el rodaje, me propuse que no desconectasen ni un segundo. Quería que estuvieran enchufados todo el rato, por eso no parece que están actuando.

¿Y cómo se logró ese realismo que te mete en la película?

A.G.: Las tomas extendidas de larga duración nos permitieron desplazarnos a través de espacios en los que hay varias personas haciendo múltiples cosas al mismo tiempo; pudimos captar detalles realistas que no se pueden planificar por adelantado. Los actores hacían una toma de 12 minutos tras otra y, al final, no podían evitar bostezar, estirarse o rascarse la nuca. Lo que captamos fue una especie de semirrealidad, algo que pertenece a la realidad pero que tiene lugar dentro de la película y que es lo que genera la sensación de realidad.

R.M.: Teníamos un sistema de altavoces y utilizamos una biblioteca de diferentes sonidos ambientales, que se podían controlar a través de una aplicación de iPhone. Mientras las cámaras grababan, reproducíamos sonidos ambientales: aviones volando, perros ladrando, gente yendo de un sitio a otro. Intentamos que fuera lo más envolvente posible para todos en el plató. La experiencia sensorial de Warfare: Tiempo de guerra nunca decae; no dejamos que el público se relaje, porque esa tensión es lo que sentimos durante la operación. Hubo disparos durante mucho tiempo, el estruendo era permanente y todos sentimos la explosión. Al ver la película, se siente lo mismo que han sentido los militares en servicio activo durante operaciones similares.

A Elliott le resulta difícil visualizar estos acontecimientos en forma literaria, pero muchos de nosotros lo recordamos porque estuvimos allí, aunque solo tengamos recuerdos parciales de lo que ocurrió. Recuerdo cómo era la casa, cómo era la calle, cómo olía y quién estaba allí. Otros recuerdan cosas diferentes, desde perspectivas diferentes. Queríamos crear una instantánea viva para Elliott, para que él mismo pudiera experimentar lo que pasó.

¿Estuvieron algunos veteranos presentes en el rodaje?

A.G.: Todos sentimos un profundo compromiso de cuidar a estos veteranos, porque estábamos tratando de presentar su historia de la manera más fidedigna posible. He trabajado en muchas películas, pero nunca he visto a nadie esforzarse tanto o trabajar con tanta dedicación.

R.M.: Tener a gente como Elliott, Joe Hildebrand y otros SEAL en el plató fue una experiencia que escapa de lo normal, y fue abrumador volver a experimentar el combate, aunque fuera en forma de recreación. A muchos de nosotros nos permitió cerrar esa etapa y poder comprender lo que sucedió. Por fin fuimos capaces de hablar de nuestras experiencias.

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