Ignasi Camós, director general del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), pone sobre la mesa un dato demoledor: la mayoría de los adolescentes españoles no ha experimentado lo que significa ver una película en pantalla grande. En una charla con José María Aresté, director de Decine21, y José María de Moya, director del periódico Magisterio, repasa los orígenes, objetivos y retos de Cine Escuela, programa que busca colocar el cine en el corazón de la educación secundaria.
La iniciativa, según explicó Camós, nació a partir de una conversación informal entre el cineasta Pablo Berger y el entonces ministro de Cultura, en el marco de la promoción de la película de este último Robot Dreams rumbo a los Óscar. Berger apuntó que en Francia existe un programa público que lleva a los jóvenes a las salas de cine, y esa idea fue la chispa que encendió el proyecto español. Tras varios encuentros con el CNC francés y adaptaciones al contexto local, Cine Escuela comenzó a tomar forma.
Durante el curso 2024-25 se ejecutaron tres pilotos en Madrid, Hospitalet de Llobregat y Córdoba, con estudiantes de 14 a 18 años. El resultado fue contundente: “El 70 % de los alumnos que participaron nunca había ido a un cine”, reveló Camós. La paradoja es evidente: en un mundo donde el acceso a contenidos audiovisuales es inmediato, la cultura cinematográfica entre los jóvenes sigue siendo escasa.
Cine Escuela no se limita a la proyección. Antes de entrar a la sala, los alumnos reciben una hora de introducción a la cultura audiovisual, impartida por sus profesores. Tras la película, participan en un debate guiado sobre temas, narrativa y forma. “Ver una película es un acto que genera pensamiento crítico”, subraya Camós.
El director del ICAA destacó la importancia del docente como mediador y relató un episodio revelador: la propuesta de pasar dos horas sin móvil frente a la pantalla fue recibida con aplausos por los estudiantes. La experiencia demuestra que la inmersión en la sala de cine todavía puede fascinar y transformar.
Cine que engancha y educa
La elección del repertorio es clave. Según Camós, la película debe atrapar al público joven sin caer en el “truño educativo”. Los pilotos incluyeron Robot Dreams, Santuarios (documental sobre cambio climático) y El maestro que prometió el mar (represión franquista). Todas recibieron una respuesta positiva: “España tiene suficiente variedad cinematográfica para enganchar a los jóvenes y, al mismo tiempo, dejarles algo”, afirma.
Sobre el delicado equilibrio entre educación y adoctrinamiento, Camós es claro: “No creo en adoctrinar; sí en transmitir valores. El cine permite mostrar realidades sin imponer una única visión. Lo audiovisual debe generar reflexión y diálogo”.
Reconoce que la Generación Z presenta dificultades de atención y consumo rápido: “La generación con mayor acceso al audiovisual tiene menos cultura audiovisual”. Aun así, Camós confía en que experiencias significativas pueden cambiar hábitos: “No pasa nada por pasar dos horas viendo una película; eso también te enriquece”.
El objetivo último es que Cine Escuela deje huella en el imaginario juvenil. “El éxito sería que dentro de 15 años muchos dijeran: empecé con Cine Escuela y sigo yendo al cine porque me encanta”.
Actualmente, el programa está en fase de expansión y más de 200 centros ya han mostrado interés. Además de fomentar el hábito de ir al cine, busca reforzar el prestigio del cine español, que, según Camós, “tiene más proyección fuera que dentro. El cine representa realidades y deja que cada espectador las interprete”.
