En esta nueva entrega de “¿Hablas conmigo de cine?”, el videopodcast de Decine21, recibimos a Dario Grandinetti, que presenta “Después de Kim” y repasa una trayectoria en la que conviven la emoción, la memoria y el oficio.
La conversación arranca con el personaje que interpreta Darío Grandinetti en Después de Kim: un hombre jubilado, atravesado por las pérdidas y por una relación familiar rota que vuelve a ponerse en juego a raíz de un hecho trágico. El actor explica que lo que más le interesó del papel fue esa mezcla de mal humor, fragilidad y movimiento constante, una paradoja que le permite construir un personaje complejo, lleno de matices y profundamente humano.
También destaca el buen entendimiento con Adriana Ozores, con quien comparte una relación marcada por la distancia emocional, el desencuentro y la necesidad de reconstruir lo que quedó suspendido. En la película, subraya, no solo importa la intriga, sino el modo en que dos personas aprenden a convivir con sus prejuicios y a descubrir que la verdad del otro rara vez coincide con la primera impresión.
Uno de los momentos más humanos de la charla llega cuando José María Aresté pregunta por el reciente fallecimiento de Luis Brandoni. Darío Grandinetti recuerda que empezó su carrera con él, primero en teatro y después en su primera película. El intérprete responde con honestidad y sin rodeos: reconoce el vínculo profesional y afectivo, pero rechaza hacer el duelo de forma pública. No le gusta convertir una pérdida reciente en un gesto de exhibición, ni aceptar homenajes improvisados que le resultan forzados. Esa postura da pie a una reflexión más amplia sobre la relación entre los medios, la intimidad y la rapidez con la que todo se vuelve relato. Darío Grandinetti prefiere guardar el recuerdo para un tiempo más sereno, cuando el afecto no suene a trámite ni a obligación. Su respuesta, lejos de esquivar la cuestión, la coloca en el terreno del respeto y de la verdad emocional.
Entre los deseos que aún le quedan pendientes, menciona además que siempre quiso trabajar con Adolfo Aristarain, un cineasta al que admiraba profundamente y con el que no llegó a coincidir: desgraciadamente, Adolfo Aristarain murió unos días después de realizarse esta entrevista.
La charla también se abre hacia su presente profesional. Darío Grandinetti confiesa que aún no ha iniciado los trámites de jubilación y que no piensa dejar de actuar por ahora. Dice que, aunque el teatro es su refugio natural, no siente una dependencia absoluta del trabajo interpretativo: tiene hijos, amigos, familia y otras cosas que le sostienen la vida. Pero añade, con claridad, que actuar es lo que más le gusta.
En ese punto, José María Aresté y Darío Grandinetti coinciden en una idea esencial: el teatro sigue siendo una ceremonia irreemplazable. El actor defiende que la experiencia directa entre escena y platea no puede ser sustituida por la inteligencia artificial, porque el hecho teatral depende del encuentro vivo entre quienes actúan y quienes miran. Y recuerda que, en un oficio hecho de juego, también hay lugar para el placer, la curiosidad y la búsqueda de historias que merezcan la pena.
Otro de los tramos más interesantes de la entrevista llega cuando José María Aresté le pregunta por sus interpretaciones de personajes históricos como el papa Francisco, Juan Perón, Menotti o Haroldo Conti. Darío Grandinetti aclara que nunca le han pedido una imitación exacta ni una reproducción literal de la voz o los gestos. Su método pasa por otra vía: investigar quién fue esa persona, qué vivió y qué tensiones internas arrastra su figura.
