Andrew Davis, cineasta, y Louis Sachar, escritor. No se conocían hasta que el azar les puso a trabajar juntos en La maldición de los hoyos, dirigida por el primero y basada en un libro del segundo. Andrew Davis, director de El fugitivo, y otras cintas de acción como Alerta Máxima. Louis Sachar, autor juvenil muy famoso, sobre todo en Estados Unidos, aunque Hoyos, en el que se basa el film, está traducido a numerosos idiomas, incluido el español. Aparecen juntos en todas las entrevistas, y se han convertido en una pareja profesional muy compenetrada.
Andrew Davis ha destacado como director de cine de acción. ¿Qué vio en el libro juvenil de Louis Sachar para querer adaptarlo al cine?
Andrew Davis: Lo leí en un momento en el que quería hacer algo distinto a las típicas películas de persecuciones en coche. Una de las productoras, Teresa Tucker-Davies, y yo, estábamos buscando algo más orientado a toda la familia. Y este libro trata temas que me tocan muy de cerca, sobre todo la familia y los derechos civiles. Es un libro con sustancia, pero a la vez se podía hacer una película divertida, que creara un mundo mágico, tanto para adultos como para jóvenes.
Para el autor de la novela, Louis Sachar es su primera experiencia como guionista. ¿Tenía miedo de no hacerlo bien?
Louis Sachar: Pensé que si no lo hacía bien, ya escogerían a otro para arreglarlo. Así que me olvidé del miedo al fracaso y me sumergí en el proceso, que para mi sorpresa me gustó. Andrew Davis me ayudó mucho. Es un tipo con mucho talento e intercambiábamos ideas constantemente. Logramos hilvanar todas las historias.
Cuando trabajaron juntos, cambiaron algunas cosas. Alargaron una subtrama típica de western.
A.D.: Eran los fragmentos que iban a quedar mejor en la pantalla, porque se les podía sacar mucha acción. La parte de western ya estaba apuntada en el libro, sólo la explicamos más, y la dimos una mayor conexión con la historia principal. En toda la adaptación, lo único sustancial es que hemos añadido un personaje nuevo, el abuelo del protagonista. Aunque se habla de él en el libro, no llega a aparecer. En la versión cinematográfica, gracias a que él está, se ve mejor el efecto de la maldición que sufre la familia en todas las generaciones, y cierra mejor la historia.
A usted, Mr. Davis, supongo que le apetecía que la película tuviera acción, ya que se luce con esas escenas, y se nota que es especialista en el género.
A.D.: A un amplio sector del público le resulta difícil meterse en un film con poca acción, y pienso que a los niños hay que darles películas dinámicas. Estas secuencias me permitieron aumentar el ritmo. Además, permiten contrastar el dinamismo con la desgracia de los niños, que tienen que estar todo el día cavando hoyos. Y no sé si se ha notado demasiado, pero siempre había querido rodar el asalto a una diligencia, como los de las películas del oeste, acción a caballo y tiros, así que vi en esta trama la excusa perfecta para rodarla por fin.
Así que quiso homenajear el género, ya que últimamente se hacen muy pocas películas.
A.D.: De pequeño me encantaban. Recuerdo que me apasionó Los siete magníficos, que vi con 14 años. Quería mostrarle a mi hijo la fascinación que sentía por las películas de vaqueros, que al fin y al cabo es la misma que él siente por las de policías.
Frente a alguna que otra película infantil que baja mucho el nivel, como si los niños fueran idiotas, el secreto de las películas Disney, como ésta, ha sido siempre tener en cuenta a los adultos, que pagan la entrada. ¿Tenían presente este condicionamiento?
A.D.: Fue fácil, no intentamos imaginar qué les podría gustar a los niños, sino que simplemente metimos todos aquellos elementos que a nosotros, que somos adultos, nos interesaban de la historia. Quizás domine un tono un poco nostálgico, pero estamos seguros de que a los espectadores adultos esta película les recordará en parte a su propia infancia.
¿Eso es porque introdujeron parte de la infancia de ustedes mismos? ¿Existen partes autobiográficas en la historia?
L.S.: Cuando empecé a trabajar en la historia, me sentía muy diferente del protagonista. Al fin y al cabo era un chico que llegaba a un frío centro de internamiento, condenado por robo, y yo nunca había pasado por una situación parecida. Pero luego me di cuenta de que esta situación era un poco similar a mi llegada a un rígido colegio, cuando mi familia se mudó a Chicago. Yo era el novato, y los otros chicos no me aceptaban al principio en su grupo, y parecían tener prejuicios sobre mí. Luego resultó que eso ocurría simplemente porque no me conocían, y con el tiempo me integré perfectamente. Aquí teníamos chicos internados en un centro, pero que al fin y al cabo se comportaban según la dinámica de cualquier persona de su edad, por lo que cogí parte de mi experiencia en el colegio para construir lo que le sucede al protagonista.
El protagonista empieza a sentirse aceptado cuando le ponen un mote, lo que le convierte en uno más de la pandilla. ¿También tenían ustedes mote?
L.S.: Es un truco que he utilizado para hacer cercanos a los personajes. Sí, es cierto que eso está basado en mi vida, yo mismo tenía mote, me llamaban “el hombre lobo”.
El tema central es la educación de chicos conflictivos. Aquí están en un lugar que debería ser un centro de trabajo, que les hiciera reflexionar, pero que por culpa de unos guardianes despiadados se ha convertido en un auténtico penal de trabajos forzados. ¿Querían advertir a los espectadores de que se puede caer en un gran error con los jóvenes condenados por algún delito?
A.S.: Si esta historia tiene algún mensaje, es que podemos caer en graves errores condenando desproporcionada o injustamente a los jóvenes, que aquí van a parar a una auténtica prisión. Incluso sin haber hecho nada, en el caso del personaje central. A los chicos hay que saber hablarles. Te puedo poner el ejemplo del rodaje de esta película, pues la mayor parte de mis actores eran muchachos. Todos ellos son chicos con mucho talento, especialmente Shia LaBeouf, el protagonista. Pero hubo tan buen ambiente en el rodaje que creo que a veces se lo pasaban demasiado bien. Tuve que hablar seriamente con ellos y explicarles que les estaban pagando por estar ahí, pero fue suficiente con eso para que me hicieran caso. Es un mal ejemplo, porque fue muy fácil trabajar con ellos, pero estoy convencido de que en el caso de chicos marginales, todavía se puede conseguir que no se echen a perder. No son tan distintos de los muchachos normales.
Para la educación son importantes precisamente los libros infantiles, que esta película contribuye a divulgar. ¿Tiene Louis Sachar presente los valores educativos en sus novelas?
L.S.: Me preocupa que los chicos dejen de leer, no por puro egoísmo, pues gracias a Dios mis libros funcionan bien (risas). Me gustan libros como la saga de Harry Potter, sobre todo porque hacen que los chicos dejen la consola. Como escritor, intento ofrecerles mensajes, pero siempre que se integren en una historia atractiva para los lectores. Mi primer propósito cuando escribo un libro es que los niños se diviertan leyéndolo.
Los malvados de la historia, en el fondo resultan entrañables. ¿Es por el trabajo de los veteranos Sigourney Weaver, Tim Blake Nelson y Jon Voigh, que han conseguido darles matices a sus personajes?
A.D.: Según el libro, tenían que parecer muy humanos, aunque a veces hacen cosas horribles. Me parece una parte muy importante de la trama, y creo que estos intérpretes han hecho un magnífico trabajo. No pensamos en esos actores concretos mientras escribíamos el guión, pero nos los propusieron los productores y vimos que eran los más idóneos.
¿Rodaron material específico para el DVD?
A.D.: Nos juntamos después del rodaje para hacer comentarios en audio. Me da miedo escuchar esos comentarios. Es lo que se va a recordar cuando yo haya muerto. En serio, espero que sean útiles, especialmente para los estudiantes de cine.
