Estuvimos con Andrei Nekrasov, director de El caso Litvinenko, un estremecedor documental que denuncia la corrupción política en Rusia. Le acompaña la viuda de Alexander Litvinenko, el ex agente secreto y disidente ruso envenenado en Londres en 2006.
¿Su documental es un testimonio valiente y arriesgado?
Estoy encantado de estar en España. Para mí fue importante, por supuesto, ir a Cannes y presentar allí El caso Litvinenko, pero es muy importante que este film se estrene en salas de cine y llegue a las personas normales. También creo que hay que ser valiente para exhibir este material, incluso en los países, digamos, libres. Por eso estoy muy agradecido.
¿Es imposible que haya una “rebelión” en Rusia después de todo lo que ha ocurrido, después de todo lo cuenta su documental?
Sí, es posible. A diferencia de lo que cree mucha gente de occidente (que todo el mundo está a favor de Putin), mucha gente está en completo desacuerdo, se rebela, escribe artículos, etc. Pero una rebelión pacífica –yo creo en este tipo de rebeliones, como la que tuvo lugar en Ucrania– no creo que en este momento sea posible.
En Cannes usted dijo que no habían recibido presiones y que no tenían miedo, pero después de ver el documental, esto parece difícil de creer.
No fue un rodaje absolutamente sin problemas. Pero hacer un documental como el que yo he hecho no es muy normal. Hay rodado mucho material a lo largo del tiempo. Conocía a Litvinenko hacía mucho tiempo, pero no sabía que iba a hacer con todo esto, si iba a acabar en reportaje, en un libro, etc. Además no es la primera película que he hecho crítica con el gobierno, pues filmé una sobre los atentados de 1999. Es cierto que hemos tenido algunos problemas, pero ninguno como lo que tuvieron la gente que recoge la película.
¿Pero tiene miedo?
Todo lo que tiene que ver con Sacha [Alexander Litvinenko] está provocando unas reacciones tremendas en las autoridades. Sí. La simple figura de Litvinenko causa reacciones casi histéricas. No sé exactamente por qué, aunque tengo mi opinión al respecto. Tengo algo de miedo, claro, pero también tengo mi vida en Rusia y este es mi trabajo y tengo que hacerlo. Esto no significa que no tenga cuidado, por supuesto.
¿Qué opina de que la revista Time, saque a Putin en portada como hombre del año?
Para los medios de comunicación, ser bueno es muchas veces sinónimo de ser aburrido. Hay que atraer a los lectores y eso a menudo no se hace con genete buena. Esa pregunta sobre por qué Putin es el hombre del año habría que hacérsela a los grandes líderes de las potencias mundiales.
¿La película se va a estrenar en Rusia?
No, imposible. No hay remotamente ni la más mínima posibilidad. Y no empleamos ningún trabajo para que así sea. También podría salir en DVD, pero estamos seguros de que eso tampoco pasará.
De todas maneras, yo trabajo a medio caballo entre Londres y San Petersburgo, y también últimamente en Alemania, en donde me está resultando bien trabajar. Y aunque en el fondo sé que yo estoy haciendo mi trabajo para Rusia, resulta igual de difícil hacer una película para Rusia que para el público de todo el mundo. Yo lo que deseo es explicar claramente mi motivación para hacer el film, por qué hago este tipo de película.
Y también quería descubrir la realidad de la tragedia de Litvinenko…
En esta historia podemos ver como se hiere y mata a un hombre del que se ha hablado mucho en todos sitios (que si era un espía, etc.), pero del que en realidad no se sabía nada, porque la realidad de Rusia se desconoce. Es la historia de un hombre que tuvo la valentía de decir lo que pensaba y murió por ello. Es una idea clara y simple, pero muy difícil de transmitir.
¿Y qué pasa con los presuntos culpables, con Lugovoi?
Pues que ha sido elegido diputado de la Duma. Pero no sólo se trata de una persona. Lo que está pasando en Rusia sólo se puede resolver con un juicio abierto, justo, y eso no se está celebrando.
