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Entrevistas

Giovanna Mezzogiorno una persona de lo más asequible

Para hacer honor al apellido de la actriz, me citan al mediodía para mi entrevista con Giovanna Mezzogiorno. El hambre que este entrevistador empezaba a tener a esa hora queda completamente olvidado ante la deslumbrante aparición de la actriz. Aunque sus ojos color avellana dejan a uno tan deslumbrado que piensa que está ante una auténtica estrella del cine, pronto resulta ser una persona de lo más asequible, que responde en perfecto español, se piensa lo que va a decir, y ofrece una conversación de lo más interesante.

Giovanna Mezzogiorno una persona de lo más asequible

Interpreta a Fermina Daza a lo largo de sesenta años. ¿Fue un reto demasiado complicado de superar?

Al principio, el director Mike Newell había pensado que la interpretáramos dos actrices, como ocurre con el personaje de Bardem. Después, decidió que sólo yo encarnaría al personaje. Esto me supuso unas sesiones de hasta cinco horas y media de maquillaje. Y luego tuve que ensayar para moverme como una persona anciana, que hace las cosas con cierta dificultad.

¿Qué es lo que más le interesó de su personaje?

El hecho de que Fermina Daza es una mujer que se debate entre dos amores. Creo que ama a los dos hombres, pero de forma diferente. En la vida no existe el amor perfecto, y es posible encontrar a varias personas que nos ofrezcan diferentes tipos de amor. Ella ha vivido un amor romántico con Florentino Ariza. Después le rechaza y se casa con Juvenal Urbino, pero lo hace porque realmente está enamorada de él. Vive toda su vida a su lado, y es una vida plena. Tienen hijos, etc.

Entonces, ¿a cuál de los dos cree que prefiere su personaje?

Siempre me había intrigado por qué le dice que no a Florentino y se va con Juvenal. El amor idílico y romántico a veces puede asustar. Aunque haya conocido al hombre aparentemente ideal, una mujer puede finalmente decantarse por otro hombre, con los pies en la tierra. Se trata de un doctor más dispuesto a formar una familia, a estar en casa con los niños. Es un hombre distinto con mucho que ofrecer.

Me leí el libro, que es una de mis novelas favoritas, cuando era una adolescente. No tenía más de 13 años. Entonces me quedé petrificada porque no podía entender de ninguna manera que Fermina Daza abandonara a Florentino y se fuera con el doctor. Para mí era inconcebible que renunciara al hombre tan romántico que le había escrito esas cartas. Ahora lo releo a los treinta años y la entiendo. Vaya, si la entiendo.

Fermina y Florentino mantienen una relación epistolar, un tema muy de moda actualmente por las páginas de internet y los chats. ¿Cree que da que pensar sobre este tipo de relaciones?

Sí, porque mucha gente hoy en día se conoce enviándose textos escritos, como los protagonistas. Me parece una forma de comunicación paradójica la que se da hoy en dia por internet. Por un lado, existen más posibilidades que nunca de conocer a otra persona. Pero esta posibilidad rompe gran parte del romanticismo. Como se puede conocer a tanta gente, es difícil quedarse con una sola persona. Y claro, esto provoca muchas veces que las relaciones se rompan enseguida. Se crean relaciones tan rápidamente, que se desvanecen de la misma manera. Es fácil iniciar un idilio extraconyugal.

No es que sea de este tipo de personas que se muestran en contra de los avances tecnológicos. Internet es muy útil, sobre todo para mantener el contacto con amigos que estén a distancia. Pero es tan fácil entablar relaciones personales que puede destruir matrimonios. Hay que tener cuidado con esto.

¿Cómo fue el trabajo con Javier Bardem?

Sólo le había visto en sus películas hasta ahora, y me impresionó porque es un hombre intenso, sensible, y muy inteligente. A pesar de la enorme fama que tiene, y de su talento, es un buen compañero que piensa en los demás a la hora de rodar. Es un ser humano único.

Es la primera vez que sale del cine italiano, y participa en una gran superproducción. ¿Se sentía muy perdida?

La principal diferencia es que en el rodaje participa mucha más gente, y está todo calculado y medido. Pero a la hora de la verdad, en cuanto el director dice la palabra ‘acción’ y estás frente a la cámara y tienes que actuar, entonces estás tú ahí sin nadie que te ayude, y tienes que hacer creíble a tu personaje como sea. Eso es igual en Hollywood que en Italia.

¿Cómo va el cine italiano?

Bastante mejor que hace diez años, porque se hace alguna película más. Lo que pasa es que no se produce todavía lo bastante como para que haya un número razonable de buenas películas. Sale alguna interesante, pero pocas. El problema es que no tenemos una verdadera industria y las fuentes de financiación son muy limitadas. De hecho, casi todas están producidas por canales televisivos, que en Italia prefieren invertir en películas destinadas a un público familiar. Por eso, es imposible que salgan adelante cintas sobre temas un poco polémicos o duros. Tampoco dan luz verde a películas más vanguardistas.

Es muy difícil que los jóvenes actores y directoras puedan abrirse hueco, porque las pocas producciones que salen adelante están monopolizadas por los veteranos.

Fue fichada por Wim Wenders. ¿Puede adelantar algo sobre el film?

Acabo de terminar el rodaje de Palermo Shooting, la nueva película de Wenders. Es difícil contarla, hay que verla, porque es una historia compleja. Es un regreso de Wenders a sus orígenes, a la época de El cielo sobre Berlín. Tiene muchos componentes místicos y filosóficos, y es una película muy intelectual.

Rodar con él fue toda una experiencia, porque nunca había trabajado con un director tan preocupado por la estética. Da una enorme importancia a la luz. Por eso luego sus imágenes son tan impactantes. Esta película va a sorprender.

¿Qué le debe a El último beso, su película más conocida fuera de Italia?

Hasta ahora ha sido mi única película que se haya visto realmente en todo el mundo. Se estrenó en Francia, en España, en Canadá y hasta en Estados Unidos. Gracias a ella estoy yo aquí, y también dio a conocer al director, Gabriele Muccino, que fue fichado por Hollywood para rodar En busca de la felicidad. Cambió por completo mi vida y la de Gabriele. Incluso se hizo un remake estadounidense, The Last Kiss (El último beso), que no he visto todavía.

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