El cine argentino dio las sorpresa hace unos años con una serie de títulos muy logrados, que acapararon la atención en todo el mundo. Uno de los cineastas a seguir es sin duda Daniel Burman, responsable de títulos como Esperando al mesías o Derecho de familia, que permiten vislumbrar a un artista de talento. Tuve ocasión de hablar con él en San Sebastián, con motivo de la película que llevaba a concurso al Festival, El nido vacío.
Eres un director joven, tienes 35 años… ¿Por qué una historia sobre un personaje mayor, que se ve en declive y que pasa por esa crisis? ¿Qué es lo que te interesó para tratar ese tema?
No creo que sea necesariamente la edad lo que determine crear un personaje concreto, aunque sí es cierto que uno tiene que compartir los miedos o los temores con sus protagonistas. A menudo esos temores son más sinceros que las vivencias. Alguna vez he hecho trabajos más autobiográficos, en el sentido de que había vivido ciertas pasiones pero, en esta ocasión, me pareció más interesante tomar cierta perspectiva en el tiempo y manipular la historia desde lo, quizás no vivido pero sí temido o deseado. Además conté con la experiencia vital de dos actores que sí habían pasado por eso. Eso te permite narrar lo que debería ser la historia de una hombre y una mujer de esa edad, pero que lo puedes cambiar porque, precisamente, se trata de una película.
El protagonista de la película comienza su obra anotando en su cuaderno la imagen de un hombre y una mujer vivos flotando en el mar. ¿Fue ese también el punto de partida de la película?
Sí, podría decirse que sí, es un punto muy importante. Tiene un trasfondo muy peligroso, el hecho de tener que esforzarse para mantenerse a flote.
¿Tú crees que hay una etapa en la vida en la que, efectivamente, los hijos vuelan y las personas pueden vaciarse de razones para seguir luchando, para seguir viviendo? ¿Hay huecos que llenar?
Yo creo que al final ese silencio, ese hueco, es una excusa para otras cosas. El problema no es que los hijos se vayan, sino al revés, a veces la propia presencia tapa cosas que la ausencia revelaría.
Uno de los temas con los que pienso que te debes sentir identificado es que el protagonista es un dramaturgo, un artista, una persona que construye historias; me gustaría saber si, así como en la película él toma muchos elementos de su vida para construir su ficción, tú también te involucras con elementos personales que luego incorporas a tus historias.
Trato de no hacer eso pero hay un momento en que todo se confunde, donde se confunde el hombre con los sueños, y eso es tremendamente peligroso porque uno no puede estar todo el tiempo soñando, pero sí, tienes razón, quizás sea la parte donde más me involucro.
Hay ciertas escenas en las que parece que lanzas tu pequeña crítica, especialmente cuando el escritor se queja o mira con cierto desdén a las personas que le entregan su obra literaria, o cuando éstas le preguntan acerca de las cosas que han escrito, momentos en los que él parece evadirse de las conversaciones, como si estuviera cansado de ellas; me pregunto si es algo que a ti te ocurre o si, por el contrario, te encanta hablar de tu trabajo.
No, yo odio hablar de mi trabajo. A mí me parece que uno no puede ser un artista todo el tiempo; si un domingo estás de barbacoa con los amigos no te comportas como un director de cine, no eres un artista en ese momento, del mismo modo que a un amigo que es odontólogo no le preguntas todo el tiempo “dime cómo tengo las caries”. Uno necesita descansar de uno mismo, y a veces es agotador que se confundan ambas cosas. Yo no soy un artista, yo hago películas, no estoy todo el tiempo imaginando historias, vivo la vida cotidiana como cualquier persona.
En la película arrancas con una cena de amigos y cuando los protagonistas regresan a casa se encuentran con que su hija se ha ido; de pronto se produce un salto, los hijos han desaparecido. Me gustaría saber hasta qué punto has querido dar pistas al espectador para que sepa de qué va la trama. ¿O realmente querías dar una sorpresa final?
A mi no me gusta que el espectador haga todo el trabajo, me parece injusto; sí hay una pequeña confusión, una zona gris que es necesaria para entrar en el acto, y que está dosificada de manera muy consciente.
Yo, como espectador, intuí, en un momento dado, que había una ficción que se producía, sobre todo, por un salto brusco, por esa transición, que no es la clásica transición que se hace con un fundido a negro.
Es verdad, esa transición es básica para que uno se dé cuenta de que hay un salto no del todo naturalista, pero sí hay un tiempo con el que uno se va acomodando, que es lo que yo quería provocar, no quería que el espectador se diera cuenta enseguida.
Parte de esos elementos para desconcertar al espectador son quizá las fantasías más evidentes del personaje. Me gustaría que comentaras un poco la escena, casi tipo musical, en la galería comercial; ¿eso estuvo desde el principio muy presente en la historia o te apeteció de pronto?
Estuvo presente desde el principio, pero después se fue perfilando como algo más grande hasta volverse muy lúdico, porque era algo que no podía comunicarse sólo con la acción, el diálogo o la música, así que pensé que la confusión del personaje estaba bien expresada a través de esa escena.
¿Te gustaría hacer una película de ese género? ¿Un musical?
Sí, me encantaría.
¿Y lo ves factible? Porque parece un género que últimamente está un poco abandonado. Aunque hay directores, como Alain Resnais en On connaît la chanson, que hacen eso, precisamente, no introducir las canciones al estilo clásico.
Sí, me gusta mucho como trabaja el tema de la música en esa película.
La película se centra, sobre todo, en el personaje masculino, ¿hubo algún momento en que pretendieras dar las dos visiones, la perspectiva de la esposa? Porque a ella la vemos desde el punto de vista de él.
No, me parecía importante mantener el mismo punto de vista todo el tiempo, soy muy estricto con eso.
Me imagino que era una tentación...
Lo era, efectivamente.
A mí me sorprendió porque me imaginaba que la protagonista iba a ser Cecilia Roth, así que reconozco el riesgo de que no tenga tanta presencia… ¿Cómo relacionarías esta película con el resto de tu filmografía?
Es algo prematuro establecer esa relación, porque pienso que tiene algo de continuidad y algo de ruptura; aún es muy pronto.
¿No hay más ruptura que continuidad?
Parece que sí.
