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Entrevistas

La mujer palestina

Hiam Abbass tiene una personalidad tan fuerte y atractiva como la que trasluce en sus películas. Nacida en Nazareth, Israel, en 1960, ha compuesto mujeres de carácter en filmes tan interesantes como Los limoneros. Ahora tiene en cartera The Visitor, donde su personaje es todo un regalo. Pude hablar con ella de este magnífico film, de su ejemplar carrera, y de cómo ve el conflicto interminable de Oriente Medio.

La mujer palestina

Llama la atención la cantidad de países e idiomas en que ha trabajado. ¿Cómo se logra esa proyección internacional, para que la quieran en todos los países, incluido Hollywood y Steven Spielberg en el caso de Munich?

No lo sé. Simplemente ocurre. No es algo que haya planeado. Es como dices. Empecé joven, y desde el principio siento que pertenezco a todos los lugares del mundo. Por supuesto, mis raíces son palestinas, es mi sangre, mi país. Pero siempre me han interesado más las cosas que no se ven, que las que veo, es algo que me ha conducido toda la vida. Por eso no me sorprende, viendo mi trayectoria, que haya viajado tanto alrededor del mundo, a Londres, a París... Va con mi forma de ser, es muy enriquecedor y me gusta. No sería la misma, si me frenara, no sería yo.

Ya había trabajado en inglés en Israel con Amos Gitai y Natalie Portman en Zona libre. The Visitor es mi primera película rodada en inglés, de producción completamente estadounidense y rodada en Estados Unidos. Antes hice Natividad, de Catherina Hardwicke, pero trabajé en Italia, y en Munich hablaba en francés e inglés.

Para The Visitor me había encontrado antes con Tom [McCarthy], que me hizo muchas preguntas sobre el carácter de la mujer árabe, antes de mandarme el guión. Sobre todo me preguntaba sobre la cultura, cómo sería esa mujer, cómo reaccionaría. Cuando le vi, no sabía exactamente qué quería que hiciera en la película, yo creo que me tenía en su cabeza, pero no me decía para qué. Sólo tres meses después me llegó el guión.

¿Qué hay de usted en el personaje? ¿Se ha basado en su experiencia como madre, o en algo que conozca de alguien cercano?

En común, nuestro punto de encuentro es ése, que las dos somos madres. Pero es ficción. No creo que mi viaje tenga algo que ver con el suyo, vaya eso por delante. Ella es un personaje que está dentro de la mente de un director. Tengo que encarnarlo, calzarme sus botas, pero eso es todo. No es necesariamente similar a mí. Tengo que conseguir dibujar lo que el director tiene en la cabeza sobre el personaje. Por supuesto, hay cosas tuyas que utilizas para crear al personaje, pero no es que seas así, utilizas tu experiencia para darle vida. Tiene mis pelos, mis ojos, mis manos, pero... Es un tema delicado, y a veces es difícil trazar la línea divisoria que separa al personaje de ti misma. Pero a mí me gusta ver estos personajes desde fuera, has de saber despedirte de ellos, una vez que terminas con ellos, y verlos como una espectadora más. Si me mezclara con ellos, creo que acabaría loca.

Muchos de sus papeles tienen que ver con su origen étnico. Me resulta difícil considerar que no se implique a fondo y le afecte el hacer, ya sea su personaje en The Visitor, o en Zona libre, Paradise Now, Los limoneros...

El personaje está ahí y tratas de entenderlo. Te implicas de un modo específico. El personaje tiene unos rasgos, una identidad, unas emociones que tratas de entender para hacer su viaje, que empieza en el punto A y termina en el punto B. Y no hay nada ni antes de A ni después de B. El viaje de mi personaje en The Visitor empieza cuando llama a la puerta del protagonista, y termina con su partida. No hay nada más, y yo tengo que ser capaz de meterme en esa piel. Es difícil de explicar porque no es un proceso mental, no es que me meta en la cama por la noche y piense 'Dios mío, mañana tengo que hacer esto y...'. Te pliegas a las situaciones, y tratas de ser honesta, responder a lo que harías en esas situación. Pero no es algo calculado. Hablas con el director, preparas el personaje, tienes muchos anclajes, puntos donde apoyarte. Porque el hecho de que te hayan seleccionado significa que ya tienes el 70% de tu trabajo ya hecho, porque eres idónea para el personaje, encajas. Tiene que ver con la verdad de quien eres. Y en el otro 30% no estás sola: tienes al director, un guión, el equipo, otros actores... Es la forma en que lo pintas, me gusta esa comparación. El director tiene como las distintas fuentes del texto de un ordenador.

Ah, y no crea eso que dicen del actor que sufre mucho con su composición, actuar simplemente es algo maravilloso. Por supuesto que hay papeles que requieren un especial esfuerzo físico, pero el proceso en que se crea y emerge un personaje es dichoso, yo no me quejo, sino al revés, doy gracias por lo que hago.

Su personaje entra a mitad de la historia. ¿Supuso alguna dificultad?

No, es arriesgado, pero para el director. Mi punto de vista es que ese personaje existe, se le menciona antes, y simplemente aparece en la historia en un momento dado. No he tenido que tratarlo de una forma diferente, es como es, independientemente de cuándo aparezca, yo sólo tengo que hacerlo creíble. No debe perder fuerza, prestigio o carisma cuando al fin lo vemos físicamente. Una vez abierta la puerta, se trata de creer en ti, y hacer lo que exige el personaje.

¿Cuál es su papel favorito de los que ha interpretado? ¿Tal vez Los limoneros, que es mi favorito?

No tengo personajes favoritos. Simpatizo con todos. Son como hijos, una vez los tienes, los dejas libres. No tienes favoritos, sobre todo cuando son personajes protagonistas, con un peso importante. Yo tengo dos hijas, y las quiero a las dos. Si tuviera que escoger entre Los limoneros, Free Zone, The Visitor, Paradise Now, no podría. Me gustan todos.

¿Cómo ve el problema de Oriente Medio? ¿Se encuentra cómoda expresando su punto de vista?

No me importa compartir mi opinión política sobre la situación en Oriente Medio. Es duro, y creo que es un lugar donde las cosas tienen que moverse muy deprisa. Los últimos ataques en Gaza han sido muy duros para la gente. Yo sobre todo pienso en la gente joven, en los niños, el futuro que les estamos dando. Tengo la sensación de que esta generación y las dos siguiente van a estar profundamente marcadas por esto, serán generaciones perdidas, que se habrán alimentado por el odio. Yo procuro hacer mi papel, comprometerme a diferentes niveles, no sólo con películas que tratan estas realidades, sino de otras formas, y creo que es un tema en que todo el mundo debería encontrar la forma de ayudar a solucionar lo que ocurre en ese país, porque es terrible, sobre todo en los niños, y me refiero a ambos bandos, no estoy tomando partido.

¿Cuál es su religión, es musulmana, cristiana?

Mis padres son musulmanes, yo... (se encoge de hombros)

A los ojos de un occidental, The Visitor es muy auténtica. ¿Es lo mismo para un oriental?

En Líbano me consta que la recepción fue muy buena. No existe un intercambio cultural entre Israel y Líbano. Pero las película básicamente existen, y con las nuevas tecnologías se descargan de internet, posturas como un boicot, no tienen sentido, la gente accede a ellas. Por ejemplo, Caramel, una película libanesa, es conocida en Israel. Y a mí la gente no se me acerca para decirme por qué una palestina trabaja con un director israelí. Todo lo contrario. Esta película es tan bonita, que debería verla todo el mundo, no importa dónde hayas nacido, dónde te hayas criado. Pienso que estas barreras de mapa, con las nuevas tecnologías, ya no existen. Pero la cuestión de la verdad y de la autenticidad, no se identifica con una cultura concreta, sino que es como una enfermedad, que no respeta fronteras, sino que llega a todo el mundo. Cuando vemos algo verdadero, no hay discusión, es verdad y punto.

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