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Estamos entre dos polos: la libertad y la disciplina

Es alto, simpático, con una frecuente sonrisa en el rostro y una presencia muy poderosa. El intérprete australiano se ha convertido en poco tiempo en uno de los actores más reputados del mundo, y con razón. Contestó a nuestras preguntas con motivo del estreno de X-Men Orígenes: Lobezno.

Estamos entre dos polos: la libertad y la disciplina

Tras nueve años dando vida al personaje de Lobezno, ¿qué le sigue motivando para volver a interpretarlo?

En X-Men Orígenes: Lobezno tenía una oportunidad para poder conocerle mejor. Habíamos estado en otras películas flirteando con eso, pero era un poco frustrante no poder llenar todos los huecos de su historia, hacerle más de carne hueso. También influye siempre el deseo y la idea de que puedes hacerlo mejor, que puedes aportar otros matices al personaje, emocionales, físicos. Quieres siempre superarte. Y para mí es inusual que un personaje sea tan interesante como para que represente un desafío a lo largo de tanto tiempo.

Lobezno muestra en la película una marcada dualidad, como hombre y como animal. ¿De alguna manera es una metáfora del ser humano?

Es esencial ese conflicto para Lobezno, y aunque en la vida real no es tan extremo, por supuesto, también todos los humanos tenemos que enfrentarnos con esa dualidad de nuestras vidas. Nos demos cuenta o no. Por un lado, queremos nuestra libertad, hacer lo que deseamos, pero por otro lado están también las exigencias de la sociedad, de la familia, del trabajo. Estamos siempre entre esos dos polos, el de la libertad y el de la disciplina. Es un viejo tema, que existe desde las tragedias griegas o las obras de Shakespeare. Y es un conflicto que no se puede resolver eliminando un polo u otro, hay que buscar la unión entre los dos. Cuando comprendí que Gavin Hood captaba perfectamente esto y se daba cuenta de que era el tema más importante de la película supe que sería el director ideal.

Y el antagonismo entre los dos hermanos, también es esencial...

Sí. Los dos hermanos representan dos caras de la misma moneda. Uno es espejo del otro. Es efectivamente la espina dorsal de la película. Víctor Creed representa el lado animal y Lobezno intenta siempre controlar esa parte de sí mismo. En los cómics llevan esta cuestión al extremo, de modo que los dos hermanos están muy entrelazados, a nivel existencial, hasta el punto de que sí uno muere, el otro también. Tienen una relación muy simbiótica. Es un tema vital y Liev Schreiber está perfecto para el papel de Victor.

¿Qué diferencias hay entre la película y el cómic?

A principios de los años 90, Marvel Comics encargo a varios autores escribir historias sobre los orígenes de los X-Men. Quizá la más famosa de las historias sea ésta, la de los dos hermanos, Lobezno y Victor, y por eso nos basamos en ella, aunque por otro lado todo el conjunto está abierto a distintas interpretaciones. Nosotros tomamos algunas decisiones conforme a los comics y otras que eran originales para la película. Lo importante es recordar que el guionista David Benioff (Troya, Cometas en el cielo) es uno de los escritores más respetados de la industria, y además es una autoridad en los cómics la saga de “X-Men”. Lo sabe todo sobre ella. Cuando tomábamos decisiones, a veces éramos conscientes que quizá no iba a gustar a los fans, pero teníamos que hacer nuestra propia versión. No queríamos plasmar tal cual el comic a la pantalla. De hecho, el personaje de Lobezno es, digamos, mi propia versión, no tanto la del cómic.

Tras la espectacular lección que dio en la ceremonia de los Oscar, ¿cuándo le podremos ver en un musical? Lo estamos deseando.

Llevo dos años trabajando para poner en marcha el proyecto de hacer una nueva versión de Carousel, el musical de Oscar Hammerstein II. Me acaban de dar otro borrador. Tengo muchísimas ganas de hacerlo. Y también estoy en conversaciones con Steven Soderbergh para el musical Cleo, sobre la historia de Cleopatra, Marco Antonio y Julio César, que se está preparando. Adoro los musicales. Los he interpretado en escenarios de Broadway, Londres y Australia. Pero en cine no. Y estoy deseándolo. Pero hacer que funcione un musical en el cine es lo más difícil. En cualquier otro género las películas son buenas, normales y malas. En el musical, no; sólo hay extremos, o un musical es bueno o es malo. No hay término medio. Y los estudios no saben medir si el público quiere ver un musical o no. Y, claro, son más reacios a financiarlos. Pero, en eso estoy.

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