El joven Cary Fukunaga tiene aspecto de empollón universitario. Y desde luego, es joven pero suficientemente preparado para triunfar en el cine. Con Sin nombre, un potente drama sobre la inmigración y los pandilleros, ha dado la campanada, al ser reconocido como mejor director en el Festival de Sundance. Tuve oportunidad de departir con él sobre su película en el pasado Festival de San Sebastián, donde abrió la sección Horizontes Latinos.
Esta película conjuga una historia muy dura pero que deja una puerta abierta a la esperanza. ¿Cómo ha encontrado el equilibrio?
En cuanto al guión, hacer una historia sin esperanza es muy difícil. Todos los personajes de mi historia me gustan, así que no voy a hacer una historia donde sólo haya cosas malas. Necesito ver algo de bueno en cada uno. Quiero que tengan una vida, que tengan algo más allá del fin de la historia. No trato a mis personajes como si fueran elementos de un experimento.
La película habla sobre inmigración y bandas. En cuanto al origen de la historia, ¿siempre ha tenido estos temas unidos en mente?
Empezó como un proyecto sobre inmigración y en las investigaciones acabé conociendo el mundo de las bandas que controlan el paso de los inmigrantes al sur de México. Por otro lado, elegir el tema de la inmigración fue casi por accidente. Yo estuve estudiando cine en Nueva York durante tres años. El segundo año hice un cortometraje con conciencia social. Quería no sólo experimentar con lo que había aprendido el año anterior sino que quería hacer algo un poco más allá. Leí en el New York Times una historia de un grupo de inmigrantes abandonado en un camión y me pareció una historia muy fuerte. Así que decidí hacer un corto. La inmigración no era un tema muy familiar para mí, pero gracias a este corto, empezó todo. Con la investigación de este trabajo aprendí que los inmigrantes se veían obligados a cruzar incluso México ilegalmente, viajando en trenes, coches, etc., afrentando muchos peligros. Para mí fue algo muy fuerte y supe que si alguna vez tenía la oportunidad de escribir un largometraje, sería ése el tema. Nunca antes se había hablado de esto. Para mí la inmigración era algo entre la frontera de Estados Unidos y México, nunca pensé que había mucho más drama pasando al sur.
La película podría haber sido tratada como un documental. ¿Es verdad que muchas escenas están basadas en hechos reales?
Sí, tengo estudios en historia y ciencias políticas. Tengo bastante formación de investigación académica. Empecé haciendo entrevistas con profesores de antropología, hablando con el jefe de seguridad de estado en Chiapas, haciendo entrevistas a pandilleros, hablando con los encargados de los trenes, con los inmigrantes, etc. Acumulé muchísima información y empecé a analizarla. Los personajes que eran más interesantes, las historias, etc. Todo aquello que podía pasar a la ficción. Cada personaje no está basado en nadie de verdad, pero son una mezcla de muchas personas.
Tanto en la historia de las bandas como en la de inmigración, da mucha importancia al personaje infantil. ¿Por qué?
Para mí, como escritor, mi experiencia es más cercana a ellos que a la de un padre que ya tiene hijos. No sé cómo es ser padre. Entonces si voy a escribir personajes, tengo que crear experiencias que puedo imaginar. Y también, cuando investigaba, la mayoría de la gente que conocía en las pandillas eran jóvenes, entre 12 y 19 años, 21 la mayor. Entre los inmigrantes también había muchos menores. Además, para mí era muy interesante el viaje de los jóvenes. Porque, por una parte, puedo entender que un padre o una madre vayan a Estados Unidos para buscar comida para sus hijos en Honduras o Guatemala. Pero lo de los jóvenes a mí me resultaba más difícil de entender, porque te puedes quedar en tu país, buscar trabajo allí porque no tienes obligaciones de alimentar a nadie.
¿Por qué el cambio de actitud del personaje de El Smiley con respecto a su amigo? ¿Quería que primara el sentimiento de pertenencia al grupo por encima del de amistad?
Willy funciona algo así como un hermano grande pero también él vive con su abuela. Imagino que él también quería pertenecer a esa familia más grande y más fuerte. Esto es una atracción muy importante para él. En esta edad de 12 ó 13 años, un niño busca una imagen o un ideal de hombre para ser. Creo que la pandilla representa para él este ideal.
¿Cómo se acoge una película así en Estados Unidos?
Yo soy norteamericano y entonces mi perspectiva es de allí. Es imposible evitar completamente tus raíces, pero también mi intención al escribir el guión era la de dar conciencia a un público norteamericano. Estoy muy contento de que la película esté viajando, pero al principio mi público era estadounidense. Creo que inconscientemente a la hora de escribir, la historia como estructura tiene algo que ver con los westerns. Es algo de lo que no me he dado cuenta hasta que terminé el guión. Los inmigrantes como peregrinos en el siglo XIX, enfrentados, cruzando un tramo peligroso para llegar a una tierra prometida. Esas cosas son fácilmente entendibles. Y creo que una herencia norteamericana con el ideal del lejano Oeste, ha sido algo muy importante en nuestra autodefinición.
Teniendo en cuenta algunos títulos recientes como The Visitor, ¿cree que ahora hay un mayor interés en Estados Unidos por hacer películas sobre inmigración?
Toda la historia de Estados Unidos es una historia de inmigración. Cada generación tiene una ola de inmigración y conflictos entre culturas diferentes. Esto ha nutrido la cultura de Estados Unidos. Así que la inmigración no es un tema nuevo. Es algo que es importante y es un tema que siempre hemos tenido en nuestra realidad.
Ésta es su primera película y ya ha pasado por varios festivales como Sundance. ¿Qué puertas le ha abierto?
Es una pequeña película todavía, y creo que claro que hay oportunidades. Pero es una ópera prima y creo que tendré más oportunidades si hay una segunda película con éxito. Ojalá los premios sigan viniendo.
¿Tiene algún proyecto entre manos?
Estoy interesado en escribir un guión sobre un niño guerrillero. Es bastante duro también, así que ahora quiero hacer algo diferente como película. Solamente porque necesito algo más alegre como tema. Así que estoy escribiendo una ficción tipo cuento de hadas contemporáneo musical. No sé si tendrá conciencia social este cuento... Bueno, puede ser que haya algunos comentarios. No sé si puedo evitarlo...
¿En qué parte de la producción y distribución han participado Gael García Bernal y Diego Luna?
El proceso de producción fue bastante modesto, aunque luego vinieran Focus y Universal. Un ejemplo de esto es que no había silla de director (risas), eran cajas de lentes. Pero eso no me molesta. Los presupuestos bajos ayudan en la creatividad y en la intensidad de rodaje. A mí me gusta rodar rápido y tuvimos poco tiempo, seis semanas. Había bastantes páginas en el guión y escenas difíciles de coordinar y muy poco tiempo para hacer todo lo necesario. Gael y Diego funcionaron como padrinos en el proyecto. No estaban en el set. Si necesitaba a alguien tenía que llamarlos a ellos, pero afortunadamente no hizo falta. Era una manera de legitimar el proyecto. La relación con ellos surgió de manera muy natural porque los dos tenían un contrato con Focus. Así que cuando Focus entró en el proyecto y encima nosotros habíamos dicho que queríamos hacerlo en colaboración con alguien de México, parecía completamente lógico que fueran ellos.
¿Cómo fue el casting?
El cásting tuvo una parte de tradicional y otra de ‘open calls’ de no-profesionales en los periódicos. Yo fui a Honduras tres o cuatro veces a buscar el elenco. Quise que hubiera centroamericanos, eran muy importante para mí que los acentos fueran fieles a la gente de Centroamérica. Encontré a Édgar Flores en Honduras en un casting, por ejemplo. Yo estaba buscando a Sayra, de hecho, pero él vino y tenía algo en su mirada de inteligencia de la calle, y eso era lo que yo buscaba. En los castings más tradicionales los actores no tienen este tipo de mirada y para mí era muy importante. Y luego hay gente que viene de teatro, de cine, de televisión. Para otros ha sido su ópera prima, otros tienen muy poca experiencia todavía. La mayoría son jóvenes así que la cantidad de experiencia que puedan tener es muy poca.
¿Hay algún pandillero real en el reparto?
No entre los principales. Pero sí hay extras.
Ya que ha hablado del reparto, en este tipo de películas muchas veces se piensa en qué será de aquellos que han participado. ¿Ha sentido la necesidad de intentar cambiar la vida de alguno de ellos?
Desde el principio, con Edgar, por ejemplo que tiene recursos bastante bajos, quise alejarlo de la sensiblería. A él le dije que su vida iba a cambiar muchísimo durante un tiempo, pero que debía estar preparado porque después volvería a la vida real. Le dije que guardara su dinero. Que no pensara que todo lo que iba a pasar iba a seguir así, mejorando, mejorando, mejorando. Le dije que él iba a hacer esta película, pero que sería la única que haría en su vida y que tenía que estar listo para eso. Pero es algo individual y él es un adulto, tenía 19 años. Ahora está trabajando en Honduras y quiere hacer algo de interpretación en México, pero tampoco terminó sus estudios en el colegio y es muy difícil entrar en una universidad. Ahora la película sigue viajando por otros territorios, pero él no tiene más trabajo. Está trabajando como asistente de producción. De los otros, Smiley hizo una película justo después y Paulina hizo un par de películas también. Están todos trabajando.
¿Resultaron difíciles de rodar las distintas tomas de los trenes?
En cuanto a logística bastante, porque nuestro presupuesto era bastante bajo y teníamos elementos en el rodaje bastante complicados. Disponer de un tren no es fácil ni barato. Una parte del presupuesto fue para alquilar el tren para controlar las cosas y que no fuera peligroso. Tuvimos que rodar todo en Ciudad de México porque no teníamos dinero para viajar y tuvimos que hacer todo el recorrido allí. Para mí rodar en el tren fue muy angustioso, porque no quería que nadie se lastimara mientras trabajábamos. Porque por mucho que sea una historia importante en cuanto a conciencia social, no se trata más que de una película, estamos haciendo ficción, y no quería que nadie resultara herido o algo peor.
¿Qué tipos de trenes son los que se cogen para ir al norte?
Son trenes de carga, no hay vagones de pasajeros. Entre la frontera de Guatemala y Distrito Federal hay como un camino real y es sencillo llegar hasta allí si sigues ese camino. Pero después de DF los niños que van para California, para Texas, es interesante ver cómo lo hacen. En la película aparece un mapa porque creo que eso ayuda al público a ver dónde estamos. Yo tenía un mapa también cuando viajé, pero nadie tiene mapa, los inmigrantes no lo tienen. No tienen información, sólo tienen números memorizados en sus cabezas. Van preguntando. La gente corre la voz y así funciona, es muy interesante. Yo no me podía imaginar andar así, sin saber, la próxima ciudad a la que vamos. Sin saber el nombre de la ciudad. Ellos van así. Es muy inestable.
Hay más películas que tratan el tema de cruzar la frontera pero siempre entre México y Estados Unidos. La protagonista de la película dijo que le chocó mucho que en México también se tratara mal a los inmigrantes.
No sé si soy el primero en hablar de esto. Había una historia cerca de Puebla donde la policía judicial había secuestrado a unos 80 inmigrantes. Les pidieron el rescate a sus familias en Honduras, Guatemala, etc. Y son policías, es increíble. Tengo un amigo que ahora está haciendo una película en Guajaca y me dijo que se encontró un inmigrante allí lleno de cicatrices porque fue secuestrado por la policía que quería vender sus órganos. Cosas increíbles, no hay ley, muchos de ellos van sin documentar y es muy fácil aprovecharse de su vulnerabilidad. Es una lástima que haya gente que sea así.
Ha hablado de la investigación que ha realizado. ¿Le ha servido para sacar en claro cuál es la postura real de gobiernos como el de México y Honduras en temas de inmigración?
No hablé con gente del gobierno, exceptuando al jefe de seguridad del estado de Chiapas. Hablé con oficiales de inmigración, grupos beta, etc. No hablé con inmigración de Estados Unidos porque no es parte de mi historia. No había razón para investigarlo tanto. Lo poco que vi es que todo el mundo está al tanto, pero a la vez muchos dicen que no hay recursos para resolver el problema. No pueden poner a la policía para proteger a los inmigrantes tampoco.
Hay muchos hispanoamericanos que están dando el salto a Estados Unidos. Usted está haciendo el camino inverso. ¿Se plantea una carrera a ambos lados de la frontera?
No sé si los mexicanos me aceptarán como gringo director. Pero para mí lo interesante del cine es aprender algo y contar la historia. Yo iría adonde lo necesite para contar una historia. No necesariamente a América latina. Hablo francés también y me gustaría hacer cine alrededor del mundo. Lo bueno es que puedo seguir aprendiendo cosas. La vida es más interesante así.
¿La película se ha distribuido ya en Hispanoamérica?
Poco a poco va haciendo una gira mundial. En este momento solamente “pirata”.
