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Entrevistas

La sabiduría de Oliver Stone

Recién aterrizado en Madrid, Oliver Stone está dispuesto a hablar de Wall Street: El dinero nunca duerme. Entre bocado y bocado –no deja de alabar la comida española–, habla de la crisis de valores que ha llevado a la crisis económica, y en la que se mueven los personajes de su película.

La sabiduría de Oliver Stone

¿No puede parecer oportunista estrenar Wall Street: El dinero nunca duerme en un escenario de crisis, 23 años después de Wall Street?

No he hecho esta película para ganar dinero. Sería estúpido. Si ése fuera mi propósito, la habría hecho inmediatamente después de estrenar Wall Street, con ese criterio habría que concluir que he perdido a toda una generación de potenciales espectadores que vieron la película original y que han muerto. En cambio, hay una nueva generación que no conoce nada, así que no hay oportunismo. Yo simplemente he procurado hacer la mejor película que he podido.

Siempre he utilizado eventos contemporáneos como telón de fondo en mis películas. La realidad es que la crisis que estamos viendo ha sido el suceso más grande de la historia de Wall Street, de mayor importancia incluso que el crack del 29, porque su influencia es global, se ha hecho sentir en todo el mundo. De todos modos, nunca he pretendido hacer un documental, ésta es una historia de personajes, básicamente tenemos a seis personas, seis tiburones dando vueltas en el estanque de Nueva York, madre e hijo, padre e hija, y tres psicópatas financieros, donde el personaje de Shia Laboeuf está luchando por salir indemne, todos quieren usarle para sus planes de inversión. A lo largo de la historia unos se traicionan a otros.

Los temas, igual que en la película original son el amor, la confianza, la traición y la codicia. Es una historia estupenda. Yo hago también documentales, pero esto es un drama.

Ahora la codicia es legal, como dice irónicamente Gordon Gekko. Los bancos hacen lo mismo que él, sólo que a mayor escala y nadie les persigue. Las historias sobre los bancos, las instituciones más importantes del sistema económico, antes eran aburridas, porque se encontraban más regulados. Sin supervisión han perdido su anclaje, les falta perspectiva, sobre todo a los grandes bancos que se pusieron a ganar dinero, a especular con fondos tóxicos que no valían nada, lo que era legal, pero no era ético, y ha pasado lo que ha pasado. Se cruzó una línea, por eso Gekko ve lo suyo como ‘pecata minuta’, frente a lo que llama ‘imperio del mal’.

¿Está podrido el sistema, no hay esperanza de cambio?

El 40% de las ganancias de las empresas, correspondía a las empresas financieras. Aunque ahora haya más regulación, ¿cómo volvemos a la situación original, ahora que han saboreado ese ‘veneno’ que tanto les ha gustado? Es una situación como la de Eva en el paraíso habiendo probado la manzana. Gusta y no se quiere dejar. Precisamente hace un par de días en Londres no se habla de otra cosa que de los bonos extra que van a cobrar determinados banqueros, 18.000 millones de dólares. ¿Cómo reconducimos esto y metemos al caballo en el establo? Es muy difícil cambiar el sistema. En cualquier caso, insisto, esto no es un documental, creo que no sirve la valoración de si soy o no optimista, aquí pinto una historia de personajes con ese telón de fondo. Es drama, donde uno se suicida, otro es arrestado, uno sube, otro se introduce en el mundo de la energía alternativa... En cualquier caso, por supuesto a que apunto a que la historia puede repetirse. Gekko alude cínicamente a la burbuja verde, como a la próxima burbuja. Por otro lado, quiero mostrar que la vida sigue, por eso muestro a Shia y a Carey Mulligan con su blog de internet que han formado una familia, con un hijo, con los amigos, aunque las burbujas que suben hacia el cielo de Manhattan apuntan a que la historia volverá a repetirse. Es un desafío. El tema es la confianza- De modo que podría hablar de un nivel “macro” de la película, en que se ve a la sociedad, la confianza con los bancos, y un nivel “micro”, donde vemos como confían las personas entre sí. Cada día es una lucha, un desafío.

¿Introdujo algún cambio en el guión?

Muchos. Siempre cambia, es mi estilo. Cambia incluso en el montaje. Como es algo muy especializado, vas aprendiendo sobre la marcha e incorporando cosas. Se trata de un proceso de colaboración, investigo, hablo con los escritores, los guionistas.

Gordon Gekko vuelve más sabio de la cárcel. Usted lleva más de 40 años haciendo cine, han pasado más de 20 desde Wall Street. ¿Se ha vuelto Oliver Stone más sabio, más reposado, más tranquilo?

Creo que sí, si no fuera más sabio con los años sería bastante estúpido. La pregunta es ‘¿cuánto más sabio?’. Tengo una visión más amplia, aunque a veces no veo bien porque los ojos fallan (risas). Creo que soy más tolerante con el comportamiento de los demás. A medida que envejeces te das cuenta que las cosas que piensan que no van a ocurrir ocurren. No hay más que ver las noticias.

Yo esperaba que no hubiera más ‘guerras de Vietnam’ y fíjese se me he equivocado. Yo a lo largo de mi vida he visto cuatro burbujas, como las burbujas de jabón de la película. La intervención del gobierno con 800.000 millones de dólares de la Reserva Federal fue un paso gigantesco, una forma de socialismo nunca vista en Estados Unidos, mucho más importante de lo que fue en su día el New Deal. Cuando hablo de burbujas, me refiero a la diferencia entre las expectivas de la gente sobre algo y la realidad. Y cambia la mentalidad. La guerra de Vietnam fue una burbuja que cambió a la sociedad americana, quizá se puede comparar lo que supondría en España la muerte de Franco. La número dos será la era Reagan, de grandes expectativas, con mucha codicia. La tercera sería la burbuja de internet a finales de los 80, principios de los 90. Mi padre era ‘broker’ y estaba asombrado de ver cómo se compraban empresas que no habían tenido ninguna ganancia, como google, por 3.000 millones de dólares. Compañías como Golden Sachs ponían a la venta acciones de compañías cuyo valor estaba por demostrar.

En estas burbujas, los bancos ganan mucho dinero, ése es su ‘modus operandi’.

La cuarta burbuja es la inmobiliaria. Cualquiera podía tener su casa, aunque no tuviera dinero. Eran hipotecas ‘globo’ en las que no tenías que adelantar nada, y todo era una forma para ganar dinero. En España existen las cajas, y pueden creerse que una casa que tienen en propiedad, que vale cuarenta mil euros, tiene un valor diez veces mayor. Y eso es una locura. Las burbujas son una mierda, y al final estallan. El gobierno quizá sea la próxima burbuja, o tal vez la energía verde, no lo sé.

Al final todo se reduce a una crisis de valores...

Desde luego. Es el efecto de las burbujas, empujan a la gente tener más expectativas de lo razonable. Se trata de la evolución. Hace 400 millones de años aparece la humanidad, ¿qué será lo siguiente?

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