Entrevistamos al protagonista de "Destino de caballero", con motivo de su estreno en España. El joven actor australiano saltó a la fama gracias a su papel de hijo valeroso de Mel Gibson en "El patriota".
¿Qué supone tener un papel protagonista de envergadura?
No es un gran cambio, si hay detrás un gran guión. Además, en Destino de caballero hay un reparto amplio, casi coral, donde todos los personajes tienen una presencia importante. No he soportado una gran presión, no ha sido tan intimidante. Tuve tiempo para crear y elaborar el personaje.
Ahora es un personaje público. ¿Ha cambiado mucho su vida?
Como actor, luchas por llegar a lo más alto. Pero no acabas de creerte que vas a estar en una posición como la que ahora ocupo. Estuve año y medio haciendo El patriota, luego pasaron seis meses, luego estuve tres meses en Praga, de ahí me fui a Londres, a Marruecos, otra vez a Londres... Todo ese tiempo, en que estuve fuera de Estados Unidos, mi imagen creció por las expectativas creadas en los estudios. Al volver, pufff, me encontré en una situación inesperada. Todo ese tiempo, desde que se dice ‘¡Acción!’, hasta que se dice ‘¡Corten!’ estuve trabajando, desconectado del mundo exterior. No tenía tiempo de pensar en otra cosa.
Convertirme en actor ocurrió gracias a mi hermana mayor, a la que le gustaba el teatro. Yo iba a verla y me sentaba en primera fila en sus representaciones. Me encantaba, porque de alguna forma sentía lo que ella sentía. Así que probé yo, pero más bien como hobby. Hasta que un día me dieron un cheque por actuar, y me convertí en un profesional.
Qué es más fácil: un film histórico como El patriota, respetuoso con las cosas tal como eran, o bien otro con anacronismos como Destino de caballero
Cuando te presentan un guión, con una trama, no te fijas tanto en el entorno histórico, en el vestuario... Todas esas cosas no las ves. Sólo ves las palabras, las emociones, que es lo que prefiero. Una narración la puedes ver en un determinado contexto histórico, pero también puedes sacarla de ahí y situarla en un contexto distinto.
Está rodando un remake de Las cuatro plumas. Se diría que le gusta el cine de aventuras. ¿No teme el encasillamiento?
No me preocupa especialmente. Y no quiero que influya en mis decisiones el temor al encasillamiento. Yo quiero decidir por instinto, hacer lo que quiero hacer, no lo que digan otros. Quizá suene algo egoísta, pero trato de mantener el control.
¿Cuáles son sus películas de aventuras favoritas?
Lawrence de Arabia, Lawrence de Arabia y... Lawrence de Arabia. También soy un fan de las películas de aventuras de Steven Spielberg. No quiero decir necesariamente que me gustaría actuar en una de ellas, pero como espectador me encantan.
Bailar, manejar la espada, participar en torneos... ¿Cómo ha aprendido?
Desde pequeño he hecho un poco de todo. He hecho coreografías, y también de niño me gustaba jugar con espadas, y hacía artes marciales, cabalgaba... Lo que no había hecho era cabalgar con una lanza. Pero la que manejábamos era ligera, la pantalla engaña sobre su peso.
¿Es verdad que hizo 2.600 millas con un amigo hasta Sydney?
Es algo que haces cuando tienes 16 años. A esa edad estallas como personas, tienes pensamientos, descubres un espacio interior que quieres colmar. Quieres formarte una opinión sobre las cosas y sales al mundo.
