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Alfonso Cuarón nos cuenta el futuro de "Los hijos de los hombres"

Según Alfonso Cuarón, el futuro que nos aguarda es ya presente, y no resulta muy alentador. Nos lo cuenta en "Hijos de los hombres", adaptación libre de la obra homónima de P.D. James.

Alfonso Cuarón nos cuenta el futuro de "Los hijos de los hombres"

¿Por qué quiso hacer Hijos de los hombres?

La semana pasada vi en la televisión imágenes de la Tierra tomadas desde el espacio, y es una cosa muy hermosa. La Tierra es realmente bella, y lo que más me sorprende es que desde allí no ves los colorcitos esos, el rojo, el amarillo y el verde con las rayitas en medio, de los mapas. Entonces te das cuenta de lo fea que está la Tierra cuando está separada con esos colorcitos. Entonces está claro que esas líneas de separación son separaciones ideológicas. Y yo creo que las personas son seres humanos primero. Las ideologías es algo puesto después.

Esto se relaciona directamente con la inmigración.

Creo que no se pude separar la cuestión migratoria de todo un proceso que ha llevado a la creación de esta cuestión. Me refiero a siglos de colonización que han provocado un efecto rebote en un mundo en el que ya no hay distancias.

¿Cree, por tanto, que no supone un problema el movimiento migratorio?

Por supuesto que crea un problema, porque la humanidad está acostumbrada a ciertas maneras de funcionar. Entonces, desde ciertos puntos de vista, se puede entender como una injusticia que a una comunidad llegue gente que pueda cambiar los usos y costumbres de los lugares. Pero creo que el problema que estamos teniendo es que las soluciones se están dando desde un punto de vista político e ideológico. Y creo que la política y la ideología son enfermedad y no la solución.

¿Qué opina del trabajo de Clive Owen?

Creo que Clive logró un equilibrio muy bueno entre la inacción y la acción. Su personaje está paralizado emocional y socialmente. Es un personaje al que las cosas le caen en las manos y él intenta evadirse de ellas. No es hasta bien avanzada la película cuando empieza a tomar decisiones y a incorporarse al mundo. En esa transición que hace Clive entre la inactividad y la actividad hay todo un mundo emocional. Y el contexto de la película no se entiende sin esa parte emocional que recae sobre los hombros de Clive.

¿Cómo entró en el proyecto?

La productora me mandó la adaptación de una obra de P.D. James que, la verdad, ni terminé de leer. No entendía qué película podía hacer yo a partir de lo que me habían mandado. Sin embargo, la premisa me estuvo persiguiendo semanas hasta que la película se desarrolló en mi cabeza. Y la premisa que funcionó como detonante fue la infertilidad en la humanidad. Fue cuando entendí que la infertilidad podía ser una metáfora para la falta de esperanza y que podía ser una gran excusa para hacer una película que explorara el estado de las cosas hoy, en un mundo donde la noción de esperanza cabe, a pesar de que a veces no se ven las cosas tan bien.

¿Cree que es una película de denuncia?

A mi me preocupa el concepto de denuncia porque yo nunca intenté hacer una película de denuncia. Creo que ese concepto tal como lo usamos, está muy conectado a las ideologías. La película muestra que la ideología es un muro para la comunicación entre los seres humanos. Cuando tú denuncias, lo haces desde tu punto de vista, y generalmente el cine de denuncia pone a una ideología en contra de otra. Aquí la intención era tratar de mostrar el estado de las cosas, más para una reflexión que para una denuncia. Cuando planteas una denuncia, tú apuntas soluciones y aquí lo importante era apuntar reflexiones.

La actitud de muchos de los personajes de la película se basa en culpar a otros de lo que sucede, una forma de pasar la pelota a otros tejados.

Estamos hablando otra vez de cuestiones ideológicas. Son argumentos ideológicos que crean violencia, pero que son los que crean el estado de las cosas del mundo en el que vivimos. Yo puedo tener ideológica y políticamente mi punto de vista al respecto, porque a pesar de que yo critique todo esto, uno no se puede escapar de tener un marco político y un marco ideológico. Sin embargo, lo que sí me interesaba mostrar era justamente eso, cómo la ideología se puede fragmentar. Y cuanto mayor sea la fragmentación, más se polariza. De alguna manera, se trataba de llevar todos los temas que caracterizan a esta primera parte del siglo XXI a un microcosmos como es Londres. Se habla de intolerancia religiosa, medio ambiente, inmigración y muchas otras cosas que detonan de esos temas principales. El asunto que vemos del terrorismo es una causa directa del fenómeno migratorio, que es el rebote de siglos de colonización.

¿La infertilidad también puede ser una metáfora de la falta de amor y de afectividad? Los personajes en la película parecen incapacitados para el amor…

Para mí lo más importante, y el punto de partida, fue cuando relacioné infertilidad con falta de esperanza. A partir de eso se fueron creando temas alrededor para formar el microcosmos que considero que es el mundo en que vivimos. Entiendo que el hombre contemporáneo vive en una inmovilidad social y emocional que se refleja en cosas como la falta de afectividad. Pero lo más importante de lo de la infertilidad es la falta de respeto que el ser humano tiene por la vida.

La humanidad tiene una gran capacidad de solidaridad, pero es una capacidad muy superficial. Una emoción profunda tiene una capacidad muy grande de generar sentimientos solidarios y de sembrar de ideología el tema. Algo que nos interesaba era llegar a ese momento de unidad. Esos momentos de unidad en el ser humano no son muy distintos de las experiencias del tsunami, del huracán Katrina o del 11-S, donde después de una catástrofe la humanidad se solidariza durante cinco minutos, y de pronto se cae en intereses de unos y de otros. Nos interesaba mostrar que ese sentimentalismo es un poco vacuo. La solución tiene que ser más profunda.

¿Cómo convenció a los actores para que participaran en la película?

A Clive le hice trampas. No estaba seguro de si le iba a gustar tanto la historia, así que le mandé primero La batalla de Argel. Le dije que mi idea era hacer algo parecido y le encantó. Así que me dijo que sí. Además Clive participó como coguionista de la película, ya que trabajamos reconstruyendo continuamente el guión. Este mismo proceso se extendió a Michael Caine. Teníamos algo escrito y en el set lo ensayábamos para luego rehacerlo.

Yo necesitaba un momento para darme cuenta de que la amistad entre los dos personajes estaba consolidada. Para crear esa confianza entre Caine y Clive pensé en pedos. El problema surgió cuando pensaba en cómo acercarme a Sir Michael Caine a proponerle que se tirara un pedo. Así que llegué, se lo propuse a los dos, y me inventé que había una cuestión técnica para quitarme de en medio, en plan cobarde. Y me resultó muy divertido ver que los sires también se pedorrean.

¿Cree que esta película contiene esa escena por la que será recordada tanto este título como su carrera?

Cuando haces lo que crees que es lo correcto, tratando de sobrevivir en el presente, uno no piensa cómo va a repercutir en el futuro. Tú sólo haces lo que crees correcto. Además, bastantes preocupaciones dan los días de rodaje como para pensar en algo más.

¿Hubo muchos problemas en el rodaje?

Todo el mundo se vuelve muy responsable de su trabajo. Los accidentes son inevitables y Clive, y muchos otros, son capaces de utilizar estos accidentes en beneficio de la escena. Esa es la magia. Pero para ello se necesita mucha profesionalidad. Y ocurrió en la escena en que llevan el bebé, un larguísimo plano muy complicado de rodar.

¿Cómo has conseguido mantener esta libertad en la abundancia de sangre, en una superproducción de estas características?

Lo de la sangre en la lente fue un accidente. En el momento en que cayó la sangre yo grité “corten!”, pero paralelamente se produjo una explosión así que nadie me oyó. Entonces vi que todos estaban usando el accidente en provecho de la toma, así que decidí dejarlos hacer.

Se dice que tiene dudas a la hora de escoger un guión.

Tengo muchas dudas a la hora de escoger un proyecto, pero también es verdad que una vez que escojo uno, las dudas desaparecen. Cuando elijo un proyecto es porque generalmente entendí lo que tengo que hacer. Es la única razón por la que hago películas, trabajo para títulos que necesito hacer. Yo puedo tener muchas dudas en definir cuál es esa necesidad, pero una vez que lo hago, en ese momento es como si viera la película de una sola vez. Luego se trata de pasar lo que tengo en la cabeza a la cámara.

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