In memoriam
El cineasta tenía 75 años y padecía Parkinson
Adiós al guerrero director de cine de antaño Lee Tamahori
Antes de que Peter Jackson y "El Señor de los Anillos" pusieran de moda el cine en Nueva Zelanda, hubo un director con ancestros maoríes llamado Lee Tamahori que abrió brecha poniéndolo en la escena internacional. El veterano cineasta, que padecía la enfermedad de Parkinson, ha muerto a la edad de 75 años.
Warren Lee Tamahori, nacido en Nueva Zelanda en 1950, fue quizá el primer cineasta de su país que descolló en la escena internacional. Fue visto por muchos como alguien visionario, cuya vigorosa obra ha dejado una huella indeleble en el cine neozelandés y hollywoodiense. El título de su “opera prima”, Guerreros de antaño, con la que dio la campanada, ya da idea de su propia personalidad, de lo que deseaba encarnar con su obra cinematográfica, unir la tradición con la modernidad.
De ascendencia mixta, Tamahori encarnaba la diversidad cultural de su país: por parte de padre, pertenecía a la iwi (tribu) maorí Ngāti Porou, lo que le infundió un profundo sentido de identidad cultural y whakapapa (genealogía); por el lado de madre, de origen británico, heredó una conexión con las tradiciones europeas que influyó en su aprecio por el cine de acción y los westerns estadounidenses. Creció en el suburbio de Tawa, en su natal Wellington, y se educó en la Tawa College. Ya desde joven le fascinaba el cine, y la leyenda asegura que hacía pellas para ver películas en el cine local.
Tamahori comenzó su carrera como creador de anuncios y fotógrafo en la década de 1970, incluso trabajando sin sueldo para forzar la entrada en la industria cinematográfica. Su primer rol fue como operador de boom en producciones locales como Skin Deep (1978), y Bad Blood (1981). Principiando los 80, el director Geoff Murphy —pionero del cine neozelandés y creador de Goodbye Pork Pie— supo reconocer su talento y lo promovió a ayudante de dirección en Utu (1983), un épico western maorí ambientado en las guerras por la tierra de 1870. Este respaldo se revelaría crucial, de modo que Tamahori continuó asistiendo a Murphy en The Quiet Earth (1985) y Came a Hot Friday (1985), hasta tener parte en Feliz Navidad, Mr. Lawrence (1983) de Nagisa Oshima.
En 1986, fundó la compañía de producción Flying Fish, especializada en publicidad, donde dirigió más de 100 spots premiados internacionalmente, como uno muy aplaudido de bungee jumping para Instant Kiwi. Esta etapa, al igual que ocurrió con otros cineastas como Ridley Scott, le permitió desarrollar su estilo visual, y el arte de contar historias con imágenes de modo dinámico, toda una escuela de aprendizaje para dar su salto al largometraje.
Su debut como director de largometraje, Guerreros de antaño (1994), basado en la novela de Alan Duff, fue una auténtica campanada que revolucionó el cine neozelandés. La película retrata de modo seco y contundente, y con crudeza, la vida de una familia maorí en los suburbios de Auckland, y aborda temas como la violencia doméstica, el alcoholismo, los abusos y la pérdida de identidad cultural en un contexto social de pobreza y pandillas. La protagonizaba Temuera Morrison, que daba vida al conflictivo patriarca Jake Heke, mientras que Rena Owen encarnaba a su esposa Beth. A pesar de las dificultades para la financiación, la película triunfó en la taquilla de Nueva Zelanda y se convirtió en un auténtico fenómeno internacional. Tamahori fue reconocido como Mejor Director en los premios nacionales de su país y dio visibilidad a los problemas de los nativos maoríes, inspirando un aumento de las denuncias de violencia doméstica. Tamahori la describió como un “puñetazo en el estómago” al status quo, y su éxito lo catapultó a Hollywood, donde su ojo para el realismo crudo y la emoción visceral fue altamente valorado.
Como tantos cineastas, Tamahori no pudo resistir a la tentación de Hollywood, y allí se estrenó con Mulholland Falls (1996), un noir gangsteril de época protagonizado por Nick Nolte, que tuvo una acogida discreta; El desafío (1997), un drama de supervivencia con Anthony Hopkins y Alec Baldwin, y guión de David Mamet; y La hora de la araña (2001), basado en las novelas de James Patterson sobre el detective Alex Cross y protagonizado por Morgan Freeman. Su punto álgido llegó con Muere otro día (2002), la vigésima entrega de James Bond y la última con Pierce Brosnan como 007 y con Halle Berry como Jinx. La película recaudó más de 432 millones de dólares, convirtiéndose en la más taquillera de la saga hasta ese momento. Tamahori equilibró el legado bondiano con su estilo enérgico, infundiendo sensualidad pop y referencias a films clásicos, como en la escena de Berry emergiendo del mar en bikini, guiño a Ursula Andress en Agente 007 contra el Dr. No. Posteriormente, dirigió secuelas como xXx, estado de emergencia (2005) con Ice Cube y Next (2007) con Nicolas Cage, además de episodios de series como Los Soprano y Billions, y el biopic El doble del diablo (2011) sobre el doble de Saddam Hussein.
A pesar de su éxito en Hollywood, Tamahori nunca perdió su conexión con Nueva Zelanda. En sus últimos años, regresó para rodar películas arraigadas en la historia y cultura maorí, aunque fueron poco conocidas más allá de las fronteras de su país. En 2015 dirigió Mahana, basado en una novela de Witi Ihimaera, un drama rural de los años 50 sobre rivalidades familiares en la industria ovina, con Temuera Morrison en el rol principal, que aunque le valió una nominación a mejor director en los “Goya” neozelandeses, tuvo poco impacto entre el público. Su última obra completada, The Convert (2023), es un drama histórico ambientado en la década de 1830, con Guy Pearce como un misionero británico atrapado en una guerra entre tribus maoríes.
En 2012, Tamahori se unió a la producción del épico film de acción Emperor, un proyecto ambientado en el siglo XVI sobre Johanna de Gante, una joven que busca venganza contra el emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano por la ejecución de su padre. Adrien Brody estaba apalabrado para dar vida a Carlos V y Sophie Cookson era la protagonista. Se rodó parte del film en 2014, pero el proyecto se paralizó por motivos legales relacionados con el productor Paul Breuls, arrestado por fraude, dejando la cinta inconclusa. A pesar de los esfuerzos, no ha visto la luz, representando uno de los capítulos frustrados en su carrera.
Tamahori se casó en dos ocasiones y tuvo dos hijos, uno de cada matrimonio: Sam (de su primer enlace) y Max (del segundo). En sus últimos años, compartió su vida con Justine, con quien extendió su familia.
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