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Persona (Ingmar Bergman, colección Letras Nördicas, Nørdica Libros, 99 págs)

Persona es una de las películas más enigmáticas y abiertas a la interpretación de Ingmar Bergman, no resulta exagerado aseverar que seguramente el propio artista no estaba seguro de todo el conjunto de sensaciones y estados interiores que deseaba expresar. No en balde, la historia que ahí cuenta la concibió cuando estaba ingresado en el hospital, aquejado de una bronconeumonía, un elemento más que contribuía a la depresión, era un momento de indudable crisis personal y profesional.

Ahora, como un material más conmemorativo del centenario del gran cineasta y dramaturgo, se publica "Persona", teóricamente el guión que da pie a la película, aunque sin duda no se trata de un libreto al uso. Más bien se parece a una novela breve, o a un texto escénico, pues algunas descripciones vienen a ser como acotaciones sobre algo que se va a representar. O como el mismo Bergman señala, “se asemeja más (…) al tema de una melodía”. Sobre la excepcionalidad de guión y película da cuenta él mismo al afirmar que “son muchos los puntos en los que no me siento seguro” y, añade incluso, “de un pasaje, como mínimo, no sé nada en absoluto”.

En cualquier caso, resulta fascinante la exploración del alma humana y la distinta cara que pueden presentar las personas, angustiadas y vacías, junto a su plasmación en una pantalla, en el relato del repentino silencio que se ha apoderado de la célebre actriz Elisabet Vogler, y de los cuidados que le procura la enfermera Alma, que ha recibido ese encargo de la doctora que la atiende. La angustia existencial formar parte de dos personajes principales que tienen muchos elementos en común, y que podría pensarse que son el mismo, variaciones sobre la misma persona, véanse por ejemplo las consideraciones sobre la maternidad y el aborto.

Como señala Jonás Trueba en la introducción de la edición española, el guión y la película nunca son lo mismo. Esto, que es particularmente cierto cuando el director no coincide con el guionista, puede cumplirse también en alguien como Bergman, que ejerce ambas funciones, porque una película parte de una idea, que luego cambia al ser recogida en papel, y por supuesto que al actuarla, rodarla, editarla, obliga a la reflexión continua y al cambio en las soluciones y el aspecto final. En una cinta tan insólita y diferente como Persona, casi se puede decir que tal evolución es inevitable. Sea como fuere, poder leer y analizar el singular libreto es una ocasión formidable para ahondar aún más en esa grandísima, “personal” película.

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