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Wong Kar-Wai (Carlos F. Heredero, Cátedra, colección Signo e Imagen / Cineastas, 584 págs)

Voluminoso estudio acerca del cine de Wong Kar Wai, un cineasta personalísimo que aun contando tan solo con una decena de largometrajes como director, ha configurado un valioso y coherente corpus fílmico, de gran audacia formal y subyugante belleza, y que aborda las grandes cuestiones que afectan a todo ser humano, en primerísimo lugar la del necesario y anhelado amor imperecedero. En sus apretadas páginas Carlos F. Heredero destaca “la intensidad de la tormenta vital y sensorial de sus imágenes”, junto a “una voluntad insobornable de buscar la verdad emocional de sus personajes”.

Muy bien estructurada, la obra del director de la revista “Caimán. Cuadernos de Cine” arranca con una introducción que tiene la virtud de resumir con pasión y brevedad las claves del cineasta nacido en Shanghai en 1958, pero formado ya desde niño en Hong Kong. Tras un recorrido biográfico donde conocemos sus antecedentes familiares –su madre le aficiona al cine–, de formación y primeros pasos profesionales, Heredero entrega un capítulo donde disecciona el estilo y método de trabajo de Wong Kar Wai: su forma inimitable de rodar con un guión básico y dando mucha cancha a los actores, que con frecuencia ignoran las pretensiones de un cineasta que en el proceso creativo averigua, o al menos profundiza, en lo que quiere contar; su exploración sobre el paso del tiempo y el lírico –que no sentimental– modo de plasmarlo en la pantalla, incluidos los recursos al ralentí o la congelación de los fotogramas; el modo en que refleja lo inmutable y lo perecedero; la fascinante forma en que sus historias atrapan lo grande y lo pequeño; la inmersión en la Historia, proyectado en pasado, presente y futuro, con el referente de ese Hong Kong colonial que tan bien conoce, y ahora incorporado a China con su especial estatus.

Por supuesto, no falta el recorrido puntual por toda la filmografía de Wong Kar Wai, sin excluir lo que podrían ser considerados trabajos menores en el mundo de la publicidad. Y las páginas desgranan las variadas influencias culturales, literarias, pictóricas, fílmicas, asimiladas y filtradas con la mente abierta, sin ideas preconcebidas; o las del entorno urbano donde crece, que tendrá presencia en filmes como Chungking Express o Days of Being Wild.

En las páginas de libro se puede descubrir una trayectoria extensa en televisión y en cine en los guiones de obras de otros, bien introducido en la floreciente industria del cine en Hong Kong, donde triunfan las comedias y las obras de artes marciales, y en que acaban asomando en 1988 directores que apuntan maneras en la llamada “segunda nueva ola”, incluido el propio Kar Wai que debuta entonces con As Tears Go By. Y no falta la referencia a colaboradores clave como el director de fotografía Christopher Doyle, que  juega un papel decisivo a la hora de plasmar en imágenes su delicado y sensible mundo interior. 

En el capítulo personal, alude el autor a una persona clave para Wong Kar Wai, su esposa Esther, a la que conoce en 1977 con 17 años, dos menos que él, “una relación que ha permanecido siempre estable, a diferencia del universo poético de un cineasta que nunca ha dejado de contar historias de desencuentros sentimentales y fallidos anhelos amorosos”, un contraste que explica Kar Wai aseverando que “siempre es más interesante imaginar la vida que no has vivido”. Y de ahí, entre otras razones, que sepa explorar con particular acierto y desde su privilegiada situación de enamorado romántico el amor y el desengaño, la soledad, la eterna búsqueda de entregarse con el anhelo ser correspondido, las decepciones, la ausencia y la pérdida, temas que recorren su cine y que uno de los títulos, el de su obra maestra Deseando amar (In the Mood for Love), resume a la perfección.

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