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"La visión del cineasta: El lenguaje de las ópticas", de Gustavo Mercado

La visión del cineasta: El lenguaje de las ópticas. El poder de las ópticas y su expresividad en el cine (Gustavo Mercado, Photo Club / Anaya Multimedia, 206 págs)

Magnífico libro sobre el el arte en el aspecto visual de las películas, que puede lograrse con un buen manejo de la cámara, y más concretamente de las ópticas. Aquí su autor, Gustavo Mercado, no pone tanto el foco, si me permite la expresión, que parece venir bastante a cuento, en el encuadre y la composición del plano –aunque todo está relacionado, por supuesto–, como en las posibilidades creativas que brindan las distintas lentes. Y en ello en un contexto en que la revolución de las cámaras digitales ha democratizado la realización cinematográfica: desde 2008 y en los años siguientes, con las DSLR (Digital Single Lens Reflex), la calidad de las imágenes, HD, 4K, UHD, y las ópticas intercambiables, el aficionado y el cineasta independiente tienen a su alcance rodar películas de un aspecto indistinguible del profesional. La profundidad de campo y otros mil efectos que parecían solo al alcance de los grandes estudios, o al menos de sólidas empresas del sector audiovisual, ahora pueden usarse a cualquiera que esté dispuesto a hacer una mínima inversión. Si a ello se suma la posibilidad de financiarse con “crowdfunding”, y de colgar obras en internet, está claro que el panorama es muy distinto al de hace no tanto tiempo.

Estamos ante un libro técnico, que no es lo mismo que obtuso o ininteligible. La traducción es buena, y el texto se lee bien. Aprendes, que no es poco. Además está maravillosamente editado, y profusamente ilustrado con los fotogramas adecuados de las películas citadas como ejemplo de lo que se está explicando; son títulos bastante conocidos, la mayoría recientes, no se va mucho más atrás de los 70. Es inteligente el subapartado “el lenguaje de las ópticas”, como introducción en que se señala que escenas de aspecto parecido con un vistazo superficial –el protagonista rodeado de una multitud en Cowboy de medianoche y Tootsie–, pueden comunicar cosas diferentes, lo que lleva a la conclusión que replicar en una película una opción estética de lentes que funcionaba en otra, no es necesariamente algo inteligente. Hay que se saber dar con un lenguaje coherente para el conjunto de un film, sabiendo que no hay recetas generalistas. Sobre todo hay que tomar decisiones “basándonos en los aspectos visuales esenciales que podemos controlar (el espacio, el movimiento, el enfoque, los destellos, la distorsión y las 'cualidades intangibles', en decir en sus características ópticas exclusivas)”.

Y a esto se apresta Mercado, pero poniendo bien las bases, sobre todo pare el lector no iniciado, explicando en primer lugar los conceptos técnicos para entender lo que viene después, y que supone hablar de refracción, distintos tipos de lentes, la longitud focal, los objetivos gran angular y teleobjetivo, el ángulo y el campo de visión, el diafragma, la velocidad, etcétera. Ello con imágenes tremendamente gráficas.

Las ópticas permiten expresar emociones. Queda meridianamente claro al hablar de sensación de claustrofobia o de enorme amplitud en el espacio, de entornos incómodos o exasperantes, o de cómo la forma de mostrarlo puede crear un subtexto que refuerza el carácter de un personaje o sus palabras. En el modo en que se captura el movimiento, se puede transmitir e intensificar la sensación de velocidad, o al revés, cierta sensación de estar “congelado”, también urgido o angustiado. El enfoque sirve para mostrar o hurtar el contexto, o sugerir la atracción entre personajes. También para señalar negación o conmoción. En fin, Mercado ejemplifica muchos estados psicológicos, y ayuda a entender por qué un espectador puede sentirse a veces desorientado en un film: no es que el cineasta se haya equivocado al narrar, sino que ese es el estado mental de un personaje, que se quiere comunicar al público, para provocar la deseada empatía.

No creo que sea este un libro para leer de una sentada. Viene bien saborearlo. Leer una de las sensaciones creada con una óptica en una película, para luego visionarla, y sacar conclusiones. El cinéfilo aprenderá con “El lenguaje de las ópticas”, al igual que el profesional puede extraer ideas para sus filmes.

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