Pequeño país (Gaël Faye, Salamandra / Narrativa, 219 págs)
Impactante novela de recuerdos autobiográficos, teñida de nostalgia y escrita con enorme sensibilidad y lirismo, con la que su autor Gaël Faye obtuvo en 2016 el prestigioso premio Goncourt. Recientemente ha sido adaptada a las pantallas por Eric Barbier, director y guionista, con el mismo título, Pequeño país, y el cineasta se ha esforzado seriamente en ser fiel al original, aunque hay cosas que solo las palabras pueden expresar y no las imágenes, y viceversa.
El texto se presenta escrito en primera persona. Y casi todo son recuerdos de la infancia de Gaby en Burundi desde 1992, cuando cuenta diez años, aunque al principio y al final se nos presenta el personaje ya adulto, primero afincado en Francia, y luego regresando al “pequeño país” que le marcó, donde le aguardan inesperados fantasmas del pasado.
Faye se las compone para contar de modo maravilloso, con ritmo muy fluido y tono íntimo, una época relativamente placentera, pero que se ve sacudida por sucesos que precipitan su ingreso en la edad adulta. Hijo de francés y ruandesa tutsi exiliada, el niño mestizo de piel clara hace pillerías con sus amigos, y vive disgustillos como el robo de su bicicleta, que le acaban de regalar. Más le preocupan las desavenencias de sus padres, hay crisis matrimonial que no deja de afectarle a él y a su hermana. Pero está además el completo telón de fondo político, del que su padre ha tratado de mantenerle al margen, con los conflictos étnicos de hutus y tutsis en Ruanda que degenerarán en genocidio, y la tensión política en Burundi, en que el triunfo del nuevo presidente desemboca en golpe de estado. Los odios son crecientes, las salvajadas también, aunque el autor no se recrea en descripciones de matanzas, aunque sí, muestra el endurecimiento de los corazones por los odios, con la transformación de sus amigos, y el modo en que él mismo se verá envuelto en un hecho terrible.
El relato tiene trazos impresionistas, se detiene en pequeños sucedidos, reuniones sociales, días que no son como los demás, algo raro se marca en la atmósfera, descripción de costumbres pintorescas, las inquietudes sociales y políticas de distintos miembros de la familia, la celebración de una boda... No es una narración lineal, los modos narrativos recuerdan, salvando las distancias que cada uno estime oportuno, a “Lejos de África”, las memorias de su etapa en Kenia de la danesa Isak Dinesen, también llevadas al cine en Memorias de África.
En el libro resulta especialmente emotiva la pasión que comunica en cierto momento... por los libros y su lectura, que abren la mente, algo que le comunica la señora Economopoulos y que en la película, hasta donde recuerdo, está ausente: “Gracias a las lecturas, derribé los límites del callejón, respiré de nuevo, el mundo se extendía a lo lejos, más allá de las vallas que nos encerraban en nosotros mismos con nuestros miedos.” Son uno de los motivos por los que el pequeño protagonista no cae en los odios y juicios simplificadores a los que se ven arrastrados sus amigos.
