El documental en España. Historia, estética e identidad (varios autores, Casimiro Torreiro y Alejandro Alvarado (eds.), Cátedra / colección Signo e Imagen, 535 págs)
Ambicioso y voluminoso libro, en el que han intervenido 48 autores coordinados por Casimiro Torreiro y Alejandro Alvarado, que aspira a ofrecer al lector una cartografía para poder transitar entre los fotogramas de lo que ha dado de sí el género documental en España, con su rica historia, estética e identidad, tan difíciles de abarcar y de hacerles justicia. Desde luego las películas a que ha dado lugar son algo más que “un montaje de trozos de película”, definición algo tosca y reduccionista que forma parte de una respuesta a un proyecto de Carlos Fernández Cuenca, Medio siglo (Crónica de la vida española), pero que permite entender la minusvaloración de algunos por un cine que no entienden a causa de su gran versatilidad y las distintas formas en que puede acometerse.
Como puede imaginarse, la presencia de tantos autores puede dificultar la unidad del conjunto, aunque también da lugar a distintos puntos de vista, lo que permite que la mirada del lector abarque más, o bien que se sumerja en aquellos temas que más le interesen; aunque también da pie a unos textos más obtusos que otros, a veces la tentación del lenguaje académico y hermético no es evitada, ni se intenta, y esto en mi opinión siempre es un error, a no ser que la tuya sea una contribución científica, sólo para iniciados. Y es que sin descartar al público general, la intención, se nos dice, es que “pueda suscitar el interés de investigadores atraídos por nuestro cine documental y convertirse también en un manual de referencia para estudiantes universitarios o de escuelas de cine en su periodo de formación”; además se atiende a una mirada transversal muy útil en un mundo que cada vez tiende más a la especialización, “procurando aportar un necesario elemento para la reflexión cultural y el diálogo interdisciplinar entre las ciencias sociales, el arte y las humanidades”.
La obra está estructurada en 5 grandes bloques claramente diferenciados. Los dos primeros son lo que atienden más a ofrecer una historiografía, señalando cómo el documental ha sido con frecuencia un arma de propaganda política, casi desde sus inicios. De modo que se nos recuerda este carácter antes del advenimiento de la Segunda República, durante la guerra civil española y con el franquismo, desde el NO-DO, con los rasgos que tratan de apalancar el régimen, con lo que asoma durante el desarrollismo y el tardofranquismo, y el boom del turismo. No dejan de señalarse las paradojas de la dictadura, en que los creadores querrían tener claras las reglas de la censura para sortear lo que bloquee sus trabajos, aunque también estarán los transgresores que quieren transmitir sus mensajes aprovechando los resquicios que deja el sistema. Luego, ya en democracia, se mira a los premios Goya, y a cómo el documental va cobrando distintas formas en las diferentes comunidades autónomas.
La recobrada libertad libera del encorsetamiento político, al menos en parte. Puede producirse una mirada antropológica, más centrada en las personas, aunque desde luego asoma un cine social, que mira a los marginados, y otro que aboga por el feminismo, o que aborda la cada vez más candente cuestión del género. Se mira a lo local, pero también a la globalización, paradojas del mundo en que las nuevas tecnologías lo cambian todo.
Por supuesto, esta obra no permite una estructura férrea. Algunos autores arrojan luz sobre las nuevas vanguardias, los nuevos modos de entregar imágenes, y el subjetivismo. La poética y el lirismo pueden dar voz a cineastas personales, pero la mirada del yo a veces linda con el ombliguismo.
Finalmente se aborda el modo en que se estudia el documental, o sea la crítica y los parámetros de valoración, pero también le enseñanza en la universidad y en las escuelas, donde quizá falte un canon al que pueden mirar los futuros directores del cine de no ficción. La mirada es tan poliédrica y fragmentada que hay espacio para las consideraciones legislativas, industriales y de financiación, o para hacer examen acerca de si el documental español tiene una difusión adecuada. A la hora de atisbar el futuro, ya los circunloquios llevan al responsable del epílogo a preguntarse qué es el futuro, y así poner el acento en sus rasgos de incertidumbre.
