Don Siegel (Joaquín Vallet, Cátedra, Colección Signo e Imagen, Cineastas, 326 págs)
Interesante biofilmografía de Don Siegel, con profusión de datos, que hace la número 133 de la colección de Cineastas de Cátedra, recorre cuarenta años de carrera cinematográfica con títulos muy notables. Joaquín Vallet combina los datos biográficos de Siegel, cómo va desarrollándose su obra, con el análisis pormenorizado de sus películas y series televisivas, y la llegada a la madurez y plenitud creativa, que coincide en gran parte con su asociación con Clint Eastwood, Precisamente Eastwood siempre reconoció su deuda con dos directores, Siegel y Sergio Leone, que le dieron algunos de sus mejores roles como actor, y que le sirvieron como referencia a la hora de dirigir, aunque como realizador seguiría su propio y personal camino.
El autor incide en la condición de Siegel como “verso suelto”, aun si se le compara con otros cineastas de su generación con los que comparte algún rasgo, como Samuel Fuller o Anthony Mann. Es cierto que con ellos muestra un tratamiento de la violencia más gráfico de lo que era habitual en Hollywood aunque, señala Vallet, lo hace con personalidad propia.
El aficionado poco versado en cómo empezó Siegel en el cine, descubrirá en las páginas del libro sus inicios como archivista en Warner, sus tareas de “montage”, y sus dos Oscars consecutivos por sendos cortos, uno un delicioso cuento de Navidad, Star in the Night, el otro, Hitler Lives, de propaganda advirtiendo que el nazismo no era un peligro ya extinguido tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, esto no supuso que le pusieran una alfombra roja para dirigir, el afianzamiento de su carrera fue paulatino, y aun tuvo que ejercer de director de segunda unidad para Robert Rossen en El político.
Quizá el antes y el después de lo supondría la cinta clásica de ciencia ficción con rasgos de parábola La invasión de los ladrones de cuerpos (1956), pero antes había tenido tiempo de abordar con rebeldía el género carcelario en Motín en el pabellón 11 –volvería al género en la legendaria Fuga de Alcatraz–, y de discutir con la actriz, guionista y directora Ida Lupino con ocasión de Infierno 36. No faltaría una etapa televisiva, donde su talento permitiría el salto de Código del hampa, basada en el mismo relato de Hemingway que Forajidos, saltara a la gran pantalla. Y queda la curiosidad del rodaje en España de Aventura para dos con Carmen Sevilla y localizaciones en el Museo del Prado y Segovia.
Pero en fin, por supuesto asociamos a Siegel con Eastwood, feliz colaboración en cinco películas, por supuesto destaca la creación de todo un personaje, Harry Callahan, para la saga Harry el sucio, pero antes dos westerns muy singulares, Dos mulas y una mujer, y El seductor.
Vallet pone en valor la capacidad de Siegel de ofrecer tramas populares, con algunos temas de enjundia, sobre la condición humana, y el choque del individuo contra el sistema y sus instituciones. Quizá una de las cosas que se echan en falta en el libro son declaraciones del propio cineasta explicándose, que habrían sido sin duda un importante valor añadido. Aunque en la bibliografía se remite al lector a entrevistas concedidas por Siegel.
