Tras las alegaciones de los abogados de Harvey Weinstein de que se desestimaran todos los cargos contra su cliente, el movimiento #MeToo ha estado a punto de sufrir un duro mazazo.
Puesto que estos juristas han conseguido sembrar numerosas dudas sobre la investigación, las acusaciones en contra del polémico ejecutivo de Hollywood han estado a punto de derrumbarse. Sin embargo, el juez neoyorquino James Burke ha decidido seguir adelante con la causa, tras una audiencia previa al juicio solicitada para que se retiraran todos los cargos por el tiburón contratado por el acusado para su defensa, Benjamin Brafman, famoso por lograr lo imposible, desacreditar con sencillez a los testigos de la acusación, haber conseguido resultados casi milagrosos para clientes como Dominique Strauss-Khan, y por tener en nómina a detectives y solucionadores de problemas como el que inspiró la serie televisiva Ray Donovan.
“La decisión ha sido técnica, y no sugiere que el caso vaya a terminar mal”, declara Brafman. “Seguiremos defendiendo el caso vigorosamente”. “Con la decisión se avanza más para que se haga justicia”, señala la parte contraria, representada por Gloria Allred, que representa a varias de las víctimas.
Brafman había pedido el sobreseimiento del caso, alegando que la violación en 2013 de una mujer, cuya identidad no es pública, nunca se produjo. Y que el detective del departamento de policía Nicholas DiGaudio, que se ha ocupado del caso, ha cometido diversos errores, sobre todo aconsejar a una de las víctimas borrar de su teléfono información que pudiera afectar a la causa. Con todo esto, y una serie de mails que mantuvieron algunas de las presuntas agredidas posteriormente con su cliente, donde le dedicaban calificativos cariñosos, lo cierto es que el avispado Brafman ha estado bastante cerca de salirse con la suya.
