Los tiroteos de Texas y Ohio han provocado una enorme tensión en Estados Unidos.
Esto explica que el petardeo de una motocicleta junto al Shubert Theatre, de Broadway, donde se representa "Matar a un ruiseñor", fuera confundido con disparos. "Varios transeuntes se refugiaron dentro de la sala, así que el público también comenzó a gritar, y el elenco huyó del escenario", comenta el actor Gideon Glick, que a Dill Harris –uno de los amigos de la niña protagonista– en la representación. "Este no puede ser nuestro mundo". "La audiencia escuchó gritos y golpes en las puertas, lo que desató el pánico", comenta Celia Keenan-Bolger, que encarna a Scout. "Fue también terrible para los actores, porque no sabíamos qué estaba pasando o qué hacer. Nuestro servicio de seguridad hizo un trabajo increíble al mantener a las personas seguras y tranquilas en la medida de lo posible. Todavía estoy digiriendo la experiencia, pero sólo puedo pensar en los jóvenes, traumatizados por lo que está sucediendo. No podemos seguir así".
Todo sucedió en la escena final, cuando estaba sobre las tablas Jeff Daniels, interpretando al icónico Atticus Finch. "La gente creía que había un tirador, e intentaron esconderse"Estamos recibiendo múltiples llamadas al teléfono de emergencias", comentaba la cuenta de Twitter de la Policía de Nueva York. "Pero no se asusten, la zona es segura".
Esta versión teatral de la célebre novela, adaptada por Aaron Sorkin, se estrenó en diciembre, con enorme éxito. La abogada Tonja B. Carter, administradora de la herencia de la autora de la clásica novela, Harper Lee, presentó una demanda en marzo, en una corte federal de Alabama, alegando que la revisión llevada a cabo por el gurú de los guionistas se desviaba demasiado del original, llegando a cambiar el espíritu de los personajes. Ocho meses antes de fallecer, Lee había autorizado el proyecto, por 100.000 dólares.
